Democracia a la mexicana I | Newsweek México


Democracia a la mexicana I

DE TIEMPO Y CIRCUNSTANCIAS

EL 6 DE JUNIO quedó atrás. Fue un ejercicio democrático en el que la abstención se redujo. En la elección intermedia anterior, la de 2015, la cantidad de votantes fue de 47.72 por ciento del total del padrón. En esta elección, la de 2021, la asistencia fue del 52.5 por ciento.

Esto significa que, en 2015, asistieron a las urnas 39.8 millones de ciudadanos, y en 2021, 48.8 millones. Nueve millones de votantes más que le voltearon la elección a Morena y terminaron repartiendo las cuotas de poder. El Movimiento Regeneración Nacional vio reducidas sus posibilidades políticas y, en consecuencia, el presidente ha quedado con un contrapeso que, si bien es modesto, lo obliga a negociar.

En algunos lugares, como en los mejores tiempos de las dictaduras mexicanas, las elecciones de este junio se resolvieron a balazos, con el sencillo método de eliminar a los contrincantes. Esto se dio predominantemente en los municipios. Fueron asesinados 19 candidatos a presidentes municipales, tres a sindicaturas y tres a regidurías; pero también se asesinó a candidatos a diputaciones tanto locales como federales.

Con todo, aún decimos que se salvó la democracia y, al decirlo, uno se pregunta: ¿Qué clase de democracia hemos salvado?

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Analizar esto no es tarea simple, pues el Imperio Mexicano nació en 1821 como una monarquía y, en menos de cuatro años, evolucionó a una democracia monárquica. En ella el presidente se abrogaba funciones de monarca y su gabinete se lo permitía. Esto trajo consigo la violación de las reglas y, con ello, la falta de legitimidad en los gobiernos, falta de legitimidad que, a su vez, fomentó un desorden administrativo cuyo desempeño destruía sistemáticamente al país.

El desorden cesó con la llegada de Porfirio Díaz al poder, pero la intención solo duró ocho años, pues a partir del segundo periodo Díaz tomó el poder para ya no soltarlo. Su administración, hay que reconocerlo, puso orden en un país que lo necesitaba desesperadamente, y tuvimos 30 años de paz y progreso ininterrumpidos, pero fue una dictadura que simulaba elecciones democráticas.

Díaz debió legar el mando, uno de los elegidos pudo ser el Gral. Bernardo Reyes, pero Díaz no identificó el momento histórico ni quiso renunciar al poder. El resultado fue un movimiento armado —la Revolución Mexicana. Con la Revolución, el desarrollo se fue a la fruta. De 1910 a 1935 regresamos a los conflictos armados y estos volvieron a destruir la infraestructura productiva.

Para recuperar el progreso, entre el presidente Calles y el embajador Morrow construyeron una democracia simulada que en realidad fue una dictadura de partido. Esta funcionó de 1929 a 1970 y terminó cuando se perdió la ruta del progreso nacional y caímos en un impasse.

LOS NUEVOS IMPULSOS

El partido que se formó para controlar al país aglutinaba a todos los militares con fuerza y efectivos que podían dar un golpe de Estado. La disciplina militar es enemiga del dispendio y los lujos innecesarios. Esto a su vez trajo una administración sensata, y con ella el progreso, en un territorio rico en extremo, floreció. Poco a poco la hacienda se ordenó y con esto el comercio y la agricultura fueron desarrollándose.

La Segunda Guerra Mundial nos dio el impulso que necesitaba el país. Los estadounidenses tuvieron que resolver sus enormes necesidades de insumos para la guerra y México fue una de las fuentes de acopio. La industria floreció y vino a convertirse en generadora de riqueza que junto con Pemex —el aprovisionador del energético más importante para el pleito entre las naciones— nos trajo de una economía agrícola a una economía industrial.

El sistema político siguió fomentando el crecimiento económico dentro de un desarrollo sostenido. El manejo simulaba una democracia, pero a nadie le importaba la simulación, pues la situación mejoraba para todo mundo. 

El partido en el poder creó una serie de partidos satélites cuya misión era hacer el juego, para simular que las elecciones se desarrollaban de acuerdo con las reglas de la democracia, cuando en realidad seguían un libreto escrito en Los Pinos.

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Una tímida oposición fue incentivada con recursos para que jugase dentro del sistema, pero siempre acotada por el partido. Esto sucedía al tiempo que se desarrollaba la carrera espacial y, con ella, la comunicación se transformaba. En México, Telesistema Mexicano cambió su nombre por el de Televisa (Televisión Vía Satélite) y una sociedad poco informada comenzó a recibir la influencia cultural del mundo. También cambiaron los mapas y las ambiciones geográfico-políticas de las potencias de la posguerra y esto afectó a México.

La simulación democrática dejó de funcionar para el control. Al mismo tiempo, el desarrollo estabilizador se agotó. Estos argumentos pasaron desapercibidos para la clase política. La fórmula había sido consistentemente validada por el progreso económico y no se advirtieron a tiempo las inconsistencias, que comenzaron a surgir ante los cambios del entorno tanto nacional como internacional. Se perdió la disciplina fiscal, y la ruta de la tranquilidad y el progreso fue interrumpida por conflictos estudiantiles y económicos. El primero de estos, denominado el movimiento del 68, que alcanzó proporciones de insurrección civil. La respuesta del gobierno fue muy violenta. A la fecha no se sabe cuántos estudiantes murieron en el movimiento. En 1971 hubo otro problema estudiantil llamado “el Halconazo” y la cantidad de muertes entre los estudiantes tampoco pudo cuantificarse.

Luego surgieron las crisis económicas. La dictadura de partido había dejado de funcionar y comenzó a gestarse una nueva forma de hacer política en México: la democracia. Pero como todo lo que sucede en estas latitudes, el concepto democrático fue influenciado por nuestra ideología y surgió la “democracia a la mexicana”.

Por hoy es todo. En nuestra próxima entrega analizaremos como se deslavó el desarrollo estabilizador y comenzó a nacer la alternancia en el poder en México. El preludio de la democracia a la mexicana que hoy estamos viviendo.

VAGÓN DE CABÚS

El presidente ve cómo el poder se le aleja con dos declaraciones del Partido Verde. La primera es la del senador Manuel Velasco, que planteó la posibilidad de reevaluar sus alianzas y buscar la hermandad entre mexicanos para no debilitar al país. La segunda, la de su bancada en el Senado, que denunció lo que todos sabemos: que el SAT es un instrumento de presión política que hace un combate selectivo de los actos de corrupción.

Es el clásico apotegma achacado a Juárez: “A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas”.

¿Cómo reaccionará el inquilino de Palacio? ¿Aplicará el correctivo vengador al senador o entenderá que el poder absoluto se le escurrió por las rendijas de la incompetencia y comenzará a negociar? Hagan sus apuestas. N

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Salvador Casanova es historiador y físico. Su vida profesional abarca la docencia, los medios de comunicación y la televisión cultural. Es autor del libro La maravillosa historia del tiempo y sus circunstancias. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.

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