Sobre la hidroxicloroquina y otras confesiones médicas | Newsweek México


Sobre la hidroxicloroquina y otras confesiones médicas



A veces la atención médica se equivoca. Ello no significa que no la hagamos bien. Algunos médicos del Hospital General de Massachusetts dan su opinión.

 

Los pacientes siguen viniendo a nuestros consultorios a rogar por recetas para hidroxicloroquina (HCQ). Algunos incluso piensan que hay una conspiración para evitar que la consigan.

Tal vez esto no debería sorprendernos. La pandemia del COVID-19 ha revelado mucho sobre la atención médica y nuestra sociedad. Tenemos una crisis de confianza y verdad; puede ser difícil saber en quién depender. Para ayudar a restaurar nuestra fe en unos y otros, es importante que los profesionales de la salud admitamos algo en voz alta: a menudo nos equivocamos.

En el caso del coronavirus, primero dijimos cero cubrebocas, pero ahora decimos cubrebocas para todos. Primero dijimos no a los esteroides, sobre todo si estás muy enfermo, ahora decimos sí a los esteroides, pero solo si estás lo bastante enfermo.

Y primero dijimos que la HCQ podría funcionar. De hecho, algunos profesionales fueron culpables de automedicarse y acapararla. Ahora decimos que no funciona para el COVID-19 y en realidad podría hacer daño. Pero no todos nos creen, incluidos el presidente Trump y varios miembros de su administración. Y muchos de nuestros propios pacientes.

Nosotros en la atención médica somos rápidos en desdeñar nuestros mensajes confusos al decir: “Oh, es que así es como funciona la ciencia”. Y sí, la ciencia es un proceso lioso. Pero esa no es la única razón por la que nos equivocamos. La verdad es que somos humanos y estamos influenciados por algo más que la ciencia.

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A veces nos dejamos llevar por ilusiones. Asumimos que, porque algo debería funcionar, funcionará. Por ejemplo, si tienes dolor crónico de pecho a causa de una arteria coronaria bloqueada, ¿no tiene todo el sentido abrirla con un estent? Y si vienes con dolor de rodilla, y vemos un cartílago rasgado en la imagen por resonancia magnética, seguramente una operación para arreglarlo te dará alivio. Bueno, resulta que, en muchos casos, esos estents no son mejores que los medicamentos de bajo costo y que la cirugía de rodilla no es mejor que la terapia física. Hemos tenido que aprender (y volver a aprender) la dura lección de que la intuición no siempre es una guía confiable en la enfermedad y la salud.

¿PACIENTES FELICES?

A veces sucumbimos a conflictos de interés, incluso si no siempre estamos conscientes de ellos. Cuando se gana más dinero al ponerle un estent a una arteria u operar una rodilla, se nos hace más difícil simplemente recetar un medicamento o enviar a un paciente a terapia física.

A veces, solo queremos hacer felices a nuestros pacientes. De hecho, nuestros sustentos pueden depender de ello. Dar evidencia basada en la atención no siempre se correlaciona con la satisfacción del paciente. Sin reputaciones estelares y calificaciones altas, tal vez no nos deriven pacientes. Por estas razones, podríamos evitar las conversaciones duras.

A veces, simplemente estamos presionados por el tiempo. A un médico clínico podría tomarle 30 segundos decirle sí a un paciente que solicita un antibiótico para tratar el resfriado común, pero 30 minutos para tener una conversación en que expliquemos por qué no lo ayudará.

Y a veces solo no sabemos la respuesta correcta. El conocimiento médico evoluciona constantemente, y es imposible que cualquiera de nosotros lo sepa todo.

He aquí lo que podemos decir sobre la hidroxicloroquina: no hay un conflicto de interés en juego. Los hospitales no ganan dinero al cuidar a pacientes con el COVID-19. De hecho, pierden dinero, incluso con los rescates gubernamentales. Los profesionales de salud han sufrido recortes salariales o son despedidos.

Si la HCQ barata pudiera regresarnos a como eran las cosas —ganar dinero haciendo procedimientos quirúrgicos opcionales— y escribir esas recetas nos ayudara a asegurar nuestros empleos y salarios, los hospitales la estarían dando gratis dada la ganancia asombrosa en la inversión.

