Cómo los antiguos mayas se adaptaron al cambio climático y lograron sobrevivir


Cómo los antiguos mayas se adaptaron al cambio climático y lograron sobrevivir

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Las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre han llegado a 415 partes por millón, un nivel que únicamente había ocurrido hace más de 3 millones de años, mucho tiempo antes de la evolución humana. Esta noticia se suma a la creciente preocupación de que el cambio climático muy probablemente provocará serios daños a nuestro planeta en las siguientes décadas.

Si bien la temperatura de la Tierra nunca había sido tan alta en toda la historia humana, podemos aprender sobre cómo hacer frente al cambio climático si analizamos a la civilización maya clásica, cuyo auge se produjo entre los años 250 y 950 d. C. en la zona oriental de Mesoamérica, la región que actualmente comprende Guatemala, Belice, el sureste de México y algunas partes de El Salvador y Honduras.

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Muchas personas piensan que la antigua civilización maya terminó cuando “colapsó” misteriosamente. Y es verdad que los mayas enfrentaron muchos desafíos relacionados con el cambio climático, entre ellos, sequías extremas que, finalmente, contribuyeron a la caída de sus grandes ciudades-estado del Período Clásico.

Sin embargo, los mayas no desaparecieron: más de 6 millones de mayas viven en la actualidad, principalmente en la región oriental de Mesoamérica. Además, con base en mis propias investigaciones realizadas en el norte de la Península de Yucatán, y en el trabajo de mis colegas en toda la región maya, pienso que la capacidad de las comunidades mayas para adaptar sus prácticas de conservación de recursos desempeñó una función crucial que les permitió sobrevivir durante tanto tiempo. En lugar de centrarse en las últimas etapas de la civilización maya clásica, la sociedad podría aprender de las prácticas que les permitieron sobrevivir durante cerca de 700 años, al tiempo que consideramos los efectos del cambio climático actual.

Adaptación a condiciones de sequía

Los primeros poblados de las tierras bajas mayas se remontan hasta 2,000 años antes de Cristo, y durante los siguientes 2,000 años, se desarrollaron varias ciudades de gran tamaño. Una combinación de factores, como los cambios ambientales, contribuyeron a la caída de muchos de esos centros preclásicos tras el inicio del primer milenio después de Cristo.

A partir del año 250 d. C., aproximadamente, las poblaciones comenzaron a crecer de nuevo en forma constante en las tierras bajas mayas. A esta etapa se le denomina Periodo Clásico. La obtención de mapas con tecnología láser ha mostrado que, para el siglo VIII d. C., existían sofisticados sistemas agrícolas que alimentaban a ciudades-estado de decenas de miles de habitantes.

Las pruebas disponibles actualmente indican que, aunque el clima se mantuvo relativamente estable durante gran parte del Periodo Clásico, se produjeron períodos ocasionales de menor precipitación. Además, cada año se dividía claramente en temporadas secas y lluviosas. La maximización de la eficiencia en el uso y almacenamiento del agua, y la correcta sincronización de la temporada de siembra, fueron elementos muy importantes.

Si las lluvias no llegaban según lo esperado durante un año o dos, las comunidades podían utilizar el agua almacenada. Sin embargo, las sequías más prolongadas imponían una tensión adicional a su jerarquía política y a las complejas redes de comercio interregional. La clave general para sobrevivir fue aprender a adaptarse a las cambiantes condiciones ambientales.

Por ejemplo, los mayas desarrollaron redes aún más elaboradas de terrazas e irrigación para protegerse contra el agotamiento del suelo y la reducción de nutrientes en los alimentos. Construyeron intrincados sistemas de drenaje y almacenamiento para maximizar la captación de agua de lluvia.

Gestionaron cuidadosamente los bosques supervisando los ciclos de crecimiento de árboles particularmente útiles. Y desarrollaron tecnologías que utilizaban eficientemente el combustible, como los hornos de cal, para conservar los recursos ambientales.

