Exagente de la Patrulla Fronteriza denuncia que fue violada


Una exagente de la Patrulla Fronteriza denuncia que fue violada en la academia por un colega



Cuando Jenn Budd, entonces de 24 años, pisó por primera vez la academia de entrenamiento de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos en Glynco, Georgia, en la década de 1990, ella sabía que sería el comienzo de una experiencia que cambiaría su vida.

La Patrulla Fronteriza era una agencia que, por años, Budd había admirado y se imaginaba una carrera larga por delante, escalando en sus rangos y ganándose el respeto de sus colegas de paso.

Para Budd, el día de la graduación debió ser el momento más memorable de ese año, y lo habría sido de no ser por una noche apenas un mes antes: la noche en que, dice ella, fue violada y golpeada por uno de sus colegas masculinos.

Ahora, más de 20 años después, Budd, quien renunció a la Patrulla Fronteriza en 2001 y desde entonces se ha convertido en una reconocida defensora de los inmigrantes, dice que quiere hablar de su experiencia con la esperanza de que más mujeres den un paso al frente y echen luz sobre el sexismo “sistémico” y la misoginia que, ella teme, todavía abunda en la agencia.

Cuando Budd comenzó su estadía en la academia de entrenamiento de Glynco en la década de 1990, más o menos por la fecha en que Carla Provost, la actual jefa de la Patrulla Fronteriza, se graduó, ella dice que no tardó mucho en darse una idea de cuán profundamente arraigada y generalizada parecía ser la cultura del sexismo.

Los chistes sexistas abundaban, a las mujeres sus supervisores les decían en su primer día que “no pertenecían allí”, y en su segundo día, a las mujeres reclutas sus compañeras mayores les advertían que vigilaran sus bebidas en el bar cuando estuvieran con colegas masculinos.

Sin embargo, para Budd, el peso real del sexismo sistémico dentro de la agencia de la Patrulla Fronteriza le cayó de golpe la noche en que, dice ella, fue violada por un compañero de entrenamiento un mes antes de graduarse en octubre.

“Pasó así… tan rápido”

“Caminaba a casa y me había tomado una cerveza y una hamburguesa y uno de mis compañeros de clase… él dijo: ‘Te voy a acompañar a tu casa,” dijo Budd a Newsweek en una entrevista inicial en julio. “Yo me quedaba, básicamente, en una casa de huéspedes, eso era lo que teníamos por entonces”.

La entonces aprendiz de la patrulla fronteriza le dijo a su colega, cuya identidad ella compartió con Newsweek, pero a quien no quiere nombrar públicamente, que estaba bien como para regresar sola.

“Le dije: ‘Si no estoy segura en un campus lleno de oficiales federales, entonces ¿dónde estaré segura?’ Obviamente, yo era muy ingenua”. Después de que su colega insistió en repetidas ocasiones en acompañarla a casa, Budd cedió. “Solo dije: okey”.

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 Cuando llegaron a la casa de huéspedes de ella, dijo Budd, su colega de repente la empujó contra la pared de ladrillo. Cuando ella cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo, ella dijo que lo golpeó en un intento desesperado de escaparse. “Creí que se me rompió la mano”.

“Entonces, él me golpeó en la cara. Yo trataba de golpearlo, pero él tenía mis caderas contra la pared… mis pies no tocaban el suelo. Yo pesaba 59 kilos y medía 1.65 metros por entonces”.

El ataque “pasó así… tan rápido”. finalmente, “pude meter una rodilla para detenerlo y corrí escaleras arriba. Cerré mi puerta. Y dejé la luz prendida, solo mirando la puerta toda la noche, preguntándome si él regresaría. Preguntándome qué iba a hacer yo”, dijo Budd.

“No se me ocurrió que fuera sistémico”

Cuando ella llegó a la academia al día siguiente, Budd dijo que sentía como si “todos supieran” sobre el ataque. “Él me golpeó en la cara. Él me sacó la mierda a golpes, en serio, y todos lo sabían porque yo tenía un ojo morado y un labio ensangrentado… y las costillas amoratadas… Pero nadie dijo nada”.

