‘El dinero no hace más que costear el impacto y el éxito a corto plazo’ | Newsweek México


‘El dinero no hace más que costear el impacto y el éxito a corto plazo’



Entrevista con Mark Suzman, el nuevo presidente de la poderosa Fundación Bill y Melinda Gates.

 

El 1 de febrero, el cargo de CEO de la Fundación Bill y Melinda Gates quedó en manos de Mark Suzman, quien, entre otros, ha trabajado para la ONU y escrito colaboraciones para el Financial Times de Londres. Suzman habló con Newsweek sobre el aniversario de la fundación, su futuro al cabo de dos décadas, la organización no lucrativa The Giving Pledge [El Compromiso de Dar] y el COVID-19, enfermedad que desató una crisis global. Extractos:

—La pandemia de COVID-19 estalló a pocas semanas de darse a conocer su nombramiento. ¿Cómo ha impactado en su transición?

—Hemos tenido que encontrar un equilibrio entre los aspectos más urgentes de la pandemia y lo que sigue siendo importante a largo plazo. Por ejemplo, una de mis prioridades es crear una nueva posición de liderazgo en el nivel ejecutivo, cuya función será la de supervisar nuestra labor en lo tocante a la igualdad de género; de modo que ya estamos entrevistando candidatos para ese cargo. Por otra parte, nuestra respuesta al brote de coronavirus está consumiendo cantidades enormes de tiempo y capacidad intelectual, por no hablar de recursos financieros. Lo que nos tranquiliza es que todos los componentes básicos fueron implementados en los últimos 20 años —desde nuestro riguroso enfoque basado en evidencias hasta nuestra experiencia científica y nuestras relaciones fundamentadas en la neutralidad política—, y eso se traduce hoy en que disponemos de la capacidad y la credibilidad necesarias para ser de utilidad en la respuesta global. Toma el caso del Acelerador Terapéutico COVID-19, configurado conjuntamente con Wellcome y Mastercard. Es ejemplo no solo de la utilidad de nuestros recursos financieros, sino también de nuestra experiencia técnica y capacidad de convocatoria. Me enorgullece que hayamos podido contribuir como hasta ahora, y confío en que podremos hacer mucho más durante el viaje —difícil y muy largo— que tenemos por delante.

—¿Qué haría para que ciudadanos y funcionarios estadounidenses tengan una perspectiva global de COVID-19?

—Es de lo más natural que nos preocupemos más por las personas cercanas y por los problemas que inciden en nuestro país; pero si algo hemos aprendido de esta pandemia es que los virus son indiferentes a las fronteras nacionales. En una crisis global como esta, la única respuesta eficaz es una acción global y coordinada. Esto significa que gobiernos, industria privada, organizaciones filantrópicas y personas de todo el mundo deben trabajar juntos. Hay mucho por hacer, eso es obvio, mas confío en que la comunidad internacional estará a la altura del desafío.

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—En este momento nada es más importante que el COVID-19, y no me queda duda de que concentrará sus esfuerzos en este problema. Ahora bien, ¿hay otros aspectos que le gustaría abordar?

—Para empezar, quisiera expandir lo que hemos construido con tanto éxito. Esfuerzos como las iniciativas para reducir la mortalidad infantil prevenible, control de enfermedades infecciosas, acceso a vacunas y demás. Desde que se creó la fundación, la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad en todo el mundo, y la fundación ha sido un catalizador crítico; aunque, ciertamente, no lo hizo por su cuenta, sino a través de una colección de socios que han apuntalado la iniciativa. ¿Cómo asegurarnos de expandir el esfuerzo? Es verdad que otra reducción a la mitad resulta bastante más difícil, pero me parece que podremos lograrla en la próxima década.

“Un segundo frente es la igualdad de género y otros temas afines, pues son fundamentales para nuestros esfuerzos en salud y desarrollo mundial. Y, posiblemente, el tercero sería abordar el desafío de introducir cambios de gran escala. Uno de los grandes retos de la filantropía -en particular, para la ayuda y el desarrollo- es que el dinero, por si solo, no hace más que costear el impacto y el éxito a corto plazo. Sin embargo, a fin de que las acciones sean sostenibles y queden integradas en las comunidades, necesitamos hacer algo más”.

—Sus jefes son un matrimonio que tiene fama de ser práctico y decidido. ¿Cuáles son los temas que causarán más debates entre ustedes?

—Pues sí, son personas muy decididas que se han involucrado profundamente en la labor [de la fundación]. No obstante, también poseen una mentalidad abierta, y siempre buscan que nuestras intervenciones tengan el mayor impacto. Saben identificar nuestras ventajas competitivas y encuentran la manera de apuntalar nuestras fortalezas en temas específicos, trátese de la situación del VIH/sida, problemas de género o el acceso a la educación superior en Estados Unidos. Otro aspecto que siempre será importante debatir es, digamos, la manera de aprovechar mejor su voz y su presencia para producir un resultado particular… cómo y dónde usar su voz y su presencia de manera más eficaz, porque son de las pocas personas que pueden intervenir directamente en esos temas en el nivel de jefes de Estado.

—¿Hay algo que desearía que la fundación hubiera hecho de otra manera? ¿Algo que quiera cambiar?

—Tengo la impresión de que, como fundación, hemos respondido con más lentitud de la necesaria —o posible— en términos de colaborar directamente con nuestros socios en los lugares donde trabajamos. Me parece que, al principio, teníamos la idea de que la filantropía podía enfocarse solo en crear grandes bienes públicos, y que el sistema —cualquiera que sea— correría con la responsabilidad de que esos bienes públicos llegaran a las personas que los necesitan. Al crecer, nos dimos cuenta de que las cosas no funcionan así, y cuando lo hacen, funcionan con una desigualdad increíble.

“Por lo anterior, en la segunda década empezamos a establecer una mayor cantidad de oficinas empoderadas, como las que tenemos en India y China; en tres naciones africanas que incluyen Nigeria, Sudáfrica y Etiopía; y en las capitales de nuestros socios, incluidos Berlín, Londres, París y Tokio. Esto nos ha vuelto mucho más eficaces, ya que podemos sostener conversaciones directas, en tiempo real y en la misma zona horaria”.

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—Este año también marca el décimo aniversario de The Giving Pledge. ¿Qué opinan usted, los Gates y los Buffett acerca del éxito de la organización?

—No incluí [The Giving Pledge] en mi lista —tal vez pienses que es una distinción exagerada, pero me parece importante hacerla— porque la organización no es propiedad de la Fundación Bill y Melinda Gates. En efecto, The Giving Pledge fue creada por Bill y Melinda Gates, pero conjuntamente con Warren Buffett.

“La Fundación Gates colabora con las reuniones anuales, organiza sesiones de aprendizaje y contribuye con otras medidas. Sin embargo, la organización no es parte de la fundación. Es más un esfuerzo muy personal mediante el cual Bill, Melinda y Warren expresan sus opiniones personales y canalizan las acciones que emprenden, porque la filantropía es importante para todos ellos. A todas luces, The Giving Pledge ha encontrado eco en ciertos integrantes del sector poblacional más acaudalado, no solo en Estados Unidos, sino en la escala global. Y el hecho de que más de 200 personas hayan suscrito este compromiso es motivo para que se sientan muy orgullosos. Por mi parte, estoy orgulloso del papel que desempeña la fundación para respaldar la iniciativa”.  

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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