2019, ¿será el año del peor brote de sarampión en EU?


2019, ¿será el año del peor brote de sarampión en EU de los últimos 30 años?

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A casi 20 años de que Estados Unidos eliminara el sarampión, un experto advierte que, en 2019, la peligrosa enfermedad podría alcanzar la tasa más alta que el país haya registrado en las últimas tres décadas.

Las campañas del movimiento antivacunas (reducido, aunque en extremo activo), combinadas con las dificultades que enfrentan algunas comunidades para conseguir vacunas ha desatado brotes de esta enfermedad potencialmente mortal -y perfectamente prevenible- en todo el territorio de Estados Unidos.

Se calcula que entre tres y cuatro millones de estadounidenses murieron durante la década anterior a 1963 -año en que comenzó a aplicarse la primera vacuna contra el sarampión-, ya que la infección viral segaba entre 400 y 500 vidas cada año.

Para 1989, un brote que afectó a niños en edad escolar orilló a los inmunólogos y pediatras a pugnar por un programa nacional de inmunización. Su esfuerzo fue exitoso y llegado el año 2000, Estados Unidos logró eliminar la enfermedad (“eliminar” indica una incidencia de cero casos en más de 12 meses; no equivale a “erradicación”, que tiene el mismo significado, pero en la escala mundial).

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No obstante, los esfuerzos para prevenir el sarampión han sufrido un fuerte revés y 2019 podría ser el “año de sarampión” más grave desde 1989, afirma William Moss, especialista en epidemiología e inmunología de la Escuela Bloomberg de Salud Pública, en la Universidad Johns Hopkins. “[Este pronóstico] apunta a que estamos perdiendo terreno frente a una enfermedad que antaño matara millones de niños cada año”, agrega Moss, en entrevista con Newsweek.

Nuevos brotes

A pesar de que un portavoz de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Atlanta hizo una predicción más mesurada que Moss, y dijo a Newsweek que es muy pronto para predecir la cantidad de casos que habría en 2019, las cifras de 2018 ponen de manifiesto la prevalencia del rechazo de vacunas en varias regiones del país.

En 2018, 26 estados y el Distrito de Columbia notificaron un total de 349 casos: la segunda cifra más alta desde el brote de 2014, cuando 667 estadounidenses desarrollaron la enfermedad. Los casos del año pasado incluyeron el brote más grave que se haya registrado en Nueva York desde la década de 1990, el cual afectó sobre todo a los miembros de las comunidades judías ortodoxas y a los viajeros no inmunizados que regresaban de Israel.

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El problema ha persistido en 2019: hasta ahora, un brote de sarampión ha afectado a 38 personas del condado de Clark, Washington (incluidos 27 niños menores de 10 años), ocasionando que el gobernador declare un estado de emergencia que permita canalizar fondos públicos para atacar la crisis. Entre tanto, tres miembros no vacunados de una misma familia de Atlanta han presentado la enfermedad, y nuevos brotes han aparecido en los estados de Nueva Jersey y Nueva York (incluida la Ciudad de Nueva York).

El surgimiento de los antivacunas

Moss asegura que el movimiento antivacunas ha desempeñado un papel importante en la reaparición del sarampión. En buena medida, la creciente desconfianza en la vacuna MMR (o triple viral, que protege contra el sarampión, las paperas y la rubéola) se debe a las afirmaciones engañosas de Andrew Wakefield. En 1998, el ex cirujano e investigador británico publicó un estudio en la revista The Lancet donde establecía un vínculo falso entre la vacuna MMR y el autismo. A partir de entonces, se demostró que el estudio carece de fundamentación científica, lo cual condujo a que Wakefield perdiera su licencia para ejercer la medicina en 2010.

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Pese a ello, los activistas que se oponen a la inmunización han diseminado sus afirmaciones en línea. De hecho, el propio presidente Donald Trump -quien invitó a Wakefield a su baile inaugural- ha promovido la postura antivacunas.

El año pasado, la revista PLOS publicó un estudio donde los autores sugieren que la cifra de niños no inmunizados debido a las creencias de sus progenitores se ha elevado en 12 de los 18 estados de la Unión Americana que permiten omitir la vacunación: Arkansas, Arizona, Idaho, Maine, Minnesota, Dakota del Norte, Ohio, Oklahoma, Oregón, Pennsylvania, Texas, y Utah. Además, los investigadores identificaron “puntos calientes” del movimiento antivacunas en varios condados pequeños de Idaho, Wisconsin y Utah, así como en algunas zonas metropolitanas -incluidas Seattle, Washington; Portland, Oregón; Phoenix, Arizona; y Salt Lake City, Utah-, situación que vulnera esas poblaciones al ataque de enfermedades prevenibles.

Helen Bedford, experta en epidemiología del Instituto de Salud Infantil Great Ormond Street -departamento académico de University College Londres, Reino Unido- asevera que la campaña antivacunas fue responsable directa de un brote de sarampión ocurrido en 2017 en una comunidad somalí. El rechazo a la vacunación ha alcanzado tal magnitud que, a principios de enero, la Organización Mundial de la Salud lo identificó como una de las mayores amenazas para la salud en 2019.

Bedford agrega que, si bien es necesario “tomar en serio” al movimiento, no podemos atribuir toda la culpa a los antivacunas. Después de todo, solo 2 por ciento de la población estadounidense se opone a la inmunización.