Budd comentó que ella misma no quería aceptar lo que había sucedido, en parte porque, dijo ella: “No quería ser etiquetada como una quejica de IOE (Igualdad de Oportunidades de Empleo). Nunca presenté una IOE”.

“Nada más pensé, fue solo un tipo… Toda la agencia no puede ser así”, comentó ella. “No se me ocurrió que fuera sistémico”.

No obstante, en los días posteriores al ataque, Budd dijo que sus instructores de educación física, de quienes ella cree que estaban conscientes del incidente, la obligaron a pelear con el hombre que la violó, a pesar de las lesiones visibles de ella. “Ellos no me dijeron que lo sabían, pero esa fue mi impresión”, expresó ella.

“Tuvimos una clase de educación física por dos horas e íbamos a pelear en el área de combate. Yo era la única mujer que quedaba en mi sección, porque todas las demás habían abandonado a causa de las lesiones o lo que sea, y me hicieron pelear con este tipo en el entarimado. Todos los instructores reían disimuladamente.

“Solo me le fui encima, golpeándolo tan duro como pude, como lo hice la noche anterior y todavía seguía sin surtir efecto”, dijo budd. “Entonces, hice lo mismo que la noche anterior, traté de patearlo en los huevos y ellos dijeron: ‘No puedes pelear así’. Yo dije: ‘¿Están bromeando? Esto es lo primero que hace una mujer. ¿Por qué trataría de pelear con alguien de este tamaño sin patearlo en los huevos?”

Sin embargo, la ex agente de la Patrulla Fronteriza dijo que fue subyugada rápidamente: “Él solo me levantó… me levantó, literalmente me levantó, y me lanzó al otro lado del salón hacia las colchonetas en la pared y me lanzó contra el muro. Lo hizo tres veces antes de que finalmente pararan la pelea.

“Todas las veces, yo me enfurecía más y saltaba y corría hacia él, y él me levantaba y me lanzaba de nuevo contra el muro, luego me golpeaba en las costillas. Él sabía dónde golpearme”. Mientras tanto, dijo ella, “todos los tipos estaban riendo”.

“Cállense o den pelea”

Cuando Budd regresó al vestidor, adolorida por sus lesiones, uno de sus colegas masculinos llamó a la puerta, pidiendo hablar con ella.

“Él dijo: ‘Quiero que sepas que él está en el vestidor, levantando las manos por encima de su cabeza y diciendo que esa perra nunca me volverá a decir que no’, y que todos los tipos estaban ululando y vociferando”, comentó Budd. Las palabras de él le “enfurecieron tanto” que ella fue directamente con sus instructores y dijo que nunca más quería ser obligada a pelear de nuevo con su atacante.

“Les dije lo que había pasado”, contó ella, refiriéndose al presunto ataque. Con la esperanza de que sus instructores pudieran ayudarle, Budd comentó que simplemente le dijeron que presentara una queja IOE si tenía un problema.

Al día siguiente, Budd dijo que uno de sus supervisores le pidió que hablara con los aprendices. “Él vino y dijo: ‘No quiero oír otra puta queja de boca de ustedes las mujeres… Si tienen alguna queja con algún hombre aquí, presenten una queja IOE. Cállense o den pelea”.

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Budd dijo que nunca presentó un reclamo formal; comentó que tenía miedo de que no le creerían y temía que la retrasaran en el programa si tomaba una acción formal en contra de su presunto atacante.

Sus superiores, dijo ella, le advirtieron que presentar la queja podría retrasarle y corría el riesgo de tener que pasar más tiempo en la academia de entrenamiento del que debía, lo cual era algo que ella simplemente no sentía que podría soportar.

No es la única

Al rememorarlo, Budd dijo que ella cree que su caso se habría desarrollado de forma similar al de otra ex aprendiz de la Patrulla Fronteriza quien empezó su entrenamiento en diciembre de 1995 y presentó una queja formal IOE en marzo de 1996.

