Frontera EU-México: los niños inmigrantes solitarios aumentan las ganancias de los cárteles | Newsweek México


Frontera EU-México: los niños inmigrantes solitarios aumentan las ganancias de los cárteles



LA REVOCACIÓN del presidente Joe Biden de la política de Donald Trump consistente en rechazar a los niños inmigrantes sin acompañantes les ha dado a los contrabandistas una mayor capacidad para prometerles a las familias el paso seguro de sus hijos.

Tom Wong, director fundador del Centro de Política Inmigratoria de Estados Unidos en la Universidad de California, San Diego, dijo que mientras la administración revisa la política inmigratoria de la nación, los contrabandistas son capaces de explotar la incertidumbre para convencer a una cantidad más grande de familias de que hagan la inversión de 6,000 a 10,000 dólares para enviar a sus hijos a Estados Unidos.

“Eso podría ser lo que provoca el aumento de menores más jóvenes sin acompañantes que llegan a la frontera sur en relación con meses anteriores”, comentó Wong a Newsweek. “Los contrabandistas tienen que estar al tanto de las conversaciones políticas en Estados Unidos con el fin de maximizar realmente sus ganancias, y eso es parte de lo que podríamos estar viendo justo ahora”.

La historia de “María”, contada a Newsweek por el Comité Internacional de Rescate (IRC), revela la gravedad del problema.

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María (un pseudónimo para proteger su identidad) tenía ocho años cuando la secuestró un cártel mexicano de las drogas. Sucedió durante su trayecto desde El Salvador a Estados Unidos en busca de asilo. Le negaron la entrada a Estados Unidos tres veces antes de su rapto.

Ella dejó El Salvador con su padre, quien sufría de extorsión por una pandilla local. Cuando el padre de María se retrasó en los pagos, las exigencias de pago se convirtieron en amenazas de muerte. Un día, él llegó en malas condiciones después de una golpiza que le propinó la pandilla. Era hora de dejar El Salvador.

Temiendo por su vida y la de su hija, el padre de María tomó lo que pudo y comenzó el viaje para llevar a su hija a Estados Unidos. Tres años antes su esposa hizo sola el mismo viaje, con planes de vivir con sus familiares estadounidenses, después de que la pandilla dejó en claro sus intenciones de hacerle daño a ella. El padre de María pensó que tener parientes en Estados Unidos podría facilitarle la entrada al país.

No podía estar más equivocado. No solo les negaron la entrada a él y María tres veces, sino que tener lazos en Estados Unidos convirtió al dúo en un blanco. Un cártel mexicano lo descubrió, capturó al par y pidió rescate por ellos. Exigían un pago de 10,000 dólares de sus familiares estadounidenses a cambio de su libertad. Durante su tiempo en cautiverio, María tuvo que observar cómo los miembros del cártel golpeaban en repetidas ocasiones a su padre.

Frontera entre México y Estados Unidos. Tijuana, a la izquierda, y San Diego, a la derecha. Foto: Alex J. Rouhandeh.

Los parientes de María no podían pagar el rescate, pero pudieron juntar 5,000 dólares, los cuales el cártel decidió aceptar. El padre de María sabía que les negarían la entrada a ambos si trataban de cruzar juntos de nuevo. Temiendo que se repitiera la experiencia previa, decidió enviar a su hija a Estados Unidos como una menor sin acompañante (una niña sin un padre biológico o tutor legal).

EL EFECTO “PRIMAVERA”

El padre de María arregló que ella fuera con una mujer que llevaría a su familia a través de la frontera y quien aceptó llevarse a María consigo. En su cuarto intento, a María le permitieron entrar en Estados Unidos como una niña sin acompañante en McCallen, Texas.

Más de 100,400 personas trataron de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos en febrero, un aumento del 28 por ciento en relación con enero. El expresidente Donald Trump ha dicho que la situación está “fuera de control”, mientras que Mitch McConnell, líder de la minoría en el Senado, ha culpado de la situación al “plan extenso de amnistía izquierdista” del presidente Joe Biden.

Pero los datos históricos sugieren una explicación más sencilla, una que está más allá de la política: la primavera.

Wong le comentó a Newsweek que el aumento en febrero corresponde a los típicos cambios inmigratorios estacionales. Aun cuando el año de la pandemia de 2020 trajo consigo una disminución en la inmigración en general, en los meses de enero y febrero de 2019 se vio un aumento del 31 por ciento en los cruces.

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La primavera de 2018 ocurrió un poco después, con un aumento del 37 por ciento entre febrero y marzo. Aun cuando la demanda de fuerza laboral agrícola estacional provoca los mismos patrones cada año, Wong dijo que ha surgido un elemento nuevo este año.

“La cantidad de niños pequeños, no tanto adolescentes, sino preadolescentes y más pequeños [que está cruzando], ese sería un fenómeno nuevo”, comentó Wong a Newsweek.

