Acusar afrentas como el despojo cultural e indígena mediante el ballet


Acusar afrentas como el despojo cultural e indígena mediante el ballet



A través del movimiento corporal y de la música, el Royal Winnipeg Ballet presenta ‘Going Home Star’, obra que busca la reconciliación con los pueblos originarios de Canadá.

DURANTE EL SIGLO XIX, en Canadá se implementó un sistema de escuelas residenciales indígenas que tenía como propósito internar a niños procedentes de las tribus del país con el objetivo de reeducarlos en los valores occidentales.

El objetivo de estas escuelas era “canadienizar” a los hijos de los nativos arrebatándolos de sus familias para llevarlos a escuelas residenciales y así desaparecer su cultura.

De acuerdo con un reporte de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que trabajó durante seis años en Canadá, más de 150,000 niños fueron alejados de sus familias para ser internados en estas instituciones, donde fueron blanco de abusos físicos, sexuales y culturales por usar su idioma y para desvincularlos de todo su bagaje cultural.

Aunque unas 3,200 muertes de niños están documentadas, en un informe de 2015 la Comisión estimó que la cifra real podría ser mayor de 6,000.

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En su momento, el otrora primer ministro, Stephen Harper, ofreció disculpas de forma oficial y señaló que este capítulo de la historia ha sido uno de los más tristes para Canadá.

En 2014, el legendario Royal Winnipeg Ballet retomó la afrenta histórica y la llevó al escenario con la puesta Going Home Star.

En México, la obra será presentada los días 11 y 12 de octubre en el marco del 47 Festival Internacional Cervantino de Guanajuato.

Fundado en 1939 por Gweneth Lloyd y Betty Farrally, el Royal Winnipeg Ballet es la primera y única compañía de Norteamérica en tener la designación “Royal”, título otorgado en 1953 por la reina Isabel II.

La protagonista de Going Home Star, Annie, es una joven indígena que trabaja como estilista en un elegante salón de la ciudad, asiste a fiestas, pasa las noches en clubes con atractivos jóvenes y disfruta de todo lo que su madre le advirtió que podría afectarla.

De esta forma conoce a Gordon, un embaucador que se hace pasar por indigente y quien la lleva a un mundo que siempre ha percibido, pero que nunca ha visto.

El bailarín mexicano Jaime Vargas es maestro del Royal Winnipeg Ballet. Foto: David Cooper

Juntos no solo recorren las calles de la ciudad, sino también los caminos de sus antepasados en un viaje en el que la joven descendiente de los antiguos pueblos canadienses se reencuentra y reconcilia con sus orígenes luego de haber vivido inmersa en el mundo contemporáneo.

Orgullosamente mexicano, otrora primer bailarín de la Compañía Nacional de Danza de México, Jaime Vargas hoy es maestro del Royal Winnipeg Ballet. Newsweek México conversó con él sobre la puesta de ballet que nació de la necesidad de integrar y reconocer a las comunidades indígenas de Canadá.

—¿Cuál es la historia detrás del montaje de Going Home Star?

—El gobierno de Canadá asimiló la agresión histórica. En esa época se llevaron a los niños de las comunidades indígenas, los forzaron en internados por muchos años, y finalmente el gobierno tomó responsabilidad, admitió lo que había sucedido y pidió un perdón histórico a toda la comunidad indígena. Una de sus medidas fue crear la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la cual se encargó de investigar y determinar qué sucedió con toda esta situación de las escuelas residenciales. Esa Comisión también abrió un espacio para que los sobrevivientes pudieran contar sus historias y que se les pidiera perdón, e incluso que a algunos se les remunerara económicamente por todo el mal que les había causado. Durante esa misión, la Comisión apoyó al ballet para que pudiera surgir esta obra. La idea es que nosotros, con nuestro lenguaje propio, seamos una voz más que transmita el mensaje y cuente la historia de lo que sucedió porque incluso aquí, en Canadá, había mucha gente que no sabía que existieron estas escuelas residenciales y todo lo que le sucedió a la comunidad indígena.

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—¿Cómo decidieron de qué manera debería de contarse la historia?

—Nosotros, todo el equipo y especialmente el director, quisimos hacer todo de la manera correcta e incluir a personalidades y artistas de la comunidad indígena para que participaran en este proyecto y pudieran tener voz para que la historia se contara como debe de ser. Se conformó un gran equipo; Mark Godden montó la coreografía, él ha trabajado con varias compañías de danza y utilizó el guion de un escritor muy conocido aquí, Joseph Boyden, quien aborda mucho los temas de las comunidades indígenas. La música se compuso especialmente para este ballet, la creó el compositor Christos Hatzis y utilizó a artistas invitados de ascendencia indígena, como una mujer inuit que se llama Tanya Tagaq, una cantante gutural, de garganta, muy reconocida y talentosa. También está Steve Wood, un artista que tiene un grupo que se llama Northern Cree Singers y quien narra algunos aspectos de lo que está sucediendo. La productora asociada es ​Tina Keeper, una mujer que fue miembro del Parlamento y es de origen indígena. Los diseños son de KC Adams, una artista reconocidísima, escenógrafa, de ascendencia indígena.