En la queja, que está publicada en el sitio web de la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo (EEOC), la ex aprendiz acusó que uno de sus colegas masculinos las atacó a ella y otra aprendiz femenina en el dormitorio de él durante su primer mes en la academia.

La aprendiz dijo que ella visitó la habitación de su colega para pedir prestado un burro de planchar. Los dos habían empezado a discutir sobre un libro de poesía que estaba en el escritorio de él, pero luego él giró la discusión hacia cómo él pensaba que la aprendiz era “bonita e inteligente”.

Fue entonces cuando él “la empujó y la arrinconó en su cama, le besó en la boca y cuello y puso sus manos en los pechos de ella”, dijo ella.

La aprendiz argumentó que trató de quitárselo a empujones y “le gritó que se detuviera”, pero solo fue cuando otra aprendiz abrió la puerta del dormitorio que ella fue capaz de “escabullirse por debajo” de su atacante.

Cuando la otra aprendiz entró en la habitación, ella argumenta que el atacante empujó a la segunda aprendiz contra el suelo, la besó y metió sus manos bajo su blusa, antes de que las dos pudieran huir de la habitación.

“Aprende a jugar el juego”

El día después del incidente, la aprendiz, quien dijo que había compartido los detalles del presunto ataque con por lo menos otras dos colegas, dijo que su presunto atacante se paró frente a ella mientras caminaba y le dijo que ella necesitaba “aprender a jugar el juego o ningún oficial masculino querría trabajar con ella”.

El acoso no terminó allí. En dos ocasiones, ella acusó que él caminó “muy cerca de ella sin hablar”.

En un incidente posterior en febrero, ella comentó que le dejaron un mensaje en su contestadora en casa que compartió con su prometido, en el cual un hombre, de quien ella creyó que era su presunto atacante, afirmó que se había visto con ella en un hotel.

Sintiéndose “temerosa” y experimentando “malestar físico, estrés y dificultades emocionales”, la aprendiz se sintió obligada a dejar la academia, y escribió en su formulario de modificación de datos que la habían atacado.

Al mes siguiente, la ahora ex aprendiz presentó una queja IOE formal detallando las presuntas acciones de su colega, las cuales él negó, afirmando que él solo podía recordar haberla consolado una vez mediante poner su brazo alrededor de ella cuando ella parecía estar molesta.

Cuando la ex aprendiz no respondió después de ser informada por la agencia de su derecho a solicitar una decisión final de la agencia o participar en una audiencia ante un juez administrativo, se presentó una decisión final el 1 de septiembre de 1998, dos años después del incidente, hallando “evidencia insuficiente” de que ella hubiera sido “sometida a acoso sexual”.

La decisión declaró aún más que, incluso si lo hubiera sido, los funcionarios ya habían tomado una “acción correctiva puntual” al enterarse de sus acusaciones, incluido el aconsejarle presentar una queja IOE.

No obstante, sí se le hizo una poca de justicia a la aprendiz tres años después, cuando en junio de 2001 John Ashcroft, el entonces fiscal general, falló en su favor después de que ella presentó una apelación.

Aun cuando la decisión de Ashcroft señaló que el presunto atacante había “negado que ocurriese el incidente del 27 de diciembre y que no había testigos del incidente… aun así, el registro contiene evidencia que apoya un hallazgo de que [la] querellante fue tocada como lo acusa”.

Entre esa evidencia estaban los recuentos de los colegas y superiores de la aprendiz a quienes les habló del incidente, así como el recuento de su colega femenina de que la aprendiz estaba “en estado de shock” después del incidente en el dormitorio de su colega masculino.

La colega dijo que aun cuando había sentido el comportamiento del hombre para con ella “inapropiado”, como no había presenciado lo que presuntamente sucedió en el dormitorio antes de que ella entrara, al principio no había captado el peso real de la situación.

Finalmente, escribió Ashcroft: “Con base en una revisión del registro, la decisión de la Comisión es revertir la decisión final de la agencia, y halla que [la] querellante fue sometida a acoso sexual”.

Ambos casos sucedieron antes de la reestructuración que dio la creación del Departamento de Seguridad Nacional después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2011. Como tal, la Patrulla Fronteriza habría estado bajo la autoridad del Servicio de Inmigración y Naturalización.

