No necesitamos pertenecer para apoyar la causa LGBT+


No necesitamos pertenecer para apoyar la causa LGBT+

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Es menester de todos y cada uno de nosotros, independientemente de nuestra orientación o identidad, nuestra religión o creencia, frenar cualquier manifestación discriminatoria.

 

UN INGREDIENTE que no debe faltar al abordar temas relativos a la diversidad e inclusión es el de la tolerancia. Pero tolerancia entendida no como soportar o aguantar, sino como la relación armónica de nuestras diferencias, que es justamente la definición que tenemos en el Museo Memoria y Tolerancia, y cuya práctica resulta indispensable en momentos en los que la violencia, la agresión, la discriminación y el rechazo a lo diferente priman por encima del respeto y la aceptación.

No debemos olvidar que durante el nazismo no únicamente se perseguía a judíos, gitanos y testigos de Jehová. Alrededor de 10,000 homosexuales también fueron asesinados. Y no fue sino hasta el 2005 que por primera vez se erigió un memorial, en recuerdo a aquellos que murieron durante el holocausto nazi, a causa de su orientación sexual, el cual se ubica en Ámsterdam.

Quién hubiera imaginado que, a sus ocho años de apertura, el Museo Memoria y Tolerancia, situado en el corazón de CDMX, y que la mayoría de los visitantes ubica por abordar como tema principal los genocidios más terribles de los siglos XX y XXI, iba a contar entre sus exposiciones temporales con una cuyo lema abiertamente proponía “Salir del clóset”.

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Claro que la decisión ofendió a muchos, pero fuimos más quienes lo celebramos; gente de todas las edades acudieron a informarse y conocer más acerca de la diversidad, la inclusión, la otredad, buscando entender un poco más acerca de un tema que a todos de alguna u otra manera nos toca.

Unas 108,000 visitantes acudieron a “LGBT+ Identidad, Amor y Sexualidad” tan solo de CDMX, cifra récord para una exposición temporal y cuya inauguración ha sido la más concurrida hasta la fecha.

Estamos atravesando por un periodo crítico. Por un lado, vivimos un momento singular en lo que a apertura y respeto a la diversidad se refiere; hoy por hoy es legal el matrimonio entre las personas del mismo sexo; asimismo, en cuatro entidades del país una persona trans puede obtener en un par de horas su acta de nacimiento actualizada sin necesidad de entablar un juicio (Michoacán, Nayarit, Coahuila y Colima), pero, al mismo tiempo, somos, después de Brasil, el segundo país con más alto índice de transfeminicidios y crímenes de odio contra homosexuales.

De los 2,982 asesinatos de personas transexuales en el mundo, entre 2008 y 2018, 2,350 ocurrieron en América Latina. En Brasil, 1,238; en México, 408, y 145 en Colombia.

De acuerdo con cifras de Letra S, al menos 76 personas LGBT+ son asesinadas al año en México.

Por ello, resulta apremiante no bajar la guardia y continuar informando y sensibilizando a la población acerca de temas tan elementales como los derechos humanos y la lucha por la diversidad, la libre expresión y la inclusión.

Todos, absolutamente todos, somos corresponsables; es menester de todos y cada uno de los ciudadanos informarnos, sensibilizarnos y entender que no necesitamos pertenecer para apoyar la causa.

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Desde nuestra individualidad podemos hacerlo. Empezando por eliminar de nuestro vocabulario las ofensas, los chistes homofóbicos, los calificativos peyorativos, los adjetivos hirientes, las groserías y las burlas que, lejos de causar gracia, pueden significar una profunda y permanente herida para alguien más.

Promover una cultura de paz empieza por cultivar la empatía, por no ser indiferente al dolor ajeno. Por no quedarnos de brazos cruzados cuando se agrede verbal o físicamente al otro, aunque no sea nada mío.

Es menester de todos y cada uno de nosotros, independientemente de nuestra orientación o identidad, nuestra religión o creencia, frenar cualquier manifestación discriminatoria que pueda afectar a otra persona. No hay pretexto ni excusa. El mundo es diverso y esa diversidad nos engrandece. Seamos tolerantes y hagamos del diálogo y el respeto nuestra única elección.  

La autora es directora de Relaciones Institucionales del Museo Memoria y Tolerancia.

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