Durante el último año fiscal, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza registró alrededor de 30,000 niños que trataron de cruzar la frontera. Casi 3,000 de estos niños tenían menos de 12 años. De los 9,600 niños que la patrulla fronteriza encontró en febrero, 98.5 por ciento no tenía un acompañante.

El cruce de niños sin acompañantes, como María, se debe en gran medida a la inestabilidad política y económica en el Triángulo Norteño de Centroamérica: Guatemala, Honduras y El Salvador.

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De todos los inmigrantes en Estados Unidos provenientes de Centroamérica, el 86 por ciento era de estos tres países. Las naciones del Triángulo Norteño son de las seis más pobres en el hemisferio occidental y son algunas de las más peligrosas.

El Salvador tiene el índice de homicidio más alto del mundo; Honduras, el cuarto, y Guatemala, el decimocuarto. En cuanto al índice de homicidios infantiles, Honduras calificó primero; el Salvador, tercero, y Guatemala, sexto.

“Muchos de los niños huyen de la violencia de las pandillas en casa”, le dijo a Newsweek Catherine Wegener, abogada infantil interna del Comité Internacional de Rescate (IRC). “Dada su pobreza, no pueden estar a salvo”.

Wegener dice que la extorsión de las pandillas locales trastorna las vidas hogareñas de muchos de sus clientes, como le sucedió a la familia de María. Dado que las economías de Guatemala, Honduras y El Salvador han sufrido a causa de la pandemia del COVID-19, las pandillas aprovecharon la situación para reforzar y ampliar su territorio y control. Este fenómeno ha aumentado la desesperación de los padres que tratan de asegurar el bienestar de sus hijos, incluso si ello significa mandarlos lejos para siempre.

UNA ALTERNATIVA MÁS SEGURA

El IRC ha encontrado niños tan pequeños como de 16 meses que son enviados a través de la frontera, le dijo Wegener a Newsweek. La abogada comenta que los niños a veces llegan en grupos, acompañados por hermanos mayores o familiares lejanos. Un niño de cinco años que huía de un hogar abusivo llegó a la frontera con su primo adulto. Dado que su primo tenía más de 18 años le negaron la entrada, lo que separó al par.

A pesar del trauma provocado por la separación, Olga Byrne, directora de inmigración del IRC, opina que los padres lo ven como una alternativa más segura para sus hijos que quedarse en México o regresar a sus países natales.

“Definitivamente, vemos más desesperación en la fuente”, dijo. “También vemos una cantidad mayor de personas desplazadas internamente en Centroamérica”.

Byrne expresó que el aumento en los índices de desplazamientos internos podría indicar una continuación futura de los patrones actuales de inmigración. Comentó que la gente a menudo se mueve dentro de su país antes de tomar la decisión de dejarlo de plano.

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Conforme los programas después de la escuela, las organizaciones sin fines de lucro y los servicios comunitarios cierran sus puertas a causa de la pandemia, los padres podrían desesperarse aún más para proteger a sus hijos, sobre todo cuando el potencial de una inmigración exitosa parece más viable.

Aun cuando las percepciones del cambio en la administración estadounidense podrían alimentar un mayor optimismo con respecto a la situación en la frontera, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) dijo que su manejo de la situación se mantiene relativamente sin cambios. Aunque Mark Morgan ya no sea el comisionado de la CBP y ahora lo sea Troy Miller, los oficiales que patrullan siguen siendo los mismos.

“Honestamente, para los agentes, quienes hacen las rondas, no es muy diferente”, le dijo a Newsweek Jacob MacIsaac, un oficial de asuntos públicos para el sector de San Diego. “Mi trabajo todavía es el mismo”.

Aun así, MacIsaac comentó que en el sector de San Diego ha habido un aumento del 61 por ciento de niños sin acompañantes durante el último año. Algunos de estos niños son abandonados por vehículos cerca de áreas de la frontera donde no hay muro y les dicen que caminen adelante, con su identificación en mano, hasta que hallen un agente.

Autos estacionados en el lado mexicano del muro fronterizo, en Nogales. Foto: Alex J. Rouhandeh

En áreas con el muro, los niños son levantados por encima del muro o les dicen que caminen a través de bocas de tormenta abiertas hasta que lleguen al otro lado. Algunos de los niños entran en el país con congelamiento o deshidratación. En 2019, por lo menos seis niños murieron al tratar de cruzar.

Sin embargo, a pesar de los riesgos y el peligro, la posibilidad de asilo en Estados Unidos sigue siendo razón suficiente para que los padres tomen la decisión de separarse de sus hijos.

Poco después de que María entró en Estados Unidos, su padre desapareció y aún no lo han encontrado.

En Estados Unidos, María recibió tratamiento médico, una educación y terapia, y la reunieron con su madre. Ella no está con su padre, y tal vez nunca lo vuelva a ver, pero está más allá del alcance de las pandillas de El Salvador y el cártel de México, por lo menos por ahora. Para María y para su familia, eso es el sueño americano. N

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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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