—¿Cuál es la importancia de esta obra en los tiempos que hoy estamos viviendo?

—Es un tema de muchísima relevancia con toda la cuestión de inmigración e integración. Siento que es un momento en donde la gente, especialmente en los países latinos, tenemos muchísimo en común con esta historia, a nuestro mundo mexicano y latino le pasó lo mismo hace 500 años, aquí (Canadá) la última escuela residencial se cerró en 1996. Aquí la historia ya se conoce y es gráfica, ya hay imágenes, documentos, y nosotros, como fue hace 500 años, no había internet ni computadora ni nada, entonces no se supo bien a bien qué sucedió, pero debió de haber sido bastante parecido en muchos aspectos.

“Nosotros somos la mezcla de esas culturas y tenemos dentro la identidad de todos, tenemos todos los genes, y creo que es importante, para seguir adelante, reintegrarnos y entender que todos somos parte de lo mismo. Entonces, tiene una gran relevancia, y en México también, por eso a mí me encantó la idea de llevarla al Cervantino, es una gran emoción porque siento que sí va a tener resonancia en el interior de la gente que vaya a verla”.

—¿Cuál es la relevancia de acusar problemáticas como la inmigración y este despojo cultural por medio del ballet?

—Nosotros (los bailarines) estamos limitados a comunicarnos sin palabras. En ese sentido, no es que sea bueno, ni malo, ni menor, ni peor, simplemente es diferente: el ballet, a través del movimiento y de la música, cuenta una historia desde un punto de vista más neutral. Tú simplemente ves una representación de algo que está sucediendo, pero no te lo están contando con palabras, no hay una emoción detrás más que la inherente al movimiento y en la proyección de los vestuarios, la escenografía, en el momento que se está viviendo. Intentamos ser una voz más y con nuestro propio lenguaje contar la historia de esta comunidad tan importante, los pobladores de la primera nación, como la llaman acá. Eso es algo que nos reconocen las personas de la comunidad, se cuenta la historia desde un punto de vista neutral y digerible para todos.

—¿Como bailarín mexicano cuál es su sentir al pertenecer a esta compañía?

—Cuando yo vine, hace 15 años, sentí que fue una oportunidad maravillosa, y también algo que me hizo darme cuenta de la capacidad que había alcanzado dentro del arte del ballet. Y un gran orgullo porque siempre quise que México tuviera bailarines de talla internacional que pudieran representar al país y nuestra cultura fuera de México. Al haberlo yo logrado fue un gran orgullo, y también el abrirles la mente a las nuevas generaciones, a los jóvenes que tienen un sueño y que no saben si lo pueden alcanzar. A veces estás adentro y sientes que lo de fuera está muy lejos, que es inalcanzable, pero en realidad, con tu esfuerzo y talento, porque en México hay mucho talento y la gente es muy trabajadora, puedes alcanzar las cosas.

“Ahora lo hemos visto con Isaac [Hernández] y con Elisa [Carrillo], los dos ganaron el premio Benois de la Danse. A mí también me nominaron al premio antes que ellos, y finalmente ellos lo obtuvieron porque tienen una calidad indiscutible a escala mundial. Eso es un regalo también para la cultura mexicana y para todas las nuevas generaciones, que vean que en realidad sí se pueden lograr las cosas, que sí tenemos talento y capacidad. Siento que también esto le da un auge muy importante a la danza y la cultura en México, y que la cultura es muy importante para la vida de la sociedad”.

—¿Cuál es su reflexión: en qué posición se encuentra hoy en día el ballet como expresión artística?

—El ballet está en una alta posición junto con las demás expresiones artísticas. La música, indiscutiblemente, es realmente importante para la sociedad, y dentro de la música está la ópera, que tiene un gran alcance. El ballet, la danza en general, también tiene una forma de expresión única que permite comunicarnos a través de formas que no tienen límites, que en realidad permiten un rango impresionante de creatividad para decir lo que se está tratando de comunicar, y eso te ayuda a conectarte con mucha más gente.

“Siento que el ballet ahora tiene una gran relevancia mundial —concluye Jaime Vargas—. Aparte de ser una de las grandes artes que existen en la cultura del mundo, también tiene una relevancia física desde el punto de vista atlético, porque es una actividad en la cual estás haciendo ejercicio todo el tiempo, te estás volviendo más sano, y aparte, la mentalidad de un bailarín está siempre enfocada en observar qué es lo que todavía no alcanza y ver los pequeños errores desde un punto de vista propositivo para mejorar. Entonces, el bailarín es una persona que constantemente hace un esfuerzo para mejorarse a sí mismo, día con día, y eso es un estado mental maravilloso para cualquier persona”.

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