Historiadora descubre verdad sobre víctimas de Jack el Destripador


Historiadora descubre la verdad sobre las víctimas de Jack el Destripador



CIENTOS DE LIBROS, películas y programas de televisión se han centrado en Jack el Destripador, el asesino en serie que mató a varias mujeres en Londres en el siglo XIX, y cuya identidad sigue siendo un misterio. Desde luego, se sabe quiénes fueron sus víctimas, pero se ha escrito muy poco acerca de ellas. En The Five: The Untold Lives of the Women Killed by Jack the Ripper (Las cinco: la vida desconocida de las mujeres asesinadas por Jack el Destripador), la historiadora social Hallie Rubenhold vuelve a contar la historia a través de los ojos de Polly, Annie, Elizabeth, Kate y Mary Jane, y al hacerlo, revela un nuevo giro.

“Jack el Destripador mataba prostitutas, o eso es lo que se ha creído siempre”, escribe Rubenhold. “Pero no hay pruebas contundentes que indiquen que tres de sus cinco víctimas hayan sido prostitutas. Tan pronto como se descubría cada uno de los cuerpos, en la oscuridad de un terreno o de una calle, la policía suponía que la mujer era una prostituta asesinada por un maniático que la había atraído a ese lugar para tener sexo. No existe, ni nunca ha existido, ninguna prueba de esto”.

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En la Inglaterra victoriana, el papel de la mujer era limitado. Cualquier mínimo indicio de impropiedad sexual significaba ser expulsada de la sociedad decente. “Una mujer pobre y desposeída que vivía en la calle, o que estaba sola en la noche, y que podría haber tenido problemas de adicción o haber sido separada de su familia, era considerada como moralmente arruinada”, declaró Rubenhold a Newsweek. “La policía estaba tan convencida de sus teorías sobre la elección de las víctimas que no lograron llegar a la conclusión obvia: el Destripador atacaba a las mujeres mientras dormían”.

A mediados del siglo XIX, más de 70,000 personas vivían en las calles de Londres. Muchas de ellas tenían problemas para ganar los cuatro peniques que necesitaban para alquilar una cama llena de pulgas en los cientos de casas de inquilinato de los barrios bajos del East End, un pequeño escalón por encima de los punitivos asilos para pobres y “pabellones informales”, donde los desposeídos podían desfibrar cuerdas viejas de barco a cambio de una cama y comida rancia. Si no podían pagarse una cama, muchas personas, entre ellas las víctimas del Destripador, se arriesgaban a dormir en la calle.

“La sociedad de la época era extremadamente clasista. Haber nacido mujer, y haber nacido pobre, era lo peor de lo peor”, señala Rubenhold. “Estas mujeres estaban atrapadas en la pobreza. Luchaban por su vida todos los días”.

Para Polly Nichols, la separación de su esposo bastó para llevarla a la vagancia, a pedir limosna y a tomar empleos temporales. Como revela Rubenhold, la investigación del forense se convirtió en una audiencia judicial “en parte, para determinar si la conducta de Polly la hacía merecedora de ese destino”.

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Esos informes de investigación, así como los incongruentes relatos periodísticos, habían proporcionado prácticamente toda la información de las víctimas hasta que Rubenhold comenzó a estudiar, entre otras cosas, las entrevistas realizadas en los asilos para pobres a los vagabundos que ingresaban en ellas. Descubrió que Kate Eddowes había abandonado su vida como obrera en una fábrica para recorrer el campo con Thomas Conway, que vendía panfletos con rimas e historias (ella tenía las iniciales de él tatuadas en su brazo). Juntos, escribían canciones sobre hombres y mujeres condenados y los vendían en las ejecuciones públicas.

Elizabeth Stride pasó grandes penurias en su nativa Suecia antes de reinventarse a sí misma en Inglaterra. Tras perder su empleo como trabajadora doméstica (posiblemente por una aventura amorosa con el hermano de su amo), inventó elaborados embustes para conseguir dinero, como fingir ser la sobreviviente del hundimiento de un barco, ocurrido en 1878, para recibir donaciones, y engañar a una modista, haciéndola creer que Stride era su hermana perdida. “Le mentía a todo el mundo”, dice Rubenhold. “Nadie sabía realmente quién era”.

Gracias a The Five, tenemos una mejor idea. Rubenhold logra hacer que estas mujeres tengan vida propia y que sus historias sean, en algunos casos, tan apasionantes como una novela picaresca. ¿Acaso la vida de Jack el Destripador habría sido tan interesante? 

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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