Selahattin Demirtaş, el líder kurdo que busca la presidencia de Turquía desde una celda

Selahattin Demirtaş, el líder kurdo que busca la presidencia de Turquía desde una celda

Turquía


Hace tres años, Selahattin Demirtaş celebraba una revolución política en Turquía.

Alarmado por el gobierno crecientemente autocrático de Recep Tayyip Erdogan, el antiguo abogado kurdo a favor de los derechos humanos había formado un nuevo organismo político, el Partido Demócrata del Pueblo, o HDP, y lo llevó a la victoria en una elección histórica. Por primera vez, la largamente reprimida minoría kurda se preparaba para ocupar escaños en el Parlamento, privando al partido del divisivo presidente de una mayoría y frenando sus planes para expandir sus poderes ejecutivos. “En este momento, el debate sobre la presidencia, el debate sobre la dictadura, ha terminado”, declaró Demirtaş la noche de la elección en junio de 2015. “Turquía logró evitar el desastre”.

La victoria fue breve. Erdogan puso en duda los resultados, y cinco meses después, recuperó su mayoría parlamentaria en una elección precipitada. La violencia sacudió al país, y los militantes kurdos y las fuerzas turcas reiniciaron una prolongada guerra. Tras sobrevivir a un fallido golpe de Estado en 2016, Erdogan ordenó amplias medidas represivas contra los grupos de oposición. Demirtaş y otros nueve líderes del HDP terminaron tras las rejas, etiquetados como terroristas. Entre las docenas de cargos que se le imputaron: insultar al presidente.

Ahora, Demirtaş, de 45 años, prepara su regreso, aunque lo hace desde su celda para dos personas en la Prisión de Edirne. El 24 de junio, contenderá con Erdogan por la presidencia. El elemento central de su campaña: su propio encarcelamiento. Encerrar a una figura política durante 14 meses por realizar comentarios despectivos, afirma Demirtaş, es una prueba de la forma en que Erdogan ha reemplazado la democracia con un estado represivo de un solo partido. Durante el último año, los fiscales han añadido decenas de cargos para un total de 142 años en prisión.

“No es del todo exacto llamar juicio a este proceso”, declaró Demirtaş a Newsweek en respuesta a una serie de preguntas escritas trasmitidas por su equipo legal. “Estoy encerrado como un rehén político”. (Nuestras solicitudes de respuesta por parte de Erdogan no fueron respondidas).

Como líder de un partido principalmente kurdo, Demirtaş tiene pocas oportunidades de derrotar a Erdogan en un país en el que los kurdos constituyen únicamente 25 por ciento de la población. Pero Demirtaş no es un contendiente puramente ornamental: en junio de 2015, el HDP obtuvo votos fuera del territorio kurdo al manifestar su apoyo a los derechos de las mujeres y las minorías, lo cual contribuyó a que Erdogan perdiera la mayoría. Y Erdogan y sus colegas nacionalistas temen que esto se repita si Demirtaş obtiene únicamente los votos suficientes para negarle al presidente el 50 por ciento que necesita para ganar. En esa situación, varios grupos de oposición podrían unificarse contra Erdogan en una segunda ronda de votaciones. Temiendo las comparaciones de Demirtaş con Nelson Mandela, los políticos nacionalistas trataron sin éxito de reducir la popularidad de Demirtaş pidiendo su liberación. “Él mostró su capacidad en un nivel retórico de luchar con Erdogan en una forma en que otros líderes de oposición han fracasado”, señala Ege Seçkin, analista de investigación de IHS Markit.

Para Erdogan, esta elección es crucial. El año pasado, apenas logró ganar por un estrecho margen un referendo constitucional que le da al presidente turco nuevos poderes amplios al establecer una denominada presidencia ejecutiva que abole el puesto de primer ministro y da al presidente el poder de nombrar y destituir a los miembros del gabinete, jueces y servidores públicos. Pero Erdogan debe ganar la reelección para asumir el puesto que diseñó.