“Estaba avergonzada”

En el caso de Budd, la ahora ex agente de la Patrulla Fronteriza estaba determinada a no abandonar la academia de entrenamiento. En vez de presentar una queja IOE, decidió continuar el curso y quedarse callada sobre el incidente, con la esperanza de que las cosas mejoraran en cuanto se graduara.

Durante su tiempo en la academia de entrenamiento, Budd dijo que solo discutió el presunto incidente con gran cantidad de detalle con una de las otras aprendices matriculadas en el programa por entonces. Esa ex colega, cuya identidad y presencia en la academia de entrenamiento ha sido confirmada por Newsweek con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, ya murió, a decir de Budd, con un obituario que fechó su muerte en 2015.

Aparte de esa confidente, Budd dijo que nunca quiso que sus colegas supieran lo que le pasó, en parte porque no podía soportar el que sus colegas la vieran como vulnerable, cuando estaba tan determinada a probarse a sí misma en la academia.

“Estaba apenada y avergonzada”, dijo ella. “O sea, si no pude defenderme, no merecía estar en la Patrulla Fronteriza. Siempre se sintió como si yo misma hubiera admitido que no podía protegerme, entonces no merecía una placa y una pistola, y para eso había trabajado en mis años universitarios. Me hacía débil, así que solo me endurecí mucho”.

El resto de su tiempo en la academia, Budd dijo que fue “intimidada” y “hostigada constantemente” por sus supervisores y colegas.

“Me reprobaron en mi última carrera por menos de un segundo para tratar de despedirme”, comentó ella. Pero Budd persistió. “Todos pueden volver a tomar [la prueba], así que me aseguré de hacer mierda esa carrera para que no pudieran despedirme. Pero ellos solo me hostigaron constantemente”.

Finalmente, Budd fue capaz de graduarse, pero dijo que en sus seis años con la Patrulla Fronteriza continuó lidiando con la cultura “misógina” que ella cree que todavía está generalizada en la agencia, desde recibir flirteos indeseados de su supervisor, hasta tener que enfrentarse con imágenes pornográficas que dejaban en las estaciones de la Patrulla Fronteriza en las cuales trabajó.

Budd expresó que, en parte, la razón de revelarse como gay ante sus colegas durante su tiempo con la Patrulla Fronteriza fue para mantener a raya los avances de un superior masculino y ponerle fin a los rumores y chistes de que posiblemente se acostó con él para obtener el puesto.

Budd presentó una queja IOE por los rumores y, aun cuando otros corroboraron su recuento, finalmente se determinó que aun cuando por lo menos un superior “tal vez haya participado en una acción” para dañar la “reputación profesional” de ella, tales acciones no calificaban como “discriminación con base en el sexo” o acoso sexual, según documentos revisados por Newsweek. Al final, dijo Budd, la queja terminó en nada.

El trauma que sufrió como sobreviviente de una violación la siguió después de los seis años que trabajó como agente de la Patrulla Fronteriza antes de renunciar en 2001.

Budd comentó que fue apenas el año pasado que compartió todos los detalles del presunto ataque en la década de 1990 con su esposa. Anteriormente, ella se había referido al incidente como un “ataque sexual”, no queriendo describir la severidad del incidente.

La esposa de Budd: “Ella estaba devastada”

En una entrevista con Newsweek, la esposa de Budd, quien no quiso ser nombrada, dijo que ella sabía desde hace tiempo que su pareja había sido atacada sexualmente al principio de su carrera en la Patrulla Fronteriza, siendo el incidente una parte dolorosa del pasado de Budd que había resurgido en repetidas ocasiones en los casi 19 años que han estado juntas.

Aun así, ella comentó que le impactó oír todos los detalles del ataque y cuán brutal había sido previamente este año. La esposa de Budd dijo que había sabido del presunto ataque desde el primer año en que fue su pareja después de que se conocieron en línea.

“Ya sabes, en el proceso de conocernos mutuamente, es el tipo de cosas que discutes… las cosas por las que has pasado”, expresó ella.

