¿Qué estamos dispuestos a creer? ¿Exterminio o adiestramiento? ¿Importa acaso la evidencia científica cuando desde algunos sectores ya se hizo un juicio perceptual de lo ocurrido en el rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco?
En la invocación a la verdad parecería haber una decisión tomada donde no hay cabida para hipótesis contrastantes con las certezas adquiridas. La realidad se convierte en rehén de la narrativa más estridente.
Teuchitlán ha suscitado debate sobre los hechos y su interpretación. Las narrativas evidencian tensión entre datos y construcciones semánticas, donde la designación “campo de exterminio” o “centro de adiestramiento” no es meramente descriptiva, pues conlleva implicaciones políticas y sociales significativas.
La semántica empleada para describir eventos atroces influye en la percepción pública y las respuestas políticas. El lenguaje puede ser instrumentalizado para moldear la conciencia colectiva. Al etiquetar al rancho Izaguirre como el “Auschwitz mexicano” se evoca una analogía con el Holocausto que intensifica la gravedad percibida.
Sin embargo, es esencial que estas afirmaciones estén respaldadas por evidencia sólida. En la conferencia del martes 25 de marzo de la presidenta Claudia Sheinbaum, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, se preguntó la diferencia entre campo de exterminio y lo hallado en Teuchitlán. Y se respondió: “Un campo de exterminio es un lugar donde de manera sistemática se asesina a cientos o miles de personas; creo que todos lo tenemos claro”. Tal evidencia, por el momento, no existe.
EL RANCHO IZAGUIRRE Y LA DISONANCIA COGNITIVA
Los indicios recabados por la Fiscalía General de la República y las declaraciones de un presunto reclutador apodado el “Lastra” sugieren la existencia de un punto de adiestramiento táctico y acondicionamiento físico del grupo criminal de mayor presencia en Jalisco.
Factores emocionales, culturales y políticos influyen en la disposición a creer en determinadas narrativas. En psicología se llama disonancia cognitiva a esa tensión experimentada al enfrentar información contradictoria con las creencias previas. En situaciones de violencia extrema, la sociedad busca explicaciones alineadas con sus marcos interpretativos existentes, incluso si implica aceptar narrativas no verificadas completamente.
El derecho a la verdad es fundamental en sociedades democráticas y está reconocido en el derecho internacional humanitario. Implica acceso a información precisa sobre violaciones a las garantías individuales, así como la obligación del Estado de investigar y esclarecer los hechos. La filósofa alemana Hannah Arendt enfatizaba la importancia de esa verdad factual en la política.
Los acontecimientos del rancho Izaguirre requieren investigaciones exhaustivas y transparentes, así como resistencia a la tentación de relatos que refuercen creencias preexistentes. N
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Salvador Guerrero Chiprés es doctor en Teoría Política por la Universidad de Essex, Inglaterra, y coordinador general del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.