La tecnología mexicana que quiere ir al espacio... acompañada de Rusia


La tecnología mexicana que quiere ir al espacio… acompañada de Rusia



Estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de México presentaron en Rusia biopaneles solares que generan energía y oxígeno a partir de microalgas.

 

Un panel solar que además de energía genera oxígeno ha conquistado a autoridades en Rusia. Esta tecnología, desarrollada por mexicanos y que integra microalgas y nanofluidos, contará con el apoyo del gobierno de ese país para hacer sus primeras pruebas en el espacio, donde proyecta ser una alternativa para estaciones espaciales o futuras colonias humanas en otros planetas.

Las microalgas de este “biopanel solar”, creado por la empresa emergente GREENfluidics, hacen fotosíntesis con la radiación solar, generando oxígeno y absorbiendo dióxido de carbono, mientras que los nanofluidos transforman la energía térmica, un proceso similar al de los paneles tradicionales.

De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, en 2017 la energía solar representó alrededor del 2 por ciento de la producción de energía global, y está instalada mayoritariamente en servicios públicos. 

Entre las ventajas que encuentra el organismo está que se puede instalar en grandes plantas y que puede aplicarse en pequeños o grandes lugares.

Estos biopaneles tienen forma triangular para lograr una mejor adaptación y se espera que su instalación suceda en hogares, oficinas e industrias, mientras se mantiene el desarrollo para ambientes espaciales, explica Adán Ramírez, egresado de biotecnología por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y cofundador de GREENfluidics.

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Cada uno de ellos, dice, genera entre 160 y 170 watts por hora, energía que es almacenada en sistemas especializados, mientras que el oxígeno “podemos redirigirlo a una función que quiera el cliente, pero si queremos ser altruistas, se libera al ambiente”, dice Ramírez.

Las microalgas, explica el también ejecutivo tecnológico de la empresa, están vivas y cumplen un ciclo de nacimiento, reproducción y muerte que va de los 15 a los 30 días, y junto con los biopaneles se entregan nutrientes para que se sigan reproduciendo. 

Los desechos, llamados biomasa, se pueden utilizar para crear otros productos.

Miguel Mayorga, investigador y director de GREENfluidics, afirma que las microalgas que se utilizarían en los biopaneles serán nativas del lugar, pues no necesariamente las que funcionen en Ciudad de México sobrevivirían en Mérida.

Los biopaneles tienen forma triangular para lograr una mejor adaptación. Se espera que su instalación suceda en hogares, oficinas e industrias. Foto: GREENfluidics

“El diseño es adaptable y evolutivo. Las microalgas van a ir mejorando, las nanopartículas que se pueden incorporar cada vez van a ser más económicas y el sistema más eficiente”, comenta al respecto Mayorga.

Esto es especialmente importante en el espacio, comenta Mayorga, pues este desarrollo “puede funcionar en microgravedad, en una estación espacial es crítico no solo producir energía, sino absorber el dióxido de los astronautas y generar oxígeno, y que el subproducto pueda ser consumido ahí mismo”.

Otra aplicación para estos paneles solares sería en casos de desastres naturales, pues permitiría la restauración de energía y permitiría iluminar espacios, conectar dispositivos electrónicos e, incluso, podría ayudar a la mitigación de la huella de carbono.

Hasta la fecha, GREENfluidics no ha instalado biopaneles, pues espera que la producción a gran escala comience en 2020. 

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Sin embargo, ha cosechado reconocimientos de organismos e instituciones de todo el mundo.

De México a Rusia

Los biopaneles solares fueron seleccionados como uno de los diez mejores proyectos sostenibles del mundo, según el Global Green Grow Institute, además de uno de los cinco mejores proyectos de energía del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología.

En enero de 2019, la Agencia Espacial Mexicana, organismo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, anunció que apoyaría la salida al espacio de este proyecto, que posteriormente, en abril, se presentó en la Feria Aeroespacial México, en la Base Aérea Militar de Santa Lucía.

Ahí, comenta Ramírez, tuvieron contacto con la Universidad Estatal Aeroespacial de Samara, a través de la Embajada de Rusia en México.

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Cinco personas acudieron como parte del programa High Technology Management, que se realizó del 15 al 26 de agosto. “Cumplimos con sus expectativas y hasta cierto punto quedaron impactados. Ellos mencionaron que no habían visto una tecnología así antes”, dice. Ramírez añade que no tienen una fecha exacta para comenzar con los experimentos espaciales, pero que espera que se logre en 2020. 

“Nosotros nos sentamos con directivos, hicimos los acuerdos necesarios con esta universidad, sobre todo para acelerar la tecnología y llevarla al espacio pronto. Ellos tienen la infraestructura para hacerlo”, comenta.  

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