Otra pintura echada a perder, he aquí cómo no desfigurar el arte con una restauración | Newsweek México


Otra pintura echada a perder, he aquí cómo no desfigurar el arte con una restauración



La copia de un coleccionista de arte privado de “La Inmaculada Concepción de El Escorial”, del pintor español Bartolomé Esteban Murillo fue desfigurada después de que las acciones de un restaurador de muebles para limpiar la pintura resultaron en una recreación borrosa y mal proporcionada del rostro de la Virgen María.

La copia sin fecha y reproducida a partir del Murillo era propiedad de un coleccionista de arte privado en Valencia, España, a quien presuntamente le cobraron 1,200 euros por la restauración mal hecha, según The Guardian. La pintura original del pintor barroco del siglo XVII es propiedad del Museo del Prado en Madrid.

“Se la dieron a restauradores de muebles, que es como ir con un plomero para mi limpieza dental”, dijo a Newsweek la conservadora de arte Lisa Rosen en una entrevista telefónica.

Rosen aprendió el oficio en Roma, Italia, y pasó más de una década restaurando frescos, pinturas al óleo y mármoles para iglesias, museos y coleccionistas privados de toda Italia. Su trabajo de restauración más reciente, antes de regresar a Estados Unidos a abrir su estudio Fine Art Restoration en Nueva York, fue en el Vaticano. Ella ha restaurado pinturas del pintor Paris Bordone del siglo XVI (un aprendiz del pintor renacentista Tiziano) y del artista estadounidense Jean-Michel Basquiat del siglo XX.

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El Murillo desfigurado ha provocado una respuesta igual de incrédula y estupefacta que el fiasco del “Cristo Mono” de 2012, provocado cuando una parroquiana de 81 años del Santuario de Misericordia —una antigua ermita en Borja, España— intentó una restauración poco profesional de la pintura “Ecce Homo”. Los resultados motivaron el ridículo de todo el mundo, al compararse el retrato deformado de la figura religiosa de Jesús con un mono o una papa.

“Conozco la sensación”, dijo Rosen. “Puedo sentirla pensando: ‘Oh, solo un poco más, solo un poco más’, extendiendo ese color. Y luego, todo el maldito rostro se ha perdido. Ella no tenía 30 años de experiencia; fue de corazón. Y estoy segura de que estos restauradores de muebles pensaron de forma similar: ‘¿qué podría implicar?’”

Pero con 30 años de experiencia, Rosen sabe exactamente lo que implica una restauración profesional, que incluye algunas prácticas contrarias a la lógica que el siguiente limpiador de arte no entrenado debería tener en mente, aunque sería preferible si no hicieran el intento en primer lugar.

Las acciones de restauración empiezan con una limpieza, usando torundas de algodón para remover las capas de suciedad y el barniz amarillento que se halla en muchas pinturas antiguas. El siguiente paso se llama “consolidar”, que es el proceso de pegar pintura que se esté desprendiendo, quebrando o descascarando. Se aplican adhesivos especializados, como el gel Beva, con una espátula calentada, o inyectados, o o usados para perfilar alrededor de bordes sueltos para evitar que un aire corrosivo se filtre en el espacio entre la capa de pintura y el lienzo. El siguiente paso es rellenar, el cual Rosen comparó con “sellar un muro” con yeso.

“Rellenas doquiera que falta pintura”, dijo Rosen. “El relleno va a recrear la altura de la pintura circundante”.

Limpiada, consolidada y rellenada, la obra de arte ahora está lista para la pintura restauradora.

“La Inmaculada Concepción de El Escorial”, de Bartolomé Esteban Murillo, fue pintada en algún momento entre 1660 y 1665, y ahora es propiedad del Museo del Prado, Madrid. Foto: The Print Collector/Getty Images

Dado que la restauración del arte evoca métodos y materiales antiguos, es fácil asumir que los conservadores como Rosen son similares a personajes de Dan Brown, rastreando pinturas con siglos de antigüedad o usando alta tecnología forense. Pero restaurar pinturas dañadas en realidad requiere casi lo opuesto: la aplicación de materiales enteramente distintos a los usados en la pintura original.

“Nunca usas los mismos productos con los que se hizo la obra de arte original”, dijo Rosen. “Tengo la sensación de que en esta situación usaron pintura de óleo en una pintura al óleo. No puedes hacer eso; no puedes quitarlo”.

Para las pinturas al óleo, los conservadores usan colores de restauración, que se pueden disolver con acetona, en vez de la trementina usada para disolver pinturas de óleo. Para frescos en techos, Rosen en ocasiones ha empleado acuarelas.

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En restauración o conservación, todo lo que hacemos tiene que ser lo que llamamos ‘reversible’, lo cual significa que se puede remover sin dañar el original”, explicó Rosen, describiendo un principio fundamental de los conservadores, no solo con la pintura, sino también con el pegamento, barniz y cualquier otro material que se aplique. “Con los colores de restauración puedo ponerlos encima y se ve como pintura de óleo, pero luego puedo quitarlos, o ellos pueden quitarlos en el futuro, sin dañar el original”.

Incluso hay corrientes de pensamiento que argumentan en contra de empatar el color con demasiada perfección. Aun cuando algunos conservadores buscan la perfección en sus restauraciones, otros tratan de compensar sus modificaciones apenas lo suficiente para que se identifique a simple vista dónde se ha llevado a cabo una labor de restauración en una pintura. Por ejemplo, los conservadores pueden seleccionar colores con un matiz un poco más oscuro que el de la pintura original, restaurando la obra de arte a la perfección cuando se la ve a la distancia, pero revelando secciones alteradas al acercarse.

Pero aun cuando hay procesos y mejores prácticas que no se siguieron en el caso de “La Inmaculada Concepción de El Escorial” o el “Ecce Homo”, a veces todo se reduce a la experiencia. No hay un método a prueba de tontos para reproducir de manera fiable colores que empaten. Solo requiere de práctica.

Lisa Rosen limpia mosaicos en la Iglesia de San Ignacio de Loyola en la Ciudad de Nueva York. Foto: Lisa Rosen/Fine Art Restoration/Iglesia de San Ignacio de Loyola

“Eso son los años de experiencia”, dijo Rosen. “Ser capaz de empatar colores y crearlos en tu paleta con rapidez. Se requiere de años de hacerlo para que salga bien”.

Al principio de su aprendizaje, a Rosen le encargaron restaurar una mano izquierda. Después de pasar ocho horas en una sola pulgada de la pintura, su instructora regresó a la sala y borró todo su trabajo.

“Ella dijo: ‘No miraste la otra mano’,” recordó Rosen. “No estaba pensando en el maestro que hizo la pintura original. Estaba pintando una mano de Lisa Rosen”.

En su concentración excesiva de lo que necesitaba repararse, ella no había visto tan solo dos pulgadas abajo, a la otra mano, la cual podría haber revelado los métodos del pintor original, porque la meta del restaurador es imitar el original, pincelada por pincelada.

“Tienes que destruir tu ego”, comentó Rosen.

“No es tan fácil como ‘compra un tubo de color carne y apriétalo y ponlo en la pintura”, añadió ella. “Tienes que crear el matiz, pero nunca es solo ese matiz: tiene una pátina de tiempo, así que debes mirar las otras partes de la pintura y caer en cuenta de que no pintas para ti”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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