Uno de cada siete jóvenes usuarios de tarjetas de crédito de la generación Z (personas nacidas entre 1997 y 2012) ha alcanzado su límite de solvencia, según un estudio reciente de la Reserva Federal de Nueva York. Esta tendencia, predominante en Estados Unidos y en otras democracias liberales, también se refleja, aunque en menor medida, en Europa y Latinoamérica, donde las tarjetas de débito son más frecuentes.
En un contexto de inflación, precariedad laboral y difícil acceso al crédito y la vivienda, algunos especialistas señalan la falta de educación financiera, un entorno digital consumista y las nuevas formas de pago como una dimensión alterna del problema.
Elisabet Ruiz-Dotras, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (OCU) e investigadora del grupo Digital Business Research Group (DIGBIZ), señala que uno de los principales factores que explica el aumento de la deuda es el entorno digital en el que se desenvuelve la generación Z.
“La transición del efectivo a los pagos digitales ha reducido la percepción del gasto”, explica la especialista, y añade que el consumo en línea y el bombardeo constante de las redes sociales fomentan un comportamiento impulsivo que, junto con la cultura de la inmediatez y el deseo de obtener recompensas instantáneas, conduce a la juventud a priorizar el consumo a corto plazo sobre el ahorro a largo plazo.
“Quieren las cosas ya, y no están dispuestos a esperar. Esto lleva a los jóvenes a financiar sus compras y a acumular deudas que luego no pueden pagar”, señala Ruiz-Dotras en referencia a la generación Z y el uso de las tarjetas de crédito.
LAS COMPRAS EN LÍNEA SEDUCEN A LA GENERACIÓN Z PARA QUE USEN SU CRÉDITO
Sin embargo, en el caso de México, un estudio del Tec de Monterrey sobre las tendencias de consumo de la generación Z reveló que, aunque las compras por impulso sí son más comunes que en generaciones anteriores debido a la omnipresencia de las redes sociales y el acceso instantáneo a productos y servicios en línea, estas adquisiciones impulsivas ocurren principalmente en tiendas físicas, lo que sugiere que las compras en línea son más deliberadas y meditadas.
En México, los métodos de pago preferidos son las tarjetas de débito y el dinero en efectivo, que aún es utilizado por 80 por ciento de las y los jóvenes. Es relevante señalar que 20 por ciento ya no usa este último medio, lo que advierte una tendencia hacia métodos de pago digitales. La preferencia por las tarjetas de crédito ha aumentado y alcanza 58 por ciento de penetración en las juventudes mexicanas.
La educación financiera es un tema clave, en donde se notan distinciones significativas entre los jóvenes españoles y latinoamericanos. Según Ruiz-Dotras, la generación Z en Europa no está educada financieramente, lo que desencadena que tomen decisiones compulsivas en lugar de planificar sus objetivos financieros y ahorrar.
“Prefieren comprar ahora y pagar después, lo que los lleva a acumular deudas”, asegura la experta, y detalla que los errores más comunes que cometen las personas jóvenes al gestionar su dinero son la falta de planificación financiera, la ausencia de ahorro sistemático y la tendencia a gastar en bienes y consumos que no necesitan.
EN LATINOAMÉRICA LOS JÓVENES SON MÁS CONSCIENTES
Sin embargo, en Latinoamérica, según estudios de BBVA y Americas Market Intelligence, desde una edad temprana los jóvenes Z contemplan los productos de inversión y cuidado financiero, aunque su principal medio de información son los influentes financieros, principalmente aquellos con presencia en TikTok. Por su parte, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores de México señala a la generación Z con la de mayor puntaje en conocimientos financieros.
Entre los productos financieros más usados por los centennials se destaca el ahorro para la educación, las acciones y las criptomonedas. Esta búsqueda de estabilidad financiera de las juventudes latinoamericanas puede explicarse por la precarización laboral, la gentrificación, las continuas crisis económicas de la región y el precio desorbitado del suelo en Latinoamérica, lo que ha convertido la vivienda digna en una utopía para las nuevas generaciones.
