Silvana Estrada, la chica de tres caras y vida corta


Silvana Estrada, la chica de tres caras y vida corta

Silvana-Estrada


La cantante mexicana es dueña de una poesía poderosa y madura que, llevada entre cuerdas, folclor mexicano con secuencias electrónicas y beats, crea atmósferas y un nuevo universo.

No es tan grande, en realidad basta decir que su estatura es mediana, pequeñita. Su pelo es una enredadera negra ondulada que parece moverse aletargada al ritmo de cada acorde del cuatro venezolano. Los rizos de Silvana Estrada bailan. Su voz no tiene comparación con su tamaño, es enorme. En ella habitan voces maduras, grandes, gigantes.

En Coatepec, Veracruz, la tierra con olor a café, Enriqueta Camarillo escribió: “Solo te vi un instante / Ibas como los pájaros: sin detener el vuelo / sin mirar hacia abajo…”. A la distancia, la voz de la poetisa parecía ya comunicarse a través del tiempo con Silvana, lazos de poetisa a poetisa, diálogo con rima, metáfora y métrica. Así, va sin detener el vuelo, sin mirar hacia abajo.

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Silvana, con apenas 21 años, se eleva hacia lo más alto de una nueva música mexicana.

Es dueña de una poesía poderosa y madura que, llevada entre cuerdas, folclor mexicano con secuencias electrónicas y beats, crea atmósferas y un nuevo universo. Como una Juana Inés moderna y sonetos millennials, recita en “Te guardo”: “Tengo tres caras posibles / Tú me las quitas todas / Tengo una risa con alas / Que vuela si estamos a solas”.

“Toda la vida escuché mucha música. Mis papás son lauderos y crecí entre instrumentos, entre madera y cuerdas. En las fiestas y reuniones la diversión era sacar la guitarra, la jarana, el cuatro venezolano o el charango y ponernos a cantar. Crecí con esa concepción de la música, como algo divertido y consciente de que la música es un oficio. Nunca dudé de si era una posibilidad dedicarle mi vida a la música”.

—¿Qué recuerdas de tu infancia con las canciones que tocaban en casa?

—Crecí escuchando música latinoamericana y jazz. Me volví loca cuando escuché ciertas voces como Mercedes Sosa, Violeta Parra, Rosa Passos y Chico Buarque. Descubrí esa raíz latinoamericana, es muy fuerte y dice muchísimo. Más allá de que las letras son bellísimas, la misma sonoridad es un universo.

“Cantábamos mucho ‘Valderrama’, es una samba que dice: ‘Si uno se pone a cantar, un cochero lo acompaña y en cada vaso de vino tiembla el lucero del alba’.

“Siempre he sentido conexión con mi voz, era una niña muy enfadosa con los sonidos, me la pasaba haciendo ruiditos o si me gustaba cómo se sentía una palabra la repetía todo el tiempo. Siento muy rico cuando canto, es una cosa física, siento la música cuando canto, en el estómago, en el pecho, en la garganta”.

Silvana Estrada

 “Siento muy rico cuando canto, siento la música en el pecho, en la garganta”. / Foto: ANTONIO CRUZ

—Si tu nuevo disco, Marchita, fuera un barrio o calles que pudiéramos caminar, ¿qué vamos a encontrar?

Marchita tiene mucho que ver con el pueblo donde crecí, con los viajes que hice y lo que descubrí. La historia detrás de Marchita es mi historia de amor que en un momento salió muy mal. Pero cuando compuse Marchita me di cuenta de que tiene que ver con un proceso de marchitarse, es un disco que tiene que ver con algo que está doliendo y marchito, pero que vuelve a florecer, es muy folclórico y acústico. Con canciones muy honestas y sinceras, es un disco genuinamente de una historia de amor y desamor.

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—¿Cuando cantas qué pieza te ha conmovido hasta las lágrimas?

—”Un mundo raro”, de José Alfredo Jiménez, siempre al final me quiebra la voz, son muchas emociones. La canté hace poco en un evento que se llama “El cantinazo de Augusto Bracho”, sucede en una cantina en la barra, sin micrófono. La letra me hace sufrir porque es muy bella y a la vez muy triste, me recuerda a mi papá, aún la canta. Vocalmente es muy dramática.

—¿Qué extrañas de Veracruz cuando no estás allá?

—Extraño mucho mi casa, es un lugar bellísimo en el campo, ahí dejé una carga emocional y un cachito de mí. Cuando llego encuentro paz en el río, me ata a la tierra. Soy muy tranquila, no hay mucho más que decir de mí, me encanta el café, viajar y la música. Si trato de pensar en mí fuera de la música, soy una persona de placeres muy sencillos.

Silvana-Estrada

“La misma sonoridad te lleva a un lugar en donde quiero que esté todo el mundo”. /  Foto: ANTONIO CRUZ

—Cuando le preguntaban a John Coltrane qué tipo de música o estilo de jazz tocaba, él respondía: “Toco John Coltrane”. Si usamos la misma pregunta, ¿qué nos dirías, qué tipo de música toca Silvana?

—Le voy a copiar a John Coltrane —continúa entre risas y con la vista ilusionada—. Porque no sabría qué decir, Silvana Estrada toca Silvana Estrada. Tendría que sentarme a desglosar otros géneros y saber qué porcentaje tienen de cada uno en mi música.

—¿Qué te falta, qué sigue?

—Falta mucho, estamos trabajando muy duro, viene una gira y la presentación el 18 de mayo en el teatro Esperanza Iris (CDMX), es el show más grande que he tenido, va a estar bárbaro. Después de eso hay una gira, vamos a España, Estados Unidos, y aquí en México.

—¿Por qué no nos podemos perder Marchita?

—Mi música es muy honesta, Marchita cuenta una historia con la que cualquiera se pude conectar. Todo el mundo hemos pasado por una situación de amor y desamor, es un disco que es un momento o cuadro con ciertos colores y texturas tan conmovedoras como la vida. La misma sonoridad te lleva a un lugar en donde quiero que esté todo el mundo, es como abrir mi casa, para que la gente entre y sienta lo que yo cargo.

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