Aunque aún tiene un importante apoyo por parte de los turcos conservadores y religiosos, su popularidad general parece ir a la baja. En el régimen de Erdogan, el país ha vivido en un estado de emergencia durante dos años, un periodo en el que decenas de miles de periodistas, maestros y servidores públicos han sido despedidos y encarcelados. El presidente afirma que estos “terroristas” están ligados a Fethullah Gülen, un clérigo residente en Estados Unidos a quien acusa de orquestar el violento golpe de Estado de 2016, o al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), el grupo militante considerado como una organización terrorista por Estados Unidos, que durante décadas ha mantenido una sangrienta guerra a favor del autogobierno.

En medio de la agitación política, una pronunciada caída de la lira turca también ha desatado el temor de una crisis económica. Erdogan, que por primera vez enfrenta índices de aprobación por debajo de 50 por ciento, convocó precipitadamente a elecciones para el mes de junio, aproximadamente un año y medio antes de lo programado.

“Aunque parece que no hay  problemas serios a la vista, ya que el presidente y el gobierno trabajan en armonía, a cada paso podemos encontrarnos con las enfermedades del viejo sistema”, dijo Erdogan cuando anunció la precipitada elección. “Para que nuestro país tome decisiones sobre el futuro… y las aplique, es urgente adoptar el nuevo sistema gubernamental”.

En público, Demirtaş se muestra optimista sobre sus probabilidades: “Naturalmente, espero obtener el triunfo”, dice, y es justo decir que su encarcelamiento, aunque incómodo, ha sido una gran ayuda. Para los kurdos que simpatizan con la lucha contra el Estado turco, pasar un tiempo en la cárcel por defender la causa es todo un honor, particularmente si el político ha sido encarcelado por pronunciar un discurso, e incluso por tener sentido del humor. (En 2015, Demirtaş bromeó diciendo que Erdogan había “dado vueltas de un corredor a otro” tratando de tomarse una foto con Vladimir Putin en una conferencia).

Sin embargo, el cálculo político hace que la victoria resulte prácticamente imposible. Ni Demirtaş ni el HDP han sido invitados para unirse a la coalición anti-Erdogan encabezada por el Partido Republicano del Pueblo (CHP), el mayor partido de oposición de Turquía. Y las raíces kurdas del HDP hacen que el partido resulte difícil de aceptar para muchas personas, entre ellas, los kurdos religiosos que relacionan a la política kurda con el PKK.

Las relaciones han sido particularmente problemáticas para Demirtaş, cuyo hermano, Nurettin, es miembro del PKK y actualmente se encuentra exiliado en Irak. Aunque Demirtaş ha defendido a su hermano, esta relación ha sido de utilidad para Erdogan, que ha afirmado que el HDP, o cualquier otro partido político kurdo convencional, no son más que una fachada del PKK.

Sin embargo, Demirtaş culpa a Erdogan de alimentar el conflicto desde 2015, cuando quedó anulado el cese al fuego entre Ankara y el PKK. Si resultara electo, afirma, el HDP podría terminar con el conflicto entre el PKK y el Estado turco en un plazo de seis meses. “El problema kurdo en Turquía debe resolverse por medios no violentos, abriendo un canal de diálogo pacífico, utilizando medios políticos”, afirma. “Pienso que el PKK tomará [la] decisión de dejar las armas… Si llegamos al poder, podríamos resolver este problema”.

Por ahora, la campaña de Demirtaş continúa discretamente, con un público compuesto por un solo hombre: su compañero de celda, Abdullah Zeydan, miembro del parlamento del HDP, sentenciado en mayo a ocho años de cárcel por acusaciones de terrorismo. A ambos se les mantiene lejos de otros prisioneros. Cada semana, a Demirtaş se le permite pasar una hora con su esposa y con sus dos pequeñas hijas, así como cuatro horas de ejercicio. También recibe cartas, lee diarios internacionales y ve la televisión. Por ello, ha seguido el ascenso de Donald Trump, que tuvo lugar durante su encarcelamiento. (“Pensamos que le ha roto el corazón a la primera dama”, dice, refiriéndose al presidente estadounidense. “Por favor, arregle las cosas con ella”).

Conforme se acerca la elección, Demirtaş afirma que los guardias lo tratan dentro de los límites de la ley. “A pesar de todo, somos fuertes, nuestra moral es alta”, dice. “No hemos perdido nada de nuestra determinación para luchar. Creemos que se hará justicia”.

 

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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