Casos de cutting cuadruplican la demanda de atención en Puebla | Newsweek México


Casos de cutting cuadruplican la demanda de atención en Puebla

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El dolor puede escribirse en el cuerpo. Para un buen lector, las cicatrices ocultas son un mensaje y una revelación mayor que las que están expuestas. Quien se auto infringe cortes de la piel que esconde debajo de la ropa en sitios no accesibles a la mirada del otro, lanza un grito mudo sólo escuchado por quien está atento. Científicos sociales y especialistas clínicos coinciden en que el “cutting” o Autolesiones no Suicidas, también conocido Non-SuicidalSelf-Injury (NSSI) constituye un problema de salud pública que crece y avanza en la sombra.

No importa tiempo ni espacio, todas las historias clínicas implican el auto-corte, auto-pinchazos, o las auto-abrasiones por rasguños o fricciones repetidas, incluso auto-quemaduras. Cualquier objeto punzocortante sirve para realizar los cortes o marcas en brazos, piernas, abdomen o zonas erógenas. Navajas del sacapuntas, cutter, tijeras, reglas de metal, el compás, la punta de lápices o lapiceros, alfileres, agujas, clavos, chinchetas, cigarros encendidos, fósforos. Incluso una pulsera puede ser atada al brazo de manera permanente y sostenida para provocar laceración. “Prácticamente cualquier objeto es un arma para quien quiere lastimarse”, aseguran psicólogos y docentes que estudian el fenómeno.

Este 2018 la estadística de demanda de atención médica en casos de cutting o autolesiones no suicidas (NSSI) se cuadruplicó en Puebla. Datos oficiales en la Secretaría de Salud (SSA) revelan que el registro de 6.4 casos anuales en promedio desde 2008 se disparó a 24 casos en 2018. Hasta febrero de este año, ya se habían detectado cuatro casos nuevos, rebasando las incidencias hasta entonces advertidas.

Para Quetzalcoált Hernández Cervantes, coordinador en el Doctorado en Investigación Psicológica en la Ibero Puebla, la estadística referida esconde un subregistro de casos en un número aún más alarmante, según la literatura médica en el mundo,se estima que por cada evento de auto-lesión reportado hay al menos diez casos no registrados.

“Es factible un subregistro en cifras de la SSA, No es que el cutting haya aumentado, es sólo que ha hecho más visible. Las autolesiones con o sin intencionalidad suicida siempre han existido en todo rango de edad y con una incidencia sostenida”.

Explicó que gracias a la apertura cada vez mayor al apoyo psicológico, a iniciar tratamientos y a la consulta psiquiátrica, esta práctica ha sido cada vez más visibilizada. Citó que las redes sociales también han dejado ver el fenómeno, pues muchos jóvenes que afrontan estas situaciones publican este u otros eventos de riesgo. “Podría parecer que va en aumento, pero la realidad es que el fenómeno siempre ha estado presente”.

Según datos de la Secretaría de Salud referidos en cumplimiento de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, en los folios 0028314 y 00635719, el registro de casos documentados desde hace 12 años ha ido en aumento sostenido.

En 2008 se documentaron tres casos; en 2009 fueron nueve ; en 2010, cuatro ; en 2011, cuatro; en 2012, dos.

De 2013, al 2017 la incidencia de casos se mantuvo en nueve registros anuales, exceptuando el  2014, cuando se documentaron seis casos ése año.

El pico estadístico sucedió en 2018 cuando el registro de eventos de cutting llegó a 24 casos. En los meses de enero y febrero de 2019 la estadística cerraba con cuatro casos nuevos.

En cuanto a la edad, el rango mayor se presentó en jóvenes de 22 a 26 años, con 37 sucesos;en adultos de  27 a los 57 años se registraron 34 casos; en menores de edad, de 12 a 18 años, hubo 16 eventos y cinco casos de adultos mayores.

La edad más temprana de la estadística de la Secretaría de Salud se registró 2008 ocurrido en Atempan: de un niño de 12 años que se lesionaba y ocultaba sus heridas. En contraste, el caso más avanzado de edad se ubicó en 2017 con el caso de una mujer de 90 años en Tlacotepec de Benito Juárez, con la misma conducta.

El coordinador en el Doctorado en Investigación Psicológica en la Ibero Puebla aseguró que la edad de riesgo de éste síndrome es de 15 a 19 años, pero en México y Puebla se ha identificado con las primeras señales de alerta a niños que cursan entre el quinto y sexto año de primaria.

Hernández Cervantes sostuvo que es en la secundaria cuando las manifestaciones de autolesiones están presentes, con o sin intencionalidad suicida, y es en la preparatoria cuando se dispara el pico de mortalidad por suicidio. Sin embargo reconoció que las conductas de cutting están presentes en todo el ciclo vital.

Al respecto, Ivón Estela Martínez Hernández, coordinadora de Proyectos Virtuales de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) Online,sostuvo que a lo largo de su trayectoria docente, ha conocido la práctica del cutting desde hace 20 años, cuando fue testigo de dos casos.

Reconoció que el cutting representa un problema de salud pública que por lo oculto de la práctica avanza en las sombras, por lo que llamó a atender las señales de alerta y a no minimizar estos actos considerándoles pasajeros o inofensivos.

 

Cutting, en masculino

En la estadística de la Secretaría de Saluden la atención a personas que presentaban conductas de cutting desde 2008 a la fecha,destaca que en Puebla se documentaron 53 casos registrados por hombres y 39 de mujeres.

Quetzalcoált Hernández Cervantes, especialista en el tratamiento y la epidemiología en suicidio y autolesiones en niños y adolescentes, aseguró que las décadas de investigaciones en México al respecto han permitido identificar que éste síndrome afecta principalmente a hombres, echando abajo la falsa idea que son mujeres las más afectadas.

Refirió que estadísticas de Estados Unidos como en México, tanto las autolesiones con intencionalidad suicida como los intentos de suicidio y las muertes están en las primeras cinco causas de mortalidad, ubicando a hombres como el grupo más vulnerable.

“La relación es de una mujer por cuatro hombres. Sabemos que por cada mujer con conductas de cutting o de intento de muerte por suicidio, al menos hay cuatro hombres que lo presentan, aunque existen estudios incluso que citan que las cifras pueden llegar hasta la correlación de na mujer por cada diez hombres”, citó.

La cifra, dijo, debe considerarse en las políticas de atención, pues se ha identificado que son los hombres menores de 30 años quienes están en mayor riesgo de muerte violenta, explicó.

“Por supuesto tienen que ver con cuestiones culturales como la construcción del género. No en una idea de masculinidad tóxica sino como una respuesta aprendida al enfrentamiento de las emociones”, dijo.

Detalló que las mujeres tienen más recursos al alcance para enfrentar el sufrimiento. “Ellas son depositarias de más respuestas solidarias, generalmente de una red femenina”. Aseguró que los abordajes sociales al respecto son contrastantes pues mientras los hombres reciben el mensaje de señalamiento: “ni siquiera para eso eres bueno”, la respuesta social a las mujeres es de: “no estás sola”, “¿cómo te ayudamos?”.

 

Casos registrados a lo largo del territorio poblano

Las personas que practicaban el cutting y que llegaron a consulta o fueron atendidas por clínicas de la Secretaría de Salud en Puebla provenían de prácticamente todo el territorio poblano y no sólo de cabeceras municipales o grandes ciudades, aunque por la tasa poblacional, éstas entidades concentran más registros.

Puebla capital registró el 31 por ciento del total de los casos computados. Un adulto de 48 años en 2008, encabeza la lista. La incidencia de casos se advierte en Atlixco, Tlatlauquitepec y Tulcingo, con diez casos o más.

Con dos casos o más constan Ajalpan, Huauchinango Huejotzingo, Piaxtla, Tecometlán, Tehuacán, Teziutlán, Atempan, Ayotoxco de Guerrero, Coxcatlán, Huehuetla y Zacatlán.

