Aquí empieza el cine | Newsweek México


Aquí empieza el cine



Cuauhtémoc Ruelas tiene ocho años cumpliendo su misión y sueño: documentar y compartir con todo cinéfilo lo hecho en la región.

Después de años de aventurarse a recopilar sus reseñas sobre las más recientes producciones cinematográficas en la región, presenta su libro: Tijuana, la esquina del cine.

Ruelas, quien observa a la ciudad fronteriza como la esquina del país donde se crean propuestas muy particulares al alejarse del centralismo, titula así a su libro para dar continuidad al nombre que ha dado a algunos de sus principales proyectos, desde su primera columna en el semanario cultural Bitácora, hasta el web show que hasta hoy conduce con Miguel Brijández.

El libro publicado por el Centro Cultural Tijuana (Cecut) como parte de su colección editorial, reúne la perspectiva del crítico de cine sobre las producciones y eventos relacionados con el séptimo arte, desde el año 2013 al 2015.

Si el lema de Tijuana reza “Aquí empieza la patria”, en la obra de Cuauhtémoc Ruelas se puede decir que aquí empieza el cine de la región, por su valor como documento de consulta.

En esta edición de Newsweek en Español Baja California, compartimos una de las primeras reseñas incluidas en la obra. El siguiente texto, es uno de los capítulos que componen el libro.

Los Hámsters: producción de talentos tijuanenses

Alrededor de unos 30 miembros del staff, enfundados con todo el equipo técnico, se preparan para llevar a cabo una escena dentro de un conocido café ubicado en la colonia Cacho en la ciudad de Tijuana. En esta escena, el actor Ángel Norzagaray es el foco de atención y protagonista de Los Hámsters la ópera prima del joven cineasta de origen tijuanense Gilberto González Penilla, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y responsable de cortometrajes como La cena y Sonreír.

Es el día diez de rodaje, de un total de 30 programados. La primera producción de largometraje del colectivo 5 y 10, en mancuerna con el CCC, está apenas iniciando su filmación, en una jornada que intenta sacar adelante una secuencia dentro de la cinta cuya intención es plasmar la personalidad del personaje principal. Un rebote de luz de un par de metros se encuentra en la parte alta del set, donde un tranquilo y platicador Ángel Norzagaray es retocado por la maquillista mientras espera instrucciones. Frente a él se encuentra una joven actriz enfundada con el uniforme que la identifica como empleada del Café Maya Java. Tras la señal de “¡acción!”, el par de actores se encuentran frente a frente, separados sólo por el mostrador del negocio, e inmediatamente inician la conversación. “Buenos días”, a lo que el hombre con una sonrisa contesta: “Un café americano, por favor”. La chica asiente y prosigue con el cobro: “Serían veinte pesos”. En ese momento, el personaje descubre con vergüenza que no trae dinero para pagar un sencillo café y, desesperado, se aleja del local en busca de su billetera. La toma llega a su fin y piden a todos volver a sus posiciones para repetir la escena.

La acción forma parte de una de las secuencias iniciales del relato, una tragicomedia que involucra a los cuatro integrantes de una familia de clase media conformada por don Rodolfo, su esposa Beatriz y sus dos hijos adolescentes, Jessica y Juan. Luego de sacar la toma buena, González Penilla se da un tiempo para acercarse a nosotros y platicarnos por qué decidió que esta fuera la historia de su ópera prima: “Esta historia me gusta mucho, pues con ella hemos podido abarcar tanto temas de la etapa adulta como de la juventud de hoy en día, creando así personajes con los que cualquier persona se puede identificar y hasta decir: ‘Yo conozco a alguien que es así’ o, bien, que le haya pasado en carne propia”. La trama, se centra en Rodolfo y Beatriz, padres de dos jóvenes, Jessica y Juan, con los que juntos forman una familia que al parecer hace lo posible por mantenerse incomunicada. En ese entorno, Rodolfo sale todos los días como si fuera al trabajo, pero en realidad está desempleado. Por su parte, Beatriz, quien se encuentra en una crisis de edad, es seducida por un galán en el gimnasio. Mientras tanto, Juan, a su corta edad, se entera que será papá y la noticia lo llena de ilusión. Y, finalmente, Jessica juega en un triángulo amoroso entre su novio y su mejor amiga. Al respecto, González Penilla señala que el filme:

“Toca temas muy cercanos a la realidad, una realidad que se está viviendo, como, por ejemplo, el desempleo o, bien, la situación de los jóvenes de prepa que, de repente, no asumen su sexualidad y están viendo si les gusta él o les gusta ella. Por otro lado, está lo de los ninis [ni estudian ni trabajan]. Aunque el personaje del hijo no es un nini, sí es un soñador, que anda por la vida sin ninguna meta, que pude reprobar un examen en la mañana y, en la tarde, tiene que ir al doctor porque su novia está embarazada”.

El joven cineasta añade:

“Desde luego, para llegar a un nivel de identificación, no sólo con los temas sino también con el público, consideré que se necesitaban rostros frescos, que la gente no reconociera, por lo que decidí que el casting se realizara cien por ciento en la región. Y nos encontramos con gente muy talentosa, como lo fue el actor Ángel Norzagaray, quien resultó ideal para el papel protagónico, pues su rostro te puede proyectar una profunda tristeza y, de repente, con una pequeña sonrisa te cambia por completo la impresión”.

Norzagaray: un actor de teatro ante su primer protagónico de cine.

Vestido con un traje sobrio de color gris oscuro, camisa blanca, y con un cabello entrecano, el actor se une a la conversación para contarnos cómo fue que se involucró en este proyecto local: “Me gustó mucho la manera en que el guión está escrito, pues cuenta con un tono que de alguna manera delata lo que somos como país, nuestras incapacidades, hasta el asunto de la simulación, ya que podemos estar metidos en los asuntos más cotidianos o en las mayores broncas y siempre hacemos como que no está pasando nada. Esto me recordó a una frase del nobel Darío Fo que decía que caminamos con la cabeza erguida porque andamos con la mierda hasta el cuello, y así somos un poco los mexicanos [risas].”

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