Desde inicios del siglo XXI hemos visto el poderoso avance de las neurofinanzas en el conocimiento de las fuerzas invisibles que llevan a las personas a tomar decisiones impulsivas en los mercados financieros. A pesar de que estamos en una época sin precedentes para el autoconocimiento, las personas siguen estando presas de sus reacciones viscerales. En esta oportunidad hablaremos del caso específico del pánico y la euforia de los inversionistas ante la manipulación de los mercados.
Ya en la psicología financiera se hablaba de un sesgo cognitivo (error de pensamiento) denominado sobrerreacción a las noticias. Este sesgo explica la tendencia que tienen los inversionistas a considerar todo lo que sucede en el mercado como una variable exageradamente valiosa para cambiar las decisiones de inversión en el corto plazo. Incluso si se trata de un error de redacción o un problema de interpretación, la creencia de que las decisiones rápidas son mejores es una constante en los mercados financieros.
DE LOS NOTICIARIOS AL CEREBRO HUMANO
El cerebro humano evolucionó para tener un desempeño excepcional en situaciones límite, por eso responde con gran rapidez a los estímulos externos como mecanismo de protección y sobrevivencia. Pero una cosa es tener la habilidad evolutiva para hacerlo y otra es ser esclavo del impulso reaccionario en contextos que no corresponden, lo que va a marcar la diferencia entre inversionistas que pierden sistemáticamente y los inversionistas experimentados que desarrollan la capacidad de autogestión.
Adicional a lo anterior, existen escenarios diseñados para producir estos efectos. Recientemente hemos visto ejemplos de multitudes que pierden muchísimo dinero en segundos a raíz de algo tan irrelevante como puede ser un texto publicado por un gobernante en las redes sociales. A este nivel llega la sensibilidad humana cuando no es capaz de filtrar información y se suma a la narrativa de que la ganancia más conveniente es golpe de suerte.
En un mundo ideal, el ser humano viviría en calma, con su sistema nervioso regulado y sincronizado con la naturaleza. En momentos específicos surgirían picos de alerta para prepararlo ante situaciones que, una vez resueltas, devolverían la calma.
Sin embargo, el entorno urbano y la constante estimulación nos mantienen en alerta. La sensación de amenaza constante afecta al cerebro.
Las noticias negativas activan la amígdala, vinculada al miedo, lo que provoca decisiones precipitadas. Las positivas estimulan el núcleo accumbens, relacionado con la euforia y compras impulsivas. Este impacto en la economía debería ser mitigado por instituciones que generen confianza; sin embargo, la realidad actual está lejos de eso.
INVERSIONISTAS, OJO CON LA MANIPULACIÓN GUBERNAMENTAL EN LOS MERCADOS
Durante siglos hemos sido dependientes de las instituciones para generar entornos de estabilidad en los habitantes y que estos puedan tener una vida tranquila. Al menos este ha sido el contrato social base desde el concepto de Estado, pero en los últimos años comenzamos a observar que algunos gobernantes hacen todo lo contrario, especialmente cuando buscan distorsionar el funcionamiento del mercado. Veamos algunos ejemplos.
En Arabia Saudita se está llevando a cabo una ambiciosa megaconstrucción llamada The Line, impulsada por el primer ministro y príncipe heredero, Mohammad bin Salmán. Recientemente se reveló que los costos de construcción se elevaron a 25 veces el presupuesto anual del país, producto de la manipulación deliberada por miembros de la administración para ocultar esos costos.
En países como Estados Unidos y China se va avanzando en una guerra económica que incluye aranceles, subsidios y barreras al comercio internacional, que no atienden a una política de Estado, sino como herramientas de control y dominio entre gobernantes, lo que produce confusión e incertidumbre premeditada en la población.
Además, en otras economías donde se apuesta a la innovación y el desarrollo tecnológico se observa cómo gobernantes de países como Argentina hacen uso impulsivo de sus redes sociales, al punto de promover inversiones sin sustento, a lo que sus adeptos acuden masivamente con recursos que pierden en segundos.
Como podemos observar, estamos ante un mundo cada vez más confuso, volátil y caótico. Necesitamos anclarnos en nosotros mismos porque la estabilidad de antaño que proveían las instituciones ya es cosa del pasado.
CÓMO EVITAR LA SOBRERREACCIÓN EN LAS DECISIONES DE INVERSIÓN
- Tener una estrategia de inversión. Quien sabe con claridad hacia dónde va puede gestionar las turbulencias con mayor calma.
- Diversificar es inmunizar. Aunque todos los inversionistas buscan rendimiento, no hay que olvidar que la clave es aprender a reducir el riesgo, y eso se logra con una diversificación adecuada.
- El objetivo es a largo plazo. A menos de que la actividad principal sea la especulación, toda buena inversión siempre tiene objetivos a largo plazo.
- No toda noticia es válida: Hay que saber escuchar las noticias y verificar las fuentes, recordando que no siempre describen la realidad en su totalidad.
- Desarrollar la autorreflexión. Todo lo que ocurre fuera de nosotros son variables, pero la claridad interior, la autorregulación emocional y la capacidad para discernir siempre será una ventaja personal. N
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Joselyn Quintero es especialista en neurofinanzas, autora de varios libros, conferencista y directora de Armonía F. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad de la autora.