Pero existen registros en Acatzingo, Chapulco, Chignautla, Cuetzalan del Progreso, Cuyoaco, Huitzilan de Serdán, Izúcar de Matamoros, Ocoycan, Palmar de Bravo, San Andrés Cholula, San José Miahuatlán, Tenampulco, Tlacotepec de Benito Juárez, Xicotepec, y Zaragoza.

Médicos consultados de la SSA que atendieron algunos casos -y que prefirieron el anonimato- reconocieron la falta de especialistas e infraestructura médica en Puebla para otorgar una atención de calidad.

En este sentido revelaron la doble carga para familias de escasos recursos al interior del estado que sufre estos padecimientos y que son referidos a centros de salud en cabeceras municipales. “El rezago al respecto es brutal”, reconocieron.

El psicólogo catedrático de la Universidad Iberoamericana también acusó que en México existe un grave problema de infraestructura en salud mental.

“En todo el país sólo existe un solo hospital psiquiátrico infantil en la ciudad de México. Fuera de la capital del país no hay otro centro médico con estas características, aunque desde hace cinco décadas se ha documentado ampliamente que es en las dos penínsulas las que más altas tasas de suicidio tienen, la respuesta auxiliadora es insuficiente”, asentó.

Refirió que en los estados de la república, incluido Puebla sí hay servicio de consulta externa y atención ambulatoria a niños y adolescentes, pero no hay servicio de hospitalización, tampoco hay unidades especializadas en suicidio ni especializadas en autolesiones. Incluso la tasa de paidopsiquiatras y de psicólogos especializados en el tema o suicidólogos en el país es reducido y concentrado en la ciudad de México, y la consulta de estos especialistas es costosa.

 

La herida: lo que une, también es lo que separa

Diversos textos clínicos apuntan que el NSSI obedece a funciones de afrontamiento, alivio de emociones insoportables y reducción de la tensión interna. NSSI también parece crear la ilusión de recuperar el control de lo que se experimenta como incontrolable y amenazante o de recuperar un sentido de la realidad. Puede hacer que el sufrimiento sea tangible al crear una manifestación física de un dolor psíquico difícil de representar mentalmente.

Se hace mención que quien se corta intencionalmente vive literalmente el filo de la navaja entre dos lógicas: una separación que -paradójicamente-también une. Un intento desesperado de llamar al otro con el que se ha roto. Un acto tan íntimo que se desborda en el exterior. Un medio para alejar al otro, pero también como un auto-castigo que se inflige a sí mismo por imaginar o desear la separación.

“La herida que separa dos bordes, es la separación entre uno mismo y el otro, entre la vida y la muerte. El uso de la puesta en escena parece permitir comenzar el trabajo de subjetivación, que no se ha logrado con éxito en la mente y que, por lo tanto, debe ser exteriorizado. Quien se corta puede desempeñar diferentes roles a la vez: en el corte, por ejemplo, la víctima se ve sangrarse pasivamente, el verdugo que actúa cortando y el espectador observando el espectáculo de un cuerpo mutilado que está siendo visto”, apunta la reciente publicación Front Psychiatry. 2019; The Quest for Meaning Around Self-Injurious and Suicidal Acts: A Qualitative Study Among Adolescent Girls, entre sus conclusiones.

Por su parte, Quetzalcoált Hernández Cervantes, coordinador en el Doctorado en Investigación Psicológica en la Ibero Puebla, insistió en que es un error estigmatizar las conductas y sólo encuadrarlas en un esquema de salud mental.

Señaló que ésta conducta debe desterrarse del ámbito médico, atribuible a una enfermedad mental y un destino biológico. El científico social consideró que se debe reconocer el fenómeno más bien en un marco “des-vínculo” social, pérdida del sentido de permanencia y falta de integración.

“Son situaciones que desbordan, no necesariamente de un medio violento. La migración sería un ejemplo, el desvínculo puede tener razones económicas más que desplazamientos forzosos. Cuánto le pega que a un niño la ausencia de un hermano, son dolorosas separaciones al interior del núcleo”, ejemplificó.

