Mujeres venezolanas en Colombia se han visto orilladas a prostituirse para sobrevivir, mientras que los ciudadanos de aquel país continúan huyendo de la represión política y de la crisis económica.
En una investigación de Sky News sobre el comercio sexual en la ciudad colombiana de Cúcuta se descubrió un número desproporcionado de mujeres venezolanas trabajando en los clubes y en las esquinas de las calles de esa ciudad fronteriza.
En un burdel de 60 mujeres, 58 de ellas provenían de Venezuela y solo tres de Colombia. Una de las mujeres, madre de dos hijos que era bailarina de ballet y empresaria en su país natal, declaró a Sky News, “Dejaría esto si hubiera otra opción. Es un trabajo vergonzoso, pero ¿qué otra opción me queda?
“Tengo que ganar dinero para cuidar a mis hijos y darles de comer”, continuó la mujer. “No hay nada en Venezuela. La única manera de llevar el pan a la mesa de mis hijos es venir aquí a Colombia y vender mi cuerpo”.
Otra mujer, madre de un niño de un año, dijo que era peluquera antes de que la profunda crisis la obligara a cruzar la frontera en busca de nuevas oportunidades. “Si algún día las cosas mejoran en Venezuela, me encantaría poner mi propio negocio”, dice. “Cualquier cosa sería mejor. Hago esto porque tengo que hacerlo. No uso drogas. No bebo. Solo hago esto. Si pudiera hacer algo mejor, lo haría… y dejaría esto de inmediato”.
Su condición de ilegales en Colombia hace aún más difícil que las mujeres encuentren un empleo seguro y sin riesgos. Por ello, son empujadas hacia el peligroso e inestable comercio sexual.
Muchos otros venezolanos han llegado hasta la ciudad de Cúcuta, durmiendo a la intemperie y en condiciones precarias con la esperanza de encontrar cualquier tipo de empleo. En la investigación de Sky News también se descubrió que varios traficantes operan a través de la frontera, llevando contrabando hacia Colombia, donde puede ser vendido a precios mucho más altos, dado el escaso valor de la moneda venezolana.
Al menos 2.3 millones de personas ya han huido del país, y hasta 5,000 cruzan la frontera diariamente. La mayoría de ellas han llegado hasta Colombia o Brasil, mientras que otras han viajado a lugares tan lejanos como Ecuador, Perú y Estados Unidos en busca de una vida mejor.
La oleada de refugiados ha provocado tensiones con los países vecinos. En Brasil, se han desplegado soldados para proteger los campos de refugiados después de que uno de ellos fue incendiado por habitantes locales enfurecidos a principios de esta semana. Colombia envió fuerzas de seguridad adicionales a sus fronteras para ayudar a hacer frente al flujo de recién llegados.
Mientras tanto, la situación en Venezuela no hace más que empeorar. Este lunes, el presidente Nicolás Maduro presentó una nueva divisa para reemplazar al hiperinflado bolívar. Al poner en circulación el “bolívar soberano”, el gobierno retiró cinco ceros al valor de los viejos billetes, reduciendo la inflación en 90 por ciento.
Sin embargo, los ciudadanos tienen dificultades para tener en sus manos la nueva moneda, y algunos residentes de Caracas, la ciudad capital, informan que existe un límite para retirar solo 10 bolívares soberanos por día en los cajeros automáticos. Muchos negocios, al no estar seguros de cuánto cobrar a sus clientes, cerraron sus puertas el martes. El gobierno señaló que la nueva moneda había sido vinculada con una nueva criptomoneda llamada petro, pero a los estadounidenses se les ha prohibido adquirirla, mientras que los expertos se muestran profundamente escépticos acerca de su valor.
Tras haber sido uno de los países más ricos de América del Sur, la economía de Venezuela se ha visto perjudicada por la caída de los precios del petróleo y por una rígida política financiera. El gobierno no ha sido capaz de importar alimentos básicos, suministros médicos y combustible, mientras que los ciudadanos pasan grandes dificultades con una moneda que casi no vale nada. Maduro culpó de la crisis a una “guerra económica” apoyada por Estados Unidos, mientras que el Fondo Monetario Internacional calificó a la situación como “una profunda crisis económica y social”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek