Democracia a prueba | Newsweek México




LA ORGANIZACIÓN de las elecciones en México se remonta a la promulgación de la Constitución de 1917, en la que se instituyeron los primeros organismos encargados de llevar a cabo los procesos para elegir al presidente de la república y a los miembros del Congreso de la Unión. Desde entonces y hasta el día de hoy, nuestro sistema electoral se ha construido y mejorado sobre los hombros de quienes nos han precedido en la búsqueda de una democracia plena.

Sabemos que antes de la creación de los órganos autónomos que hoy organizan nuestras elecciones estas eran gestionadas por comisiones y organismos dependientes de la Secretaría de Gobernación en turno, lo que obstaculizaba la alternancia en el poder y los avances en materia democrática en nuestro país.

En mayor o menor medida, quienes hoy tenemos la fortuna de vivir en condiciones democráticas somos testigos y partícipes de los logros de quienes nos precedieron en la lucha por la construcción de un país en el que hubiera condiciones para la paz, la justicia y la libertad. Muchos incluso hemos sido parte de la transformación que el país ha tenido y que ha permitido la promulgación de leyes desde la ciudadanía o la creación de órganos autónomos que velan y promueven nuestros derechos.

Pero es importante recordar que esto no siempre ha sido así y que llegar hasta las condiciones que hoy tenemos para ejercer nuestros derechos y cumplir con nuestras responsabilidades tuvo un alto costo. Tan solo durante la primera mitad del siglo XX tuvieron lugar dos conflictos cuyas características y causas fueron distintas, pero que sí considero que fueron relevantes para lograr mejores condiciones en cuanto a los derechos y libertades para los mexicanos, y me refiero a la Revolución y a la Guerra Cristera.

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La historia de la lucha por los derechos y libertades en México ha estado plagada de episodios violentos, incluso en tiempos recientes. Sabemos que durante la segunda mitad del siglo pasado e incluso en pleno siglo XXI, con mayores condiciones de estabilidad, hemos sido testigos del atropello de los derechos de distintos grupos, los cuales han levantado la voz, y que por ello han recibido el apoyo de la sociedad a través de organizaciones y asociaciones, que han permitido una mayor visibilidad y han alcanzado a casi toda la población. Tales son los casos de las luchas por los derechos de las mujeres, de los pueblos indígenas u originarios y de otras muchas comunidades.

Resultado de la lucha y el trabajo de muchas personas hoy es posible que todos tengamos el derecho de elegir a nuestros representantes o de ser elegidos para representar a nuestros conciudadanos, como una de las máximas expresiones de nuestra libertad y de nuestra identidad como mexicanos. Sin embargo, este transitar también ha sido largo y complejo, como ya lo referí, la organización de las elecciones era responsabilidad de la Secretaría de Gobernación. Para los lectores de mi generación y anteriores, ¿se acuerdan? Para todos los que nacieron en la década de 1990 y después, ¿se imaginan?

Por mi parte, cuando tenía como siete años recuerdo a López Portillo pasando frente a mi casa como el único candidato, todos sabíamos que sería el próximo presidente. Él mismo elegía a su gabinete, entre los que se encontraba la persona que ocuparía el cargo de la Secretaría de Gobernación; quien al término del sexenio se encargaba de hacer todo tipo de gestiones para que se llevaran a cabo unas nuevas elecciones, en las que se elegiría un nuevo presidente y a su vez un nuevo secretario de Gobernación que organizaría otra vez las elecciones. ¡Era un círculo vicioso que parecía cuento de nunca acabar!

Esto fue así hasta 1990, cuando fue creado el IFE, hoy INE. Han sido tres décadas en las que hemos dado pasos significativos hacia la construcción de una democracia participativa. Estos 30 años han sido el resultado del trabajo, dedicación y compromiso de cientos de millones de mexicanas y mexicanos que durante el siglo XX entregaron su vida por ver un país de libertades y una vida pública basada en los principios democráticos.

