Sufrir un abuso sexual, decidir denunciarlo y encontrar más obstáculos


De la violencia sexual a la violencia de la revictimización

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LA EXPERIENCIA de las organizaciones que realizan acompañamiento a mujeres encuentra una situación común para las víctimas de un delito: la impunidad.

Morras Help Morras es una asociación civil basada en Aguascalientes que desde 2013 maneja diversos temas que van desde la prevención del embarazo en zonas marginadas de la ciudad hasta el acompañamiento a mujeres que desean realizar una acción legal.

Dahlia de la Cerda, integrante del colectivo, ha sido testigo de la revictimización que las autoridades hacen en el cumplimiento de lo que debería ser, por ley, su obligación.

Relata que actualmente acompaña a una menor de edad víctima de violación y que, a pesar de que el proceso apenas lleva mes y medio, ha sido cansado por la apatía con la que son tratadas por las autoridades.

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La carpeta de investigación se encuentra en integración, hubo varias omisiones y no se le aplicó la NOM046 —una norma oficial que refiere en uno de sus apartados la prestación del servicio médico de la interrupción del embarazo—, porque en el centro de salud les dijeron que eran objetores de conciencia, es decir, que sus creencias les impedían aplicar la norma. Sin embargo, de acuerdo con la propia norma, los hospitales deben tener una lista de los médicos que no son objetores.

Dahlia platica que desde que pisaron las oficinas del ministerio público les dijeron que no era un asunto de su competencia. La víctima ha tenido que contar su historia a mucha gente: al personal del ministerio público, al médico legista, a una psicóloga, a una forense y a muchos otros funcionarios vinculados con los procesos legales.

Repitió una y otra vez cómo fue abusada sexualmente, lo que provocó que reviviera la experiencia y no se cuidara su estado psicológico, comenta Dahlia. En lugar de que los servidores públicos recabaran elementos para poder solicitar una orden de aprehensión —entre ellos el diagnóstico de una psicóloga forense que dictaminó que hubo un abuso sexual—, le dijeron que varias partes de su historia no coincidían.

Además, agrega, hace un mes le pidieron su celular y la regañaron porque borró algunas conversaciones personales que tenía en su Facebook porque “estaba ocultando algo”. Actualmente la menor ya no acude al procedimiento, pues se sintió revictimizada e incluso la criticaron duramente por salir de noche.

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Dahlia relata que los fines de semana hay personal del MP que no trabaja. Si una mujer llega a interponer una denuncia por violación y no hay quien pueda atenderla, le piden que no se bañe todo el fin de semana, para las muestras del ADN.

“Más allá de las medidas punitivas que no garantizan el acceso a la justicia, tampoco hay medidas de reparación del daño y no repetición”, dice.

Ella también ha estado en el lado de las víctimas. Un examigo intentó abusarla sexualmente, pero ella le reventó una botella en la cabeza. Llegó a denunciar golpeada, con moretones, con los labios reventados y la blusa y las medias rotas.

La respuesta del ministerio público fue que, si los dos habían estado bebiendo, era un asunto de particulares, no un intento de violación.

“Si le prendiste el bóiler era obvio que se iba a enojar, podría ser un atentado al pudor y no vale la pena darle seguimiento, mejor contrata a alguien que lo vaya a golpear”, le dijeron.

Dahlia considera que el movimiento #MeToo en México no se va a quedar solamente en gritar los nombres de los agresores como mucha gente piensa porque “hay varios grupos de mujeres tanto activistas como escritoras de diversos ámbitos que se están organizando para que no quede solamente en el ejercicio catártico y se puedan generar soluciones desde varios niveles que van del colectivo, al individual e institucional para combatir el acoso.

“La mayoría de las víctimas quieren una disculpa, que sus agresores acepten el daño y que se traten de una manera psicológica para que desaprendan la violencia”, concluye Dahlia.

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NO TODA LA VIOLENCIA ES COMPROBABLE

No todos los tipos de violencia contra una mujer son fáciles de probar cuando se pretende interponer una denuncia, lo que complica realizarla.

La falta de tiempo y recursos para continuar un proceso legal sin un apoyo adecuado desanima muchas veces a la víctima, quien en algunas ocasiones ni siquiera acude al ministerio público.

Ruth Fierro Pineda, coordinadora general del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (Cedehm) en Chihuahua, comenta que han manejado asuntos donde comprobar una agresión se complica.

Expresa que han tenido casos donde un agresor tiene comportamientos como marcarle a una mujer a todas horas sin decirle nada con carácter sexual, pero la conducta se repite de manera constante, o bien el agresor la espera en los lugares donde sabe que su víctima va a estar.

Este tipo de actitudes no son perseguidas por las autoridades, lo que imposibilita solicitar alguna medida de protección para evitarlas, por ello la urgencia de que sean tipificadas por el Congreso, según Fierro Pineda.

Explica que otra violencia difícil de comprobar porque es muy sutil es la psicológica, y se da en actos como el descalificar todo el tiempo de manera no tan evidente, pero con una postura de “me preocupo por ti, pero no te das cuenta”.

Describe que mucha de la violencia contra las mujeres sucede en el ámbito privado, lo que complica una obtención de pruebas porque no hay presencia de otras personas.

