Muertes que dan vida: así ayuda donar tu cuerpo | Newsweek México


Muertes que dan vida: así ayuda donar tu cuerpo

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Al morir todos tenemos dos opciones: ser cremados o inhumados. Pero, ¿has pensado en donar tu cuerpo a la ciencia? La UNAM cuenta con un programa para el uso científico de cadáveres, ya sea para la docencia o la investigación médica y así contribuir al desarrollo científico del país.

 

CUANDO Yirah muera su cuerpo no será enterrado ni cremado. Pasará a las manos de profesores y estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ella firmó un contrato con la Máxima Casa de Estudios para entregar su cuerpo a la ciencia y así “servir después de la muerte”.

Yirah es parte del Programa de Donación de Cuerpos de la UNAM, creado en 2014, que busca fomentar la donación de cadáveres para la docencia y la investigación médica. Hace cuatro décadas ella fue estudiante de la facultad y sabe lo importante que es para los futuros médicos contar con cuerpos para aprender y practicar las técnicas quirúrgicas.

“Cuando era estudiante hice prácticas, donar mi cuerpo es como redituar lo que yo aprendí”, dice a Newsweek México. 

Las prácticas son importantes para reducir los errores médicos, que son la tercera causa de muerte en Estados Unidos, solo después de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, de acuerdo con datos de la revista British Medical Journal. En México no se tienen datos oficiales sobre el tema.

Yirah espera que su cuerpo sirva a los estudiantes y a la ciencia para analizar la degeneración de órganos o desarrollar prótesis de acuerdo con la anatomía del mexicano pues, comenta, todas son hechas en Alemania o Estados Unidos.

—¿Cuánto tiempo quieres estar en la Facultad?

—Quiero estar por siempre —responde sin dudar. Y luego explica que incluso cambió la cláusula del contrato con la UNAM para no solo permanecer unos años y luego ser incinerada, sino servir para siempre a la ciencia.

Al fondo las camillas donde se almacenan los cuerpos que están listos para las prácticas médicas. Cada cuerpo está cubierto con una tela y colocado en planchas individuales. Foto: Lizbeth Padilla

Su familia la apoya. “Ellos lo saben, mis hijos crecieron con la idea de que quería donarme”, incluso su nieto ya espera tener 18 años para poder inscribirse al programa.

Yirah no tiene miedo de lo que pase con su cuerpo después de morir, pues sabe que será tratado “con todo el protocolo y ética como si fuera una operación en una persona viva”.

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EL CUIDADO DEL CUERPO

En el anfiteatro de la Facultad de Medicina, el más moderno de América, y que tiene una capacidad para almacenar 500 cuerpos y puede manejar un flujo de hasta 2,000 cadáveres (entradas y salidas constantes) cada cuerpo es tratado con cuidado para su óptima conservación.

“Antes el anfiteatro era un cuartito iluminado con un foco de 40 wats, un cadáver aquí, otros tres apilados, una sola camilla y una media plancha. Era muy diferente. Era feo”, recuerda Yirah de su época de estudiante, hace unas cuatro décadas.

El nuevo anfiteatro es un espacio amplio y ordenado, con buena iluminación y sin olores fétidos como podría pensarse por el hecho de almacenar cuerpos.

Cuenta con varias estaciones, según el proceso que se realice con el cadáver: su preparación, su conservación y su destino final, pues también tiene un incinerador.

Los cuerpos son preservados en cámaras de congelación y reciben un tratamiento específico que depende de si será usado para la docencia o la investigación. Si se requiere estudiar los músculos debe tener mayor flexibilidad, explica el médico Diego Pineda Martínez, jefe del Departamento de Anfiteatro de la Facultad y responsable del Programa de Donación de Cuerpos.

Cuando el cadáver de un donante llega al anfiteatro, un médico legista abre su expediente y se le hace una media filiación que incluye el registro dental, de huellas dactilares y la toma de fotografías.

