Afganistán | Newsweek México


ARTÍCULO DE OPINIÓN

Es un crimen contra la humanidad en pleno siglo XXI la forma en que tratan los talibanes a las mujeres de Afganistán, como en los tiempos más oscuros del fanatismo religioso mundial.

En la ruta de la seda, las tribus afganas fueron sometidas al través de los siglos, pero nunca totalmente, por la India, por los persas, por Alejandro Magno, por el Imperio Británico, por la Unión Soviética y desde hace 20 años, por los aliados de la OTAN con Estados Unidos de líder invasor. 

En las laderas montañosas se cultiva la amapola para la producción oficial de morfina y opio de exportación y de hachís o hash. Hay petróleo y litio.

Bajo la ‘Sharia’ o ley islámica inspirada en el Corán, los talibanes ahora de regreso al poder, una vez que el expresidente Ashraf Ghani huyó de Kabul, con cuatro autos y un helicóptero lleno de efectivo, en cuanto se cumplió otro último capítulo de los acuerdos firmados por Trump para la salida de tropas estadounidenses del país. 

De inmediato se actualizó la prohibición a las mujeres de salir de sus hogares sin escolta masculino y sin llevar un “burka” (la tela que cubre su cuerpo de la cabeza a los pies).

Las oportunidades de estudio y trabajo para la población femenina son ahora mínimas y muy limitadas. 

La vileza en su plenitud.

En el Corán se establece que “las mujeres correctas son devotamente obedientes a su esposo”. Siempre estarán “bajo” el cuidado de los hombres. 

El hombre con facilidad puede divorciarse con base en la práctica del repudio. Y el derecho islámico considera factible la poligamia masculina y otras prácticas de prostitución disfrazada y semilegalizada.  

Los hombres deben de ser “buenos” con sus esposas, aunque se permite golpearlas, siempre de manera “liviana”.

El hombre posee el derecho de utilizar el cuerpo de la mujer como una posesión, utilizándolo como y cuando lo desee, y donde el consentimiento de la mujer no está sujeto a discusión. 

En los últimos meses, con el avance de los fundamentalistas talibanes, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha confirmado un serio retroceso en los derechos de las mujeres en Afganistán y un sensible aumento de la violencia en su contra. 

La ignorancia, el analfabetismo, y en general, la falta de educación, van de la mano para perpetrar este estado de abusiva ignominia hacia las mujeres, incluso cuando no conocen ellas ninguna otra forma de trato y consideración. La normalidad del abuso cubierta de religiosidad.

En tanto, la mayor parte de los asesinatos o crímenes de honor contra las propias mujeres no son juzgados o castigados.

Entre los talibanes las mujeres no pueden ser tocadas por médicos varones y muchas veces el diagnóstico es sólo mediante el reflejo de su cuerpo en el espejo. 

Su política promueve el matrimonio de niñas y jóvenes menores de 16 años. A todas se les prohíbe usar zapatos de tacones altos y hablar en voz alta. En muchos textos comunes se sustituye la palabra mujer por jardín o fruto, o cualquier otra referencia convencional para designar lo femenino. Las mujeres o jardines, o frutas, o nubes y estrellas, tienen prohibido también andar en bicicleta o motocicleta, abordar solas un taxi. Tampoco viajar sin compañía masculina.

Los trabajos femeninos son segregados y orillan a la mayor pobreza y miseria conforme se envejece. 

En la legislación islámica está prohibida la homosexualidad y el adulterio, cuyas prácticas se criminalizan. Los “hudud” son los castigos desde golpes, lapidaciones, amputaciones, prisión y hasta la muerte.

En febrero de 2020 se reunieron en Doha, talibanes y representantes del gobierno estadounidense del entonces presidente Trump, para firmar el acuerdo macro para la retirada definitiva de las tropas estadounidenses y sus aliados después de casi 20 años en suelo afgano. 

Al respecto, expertos internacionalistas afirman que el acuerdo no fue de paz, sino fue en realidad una rendición a los talibanes, con la única promesa de su parte de abstenerse de atacar intereses o ciudadanos estadounidenses.

El presidente Biden ha avanzado en esa confirmación y le ha ido como al cohetero. El antiguo régimen se derrumbó y los talibanes regresaron a las andadas. Biden dijo, sin embargo, que no vale la pena la vida de ningún soldado estadounidense más en el conflicto civil afgano.  

Con desesperación, muchos afganos y extranjeros quieren salir del país. Lo que recuerda el caos cuando en Vietnam, desde la azotea de la embajada de Estados Unidos se efectuó la apresurada y ofensiva retirada.

Mientras tanto, las mujeres siguen en la ignominia y aunque no quisieran los Estados Unidos, junto con China, Rusia, Irán y Pakistán no podrán evadir su responsabilidad en el futuro de la zona de guerra, en la cacería puerta a puerta contra “colaboradores de Occidente” y sus mujeres.

La resistencia ya empezó y continuará la guerra. Sufrirán aún más las mujeres y niños. No habrá libertad de opinión. Ni elecciones. No habrá garantías ni derechos humanos. Sólo se permitirá leer el Corán y otros textos oficiales. Y a las mujeres rezar, una vez que se limpien de sus “impurezas mensuales”. 

A mediados del siglo XX supimos de los genocidios contra judíos, homosexuales, gitanos, enfermos, disidentes en la Alemania nazi. Hoy en Afganistán comprobamos que no aprendimos nada. Más aún, seguimos siendo los mismos de siempre… algunos hombres, entre ellos los talibanes, piensan que son mejores que las mujeres y no es cierto, por más mentiras que se repitan hasta la náusea. Y las ‘estrellas’ sufran vomitando de dolor. 

 

Arturo Martínez Cáceres Fimbres

Economista (UNAM – Mención Honorífica) (U de Londres-LSE&PSc). Maestro universitario en México y USA. Escritor. Conferencista.

 

*Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente las

ideas de Newsweek Baja California.

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