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Cómo proteger al “rebaño”

Bedford informa que otro problema significativo es la “importación”: el individuo que introduce la enfermedad en un país con bajas tasas de inmunización. En ese sentido, apunta a los casos registrados en las comunidades judías ortodoxas de Nueva York que tenían nexos con Israel.

“Varias investigaciones han demostrado que esas comunidades no siempre se oponen a la vacuna, pero a menudo tienen dificultades de acceso. Muchas veces se trata de familias numerosas, lo cual dificulta que todos acudan a vacunarse”, explica Bedford.

No obstante las motivaciones individuales para rechazar la vacunación, las consecuencias son igualmente inquietantes. Las vacunas contribuyen a prevenir padecimientos mediante lo que se conoce como “inmunidad de rebaño”, expresión que se refiere a la protección que adquiere una población cuando la mayoría de sus miembros se vacuna contra una enfermedad infecciosa. Esto significa no solo que el individuo puede evitar la enfermedad, sino que también disminuyen sus probabilidades de transmitirla a personas más vulnerables que no han sido inmunizadas porque su sistema inmunológico está muy debilitado, categoría que incluye a los recién nacidos y a los niños con cáncer.

La inmunidad de rebaño solo es eficaz cuando 90 a 95% de la población ha actualizado sus vacunas. Por consiguiente, podría decirse que la vacunación es una responsabilidad pública. En el caso del condado de Clark, Washington, entre 2017 y 2018 apenas 77.6% de los niños (desde preescolares hasta alumnos de secundaria) había recibido todas sus vacunas, según consta en el siguiente gráfico, creado por Statista.

Una enfermedad mortal

Un factor subyacente al rechazo de la vacuna triple viral es la creencia errónea de que el sarampión no ofrece grandes riesgos, en tanto que MMR es muy peligrosa. Sin embargo, Moss enfatiza que, si la inmunidad de rebaño se ve comprometida, todos los miembros de la población quedan expuestos a una enfermedad que puede matar o causar graves discapacidades. “La vacuna contra el sarampión es muy segura” y el sarampión es “completamente prevenible”, insiste.

La enfermedad es más peligrosa en menores de 5 años, adultos mayores de 20 años, mujeres embarazadas, e individuos cuyos sistemas inmunológicos se encuentran debilitados.

De escasos 2 años, el hijo de Alyssa Hernández había recibido un trasplante de hígado, por lo que no estaba en condiciones adecuadas para vacunarse. La familia vive en California, donde la tasa de inmunización de algunos condados es inferior al 90%. En una entrevista reciente con NBC News, Hernández reveló: “Tengo miedo de salir con él. Me preocupa llevarlo a la escuela, porque nunca sabes qué puede haber allí”.

En términos generales, el sarampión suele iniciar con un cuadro clínico de fiebre elevada, tos y escurrimiento nasal, y luego aparece un sarpullido que se extiende de la cabeza al resto del cuerpo. La persona infectada puede diseminar el virus durante los cuatro días precedentes y posteriores a la aparición del sarpullido.

La enfermedad puede precipitar complicaciones como neumonía (la principal causa de muerte en niños pequeños con sarampión), así como encefalitis: una inflamación del cerebro que puede ocasionar convulsiones, sordera y discapacidades intelectuales.

La Dra. Nancy Messonnier, directora del Centro Nacional de Vacunación y Enfermedades Respiratorias en CDC, dijo a Newsweek que brotes de sarampión como el registrado en el Condado de Clark debieran “recordar a los padres que muchas de las enfermedades que rara vez vemos en Estados Unidos pueden afectar a los niños que no están vacunados”.

“Es imposible saber si un caso particular será leve o grave. Lo mejor es proteger a nuestros niños para no tener que darles tratamiento”, puntualizó Messonnier.

Difundir la verdad

El consejo de Moss para los padres que dudan de administrar la vacuna es “hablar con una persona bien informada y en la que puedan confiar, como su pediatra o la enfermera que atiende al niño”.

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“Los padres deben recelar de la información que encuentran en la Internet, ya que muchos sitios publican información falsa o engañosa sobre las vacunas”, prosigue Moss. “Los sitios Web confiables incluyen los de CDC y los de la Organización Mundial de la Salud. Estos organismos tienen la misión de proteger a los niños contra las enfermedades”.

Para combatir el problema del rechazo de las vacunas y transmitir el mensaje de que la inmunización MMR es segura, mientras que el sarampión puede ser mortal, Bedford sugiere que los proponentes de la inmunización utilicen herramientas como las redes sociales y el respaldo de celebridades (a quienes los antivacunas también han recurrido, con efectos devastadores).

“Necesitamos que los defensores comunitarios clave hablen de los riesgos del sarampión. Esto requiere de la participación de médicos, legisladores, celebridades, deportistas famosos, y padres cuyos hijos hayan enfermado o muerto de sarampión”, precisa Bedford.

“Necesitamos leyes inteligentes que promuevan la salud pública, que reconozcan siempre el derecho individual, y que están ideadas para reducir el riesgo de brotes de sarampión”, agrega Bedford, citando como ejemplo los recientes cambios legislativos que ha implementado California a resultas de un contagio ocurrido en uno de los parques temáticos adyacentes a Disneylandia.

“Excepto por una contraindicación médica -como el cáncer, por ejemplo- no hay razón alguna para que los niños estadounidenses no estén protegidos contra el sarampión”, concluye Bedford.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek 

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