41 años sin miedo a mostrar nuestros colores | Newsweek México


41 años sin miedo a mostrar nuestros colores

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En la marcha del orgullo LGBTTIQ+ cabemos todxs.

 

RESULTA INCREÍBLE creer que, en un país como México, en donde la atención en torno a temas de diversidad y educación sexual nunca ha sido una prioridad, hayan pasado ya 41 años desde la primera marcha LGBTTIQ+ que se organizó para salir a exigir derechos y tratos justos sin discriminación a las minorías de la diversidad sexual.

Tal vez muchos no comprendemos la importancia tan grande y el acto tan valiente que supuso haber hecho esa marcha ¡hace 41 años! ¿Se imaginan? En un México brutalmente ignorante, católico y fanático, donde lo que imperaba era la heteronormatividad absoluta y el patriarcado machista en su estado más silvestre y salvaje.

Yo, siendo del 92 y con ayuda de activistas muy versados en el tema, poco a poco he logrado entender el coraje, la valentía y, sobre todo, la importancia que tuvo aquel colectivo para salir, alzar la voz y haber dado un valiente primer paso que abriera el camino hacia la visibilidad.

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Hoy, 41 años después, sigue siendo igual de importante; lo es incluso más. El hecho de que actualmente siga habiendo una marcha gay en nuestro país es todo un acontecimiento y un logro que ha costado muchas batallas y muchos esfuerzos contra un sistema y una sociedad que por ignorancia rechaza lo que no conoce. A pesar de eso y tantas adversidades más en el camino de justicia en igualdad, aquí sigue la marcha y nosotros con ella.

Mucho se ha especulado —principalmente entre la misma mal llamada “comunidad LGBT”— si la marcha debe ser una fiesta y un carnaval, en lugar de un acto solemne e institucional que siga exigiendo derechos. La verdad es que puede ser y debe ser ambos.

Al inicio, las primeras marchas tenían un tinte ciento por ciento político. Eran mítines con otro tono y otra forma, dada la época y el contexto sociocultural de aquel entonces.

Sin embargo, en la medida que la marcha fue ganando más fuerza y aliados que motivaron a otros a empoderarse dentro de su sexualidad, esta se fue convirtiendo en un híbrido. Una marcha que podía seguir siendo estandarte de lucha por derechos humanos y, a su vez, una fiesta donde todos podían sentirse seguros de mostrarse tal y como en realidad eran, sin temor a ser juzgados.

En mi caso, por ejemplo, recuerdo cómo a los 20 todavía me dejaba llevar por la idea de que la marcha no debía ser un carnaval. Que debía ser, más bien, un acto solemne, que dignificara y no que denigrara la figura del homosexual. Porque, claro, en ese entonces todavía me importaba el “qué dirán” de los demás y mantener las apariencias para no salir del statu quo. Y como yo, muchos más.

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No obstante, todo cambió cuando fui por primera vez a la marcha de Ciudad de México. En ese momento fue como si un mundo completamente diferente a lo que yo pensaba, se hubiera abierto ante mis ojos invitándome a pasar. Y pues pasé. Me gustó y me quedé.

Desde entonces no he faltado a una sola marcha y mi visión de la sexualidad y la diversidad se ha ido amplificando cada vez más, al punto de hoy poder cuestionar: ¿por qué carajos la marcha no puede ser una fiesta, un carnaval?

Muchas veces, como personas de la diversidad, hemos emitido opiniones detractoras al respecto desde nuestra heteronormatividad porque es lo que conocemos y donde muchos nos educamos. Y algunas veces más osadas, lo hacemos hablando desde nuestra posición de gays blancos, físicamente aceptables y privilegiados que no sentimos identificación o representación alguna con la marcha. Y ese es justo el problema: creer que la marcha tiene que forzosamente representar a todo el colectivo y no, porque en una marcha así, cada quien va a representarse a sí mismo como más le acomode.

La marcha es nuestra y también está abierta a todo aquel o aquella que comprenda que la diversidad es la vida misma. Este 29 de junio podremos nuevamente decir “aquí estamos y aquí seguiremos”. Ya no somos 41, somos un chingo más y no nos vamos a detener ante la ignorancia. Que nadie jamás venga a decirnos que ser quienes somos está mal, porque en la naturaleza no hay error alguno y el amor no puede estar equivocado.

Sal. Celebra. Ama. Vive. 

Amor es amor, hoy, mañana y siempre.

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