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Ruth Fierro afirma que, aunque empiece a visibilizarse que las mujeres viven en una situación de violencia y se comience a ponerle nombre a lo que viven, en muchos casos no tienen la posibilidad de informarse, viven violencia y no la identifican como tal, solo saben y sienten que es algo que les incomoda.

“Otro problema es que muchas veces piensan que es su culpa. Esto es gracias a la cultura que nos rodea y normaliza la violencia. Una lo justifica diciéndose a sí misma que así son los jefes, así son los amigos cuando son hombres y el contexto nos hace pensar que es natural”, asevera.

Otra razón importante es que algunas veces las mismas personas alrededor de la víctima le dicen que no denuncie, que se van a meter en más problemas, que la pueden correr de su empleo (cuando la violencia es en el trabajo). También se les chantajea emocionalmente con frases como “piensa en tus hijos”, cuando el agresor es el padre.

Ruth explica que, cuando una agresión sale a la luz, la sociedad se centra en preguntar por qué la víctima no denuncia, “siento que no se cuestionan la razón por la que los hombres continúan agrediendo”.

Pero una vez denunciado un hecho, es difícil enfrentar todo el proceso legal y jurídico. La defensora de derechos humanos explica que es cansado y desgastante. “Ocupa tu tiempo, tu mente, tus emociones y si, aunado a esto, se sabe que en pocos casos se puede acceder a la justicia y que cuando se llega a un juzgado puede que no condenen a la persona, son factores que desaniman”, añade.

Al denunciar llegan nuevos problemas aparte de la excesiva burocracia, las horas de espera, las vueltas a donde sean citadas por la autoridad, lo largo del proceso y el comprobar los hechos.

Ruth agrega que otro factor que impide tener acceso a la justicia es que muchas veces los operadores de justicia no cuentan con la sensibilidad y perspectiva de género suficiente para una impartición de justicia como se debe, la justicia cada vez se ve más distante.

“Hace muy poco nos topamos con una mujer que fue golpeada por su pareja y sometida a tener relaciones sexuales contra su voluntad. La Fiscalía General del Estado actuó bien, pero el juez resolvió que era evidente que no había sido una relación de consideración. Ahí se tomó en cuenta la palabra del hombre, por ello necesitamos operadores de justicia preparados. Hemos avanzado mucho, pero aún tenemos camino que recorrer”, finaliza.

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LAS DENUNCIAS FALSAS POR VIOLENCIA SEXUAL, UN MITO URBANO: CASA MANDARINA

“Te creemos”, “No fue tu culpa” y “No estás solx” son las frases con las que abre la página web de la Casa Mandarina, organización que se ha encargado de defender y acompañar a víctimas de violencia sexual en general desde el año 2000.

Mora Fernández, directora y fundadora de la Casa Mandarina, es sobreviviente de abuso sexual infantil y decidió abrir la institución para darle apoyo a las personas que pasaron por lo mismo y que necesitan sanar un trauma.

En 2010, iniciaron el primer Programa de Atención y Acompañamiento a Víctimas de Violencia Sexual y Doméstica en la Ciudad de México, ya que no existía conciencia social, servicios o información que pudiera explicar el impacto que la violencia sexual deja en una persona.

Su principio básico: creer en la víctima. Mora dice que desde que se acercan a ellas se le escucha y no se le cuestiona la experiencia vivida, pero que, para poder continuar con un proceso legal gratuito, se sigue un protocolo para una mejor actuación.

Afirma que el proceso de la denuncia es largo, cansado y agotador, donde antes de llegar con un juez, la sociedad es la primera que juzga.

“Mucha gente por negación cuestiona todo cuando se trata de violencia sexual. Todo mundo quiere pruebas y son duros con la víctima, no con el victimario que es la persona que debería estar en el centro de la atención, pero nadie inventa esto, nadie quiere ser abusado ni estigmatizado. Desde el inicio se debe de creer en las víctimas”, añade.

En lo que respecta a las denuncias falsas, Mora dice que desde que inició su organización no ha recibido un testimonio falso.

“Estimamos que el 2 por ciento de las denuncias son falsas, entonces ¿por qué no mejor nos ocupamos en el otro 98 por ciento en lugar de especular lo que no ha pasado? Culpamos a las víctimas y no vemos el lado de la persona que fue la agresora, las culpan a ellas. Tenemos que hacerles entender que no fue algo que provocaron, que el tomar alcohol o el que una persona abuse de su confianza no es algo que ellas iniciaron, nadie quiere ser maltratado”, añade.

También comenta que leyes en México están muy bien escritas, pero donde falla es en la impartición de justicia y en la aplicación de la ley.

Otro de los problemas que enfrentan asociaciones como Casa Mandarina es la falta de fondos. Considera que la razón es que el tema no es algo de lo que la gente quiere hablar o verse involucrada. Prefieren cooperar en causas donde la ayuda puede ser más vista, en lugar de un problema que es invisibilizado y visto con vergüenza.

“Para todas las sobrevivientes que están alzando la voz y para las que siguen en silencio, deben saber que la valentía viene en muchas formas. A veces es suficiente con que se levanten cada día. Recuerden que no están solas”, concluye.

Con información de Marie Stopes México.

 

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