Ara Malikian, su violín y los garajes que lo salvaron de la guerra


Ara Malikian, su violín y los garajes que lo salvaron de la guerra

Malikian


El violinista español, de origen libanés y ascendencia armenia, se presentará a finales de mayo en la CDMX con su nuevo tour mundial “Royal Garage”, que incluye la participación de Andrés Calamaro, Enrique Bunbury y Serj Tankian.

SU PADRE era músico y tocaba con Fairuz, la famosa cantante del mundo árabe. Fanático del violín, al nacer su hijo, le colocó este instrumento en la barbilla.

Este simbólico acto determinaría el destino de Ara Malikian, el multipremiado violinista que con sus dos últimas giras, “15” y “The Incredible World Tour of Violin”, obtuvo el reconocimiento internacional.

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“Gracias a la música, gracias a mis sueños, siempre he podido salir de cualquier lado oscuro de la vida”.  / ESPECIAL

Cuando la guerra del Líbano estalló, en 1976, tenía ocho años, y gracias a la determinación de su progenitor encontró en la música una tabla de salvamento.

Su asistencia al colegio se fue haciendo irregular por causa de los recurrentes bombardeos en Beirut, su ciudad natal. Ara, junto con otros niños, recibía la instrucción de bajar a los sótanos de las viviendas, donde las personas se refugiaban a esperar que las tormentas de fuego pasaran.

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Fue en estos garajes, donde el chico de ascendencia armenia comenzó a hacer música con la gente ahí reunida: unos tocaban la guitarra, otros la percusión, otros bailaban y Ara tocaba su violín. Así hacían que la vida fuese amena pese al contexto bélico que los rodeaba.

También fue así como se inició su relación con los garajes. Esta palabra titula su reciente gira, “Royal Garage”, en recuerdo del lugar donde comenzó a disfrutar hacer música con público.

En víspera de su próxima presentación en la capital de México y otras ciudades de la república, Newsweek México conversó con Ara Malikian.

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“He tenido la suerte de hacer muchas cosas en mi vida, he podido tocar muchas culturas, muchos estilos”. / ESPECIAL

DESTINO GARAJE

La guerra en el Líbano duró más de dos décadas, pero Ara tuvo la suerte de poder emigrar a Europa en 1984. Era una época muy complicada para viajar, pero la música fue su ticket de salida de su atribulada nación.

Meses antes, el director de orquesta Hans Herbert-Jöris lo había escuchado tocar y fue él quien le consiguió una beca del gobierno alemán para estudiar en la Hochschule für Musik und Theater Hannover. Con 15 años, Ara fue el alumno más joven admitido en el prestigioso centro superior de estudios musicales. Luego ampliaría sus estudios en la Guildhall School of Music & Drama de Londres.

Su estancia en Hannover fue decisiva. En la ciudad alemana tuvo que tocar en distintos lugares para subsistir y poder pagar sus estudios. De hecho, tocaba en un underground similar al garaje de Beirut.

Años más tarde comenzó a trabajar en la orquesta de ópera de Madrid; curiosamente, cuenta, “mi trabajo era tocar en el foso”. Este hecho Ara lo leyó como el “estar predestinado a tocar en los garajes”.

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Si bien Ara conoció a Bach, Mozart y más música clásica por su papá, desde pequeño estuvo expuesto a lo que él denomina “las músicas del mundo, las tradicionales”.

De este modo se expandió su horizonte cultural y musical, se nutrió de múltiples influencias y tradiciones con las que fue conformando un estilo único de tocar el violín. “He tenido la suerte de hacer muchas cosas en mi vida, he podido tocar muchas culturas, muchos estilos, y no lo hice solo por probidad, sino por necesidad”, dice.

Todo ocurrió poco a poco. Al principio, en la academia en Hannover, todo era “muy clásico, muy conservador, muy tradicional”. Sin embargo, la necesidad de trabajar lo forzó a adaptar diversos estilos musicales. En las bodas, donde comenzó a tocar “por casualidad”, no querían escuchar más a Mozart o Beethoven.

Tampoco en los clubes adonde lo invitaban querían el mismo repertorio. Tocando con otros grupos y bandas, comenzó también a adentrarse en el rock. Al llegar a España descubrió el flamenco y en su primer viaje a México descubrió el mariachi. Cada visita a una ciudad o nación lo enriquecía y de ahí se inspiraba para crear nuevas piezas.

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“He tenido la suerte de hacer muchas cosas en mi vida, he podido tocar muchas culturas, muchos estilos…” / ESPECIAL

–¿Por qué decidiste radicar en España?

–Por comodidad. Estaba viviendo en el norte de Europa, entre Alemania e Inglaterra, y por primera vez hice una gira por España y me gustó; ahí descubrí una mezcla de muchas culturas. En España la cultura mediterránea estaba muy presente, también la occidental y, al mismo tiempo, la propia: el flamenco. Para mí era muy importante la conexión que tiene con Latinoamérica. Me abrió un mundo inmenso y me cambió la vida. Por eso me quedé ahí, para tener todos estos puentes, todos estos cocteles de cultura.

–Este eclecticismo cultural forma parte de tu nueva producción y en esta participan artistas como Andrés Calamaro, Enrique Bunbury y Serj Tankian.

