Jerusalén: Tierras no tan santas ambicionadas para construir hoteles


Jerusalén: Tierras no tan santas ambicionadas para construir hoteles



Cuando Mohammad Shweki, de 29 años, duerme, con frecuencia sueña que llegan varias excavadoras para derribar su casa.

Shweki es un panadero palestino que vive en el vecindario de Silwan, en Jerusalén Oriental. Silwan, un suburbio predominantemente musulmán a menos de 1 kilómetro al sur del Muro de las Lamentaciones y de la amurallada Ciudad Vieja, tiene alrededor de 50,000 residentes y parece más un poblado que una ciudad, con sus caminos de tierra y grava bordeados por olivos, y sus colinas atestadas de pequeñas casas de ladrillo.

Se cree que su necrópolis es uno de los cementerios más antiguos de Israel, y la Ciudad de David, que se cree que es el centro urbano de la antigua Jerusalén, se ubica en el vecindario de Wadi Hilweh, en Silwan.

Todo esto ha hecho que Silwan sea un bien inmueble ferozmente disputado, una representación microcósmica del conflicto entre israelíes y palestinos. Judíos y árabes dicen que ellos llegaron primero y cada uno acusa al otro de tratar de reescribir la historia. En Jerusalén, los israelíes y los palestinos tienen pocas interacciones que no sean de tipo comercial, a pesar de vivir unos al lado de los otros. El temor y la sospecha son parte de su vida cotidiana. Y varias excavaciones arqueológicas impugnadas, realizadas en Jerusalén Oriental, apoyadas por grupos israelíes y condenadas por los palestinos, junto con una gran afluencia de colonos judíos y un auge en el turismo, han aumentado las tensiones en Silwan.

Palestinos se rinden ante soldados israelíes, en 1967.
Foto: Pierre Guillaud/AFP/Getty

Israel tomó el control de Jerusalén Oriental de manos de Jordania en la guerra entre árabes e israelíes de 1967 y la anexó en 1980. Los palestinos, que consideran a la parte oriental de la ciudad como la capital de un posible Estado palestino, calificaron a esta acción como una ocupación ilegal. Naciones Unidas y la mayoría de los gobiernos del mundo están de acuerdo. Estados Unidos, que trasladó su embajada de Tel Aviv a Jerusalén en 2017, es una excepción notable.

Esta política e historia es intensamente personal para personas como Shweki. Él y otros palestinos de Silwan afirman que las autoridades israelíes han tratado, desde hace mucho tiempo, de obligarlos ilegalmente a abandonar sus tierras para abrir paso a los colonos y los desarrollos israelíes. Señala que su casa familiar, construida en 1996, ha estado sujeta a distintas multas y pagos por parte de las autoridades municipales de Jerusalén. Recientemente, Shweki se enteró de que su casa es una de las cerca de 700 en Silwan que serán arrasadas con excavadoras por el gobierno local en los meses siguientes.

Shweki dice que no sabe a dónde irán él y su familia de ocho miembros cuando la casa sea destruida. Esta es una fuente constante de tensión entre él y su esposa, señala.

En busca de antigüedades. Varias excavaciones arqueológicas impugnadas, realizadas en Jerusalén Oriental, apoyadas por grupos israelíes y condenadas por los palestinos, han aumentado las tensiones en Silwan.
Fotos: Gali Tibbon/AFP/Getty; Michael Reynolds/Pool/Getty

“Es mucha presión. Damos todo el dinero que tenemos para alimentarnos con tal de pagar lo que nos piden”, declaró Shweki a Newsweek en mayo pasado. “Es una constante presión mental y económica. Afecta nuestras relaciones personales y las relaciones entre la familia. No tenemos ni lo básico”.

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Las autoridades municipales de Jerusalén no respondieron a nuestra solicitud de comentarios.

La mayoría de las casas de Jerusalén Oriental están construidas sin permisos, en tierras que han sido propiedad de una sola familia durante muchos años. Pocas de esas familias tienen los papeles modernos que las autoridades municipales de Jerusalén exigen para la construcción de una nueva casa o la modificación de una ya existente. El gobierno puede legalizar las construcciones de manera retroactiva, pero pocas familias palestinas han logrado obtener esos permisos. De acuerdo con Naciones Unidas, al menos un tercio de todas las casas de Jerusalén Oriental carecen de un permiso de construcción. Quienes construyeron sin contar con este documento pueden esperar una multa o el embargo y demolición de su casa.