Pero no fue sino hasta este último año, durante las audiencias en el Congreso en las que Christine Blasey Ford recordó el ataque sexual que presuntamente sufrió a manos de Brett Kavanaugh, ahora juez de la Suprema Corte, que Budd finalmente le reveló a su esposa cuán brutal fue la violación.

“Había mucho en Twitter por entonces, todas contaban sus historias. Las mujeres contaban sus historias y había muchas historias desgarradoras y yo sabía que ella estaba muy alterada por todo el dolor que todas experimentaban y yo estaba en verdad molesta por ello, y estábamos hablando y… ella estaba devastada”, dijo ella.

“Pienso que eso es lo que la desencadenó”, comentó la esposa de Budd, sobre la audiencia de Kavanaugh. “Pienso que desencadenó a todas las mujeres de alguna manera… Yo sabía del incidente, pero simplemente no pensaba que ella estuviera lista para decirlo en voz alta todavía”.

En medio de las lágrimas, dijo la esposa de Budd, “siempre me he sentido disgustada por el hecho de que le pasara a ella, pero ahora que sé cómo él la violó… estoy llorando ahora. Me gustaría ver un cambio en la cultura de la Patrulla Fronteriza y que esto empodere a más mujeres para que den un paso al frente, porque necesitamos un cambio en la cultura del país”.

“Ella se sintió obligada a dar un paso al frente”

En una entrevista diferente con Newsweek, la Dra. Marla Vencil, terapeuta de Budd y psicóloga clínica del Centro Psiquiátrico de San Diego, a quien Budd ha visto con regularidad desde mayo de 2015, dijo que, por su parte, ella cree completamente el recuento de su cliente de lo que le sucedió durante el entrenamiento con la Patrulla Fronteriza.

“Sabiendo cómo es ella y conociendo su personalidad y habiendo trabajado con ella, ella no inventa cosas”, dijo la psicóloga.

Budd dijo a Newsweek que empezó a ver a Vencil después de alcanzar su punto más bajo, un momento en el que estuvo a punto de perder la vida por suicidio.

Desde entonces, Vencil dijo que la defensora inmigratoria ha progresado mucho, y la terapeuta afirma que apoya el deseo de Budd de compartir su historia.

Vencil dijo que Budd había sido renuente a hablar del incidente hasta que empezó a referirlo a principios de 2017. Sin embargo, la terapeuta dijo que Budd apenas fue capaz de empezar a revelar todos los detalles de lo que sucedió más recientemente, después de abrirse al respecto con su esposa.

Aun cuando al principio de su tratamiento Budd discutió haber trabajado para la Patrulla Fronteriza, Vencil comentó: “No hablamos mucho sobre la Patrulla Fronteriza hasta después de que el presidente Trump empezó con sus cosas fronterizas… Eso realmente la desencadenó. Ella se volvió… casi híper enfocada en lo que estaba sucediendo con la Patrulla Fronteriza y su ataque y cómo la trataron”.

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No obstante, Vencil comentó que Budd “nunca había entrado en muchos detalles” sobre la presunta violación “y nunca la presioné al respecto”.

Vencil expresó que Budd “prácticamente me dijo que ella era alguien que siempre fue hostigada por ser mujer en la Patrulla Fronteriza… Le daban servicios más riesgosos, áreas más aisladas que patrullar y le dejaban sola cuando no debía estarlo”.

En opinión de la terapeuta, “el hecho de que [Budd] todavía fuera renuente a hablar de [el ataque] indica que es un hecho”. En especial dado “el hecho de que pasó las de Caín en la Patrulla Fronteriza y trató de reportar las cosas y no le creyeron”.

Como la esposa de Budd, Vencil dice creer que la conversación creciente sobre el acoso y ataque sexual en todo el país y alrededor del mundo, así como el enfoque actual en la Patrulla Fronteriza, llevó a Budd a querer contar su historia.