Esto, explica Pineda Martínez, es para tener datos por si en algún momento se requiere información del cuerpo.

Estación para limpieza de cadáver. Las camillas en donde se limpian y preparan los cadáveres previo a su uso. Foto: Lizbeth Padilla

El siguiente paso es preparar el cadáver e inyectarle una combinación de líquidos a través de las arterias para embalsamar el cuerpo.

Este se deja 24 horas en una camilla para que repose y drene el exceso de líquido, luego se lleva a la cámara de congelación que está a una temperatura de -18 grados centígrados, en donde permanece 15 días. Tras este procedimiento el cuerpo está listo para que los médicos lo usen.

“Los cuerpos ya tienen flexibilidad, ya no están acartonados como hace años. Las nuevas sustancias dan mejor textura. Se hizo el cambio (a los líquidos) para que no haya olor, no se use el formol, y no se usen tinas”, explica Pineda.

Antes los cuerpos se quedaban en tinas sumergidos en líquido para poder usarse.

En el anfiteatro los cuerpos no se encuentran hacinados o unos sobre otros, cada uno está en una camilla individual que se desliza sobre parrillas con rodillos para facilitar el desplazamiento, “es parte de la dignificación en el manejo del cuerpo”, añade el médico.

EL CICLO DE VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

El trabajo en el anfiteatro de Medicina está marcado por dos puertas: la de entrada por la que se reciben los cadáveres que serán preparados para su conservación, y la de salida, donde los cuerpos esperan en camillas su destino final.

Los cuerpos que llegan como parte del Programa de Donación tienen una vida útil variada, pues depende del tiempo que marca el contrato que la persona hizo en vida con la UNAM.

Estos cuerpos se llevan al incinerador del anfiteatro, que está a un par de metros de la puerta de salida. Las cenizas son entregadas a los familiares. 

Pero la facultad también recibe los cuerpos de personas no identificadas que no están relacionados con muertes violentas.

Cada mes, en promedio, llegan al anfiteatro de Medicina tres o cuatro cuerpos, aunque el número es muy variado, comenta el doctor Pineda. A veces pueden ser hasta 20, otras solo uno o dos. Entre donadores y los de personas desconocidas.

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La Ley General de Salud señala que si un cadáver no es reclamado por un familiar dentro de las 72 horas posteriores a la muerte o se ignora su identidad será considerado persona desconocida. Entonces será entregado a una institución educativa con fines de docencia e investigación.

La ley señala que los cuerpos serán utilizados durante un año siete días, después de ese tiempo tendrán que ser inhumados.

Yirah Martínez, donadora, y el doctor Diego Pineda, jefe del Departamento de Anfiteatro de la Facultad y responsable del Programa de Donación de Cuerpos. FOTO: LIZBETH PADILLA

Estos cuerpos salen del anfiteatro directo a una ambulancia que los llevará a su morada final: la fosa común.

ASÍ AYUDA TU CUERPO A LA HUMANIDAD

Aunque se pueden usar simuladores para las prácticas de los médicos, “nunca van a tener la alta calidad que tiene utilizar un cuerpo”, explica el jefe del Departamento de Anfiteatro.

Señala que gracias a la donación de cuerpos “mejoramos las habilidades quirúrgicas para disminuir los errores por falta de práctica.

“Nos ayuda a desarrollar investigación específica de población mexicana, sobre la que hay poco en la literatura”, como son características físicas y genéticas.

Las ventajas también se reflejan en el desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas que permiten a los pacientes tener una recuperación más rápida, explica Pineda Martínez.

Este conocimiento se volverá exponencial, pues un médico de especialidad aprenderá nuevos métodos que a su vez enseñará a sus compañeros en hospitales, volviéndose una cadena.

La investigación médica es otro rubro que se beneficia de la donación. Gracias a ella se pueden desarrollar nuevos tratamientos, técnicas quirúrgicas, dispositivos biomédicos, prótesis o estudiar padecimientos extraños.