Hacer frente a las megasequías

La información disponible indica que una serie de sequías particularmente intensas, las cuales duraron entre 3 y 20 años o más, asolaron las tierras bajas mayas en los siglos IX y X d. C. Los arqueólogos aún debaten el momento, la intensidad, el impacto y la ubicación exactos de esas sequías. Por ejemplo, al parecer, no todas las áreas de las tierras bajas mayas se vieron igualmente afectadas. Actualmente, estas “megasequías” parecen coincidir con los últimos siglos del periodo clásico.

Una de las consecuencias principales fue que las personas se mudaron alrededor de las tierras bajas. Un notable crecimiento de la población en ciertas áreas indica que las comunidades locales pudieron haber absorbido a estos grupos migrantes. También existen pruebas de que adoptaron nuevas prácticas de conservación de recursos para mitigar el estrés adicional que supone dar sustento a grandes cantidades de personas.

Decadencia y caída

Durante los siglos IX y X d. C., muchas de las más grandes ciudades-estado mayas cayeron como resultado de varias tendencias interrelacionadas a largo plazo, entre ellas, el crecimiento de la población, las guerras cada vez más frecuentes y una burocracia crecientemente compleja. La disminución en la frecuencia de las lluvias empeoró una situación de por sí riesgosa.

Al final, varios centros poblacionales experimentaron fenómenos de abandono relativamente rápidos. Sin embargo, en distintas áreas se produjeron caídas en distintos momentos durante un periodo de más de 200 años. El hecho de calificar como un colapso a esta serie de sucesos no tiene en cuenta la capacidad de las comunidades mayas para perseverar durante generaciones ante una cantidad cada vez mayor de desafíos.

Podemos ver patrones similares en otras civilizaciones conocidas. Las ancestrales comunidades Pueblo del suroeste de Estados Unidos, conocidas anteriormente como Anasazi, desarrollaron intrincadas redes de riego para cultivar un entorno naturalmente árido a partir del inicio del primer milenio después de Cristo. Cuando las lluvias comenzaron a decaer en los siglos XII y XIII d. C., se reorganizaron en unidades más pequeñas y se trasladaron alrededor del área. Esta estrategia les permitió sobrevivir más tiempo de lo que habrían logrado si se hubieran quedado en ese lugar.

Angkor, la capital del antiguo imperio Khmer, ubicado en la actual Camboya, desarrolló redes de irrigación muy complejas a partir del siglo IX d. C. para manejar las inundaciones anuales. Unos ciclos de lluvia cada vez más irregulares durante los siglos XIII y XIV pusieron a prueba la flexibilidad del sistema. La dificultad para adaptarse a estos cambios fue uno de los factores que contribuyeron a la gradual decadencia de Angkor.

Todas las sociedades necesitan ser flexibles

Muchos observadores han establecido paralelismos entre los desastrosos cambios climáticos del pasado y el destino de la sociedad moderna. Pienso que esta perspectiva es demasiado simplista. La comprensión científica actual del cambio climático no es perfecta, pero resulta claro que las sociedades modernas saben mucho sobre lo que ocurre y lo que se necesita hacer para evitar un calentamiento catastrófico.

Sin embargo, también necesitan la voluntad para hacer frente a las amenazas cruciales. Los mayas de la época clásica abordaron los desafíos climáticos adaptando sus prácticas ecológicas a un entorno cambiante. Esto ayudó a muchas comunidades a sobrevivir durante siglos a través de olas de intensa sequía. Su experiencia, y la persistencia de otras antiguas civilizaciones, muestran la importancia del conocimiento, la planificación y la flexibilidad estructural.

También existe una importante diferencia entre las presiones climáticas sufridas por las sociedades antiguas y el desafío inducido por los seres humanos que enfrentamos actualmente: los seres humanos modernos podemos tener un impacto bastante mayor en la supervivencia de las generaciones futuras. Los mayas solo pudieron reaccionar ante las condiciones climáticas, pero nosotros sabemos cómo hacer frente a las causas del cambio climático. El desafío consiste en decidirnos a hacerlo.

Kenneth Seligson es profesor adjunto de antropología de la Universidad Estatal de California en Dominguez Hills.

Este artículo esta reproducido de The Conversation bajo una licencia de Creative Commons.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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