Colombia realizó el domingo la primera electoral a la presidencia en la que Iván Duque y Gustavo Petro, candidatos con marcadas diferencias ideológicas, obtuvieron un lugar en la segunda vuelta programada para el 17 de junio.
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Estas son las claves de las históricas elecciones:
¿Quiénes se enfrentan?
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La Constitución colombiana establece que, si ninguna fórmula presidencial consigue mayoría absoluta, se enfrentarán las dos fórmulas tres semanas después. Y eso fue lo que sucedió el 27 de mayo.
En esta contienda quedaron definidos dos candidatos. Por un lado está el conservador Iván Duque, un exsenador de 41 apadrinado por el expresidente álvaro Uribe, que obtuvo el 39.14% de los votos, según el escrutinio final.
Gustavo Petro, por otro lado, es un hombre que representa a la izquierda, que fue alcalde de Bogotá y guerrillero de la extinta MS-19, y quedó en el segundo puesto con el 25.08% de los sufragios.
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Tres semanas para forjar alianzas
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La elección definitiva, de la que saldrá el sucesor de Juan Manuel Santos a partir del 7 de agosto, se llevará a cabo el 17 de junio.
Duque se impuso con su fórmula vicepresidencial, la exministra conservadora Marta Lucía Ramírez, y gracias al apoyo de partidos evangélicos y un sector ultraconservador.
Duque abrió la coalición para la llegada de Germán Vargas Lleras, exvicepresidente de Santos y cuarto con 7.2% de los votos. Su partido Cambio Radical quedó como la segunda fuerza parlamentaria tras las legislativas de marzo.
El miedo que suscita Petro atraerá hacia la candidatura uribista a sectores conservadores y liberales, mientras el exguerrillero espera quedarse con el dividido centro.
Ni Fajardo (tercero con 23.7%) ni el exnegociador de paz Humberto de la Calle (2,6%) han asegurado su apoyo al exguerrillero. Antes de la primera vuelta, ambos despreciaron unirse a él.
Petro podría igualmente convocar a los abstencionistas, que se redujeron del 59% al 46% frente a la primera vuelta presidencial de 2014.
El “poderoso” Uribe
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El expresidente Álvaro Uribe (2002-10) volvió a demostrar su poder y popularidad en el país que ayudó a pacificar con mano dura, pese a investigaciones preliminares que enfrenta por corrupción, interceptación ilegal de comunicaciones, vínculos con paramilitares o manipulación de testigos.
Uribe, el senador más votado en las dos últimas legislativas, consiguió estar nuevamente en el centro del debate presidencial.
En 2010 apoyó al electo Juan Manuel Santos pero luego pasó a ser su mayor adversario por cuenta de su política de paz. Cuatro años más tarde, ganó la primera vuelta con Óscar Iván Zuluaga pero cayó en el balotaje contra Santos.
Ahora está a días de que su hijo político retome el poder para la derecha conservadora opuesta al pacto de paz con las FARC.
¿Y las FARC?
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La implementación de la paz con las FARC se mantiene en vilo. Y no solo por las denuncias de los exguerrilleros sobre incumplimientos estatales, sino por la intención en firme de Duque de modificar lo firmado en 2016.
Su promesa recoge el descontento que quedó luego del plebiscito de ese año, cuando el No en cabeza de Uribe venció por mínimo margen en la consulta popular sobre el pacto.
Santos introdujo cambios y sacó igualmente adelante los compromisos que permitieron el desarme de unos 7,000 combatientes y evitaron unas 3,000 muertes al año.
Duque busca que los rebeldes implicados en delitos atroces paguen un mínimo de cárcel y queden inhabilitados políticamente. Lo que “propone modificar (es) una base sustancial del acuerdo de paz”, subraya Liendo.
Petro, en tanto, ha dicho que honrará los compromisos que garantizan que los exguerrilleros que reparen a las víctimas reciban penas alternativas de prisión y puedan llegar al Congreso.
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Con información de AFP