“Pienso que ella ahora habla más de ello porque, primero, pienso que el hecho de que la atmósfera en estos días se inclina un poco más a estar dispuestos a creerles a las mujeres cuando dicen que fueron atacadas o sexualmente atacadas”, dijo Vencil.

“Y luego, con ella, se sintió obligada a dar un paso al frente a causa de todas las cosas negativas que están surgiendo ahora con la inmigración y cómo son tratados quienes buscan asilo”.

Principalmente, Budd dijo a Newsweek que quiso compartir su historia con la esperanza de que otras mujeres en el cuerpo inmigratorio den un paso al frente.

“Sé por otras mujeres que todavía es lo mismo en la Patrulla Fronteriza, pero ellas dicen que no darán un paso al frente porque es demasiado vergonzoso”, dijo ella. “No puedo decirte que todas las mujeres sean violadas en la Patrulla Fronteriza, pero puedo decirte que todas han sido acosadas sexualmente”.

La Patrulla Fronteriza de hoy día

El recuento de Budd se da en un momento en el que la Patrulla Fronteriza enfrenta cada vez más escrutinio por su manejo de las acusaciones de sexismo y ataque sexual.

En julio, un por entonces alto agente, Gus Zamora, de 51 años, fue acusado por cargos de ataque sexual y secuestro en el presunto ataque de una agente de menor rango.

A pesar de lo severo de los cargos, a Zamora, quien está casado con una de las agentes femeninas de más alto rango de la agencia, Gloria Chavez, le permitieron retirarse de la agencia después de la acusación.

Aun cuando el caso de él todavía no concluye, Budd dijo a Newsweek que el solo hecho de que la Patrulla Fronteriza le permitiera a Zamora simplemente retirarse después de la acusación sugiere que la cultura del sexismo y la misoginia que ella presenció en la agencia continúa prosperando.

Además de su manejo de las afirmaciones de ataque sexual, la Patrulla Fronteriza también ha sido condenada tras la revelación de la existencia de grupos en redes sociales en los cuales agentes actuales y antiguos fueron atrapados compartiendo contenido sexista y racista.

En uno de dichos grupos de redes sociales, el grupo de Facebook “I’m 10-15”, que incluía alrededor de 9,500 agentes antiguos y actuales de la Patrulla Fronteriza, los miembros compartían una variedad de publicaciones sexistas y racistas, incluidos varios “chistes” sobre violación y la muerte de los migrantes.

Entre las publicaciones sexistas había una imagen manipulada que retrataba a Alexandria Ocasio-Cortez, representante por Nueva York y una crítica franca de las autoridades inmigratorias, haciendo sexo oral a través de una cerca en un centro de detención. En otra, el presidente Donald Trump es retratado empujando la cabeza de la congresista hacia su entrepierna.

También debería señalarse que la Patrulla Fronteriza tiene uno de los porcentajes más bajos de mujeres en sus cuadros que cualquier agencia federal de cuerpos de seguridad.

Según un informe de 2018 de la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo, en el año fiscal de 2016 solo cinco por ciento de los empleados de la Patrulla Fronteriza eran mujeres, pues 1,022 de los 19,749 agentes de la agencia son mujeres.

“Entre las agencias incluidas en el estudio, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, en el Departamento de Seguridad Nacional, tiene el índice de participación femenina más bajo”, declara el informe. “La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza no tenía mujeres sirviendo en el puesto de Interdicción de Aduanas y Protección Fronteriza, y las mujeres comprendían solo 5 por ciento de los agentes de la Patrulla Fronteriza”.

En una declaración compartida anteriormente con Newsweek, la Organización Nacional por las Mujeres (NOW) sugirió que el bajo porcentaje de mujeres en la Patrulla Fronteriza podría tener algo que ver con una “cultura generalizada de sexismo y racismo” al interior de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, la cual supervisa la Patrulla Fronteriza.

NOW dijo que la Patrulla Fronteriza “tiene el porcentaje más bajo de mujeres en sus cuadros que cualquier agencia federal de cuerpos de seguridad”, citando la información de 2016.