UN SÍMBOLO DE LA TRANSICIÓN

Muchos de nosotros hemos sido testigos de esta transformación y en muchos casos hemos sido parte importante en alguna de sus etapas. En mi caso, fueron los tiempos en que participaba en la comisión de empresarios jóvenes de Coparmex Puebla cuando nos tacaba ser observadores electorales y salir a recorrer las zonas de riesgo por la cantidad de atropellos que se cometían el día de la elección, ese día nos tocaba ver a personas “enchamarradas” bajo el sol quemante seguramente repartiendo dinero, o los restaurantes y fondas regalando comida o el acarreo en unidades de transporte público o taxis. Por esas fechas se acuñó la frase de “toma lo que te dan y vota por… quien tú quieras”. Sin duda la creación del “INE Ciudadano”, como comúnmente se dice, ha sido el símbolo de esta transición por ser un parteaguas en los procesos electorales; tener un árbitro independiente a los partidos políticos y a las decisiones del poder en turno fueron la clave para descubrir una experiencia ciudadana novedosa que nos colocaba en otro escenario.

De la novedad pasamos a un proceso de aprendizaje que maduraba de una elección a otra y de esta forma se fue consolidando hasta llegar al sistema electoral que hoy conocemos y que es reconocido en muchas partes del mundo. Hoy el INE ha conquistado su lugar en la vida pública de nuestro país no por un mandato presidencial, sino por ser un mecanismo que le ha dado certezas a la ciudanía para llevar a cabo elecciones en tiempo y forma, declarando la validez de las elecciones desde 1990 a 2014 como IFE y de 2015 al día de hoy como INE, garantizando las condiciones de equidad para contender y promoviendo el derecho de la ciudadanía a ejercer el voto, siempre haciendo respetar los resultados, siendo el más claro ejemplo la alternancia en el poder (2006, PAN; 2012, PRI; 2018, Morena).

Sin duda perfectible, como toda institución, pero el INE ha cumplido su mandato constitucional desde que fue creado, lo que le ha permitido ser actualmente una de las instituciones más reconocidas por los ciudadanos.

En estos mismos 30 años, quizá sin darnos cuenta, México ha forjado grandes instituciones que, al igual que el INE, han encontrado su lugar y hoy sirven para regular los asuntos de interés público y han abonado al tan anhelado proceso democrático. Podemos destacar algunos casos como el Banco de México, el Inegi, el IFAI, entre otras.

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La coyuntura actual nos ofrece muchas lecciones que nos deben llevar a mirar con objetividad este proceso del que todos hemos sido parte y a reconocer y valorar los pasos significativos que México ya dio y que hoy constituyen la democracia que somos. Dentro del actual escenario, a veces caótico, el deber ciudadano nos debe llevar a reflexionar y a profundizar en qué medida nuestra democracia se está poniendo a prueba.

Los ataques hacia el Instituto Nacional Electoral que hemos visto desde la llegada del régimen de la “cuarta transformación” nos deben hacer reflexionar y nos deben motivar a defenderlo con objetividad. Es irónico pensar que quien llegó al poder por la vía institucional a través del INE hoy lo denueste, ¿cuáles son sus intenciones? Durante las últimas semanas hemos visto amenazas gravísimas a una institución que se ha construido desde la ciudadanía y para la ciudadanía. Pareciera que el esfuerzo de décadas y de millones de mexicanas y mexicanos está en riesgo.

El llamado es ciudadano, y no para defender a una fuerza política o a una corriente ideológica, es simplemente a defender lo hasta ahora conquistado por las generaciones de mexicanos que nos han precedido y por las futuras. Las señales que nos da el gobierno dejan en evidencia que nuestra joven democracia está pasando por su mayor prueba, y a ti y a mí nos toca contribuir a que no solo salga bien librada, sino fortalecida. ¿A poco no? N

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Fernando A. Treviño Núñez es presidente de Coparmex Puebla. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.

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