Un grupo élite de compañías controlan el medio ambiente mundial


Un 70 % de las emisiones de gases de invernadero producidas cada año pueden atribuirse a 100 compañías



Nunca la frase “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” ha sonado más cierta. Un informe publicado en la revista Nature Ecology and Evolution concluye que solo un puñado de corporaciones transnacionales (o CTN) blanden una influencia desproporcionada cuando se trata del medio ambiente y el éxito sustentable a largo plazo.

Los autores del informe despacharon una lista de estadísticas desconcertantes, o impresionantes, dependiendo de tu visión del mundo. Aproximadamente 10 por ciento de las corporaciones del mundo obtienen 80 por ciento de las ganancias mundiales. Alrededor de 70 por ciento de las emisiones de gases de invernadero arrojadas a la atmósfera de la Tierra cada año pueden atribuirse a 100 compañías.

El mercado mundial de pesticidas está monopolizado esencialmente por cuatro compañías.

Esta es una característica predecible del desarrollo económico, dicen ellas. Un puñado de CTN consolidarán su posición en el mercado hasta que se queden con la mayor parte y esencialmente monopolicen la industria. Ellas confirman su dominio a través de varios medios, desde navegar los esquemas reguladores mundiales de manera oportunista hasta establecer barreras de ingreso que aplastan la competencia de compañías más pequeñas. Al final, nos quedamos con un pequeño grupo de élite de compañías en la cima.

“De hecho, la escala en que operan las CTN, y la velocidad y conectividad que galvanizan en todo el mundo no tiene precedente en la historia”, escriben los autores.

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“Las CTN se han convertido en una característica definitoria del planeta de gente y naturaleza interconectado, con los humanos como una especie hiperdominante en la biósfera, afectando los patrones mundiales de cambio ecológico”.

Pero este dominio viene con un aspecto positivo o, por lo menos, una oportunidad, dicen los autores: dado que adoptan prácticas sustentables que pueden influir a otros y producir un efecto mayor que solo a nivel nacional. Dicho de manera sencilla: su influencia desmedida puede extenderse al medio ambiente, pero se necesita que les den un “asiento en la mesa”.

“Los líderes de estas compañías deberían estar en la mesa cuando hablamos de asuntos de sustentabilidad mundial”, dijo en una declaración James Watson, coautor del estudio y profesor adjunto especializado en ciencia sustentable en la Universidad Estatal de Óregon.

“En el pasado, no te los habrías imaginado en la mesa. Pero para crear sustentabilidad en todo el planeta, no podemos actuar solos de entrada. Tenemos que actuar en concierto”.

Watson et al. argumentan que el dominio de estas compañías las pone en una posición muy especial cuando se trata de promover la sustentabilidad a una escala mundial, y postulan seis “acciones” claves que junto con regulaciones más severas y una política más efectiva podrían impulsar las prácticas ecologistas a largo plazo.

Esto incluye crear marcos de referencia basados en hechos científicos para identificar problemas y ofrecer un espacio para hallar soluciones, así como iniciativas para crear transparencia en la cadena de abastecimiento hasta la fuente de materias primas. Otras recomendaciones incluyen alinear la visión y establecer normas en todas las industrias, retirar los fondos de pensiones de las prácticas insostenibles, y comprometerse con la comunidad científica para mejorar las acciones de sustentabilidad.

Aun cuando muchas de estas compañías más grandes han sido más lentas —y algunas, como Shell y Exxon Mobil, han obstaculizado activamente la transición a prácticas más sustentables—, la opinión pública se ha volcado a favor de la acción política para lidiar con el cambio climático.

Esto es especialmente cierto entre los demócratas, 80 por ciento de los cuales califica al cambio climático como su principal preocupación (incluso más que la atención médica). Los partidarios republicanos tal vez se inclinen más por el escepticismo climático, pero encuestas recientes muestran que los jóvenes republicanos encabezan la tendencia. Dos terceras partes dijeron que les preocupa que el cambio climático provocado por los humanos esté dañando el planeta.

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Pero si el bienestar del planeta —sin mencionar la salud de sus hijos y nietos— no es suficiente para acelerar la adopción de una política más ecologista entre las organizaciones transnacionales, Watson advierte que las prácticas de mala sustentabilidad dañarán su balance final y afectarán sus finanzas a largo plazo.

“Muchas compañías tienen normas sobre maximizar las ganancias para los accionistas. Pero si actúas de manera insostenible, tus ganancias serán cero en algún momento del futuro. Los problemas de sustentabilidad están completamente en línea con la rentabilidad a largo plazo de las compañías”, explicó él.

Y aun cuando estas recomendaciones están dirigidas a corporaciones grandes y multinacionales, también se pueden aplicar a una escala menor.

“Todos tienen voluntad. Es importante tomar posesión de tu postura en el mercado económico mundial”, añadió Watson. “Asegurar la viabilidad del planeta a largo plazo es un problema de acción colectiva. Todos tienen que participar”.

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