Aun más, la cosa más fácil y rápida para los profesionales sería solo escribir la receta, lo cual sí hacen algunos. Pero no es lo correcto.

Digamos que sufres un ritmo cardíaco fatal, un efecto secundario conocido de la HCQ, y mueres. ¿Cómo podríamos defender nuestra decisión frente a un jurado, ya no digamos ante una familia desconsolada? Referirse a un video publicado en Twitter, incluso uno viral, sería desgraciadamente insuficiente. Recetar algo que puede dañar sin ayudar viola nuestro juramento más fundamental.

Al principio, teníamos la esperanza de que la hidroxicloroquina funcionaría para el COVID-19. Parecía promisoria en el laboratorio y en pequeños estudios humanos. Pero, al final, nuestros deseos no salieron bien.

DEPENDER DEL MÉTODO CIENTÍFICO

Múltiples ensayos clínicos al azar —nuestra mejor herramienta para decir la diferencia entre suerte, placebo y un verdadero efecto de tratamiento— mostró que la HCQ no previene la infección ni la trata, sin importar si alguien tiene síntomas leves o está lo bastante enfermo para ser hospitalizado, ya sea por sí misma o en combinación con otros medicamentos.

Dependemos del método científico no como una cuestión de fe, sino porque funciona. Nos ha dado todas las maravillas de la medicina moderna que han aumentado la longevidad y reducido el sufrimiento. También nos ayuda a identificar y evitar sucumbir a nuestras preferencias y potenciales conflictos de interés.

Como nosotros, la ciencia no es infalible. Se publicó una gran cantidad de artículos sobre el COVID-19 que luego tuvieron que retractarse, muchos por omisiones evidentes. Pero en vez de disminuir la credibilidad, la disposición a corregir el curso y denunciar la investigación cuestionable, identificar el fraude franco y hacer responsables a las juntas editoriales es una señal de una comunidad científica sana que se regula a sí misma.

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Tiempo, errores, pasos en falso y callejones sin salida son fundamentales en este proceso. Por ello es que los hallazgos de uno o dos estudios no son suficientes: seguimos las tendencias en un cúmulo creciente de evidencias. La reproducibilidad, la repetición y las reseñas críticas son esenciales. A pesar de sus defectos, la ciencia es el mejor proceso que tenemos.

Por lo general, la práctica médica cambia en una vuelta en U gradual y suave. Sin embargo, la cronología comprimida de la investigación alrededor de la pandemia ha hecho que esto se sienta como un latigazo cervical para todos nosotros (que, por cierto, ya no tratamos con un collarín).

Estamos tan decepcionados como nuestros pacientes de que la HCQ no funcione. Nuestras vidas también están en peligro. Si otro ensayo bien diseñado y a gran escala, más grande y mejor que los otros, muestra un efecto positivo de la HCQ, podríamos cambiar de curso de nuevo, tal como lo hemos hecho en el pasado.

Mientras tanto, seguiremos haciendo lo mejor para nuestros pacientes, que no siempre significa hacer lo que es popular.

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Todos los autores trabajan en el Hospital General de Massachusetts y son miembros públicos del proyecto OpEd: Dr. Hemal N. Sampat, Dr. Lucas X. Marinacci, Dr. Jeff Liao, Dra. Monique Tello, Dra. Sarah Matathia, Dr. Daniel M Horn, Dra. Jing Ren, Dra. Stephanie Eisenstat, Dallas Ducar, enfermera facultativa, Dra. Carolina Abuelo, Dr. Li Tso, Dr. Michael F. Bierer, Dra. Jennifer Haas, Dra. Nancy Rigotti, Dra. Sejal Hathi, Dra. Amy Wheeler, Dra. Marya Cohen, Dra. Andrea Reilly, Dra. Audrey Provenzano, Dra. Melinda Mesmer. Las opiniones expresadas son propiedad de los autores y no reflejan las opiniones oficiales del Hospital General de Massachusetts.

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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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