Un ejemplo de cómo la donación de cuerpos puede dar valiosa ayuda a la literatura médica es el caso de la estadounidense Rose Marie Bentley, quien falleció en 2017 por causas naturales a los 99 años y donó su cuerpo a la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón (OHCU, por sus siglas en inglés), en Portland, Estados Unidos.

En la primavera de 2018 un grupo de estudiantes se disponía a analizar el corazón de Rose Marie cuando notaron que su anatomía no era para nada típica: padecía una condición rara llamada Situs inversus con levocardia.

Esto significa que su hígado, estómago y otros órganos abdominales estaban del lado equivocado, acomodados de derecha a izquierda, pero su corazón permanecía en el lado izquierdo del pecho, informó la universidad en un comunicado.

Rose Marie es, hasta ahora, la persona que ha vivido más tiempo con esta condición. Los otros casos reportados en la literatura médica son los de dos personas que vivieron hasta los 70 años.

El Situs inversus con levocardia ocurre aproximadamente una vez en cada 22,000 nacimientos y está asociada a enfermedades cardiacas y otras anomalías; sin embargo, Rose Marie no padeció ninguna enfermedad crónica, solo su artritis.

Le extirparon tres órganos durante su vida, pero solo un cirujano que le extrajo el apéndice registró su ubicación inusual en sus notas. 

Rose Marie le dio mucho a la ciencia gracias a su donación. Para los médicos que diseccionaron su cuerpo fue sorprendente lo que vieron, y para la medicina, una aportación valiosa sobre cómo una persona con esta condición puede tener una vida sana y normal.

Rose Marie y su esposo decidieron donar su cuerpo luego de leer un poema de Robert Noel sobre recordar a sus seres queridos después de morir:

“Dale mi corazón a una persona cuyo propio corazón no ha causado más que interminables días de dolor. 

Dale mis riñones al que depende de una máquina para que exista de una semana a otra”. 

La donación de cuerpos y tejidos también ha sido fundamental para el desarrollo de fármacos y tratamientos.

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Un ejemplo es el caso de la estadounidense Henrietta Lacks, quien murió de cáncer cervicouterino en 1951. Su médico, George Otto Gey, tomó una muestra de su tumor antes de someterla al tratamiento de radioterapia.

A partir de las células HeLa —como fueron llamadas en honor a la mujer— se han desarrollado medicamentos contra el cáncer, el VIH, vacunas para la poliomielitis, se han escrito más de 70,000 artículos científicos e incluso se han probado los efectos de sustancias tóxicas y otros productos.

Por décadas, estas células han ayudado a la investigación médica; sin embargo, se obtuvieron de manera poco ética: el médico de Henrietta nunca le informó o pidió consentimiento para tomar una muestra de su tumor.

Esto es lo que la UNAM quiere evitar con la donación consciente y autorizada de cuerpos.

LA DONACIÓN, UN PROGRAMA POR ‘ACCIDENTE’

El Programa de Donación de Órganos de la UNAM nació casi por accidente, narra el doctor Diego Pineda. 

En 2014, acompañado de arquitectos, Pineda visitó las instalaciones de varias universidades de Estados Unidos con el fin de retomar las mejores prácticas para reestructurar las aulas de disección y el anfiteatro de la Facultad de Medicina. 

Fue ahí cuando descubrieron lo bien que funcionaban en esas universidades los programas de donación de cuerpos.

Camilla en donde se limpian y preparan los cadáveres previo a su uso. Foto: Lizbeth Padilla

De vuelta en México comenzaron a trabajar en el proyecto, acompañados de abogados para saber si lo que querían hacer era legal en nuestro país: usar los cuerpos de donantes con fines docentes y de investigación.

El 10 de octubre de 2016 se lanzó el programa ya con una lista de 27 personas anotadas para donar su cuerpo. 