Ruiz-Dotras apunta que las personas jóvenes se enfrentan a dificultades para independizarse debido al alto coste de la vivienda. La falta de acceso causa que muchos permanezcan en casa de sus padres, lo que reduce sus responsabilidades financieras y puede resultar en que gasten su dinero en cosas innecesarias.
“El poco dinero que puedan conseguir estos jóvenes lo acaban gastando en cosas que no necesitan, al no tener responsabilidades financieras, como pagar por la alimentación o el consumo energético”, apunta Elisabet Ruiz-Dotras.
En contraste, el Tec de Monterrey señala que la categoría más destacada de compra para la generación Z son los alimentos, con 88 por ciento, seguido de la ropa, con 84 por ciento, lo que no es sorprendente, pues cubren las necesidades más básicas.
EN MÉXICO LA GENERACIÓN Z SÍ AHORRA PESE A LAS TARJETAS DE CRÉDITO
Se resalta también que las categorías de productos para mascotas y muebles y decoración tienen porcentajes considerablemente altos, aunque no se encuentran entre las más compradas.
En México, la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi) de 2023, elaborada por la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), registró que 59. 6 por ciento de la población entre 18 y 29 años contaba con algún tipo de ahorro, formal o informal.
Asimismo, durante 2022, un análisis generacional del Boletín Trimestral de Inclusión Financiera señaló que la generación Z mexicana muestra una mayor tendencia hacia las afores como el medio a través del cual podrán solventar sus gastos durante la vejez.
La tendencia, al menos en México, corresponde a las reformas de pensiones que afectan a todas las personas nacidas de 1980 en adelante, quienes no cuentan con una pensión garantizada que les permita obtener un ingreso similar al que ganaron durante sus últimos cinco años de carrera, como sí ocurría antes.
Por otra parte, la inflación reduce el poder adquisitivo de los jóvenes. Ruiz-Dotras señala que esto “los lleva a gastar más para mantener su nivel de vida. Además, la precariedad laboral y la falta de contratos estables dificultan el acceso al crédito tradicional, lo que hace que la generación Z recurra a opciones de financiación más caras y menos reguladas”.
En cuanto a la vida idealizada de redes sociales y su impacto en la salud mental, Ruiz-Dotras explica que las redes crean una constante comparación entre la vida idealizada que se muestra en línea y la realidad, lo que puede desembocar en problemas de depresión y ansiedad.
LAS REDES COMO MEDIO DE DISTORSIÓN EN ÉPOCA DE CRISIS
“Las redes acaban siendo bastante tóxicas, ya que venden solamente el aspecto bonito del consumo: si te llenas el armario de ropa vas a estar más guapo o guapa; si haces este viaje lo vas a pasar muy bien. Pero lo que se ha demostrado es que las redes sociales provocan muchos más problemas de depresión porque hay una constante comparativa entre cómo puede ser la vida y cómo es realmente”.
Endeudarse para alcanzar una calidad de vida superior a la que los jóvenes pueden permitirse no solo tiene consecuencias económicas, sino que también repercute en su salud física y mental. Las deudas en las tarjetas de crédito pueden aumentar el estrés, la ansiedad y la depresión. Enric Soler, colaborador docente de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, explica el “estrés financiero” y la “fórmula matemática de la ansiedad” que desencadenan estas deudas entre jóvenes:
“Se trata del cociente entre la percepción de la amenaza y la percepción de recursos para hacerle frente. Cuanto mayor sea la amenaza percibida (por ejemplo, si no pago el alquiler me quedaré sin techo) y menor sea la percepción de los recursos propios (es prácticamente imposible que encuentre un trabajo que me permita pagar el alquiler), más alto será el nivel de ansiedad”.
En este contexto, es importante preguntarse si las recompensas instantáneas que brinda el crédito son genuinamente las más deseadas por la generación Z, o si, en cambio, son las únicas a las que pueden aspirar. N