–Este disco refleja lo que he hecho y trabajado en los últimos 20 años. He tenido la suerte de inspirarme de muchas músicas, muchos estilos, muchas culturas; pero para mí fue muy importante conservar mi propia personalidad. Cuando, por ejemplo, toco flamenco no intento tocar como los flamencos; tampoco toco tango como los tangueros, lo toco a mi manera, con mi propia personalidad. Me he inventado mi propia voz con todas estas músicas que me han inspirado. Muchas veces me he equivocado, pero, por lo menos, me he divertido muchísimo.

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–¿Has recibido críticas por no ser purista?

–Por supuesto que críticas uno recibe toda la vida y las críticas son buenas. Las que más escucho, siempre, son las del público, su reacción; me interesa menos la opinión del crítico que la del público, creo que el público nunca falla. Si estás en un concierto y el público no está muy entusiasta pues ya sabes, sin duda algo no está bien así hagan la mejor crítica del mundo.

Y agrega: “Después de un concierto, si el público está contento, feliz, y había una energía que te ha hecho feliz, pues aunque tengas una crítica malísima, eso ya es secundario. Mientras el público está feliz, para el artista es lo que importa… si tú estás feliz y el público también, todo lo demás es secundario”.

–En Inglaterra tocaste “Life in Mars” de David Bowie, nunca hubo una interpretación así…

–Es lo que intento hacer con el violín. Yo admiro a Bowie muchísimo, lo fui desde que tenía 12 años; pero cuando hago una versión suya no intento imitar su voz ni su versión, sería una equivocación… lo hago a mi manera, con las posibilidades, ventajas y desventajas que tiene el violín. Así “Life in Mars” se convierte en una pieza de violín que ha funcionado muy bien, es una puesta que he tocado por todo el mundo.

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“Gracias a la música, gracias a mis sueños, he podido salir de cualquier lado oscuro de la vida”. / ESPECIAL

MIGRACIÓN Y BELLEZA

–Recientemente se estrenó en España un documental de Nata Moreno sobre tu vida. ¿Cómo es ver tu historia en la pantalla grande?

–La verdad es muy emocionante que cuenten tu vida porque para ti tu vida es lo normal. He tenido mucha suerte porque pude salir de las dificultades y este documental que se estrenó en Guadalajara hace unos dos meses es un homenaje a todas las personas que sueñan hacer algo… intento contar mi experiencia para que otras personas vean que todo es posible.

–Dejar Líbano supuso aprender dejar atrás cosas que amabas…

–Absolutamente; era una época muy difícil, me fui a Alemania solo, sin mis padres, sin conocer el país, sin conocer a nadie, sin conocer la cultura… un niño de 15 años sin documentos… no estaba todavía tan maduro para saber qué se tenía que hacer o qué no debes hacer.

“A esa edad —añade— se atraen las cosas oscuras y obviamente a veces estás atraído, pero siempre, gracias a la música, gracias a mis sueños, he podido salir de cualquier lado oscuro de la vida; le agradezco a mi padre que me metió el amor a la música y al arte”.

–¿Cómo es en la actualidad tu día a día?

–No tengo cotidianidad, ningún día se parece al anterior porque viajo mucho y siempre tengo que preparar conciertos. Pero todos los días sin excepción estudio el violín, todos los días, aunque tenga viaje, aunque tenga conciertos o esté resfriado, intento mantenerme la forma practicando dos a tres horas al día. Como tengo todo el día música en mi cabeza, cuando intento relajar paseo por las calles y me encuentro con personas y simplemente disfrutar de no hacer nada.

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“Los artistas debemos de luchar contra las causas injustas y apoyar las causas humanitarias”. / ESPECIAL

–¿Qué hay de tu trabajo para la fundación Non Profit Music?

–Aparte del trabajo profesional, que bendigo mucho, hago proyectos humanitarios para ayudar a los que más ayuda necesitan; convivo mucho con los niños para que tengan mejor vida, mejor educación, que tengan acceso a la música, a la cultura, para mí eso es primordial porque lo he vivido también.

Además, dice, “me importa mucho la información sobre la inmigración; parece que la inmigración se volvió hoy una amenaza para cualquier país e intento decir que no es así: la belleza de un país es cuando más migración hay, porque ahí es cuando una sociedad crece, aprende cuando se dan y hay mezclas, creo que siendo artistas debemos de luchar contra las causas injustas y apoyar las causas humanitarias”.

–Vivimos tiempos complejos y se requiere enfatizar la importancia de no incitar a más a violencia, a más desencuentro, a no ver al otro como un problema, sino como algo que suma…

–Absolutamente. Hoy día, por desgracia, muchos líderes políticos hacen discursos muy racistas… genera desinformación, ningún inmigrante es una amenaza para un país, yo creo que es al revés. La migración ha existido desde que existe este mundo, cuando se inició este mundo no había fronteras y yo creo que tenemos que recibir a personas que viene de fuera, siempre con los brazos abiertos porque lo necesitan, hay que mejorar su vida porque han sido amenazados.

“Hay quien decide cambiar su familia, cambiar su hogar, y eso nosotros tenemos que respetarlo y debemos recibirlos con los abrazos abiertos”, remata.

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