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Cuando llegan a Tijuana, los amigos foráneos de Lina Ojeda le preguntan por qué San Diego es verde y Tijuana es café.

Ambas ciudades forman parte de una región árida, pero en una predomina el concreto y en la otra se asoman generosos patios, parques y camellones de un verde brillante.

Lina es académica en el Colegio de la Frontera Norte y se especializa en el estudio de áreas verdes urbanas. Hace 32 años se mudó a Tijuana, y desde entonces no ha visto que se construyan nuevos parques grandes en esta ciudad.

Se refiere a alguno con las dimensiones del Parque José María Morelos, que tiene 62 hectáreas de extensión, o del Parque de la Amistad, cuya superficie es de 26.

La población de Tijuana crece y sus áreas verdes no se equilibran.

Pero una iniciativa del Consejo de Desarrollo de Tijuana (CDT) promete cambiar esto a través de un Sistema Metropolitano de Parques Urbanos.

Este proyecto consiste en la creación de 12 parques públicos en la zona este de la ciudad, que tomarán entre 6 y 12 años para finalizar.

Y a través del Ayuntamiento de Tijuana, ya se gestionan 200 millones de pesos para iniciar la obra en 2020, según Patricia Peterson, secretaria de Desarrollo Urbano, Territorial y Ambiental en Tijuana.

“Estamos en los últimos detalles y ajustes”, dice Peterson.

Cuenta que ya presentaron el proyecto a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y a la Secretaría de Cultura, y que esperan respuesta sobre el recurso a partir del primero de noviembre, cuando se determine el presupuesto de egresos de la federación.

El parque piloto de este Sistema se llama “Biosfera”, y es un ecocentro recreativo y deportivo que se alista en un predio de 10 hectáreas, cerca del bulevar 2000, frente a Plaza Sendero. 

Iniciarán ahí, porque es el primer terreno que pasa a manos del CDT.

“Grupo El Florido [un promotor inmobiliario] estuvo de acuerdo en hacer una donación anticipada de sus propiedades para desarrollar este parque”, dice Aarón Victorio, director del CDT.

Cuenta que recibieron este predio en comodato por 30 años, un tipo de contrato que permite la explotación temporal del espacio.

Contará con estacionamiento, un anfiteatro para eventos, canchas deportivas y tiendas de conveniencia.

“Estas unidades de negocio nos darán un porcentaje y cubrirán los gastos que necesitamos para que el parque sea gratuito y se siga dando el mantenimiento requerido”, comenta Victorio.

Es un esquema que ya ha sido probado en otros parques. Un ejemplo es el Parque La Mexicana en Ciudad de México, un espacio de 27 hectáreas que tiene locales comerciales.

La inversión para construir y mantener un parque suele ser percibida como alta y poco redituable, según la doctora en Medio Ambiente y Desarrollo, Lina Ojeda. Opina que ésta es una de las razones por las que no tenemos más parques en la ciudad.

Dice que los desarrolladores ven poca o ninguna oportunidad de hacer negocio con parques y áreas verdes, porque les restan espacios para vender otro departamento o casa. 

Y el Reglamento de Fraccionamientos del Estado de Baja California, ordena dedicar áreas verdes al menos en un 3% de la superficie vendible. 

“Lo relegan al lugar que me quedó residual porque no me da dinero, me quita dinero”, dice Ojeda.

A esto se suma que gran parte de la ciudad se construyó de forma irregular, así que el reglamento no es tomado en cuenta, según la investigadora.

“Además no hay nada en la ley que obligue al gobierno a hacer parques”, agrega.

Lo que sí puede hacer, es dar recursos para que otros construyan y mantengan.

El CDT aún no sabe cuánto costará el Sistema Metropolitano de Parques Urbanos, porque aún no están listos los proyectos ejecutivos para los 12 parques. 

Pero el parque piloto tendrá un costo de 240 millones de pesos.

“El tope de la aportación que vemos factible de la federación es de hasta 200 millones”, dice Patricia Peterson, secretaria de Desarrollo Urbano, Territorial y Ambiental en Tijuana.

“Los 40 o poquito más que se vayan a requerir tendrán que ser de algún fondo internacional o del mismo CDT”, agrega.

Los parques y áreas verdes ofrecen múltiples beneficios a las ciudades y a sus habitantes.

Aumentan la calidad de vida porque capturan la contaminación, filtran el aire y el agua, disminuyen la temperatura, y ayudan a controlar el ruido y a recargar los acuíferos, entre otras cosas.

Por eso que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda entre 9 y 11 metros cuadrados de área verde por habitante. 

En Tijuana, los números están por debajo de lo necesitado.

“Tenemos más de un 90% de déficit de área verde en la ciudad”, dice Aarón Victorio, director del Consejo de Desarrollo de Tijuana (CDT).

El Instituto Metropolitano de Planeación de Tijuana (IMPLAN) dice en un reporte que las áreas verdes sí han crecido, pero no lo suficiente. 

En los últimos diez años, la superficie verde aumentó en un 33%, pero “es mínimo en proporción al aumento poblacional”.

La ciudad tiene 332 parques en total, pero el espacio verde que aportan es apenas de 0.44 metros cuadrados por habitante, según el IMPLAN.

Una razón es que la mayoría de esos parques son pequeños. El 94% tiene una superficie menor a una hectárea.

“Es mejor tener parques más grandes. Sería mucho mejor atenderlos y podrías darles más seguridad”, dice la especialista.

Opina también que los nuevos parques deben apostar por una mayor diversidad de especies y plantas nativas, porque utilizan menos agua.

Cuando a Lina le preguntan por qué San Diego es verde y Tijuana no, ella responde que el condado estadounidense no tendría porque serlo.

“Gastaron mucha agua en grandes extensiones de pasto”, explica la investigadora.

En 2014, algunos distritos de California iniciaron campañas para invitar a disminuir el uso de agua para riego.

Ciudades como San Francisco se apoyaron en la frase de “Brown is the new green” (el café es el nuevo verde), para cambiar la percepción de sus habitantes.

En Tijuana, el CDT dice que usará aguas tratadas, limitará las zonas con pasto y plantará especies endémicas, porque se entienden con el clima desértico de esta región.

Aarón Victorio cuenta que tienen cuatro años planificando estos detalles y opina que el resto de la tarea quedará en manos de la ciudadanía, para que apoye el proyecto y visite los parques cuando estén listos.

“Es una obligación de la ciudadanía en general que nos apropiemos de estos espacios públicos, que los usemos y en cuanto eso suceda, exigir a las autoridades que ayuden para que los podamos conservar”, explica.

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