“Este hecho problemático manifiesta claramente el comportamiento misógino y racista que exhiben los agentes de Aduanas y Protección Fronteriza”, dijo la organización, añadiendo: “Aduanas y Protección Fronteriza debería hacerse responsable de sus acciones”.

En una declaración provista a Newsweek por entonces, Carla Provost, jefa de la Patrulla Fronteriza, dijo que las publicaciones en Facebook compartidas en el grupo “son absolutamente inapropiadas y contrarias al honor e integridad que veo —y espero— en nuestros agentes todos los días”.

“Cualesquiera empleados que sean descubiertos violando nuestros estándares de conducta serán hechos responsables”, dijo ella.

Sin embargo, semanas después Provost admitió ante el Congreso que había sido un miembro del grupo “I’m 10-15” después de que surgieron reportes identificándola como un ex miembro.

La jefa de la Patrulla Fronteriza afirmó que “había olvidado” el haberse unido al grupo y que usaba Facebook “muy rara vez”, lo cual significa que no tenía conocimiento del contenido ofensivo publicado en la página.

“Estoy tan escandalizada como todos los demás en lo tocante a las declaraciones que se hicieron en esa página”, afirmó Provost.

Sin importar que Provost tuviera conocimiento de las publicaciones controvertidas que plagan el grupo de redes sociales, Budd dice creer que la jefa de la Patrulla Fronteriza debe tener conocimiento de cuán generalizados, según cree ella, están el racismo y sexismo en la agencia.

En una declaración enviada a Newsweek, Jacqueline Wren, portavoz de Aduanas y Protección Fronteriza, dijo: “Se espera que todos los empleados de Aduanas y Protección Fronteriza se comporten de una manera profesional estén o no de servicio”.

“Aduanas y Protección Fronteriza enfatiza el honor y la integridad en todo aspecto de nuestra misión, y la mayoría abrumadora de empleados y oficiales de Aduanas y Protección Fronteriza llevan a cabo sus deberes con honor y distinción, trabajando incansablemente todos los días para mantener seguro a nuestro país”, sostuvo ella. Aduanas y Protección Fronteriza toma toda acusación de mala conducta con seriedad y coopera totalmente en la investigación de dichas acusaciones”.

Para Budd, dicha investigación nunca sucedió después de su presunta violación. Por entonces, afirma ella, tomar una acción no parecía ser una opción.

Budd dijo que no desea nombrar al hombre que presuntamente la violó, tampoco le desea mal alguno. Por esa razón, Newsweek no ha nombrado a su presunto atacante.

Newsweek tiene conocimiento de su identidad y ha confirmado con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos que él y Budd asistieron a la academia de entrenamiento de la Patrulla Fronteriza al mismo tiempo, y que los dos ex agentes entraron en servicio en la misma fecha. Aduanas y Protección Fronteriza dijo a Newsweek que el presunto atacante de Budd continuó trabajando con la agencia hasta la fecha de su retiro.

Newsweek contactó al individuo en múltiples ocasiones para darle la oportunidad de hacer una declaración para el artículo. Él no respondió a una solicitud inicial y luego eliminó su cuenta en redes sociales poco después de ser contactado una segunda vez.

Newsweek también contactó a muchos colegas de él y Budd. Varios no respondieron a una solicitud de comentarios. Un ex instructor de la academia familiarizado con el recuento de Budd sobre sus experiencias en la Patrulla Fronteriza dijo que no deseaba hacer comentario alguno.

Sin importar si su presunto atacante encara sus afirmaciones o no, Budd dice esperar que su historia, como mínimo, les hará saber a otras mujeres en los cuerpos de seguridad que han enfrentado experiencias similares que no están solas.

“Parte del arrepentimiento que tengo es que… tal vez, si hubiera dado un paso al frente, habría evitado que otras mujeres pasaran por esto”, comentó ella. “Pero sé que no podía hacerlo, pues ¿por qué habría importado mi voz?”

“No estoy tratando de demostrarlo o volver a litigarlo o hacer caer a la Patrulla Fronteriza con ello”, dijo ella. “Solo quería ser capaz de decirlo… Y esperaba que si había otras mujeres por allí, que supieran que no están solas”.

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