Por qué una dieta baja en carbohidratos podría reducir el riesgo de enfermedades


Por qué una dieta baja en carbohidratos podría reducir el riesgo de enfermedades

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A decir de los autores de una pequeña investigación, algunos individuos que se sometieron a una dieta baja en carbohidratos lograron revertir los síntomas de un trastorno que incrementa el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular.

El equipo de científicos de la Universidad Estatal de Ohio reclutó a 16 voluntarios obesos que habían desarrollado el síndrome metabólico, a fin de determinar los efectos de salud de una dieta baja en carbohidratos, aun cuando las personas no perdieran peso corporal.

El término “síndrome metabólico” se refiere a un conjunto de factores que aumentan el riesgo de desarrollar padecimientos como diabetes tipo 2, enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular. El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos informa que dichos factores incluyen cintura amplia o silueta corporal “amanzanada”; niveles altos de triglicéridos; niveles bajos de HDL (el colesterol “bueno”); presión sanguínea elevada (hipertensión); y altos niveles sanguíneos de glucosa en ayunas.

En el artículo, publicado el 20 de junio en la revista Journal of Clinical Investigation, los autores señalan que alrededor de la tercera parte de los adultos estadounidenses padece del síndrome metabólico mientras que, en las últimas tres décadas, se ha incrementado la cantidad de carbohidratos que consumen las personas de todo el mundo, así como los regímenes dietéticos dirigidos a combatir la obesidad.

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Si bien numerosos estudios han demostrado que una dieta baja en carbohidratos mejora el estado de salud de quienes padecen del síndrome metabólico, los autores de esta nueva investigación consideran que dicho efecto pudo ser consecuencia de que los participantes perdieron peso, por lo que decidieron averiguar si un cambio de dieta podía beneficiar la salud de individuos obesos y con síndrome metabólico, aunque no se modificara el peso corporal. Así mismo, los investigadores pusieron a prueba la teoría de que, más que la obesidad, el rasgo fundamental del síndrome metabólico es la incapacidad de la persona para procesar los carbohidratos.

A lo largo del estudio, los participantes (cuyo promedio de grasa corporal era de 40.2 por ciento) fueron distribuidos de manera aleatoria en tres grupos dietéticos: nivel de carbohidratos elevado, cantidad moderada de carbohidratos, y pocos carbohidratos. Cada grupo consumió la dieta prescrita durante cuatro semanas, para después volver a su dieta habitual durante dos semanas y repetir este ciclo hasta un total de 16 semanas de régimen dietético. Además, con objeto de asegurar que los voluntarios no perdieran peso, los investigadores proporcionaron todos los alimentos en las cantidades requeridas para cada grupo.

En un comentario para Newsweek, el Dr. Jeff Volek, profesor del Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad Estatal de Ohio, explicó: “Demoramos casi tres años en terminar el estudio. Uno de los aspectos más difíciles fue aportar las calorías necesarias para que esta población de individuos obesos mantuviera su peso. Por ejemplo, tuvimos que proporcionar alrededor de 4,000 kcal al día para que algunos de los hombres más corpulentos conservaran su peso”.

Las dietas aportaron un promedio de 2,950 calorías, e incluyeron 420 gramos diarios de carbohidratos para la dieta rica en carbohidratos; 234 gramos al día para el régimen intermedio; y 45 gramos diarios para la dieta con bajo contenido de carbohidratos. Por otra parte, el régimen bajo en carbohidratos incluyó 2.5 veces más grasa saturada que la dieta rica en carbohidratos.

“En cuanto al régimen dietético de pocos carbohidratos, esto se tradujo en que ese grupo consumió una gran cantidad de grasas. Con todo, esos voluntarios lograron mejoras importantes en muchos indicadores del síndrome metabólico. Y esto no solo enfatiza la importancia de restringir los carbohidratos dietéticos, sino que también apunta que no está justificada la inquietud de que una dieta rica en grasas pueda ser perjudicial”, agregó Volek.

Después de seguir una dieta baja en carbohidratos, los participantes mostraron una disminución en sus niveles de triglicéridos y mejoraron sus niveles de colesterol. Así mismo, redujeron sus niveles sanguíneos de glucosa y quemaron grasa de manera más eficaz. Sin embargo, no hubo modificaciones en sus parámetros de presión arterial o de resistencia a la insulina.

De la población total, tres participantes del grupo de carbohidratos moderados pudieron revertir el síndrome metabólico, mientras que uno logró eliminar dicho síndrome consumiendo la dieta rica en carbohidratos.

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En una declaración, Volek conjeturó que estos resultados pudieron deberse a que, incluso con la dieta rica en carbohidratos, algunos participantes consumían menos carbohidratos de lo habitual.

A pesar de su alto contenido de grasas, la dieta baja en carbohidratos condujo a una disminución en los niveles sanguíneos de grasas saturadas, y también incrementó el tamaño de las partículas de colesterol en la sangre circulante, lo cual suele asociarse con una disminución en el riesgo de enfermedad cardiovascular.

“No hay duda de que una dieta baja en carbohidratos beneficia a las personas que tienen síndrome metabólico y diabetes tipo 2. No obstante, es común que este régimen contribuya a la pérdida de peso, lo que ha causado que se generalice la idea de que la pérdida de peso es lo que contribuye a la mejoría. Nuestros resultados demuestran que no es así”, insistió Volek dijo en su declaración.

“Creemos que la restricción de carbohidratos, incluso sin que haya pérdida de peso, contribuye a mejorar una gran cantidad de problemas metabólicos. Aunque nuestra investigación solo haya controlado la cantidad, es evidente que la calidad de la dieta tiene mucha importancia. Hemos demostrado que algunos participantes revirtieron el síndrome metabólico con apenas una pequeña restricción de los carbohidratos, si bien es posible que otros individuos requieran de una restricción mayor”, concluyó Volek.

El científico opina que si los voluntarios también hubiesen perdido peso, muchos más habrían podido sobreponerse al síndrome metabólico.

La semana pasada, otros científicos divulgaron una investigación sobre la dieta y la salud en la que aseguran haber identificado un nexo entre la ingesta de carnes rojas y un aumento en el riesgo de mortalidad. Los autores del estudio, publicado el 12 de junio en la revista BMJ, sugieren que si reducimos el consumo de alimentos como hamburguesas y tocino podríamos tener una vida más larga.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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