El primer homosexual que quiere postularse a presidente de EU


El primer gay que quiere postularse a presidente de Estados Unidos

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Pete Buttigieg afirma tener la experiencia ejecutiva que necesita el país aun cuando es alcalde de una ciudad de 100,000 habitantes. El eleccionesdice que es hora de tener un presidente osado y realmente serio.

 

Pete Buttigieg quiere ser el primer millennial en ocupar la presidencia. Y, a sus 37 años, el alcalde demócrata de South Bend, Indiana se ha convertido también en la primera persona abiertamente homosexual que anuncia su candidatura para el cargo más importante del país.

Si bien algunos apuntarían a la enorme diferencia entre dirigir una ciudad de unos 100,000 residentes y gobernar el país más poderoso del mundo, Buttigieg (pronunciado But-ell-ell) opina que la política de ciudad pequeña y anteponer al pueblo estadounidense son justo lo que se necesita en una nación dividida. Y, como señala, tiene “más experiencia gobernando” que el presidente Donald Trump, y “más experiencia ejecutiva” que el vicepresidente Mike Pence.

Egresado de Harvard College, Buttigieg continuó sus estudios en la Universidad de Oxford con una beca Rhodes y después trabajó como consultor en McKinsey & Co. Ingresó en el campo de la política en 2010, pero fracasó en su primera candidatura como tesorero del estado de Indiana. Decidido a alcanzar sus ambiciones políticas, puso la mira en la alcaldía de su ciudad natal. Y así, en 2012, resultó triunfante con el apoyo de 74 por ciento de los votantes.

Aunque se dude de su madera presidencial, no se pueden negar sus credenciales como millennial. Muy versado en la Internet, el alcalde señala que prefiere el streaming de Netflix que mirar la televisión por cable con su pareja, Chasten Glezman, un profesor de secundaria a quien desposó el verano pasado. Posee otras destrezas, como interpretar el didyeridú (un instrumento de los aborígenes australianos) y ordenar emparedados en siete idiomas. Y si bien no son imprescindibles, la segunda resultaría muy útil para cualquier líder mundial.

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Entre los idiomas que “mastica” se encuentran el árabe y el persa darí, este último aprendido antes de prestar siete meses de servicio en Afganistán como teniente de las reservas de la Marina. Buttigieg señala que, gracias a aquel periodo, tendría más experiencia militar que cualquier otro presidente desde Georg H.W. Bush.

En febrero, el alcalde se encontró con Newsweek en una cafetería del centro de South Bend para hablar sobre el cambio climático, la destitución del presidente y su visión para Estados Unidos. Esta entrevista ha sido editada por consideraciones de espacio y claridad.

Has servido dos periodos como alcalde de una ciudad pequeña. ¿Qué responderías a quienes dicen, “tienes la obligación de postularte al Congreso”?

El trabajo que hacen en el Congreso es importante y hay gente muy inspiradora, pero me parece que servir en el Congreso no es más relevante para la primera posición ejecutiva del país que servir como alcalde de una ciudad, no obstante su tamaño. Puede que seas un miembro distinguido de la Cámara Baja y aun así, la mayor cantidad de gente que habrás dirigido en tu vida no pasará de un par de docenas de asistentes.

Aquí soy responsable del bienestar de 100,000 personas, administro un presupuesto de más de 300 millones de dólares y me llaman para resolver cualquier cosa, desde una controversia vecinal hasta un tiroteo de la policía. Creo que ese tipo de experiencia ejecutiva es más relevante para los cargos más altos de Washington.

Entonces, ¿no se trata de un ensayo para competir por una gubernatura, el Senado o el gabinete del próximo presidente?

No creo en la premisa de postularte a un cargo para luego alcanzar otra posición. Entiendo las probabilidades de un proyecto como este. Reconozco que es un esfuerzo con pocas posibilidades. Sin embargo, también creo que los tiempos actuales están dispuestos para quienes parecen tener pocas posibilidades y para los recién llegados, y por esa razón hemos tenido tanto impulso, tanta energía y entusiasmo, incluso desde el principio.

Serías el primer aspirante presidencial abiertamente homosexual. ¿Cómo ha respondido el público a tu posible postulación?

No faltan los ataques en línea, pero así son las cosas. En buena medida, he observado dos tipos de respuestas: quienes se entusiasman por la naturaleza histórica del primer servidor público que aspira a ese cargo, y la gente que no muestra el menor interés. Y eso también es histórico. Empiezan a cambiar las cosas, pero todavía estamos en el proceso. La realidad es que la comunidad LGBTTTI sufre ataques en varios frentes, ya sea contra los miembros transgénero de las fuerzas armadas o mediante la persistencia de los crímenes de odio en muchas partes del país, incluida Indiana, donde no contamos con una legislación contra esos crímenes y pueden despedirte por ser gay.

Foto: EMMA MCINTYRE/GLSEN/GETTY

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¿Cuál sería tu estrategia para derrotar a Trump en 2020?