Los abogados de los residentes palestinos de Jerusalén Oriental afirman que lo que las autoridades están haciendo realmente es expulsar a los palestinos para abrir paso a los colonos y turistas israelíes.

Una casa casi totalmente demolida por una familia palestina debido a los costos municipales.
Foto: Mostafa Alkharouf/Anadolu Agency/Getty

Diana Buttu, abogada residente en Haifa, dice: “Las autoridades israelíes promulgan leyes y reglas en las que declaran que ciertas zonas de Jerusalén Oriental son áreas verdes o espacios abiertos en los que está prohibido construir, mientras que también expropian tierras para la construcción de asentamientos… Los abogados terminan dedicando mucho tiempo y energía, las familias gastan mucho dinero y sufren mucho tratando de combatir al sistema. Pero, al final, el sistema es prácticamente invencible”.

“Pagamos dos veces una multa y contratamos a un abogado y a un arquitecto”, declaró a Newsweek Hamza Moraya, de 28 años, y cuya casa será demolida este verano. “Todos los miembros de la familia cooperaron para pagar las multas. Gastamos dinero para obtener un permiso, de manera que se nos autorizara permanecer aquí. Pero, al final, nunca nos concedieron ese permiso”.

Moraya afirma que, hasta ahora, ha pagado alrededor de 135,000 shekels, es decir, cerca de 38,000 dólares, en multas. El salario anual bruto promedio en Jerusalén es de alrededor de 164,000 shekels, o 44,000 dólares, pero muchos palestinos ganan menos que eso.

Mientras tanto, unos 4 millones de turistas visitaron Jerusalén en 2018, un número elevado para una ciudad de menos de un millón de habitantes. El gobierno tiene planes ambiciosos para atraer a otros 4 millones de turistas para 2020, y promueve esta histórica ciudad como un destino turístico.

Construcción de un asentamiento judío. Foto: Mostafa Alkharouf/Anadolu Agency/Getty

Sin embargo, en Jerusalén no hay suficientes cuartos de hotel y espacios para alojar a la afluencia deseada de huéspedes. En 2018, el gobierno anunció que asignaría 13 millones de dólares a la excavación de la Ciudad de David, y otros 54 millones para conectar esta con Jerusalén Occidental por medio de un tranvía, en un esfuerzo para generar turismo que “refleje la herencia nacional del pueblo judío”.

“En Jerusalén Oriental, el gobierno desarrolla ambiciosos planes para construir una infraestructura turística en las partes palestinas de la ciudad”, se lee en un informe publicado este año por Amnistía Internacional y titulado Destination: Occupation (Destino: La ocupación). “Miles de residentes palestinos han sido amenazados con ser desalojados por la fuerza”.

Saleh Higazi, subdirector regional de la división de Oriente Medio de Amnistía Internacional, dijo a Newsweek que empresas estadounidenses como TripAdvisor y AirBnB sacan provecho de esta expansión.

“Resulta alarmante ver cómo empresas turísticas y de reservaciones en línea, como TripAdvisor, Booking.com, Expedia y AirBnB forman parte de esto”, dice. “Al mencionar y promover los asentamientos como un destino turístico, entre ellos los que existen en Silwan, esas empresas se benefician de una situación ilegal”.

El Hostal Petra fue vendido a una organización judía a favor de los asentamientos.
Foto: Ahmad Gharabli/AFP/Getty

TripAdvisor y Expedia afirman que su negocio es únicamente proporcionar información a los viajeros. “Nuestro objetivo es dar a los viajeros un panorama apolítico, preciso y útil de todos los alojamientos, restaurantes y atracciones que actualmente están activos en todo el mundo”, afirmó Brian Hoyt, vocero de TripAdvisor. Booking.com no respondió a nuestras solicitudes para hacer comentarios. Airbnb declinó comentar.

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Actualmente, parecen existir pocas opciones legales para los palestinos de Jerusalén Oriental que enfrentan el desalojo. Sin embargo, ninguno de los entrevistados por Newsweek tenía planes de irse. Moraya, que afirma que su casa podría ser demolida en cualquier momento, vive con 15 miembros de su familia en una casa erigida en 1998. La casa de su tío, que estaba en la acera de enfrente, ya ha sido demolida.

“Cuando derriben nuestra casa dormiremos en tiendas de campaña”, concluye.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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