“Llegaba gente a la facultad a preguntar si podía donar su cuerpo, pero en ese momento no teníamos un programa, así que les pedíamos sus datos. Empezamos a hacer una difusión un poco local, entre los miembros del comité, platicando con nuestras familias, alumnos. Ahí se hizo un primer grupo interesado en la donación”.

En dos años y medio, el programa ya tiene casi 2,000 solicitudes.

A la UNAM ya llegaron 42 cuerpos de personas inscritas en el programa. La lista incluye personas de todas las edades, desde jóvenes hasta personas de entre 50 y 80 años. Algunos sabían que estaban enfermos e iban a morir.

Aunque el programa es ‘joven’, coloca a la UNAM como la institución líder en el país, pues la Facultad de Medicina es la primera escuela que cuenta con esta estrategia para la donación de cuerpos.

Otras universidades como la Autónoma de Nuevo León y la de Coahuila se han acercado ya a la UNAM para asesorarse y lanzar sus propias iniciativas. También lo han hecho escuelas de Costa Rica y Colombia.

“Una de las visiones que se tienen aquí es que no seamos el único programa en México. Que cada institución educativa tenga su programa de donación de cuerpos, porque hay otros países como Nueva Zelanda en donde cada que se crea una universidad que tiene ciencias de la salud es obligatorio que a la par se tenga un programa de donación de cuerpos”, explica el médico.

A escala Latinoamérica, México es el tercer país en implementar un programa de este tipo, solo después de Chile —que cuenta con dos programas— y de Brasil —que tiene uno.

Sin embargo, la región está rezagada si se compara con otros países. Tan solo en Estados Unidos y en Europa existen más de 100 programas de este tipo.

UNA FIRMA PARA DONAR

Incrementar las cifras de donadores es importante para la preparación de las nuevas generaciones de médicos.

En México hay 158 escuelas y facultades de medicina, de esas 67 son públicas y 91 privadas, de acuerdo con el Consejo Mexicano de Acreditación de Medicina.

De ese total, solo 34 recibe y practican con cadáveres, señala Diego Pineda. Si la UNAM no tuviera el programa y no recibiera cuerpos de parte de los institutos forenses solo ocho escuelas podrían hacer prácticas con cadáveres.

“Debemos tener cuerpos para que mejoren las habilidades para que no haya errores”, afirma el médico.

Donar tu cuerpo es sencillo: basta una firma dando tu consentimiento a la UNAM para que al morir se haga cargo de tu cadáver.

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Entre los requisitos están ser mayor de 18 años, no tener alguna de las tres enfermedades que la Secretaría de Salud marca como restricción para trabajar con un cuerpo por el riesgo de infección: tuberculosis, hepatitis C y VIH.

El cuerpo no debe estar relacionado con una averiguación por muerte violenta como un homicidio, suicidio o accidente.

“Si falleces en la calle y te hacen una autopsia y resuelven que fue un infarto y que no hay delito que perseguir y estás en el programa, está bien”, explica Pineda, pues no hay una investigación del ministerio público.

El donador puede elegir el tiempo que quiere permanecer en la institución antes de ser cremado y entregado a sus familiares. O permanecer por siempre, como lo eligió Yirah.

El incinerador es uno de los más modernos, pues solo emite vapor de agua mientras está encendido.

Médicos de la Facultad dan una plática informativa a los interesados, si se deciden a ser donadores, deben acudir con testigos para la firma del contrato, pues estos serán quienes den aviso a la UNAM al momento de la muerte.

Ser donador de órganos no impide inscribirse a este programa.

Pero el requisito más importante, señala el doctor Pineda, es “tener la firme convicción de donar”.

“Personalmente creo que lo que no pude hacer en vida tal vez lo pueda hacer en la muerte, contribuyendo con la ciencia del país”, pues el Programa de Donación de Cuerpos es una alternativa más después de la muerte, dice su titular. 

“Todavía muerto va a servir uno para que aprendan los médicos. Para que hagan prácticas. Espero que todavía muerta sirva para algo”, dice Yirah.  

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