Cuando el GOP [Partido Republicano] nominó a Trump en 2016, los demócratas se sintieron tan horrorizados que nuestro mensaje se centró en él. Y en lugares como South Bend, mucha gente se preguntaba, “Bueno, pero ¿quién habla de mí?”. Por eso, en esta campaña no solo enfrentamos al presidente cuando hace algo malo, sino que también tenemos debates políticos y estamos desarrollando un mensaje sobre Estados Unidos y la dirección que lleva el país. Pienso mucho en lo que sucederá en 2054 -cuando tenga la misma edad que el presidente actual-, y en el tipo de mundo que estamos construyendo para entonces.

¿Qué buscan los millennials en sus servidores públicos?

Hay un impulso conservador que quiere llevarnos de vuelta a la década de 1950. Y también un impulso demócrata para regresar a los años noventa. Pero no creo que alguien de nuestra generación piense que podemos resolver nuestros problemas regresando en el tiempo.

Estamos en dificultades. Presidencias como esta no ocurren simplemente. Ocurren cuando nuestra democracia y nuestra economía están decepcionando al pueblo y algunos van a las urnas para acabar con esa situación. Nuestra generación y los votantes más jóvenes quieren algo realmente serio y osado, en vez de cambios marginales en lo que hemos estado haciendo.

Algunos miembros del Congreso, como Alexandra Ocasio-Cortez, Bernie Sanders y Elizabeth Warren, han lanzado propuestas para incrementar los impuestos de los ricos. ¿Compartes esa opinión?

Aún estoy desarrollando un plan. Solo puedo decirte que la mayoría de los estadounidenses opina que [los ricos] no están pagando lo que les corresponde. Y no puedes conseguir algo con nada. Si queremos mantenernos como la nación más importante del mundo, si queremos la infraestructura que nos hace falta, la atención médica que merecemos y la seguridad que debería tener una gran nación, hay que pagar por todo ello.

Eso no se traduce en gravámenes a la riqueza. Aunque tampoco es una idea descabellada, y si eres uno de los que más se han beneficiado con el sistema estadounidense -hablamos de decenas de millones o miles de millones de dólares-, no es absurdo pedirte que aportes uno o dos por ciento, o cualquiera que sea la tasa, para garantizar que este sea el tipo de país donde también tendrán el éxito las personas que nos seguirán.

GRANDES PLANES: Manifestantes reunidos en Brooklyn, Nueva York, para presionar a los líderes demócratas para que respalden el nuevo acuerdo verde, el 26 de febrero. ERIK MCGREGOR/PACIFIC PRESS/LIGHTROCKET/GETTY

Y hablando de proyectos, ¿crees que el cambio climático y el Nuevo Acuerdo Verde [Green New Deal] son temas que pueden unificar a los legisladores? 

La elegancia del Nuevo Acuerdo Verde es que aborda algunos desafíos de la economía estadounidense a la vez que intenta combatir el cambio climático. Y eso me parece importante. En su versión actual, es más una colección de objetivos que una política bien desarrollada, pero es la dirección que debemos seguir.

Tenemos un calor anormal en South Bend, pese a que, hace diez días, un vórtice polar comenzó a acercarse a nuestra comunidad. Para mí, el cambio climático no es algo que esté ocurriendo en el Ártico, en las ciudades costeras o en las islas del Pacífico. Es algo que ocurre aquí mismo, en el medio oeste de Estados Unidos, y va a acelerarse.

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El presidente cerró el gobierno por el asunto del muro fronterizo. ¿Cuál es tu estrategia de inmigración?

Necesitamos seguridad fronteriza, pero una cerca o un muro no solucionarán el problema. Hacen falta muchos elementos y una estrategia más racional, en vez de la postura divisiva y altamente visceral del presidente.

Tenemos que avanzar con una reforma migratoria completa. Cuando mi padre llegó a este país, pasó por el proceso y obtuvo la ciudadanía. Es evidente que hay muchas personas fuera del sistema. Necesitamos sacarlas de las sombras, darles la oportunidad de pasar por el proceso y volverse residentes o ciudadanos legales. Es mejor para la economía. Es mejor para ellos. Es mejor para todos. La estrategia sería parecida a la del presidente Reagan, en 1984.

Como veterano de Afganistán, ¿cuál es tu perspectiva respecto de retirar nuestras fuerzas de Afganistán y negociar con el Talibán?

Es muy claro que no podemos seguir en una generación de guerras interminables. Tal vez ya tengas edad para combatir en esa guerra, y ni siquiera habías nacido cuando fue el 9/11. Por otra parte, me preocupa que el proceso de negociaciones con el Talibán deje fuera al gobierno afgano. Ningún acuerdo será sostenible si el gobierno afgano no forma parte de la negociación. Por ello, al salir, tenemos que asegurarnos de tomar medidas para que evitar nuevas amenazas en el territorio estadounidense, para no cultivar una nueva generación de redes terroristas.

¿Crees que el presidente enfrentará el proceso de destitución?

La verdad, lo mejor para el país sería rechazar en las urnas a este presidente y su estilo de políticas divisivas. Para mí, lo ideal es quitarlo del cargo mediante unas elecciones. Aunque también cabe la posibilidad de que las investigaciones revelen cosas que el Congreso no pueda ignorar, moral y legalmente, [y entonces] la destitución sería lo adecuado.

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