Para médicos de la SSA, el riesgo mayor está con las personas que no llegan a la clínica y que se están cortando la piel a escondidas pues pueden vivir este mecanismo sin lograr hablar, simbolizar, verbalizar o dar sentido al dolor que viven.

 

Lecturas lentas y cicatrices al alza

Los científicos sociales consultados coincidieron que quien se practica el cutting habla en acto, por lo que es básicamente un mensaje que puede ser implícito, sugerido por rastros en el cuerpo, incluso verbalizado pero siempre existen pistas, algunas explícitas y otras codificadas.

Quetzalcoált Hernández Cervantes sostuvo en entrevista que cuando se advierte que alguien cercano se autolesiona, se está llegando tarde a leer el mensaje, pues antes esa persona ya dejó muchas muestras o señales de alerta.

“Cuando nos hemos dado cuenta finalmente de lo que le pasa a ese alguien, hemos arribado tarde a la lectura. Ése texto siempre estuvo ahí, mostrándose.  Porque aunque la lesión es oculta siempre hay un rastro. Hay intuiciones de que algo está pasando pero hay resistencia para hacer la pregunta y enfrentarlo”, dijo.

Tanto Estela Martínez como Quetzalcoált Hernández aseguraron a este medio que por lo general estas lesiones no ponen en riesgo la vida, aunque pueden ser una alerta sobre el intento del suicidio. Existe evidencia de que quien ingresan a los hospitales por intentar quitarse la vida, se han autolesionado con anterioridad.

Aconsejaron la búsqueda inmediata de abordaje profesional y no minimizar la conducta o someterla a “buenas intenciones de ayuda” con personas que puedan empeorar el cuadro identificado.

 

Cutting, cien por ciento prevenible

Los médicos y científicos sociales entrevistados por este medio coincidieron en que este padecimiento es cien por ciento prevenible.

El especialista Quetzalcoált Hernández Cervantes aseguró que la mejor apuesta es la prevención que ocurre en la familia y la comunidad integradora. Enfatizó que de ninguna manera el cuttingo las autolesiones son un evento que no pueda ser irreversible, imposible de detenerse y tan absolutamente progresiva que no pueda interrumpirse.

Señaló que la suicidología tiene el precepto de que este padecimiento es cien por ciento prevenible, puso al acompañamiento y la escucha en el centro de la estrategia. “Incluso si se ha detectado la conducta debe acompañarse el tratamiento clínico con actos de una comunidad integradora, a veces puede ser más terapéutico el cambio de escuela, que familiares retomen el vínculo o replantear la cercanía aunque esto suponga repensar la ausencia por razones laborales”.

Hernández también sugirió abandonar la concepción simplista de abordaje de quien está sufriendo y pasando por esa situación. “Deben evitarse esas críticas de ‘quiere llamar la atención’, ‘lo hace por manipular’, ‘Es que no tiene límites’, ‘Es culpa de la crianza’. Ojalá pueda ser así de sencillo. Más que esclarecer, estos razonamientos entorpecen la solución”, dijo.

Para Ivón Estela Martínez Hernández investigadora en laUPAEP,una estrategia de prevención es que padres dejen de comunicarse con sus hijos sólo para dar órdenes y hacer cambios en esquemas y estilos de comunicación, incluso usando todo el abanico tecnológico a su alcance.

“Quizá por razones laborales padres estén ausentes, pero eso no impide una comunicación que puede darse a través de medios digitales, con grabaciones de audio para darmensajes de cariño y aprecio. Se pueden escribir cartas, abrazar a la menor provocación procurar cercanía física en cada minuto. Aconsejo mucha paciencia, en extremo”.

Sobre todo, dijo se debe ayudar a revertir la baja autoestima de los adolescentes que estén pasando por esa situación. Aconsejó observar suslogros y destacarlos, desarticular las críticas autodestructivas que pudiera tener de sí mismo. “Padres de familia, deben evitar emitir juicios de valor, tienen que asumirse en lugar de escucha y no de crítica y persecución”.

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