Jalcomulco, el pueblo que ha defendido un río | Newsweek México




En el marco del Día Mundial del Agua, que se celebra el 22 de marzo, damos a conocer la historia de los pobladores de Jalcomulco, en Veracruz, quienes tras un lustro de resistencia han aprendido lecciones sobre cómo proteger el cuerpo de agua que les da de comer, pero que aún temen perder.

 

–Yo hablo con el río

–¿Y qué te dice?

– Que está confundido.

Y tomándose la licencia de personificar la voz del río Los Pescados, Sandro continúa: “por un lado me dicen que soy importante, y por otro lado me quieren poner una soga, un torniquete, una presa”.

Sandro Alejo nació, creció y vive con su familia en Jalcomulco, una comunidad ubicada en la zona central del estado de Veracruz de 5,154 habitantes, como la mayoría, se dedica al campo, al ecoturismo de aventura y, actualmente, es integrante del Colectivo de Pueblos Unidos de la Cuenca la Antigua por Ríos Libres (PUCARL), una organización conformada ante la amenaza de la construcción de una gran presa hidroeléctrica que, desde 2010, está latente.

El pueblo está rodeado por montañas que moldean el movimiento serpenteante del río, el principal medio de subsistencia de la población, pues desde hace un par de décadas se ha convertido en un espacio privilegiado de ecoturismo de aventura. Prácticamente la totalidad de actividades productivas, culturales y económicas se ligan al caudaloso cuerpo de agua, uno de los dos ríos que tiene la cuenca hidrológica Río La Antigua, situada en la porción central del estado, y considerada por la Comisión Nacional para la Biodiversidad (Conabio) como región hidrológica prioritaria gracias a su aportación promedio anual de 2,000,817 millones de metros cúbicos.

Hasta hace poco, la cuenca contaba con un decreto de veda emitido por Lázaro Cárdenas que, desde 1935, prohibía el uso y aprovechamiento del agua. Pero a partir del 5 de junio de 2018 —por decreto presidencial de Enrique Peña Nieto— La Antigua es una de las, aproximadamente, 300 cuencas del país donde se elimina la veda, y pasa a ser zona de reserva. Es decir, que ya no existen más impedimentos para el aprovechamiento, extracción de agua y otorgamiento de concesiones. Una condición que, a decir de varios expertos, representa un potencial impacto negativo social, económico y ambiental en toda la región.

“Estos últimos cuatro, cinco años le digo ‘no te rajes, nosotros no nos vamos a rajar, pero tú tampoco´ y aquí estamos empujando el uno al otro, así todos en conjunto”, me dice Sandro mientras tomamos agua de jamaica en el restaurante Beto´s, el mismo lugar donde a principios del 2010, los lugareños escucharon por primera vez la noticia de un plan para construir una hidroeléctrica, gracias a la indiscreción de un grupo de trabajadores que llegaron a comer al restaurante dejándoles, incluso, la información del proyecto en una USB.

Desde entonces, la organización para defender el río ha sido firme. A pocos días de haber tomado posesión, el presidente Andrés Manuel López Obrador señaló que para su gobierno sería prioridad modernizar las 60 hidroeléctricas que hay en México y que no hay intención de construir nuevas. Los jacomulqueños prefieren no cantar victoria. Saben que existen proyectos de minihidroeléctricas en la región que tienen el potencial técnico de impactar negativamente en el ambiente pero, sobre todo, han aprendido que la resistencia, debe ser constante, como el mismo fluir del río.

PROTESTAS PARA CUIDAR EL AGUA: Los pobladores de Jalcomulco aseguran que no bajarán la guardia. Foto: Citlali Aguilera

UNA SOLUCIÓN Y MUCHOS PROBLEMAS

Desde hace cinco años, poco a poco la gente comenzó a enterarse de que el proyecto estaba a cargo de la trasnacional Odebrecht en convenio con el entonces gobernador, Javier Duarte de Ochoa. Se trataba de la construcción de una infraestructura hidroeléctrica de 100 metros de altura y 700 metros de ancho con un embalse de aproximadamente 400 hectáreas para almacenar 135 millones de metros cúbicos de agua.

Según se especifica en la Gaceta Legislativa del Gobierno del Estado de Veracruz No. 142 del 12 de marzo de 2013, la finalidad era “alimentar de energía eléctrica a la región” al generar 70 megawatts, además de “subsanar el déficit de agua que tiene Xalapa”, la capital del Estado, localizada a 41 kilómetros al Noroeste de Jalcomulco, con una población de 424,755 que, según La Comisión Municipal de Agua Potable y Saneamiento de Xalapa (CMAS), demandan diariamente 200 litros de agua por persona.

Ahora bien, Jalcomulco se encuentra a una altura menor a 500 msnm y Xalapa está a 1,417 msnm, es decir, la presa quedaría por debajo de Xalapa, lo cual implicaría una elevación significativa en los costos para transportarla.

Que el agua del río Los Pescados satisfaga esa demanda, traería graves consecuencias para la región. La Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente en su informe “Grandes represas en América” menciona que la construcción de una presa trae consigo pérdida irreversible de especies y ecosistemas; empeoramiento de la calidad y salubridad de las aguas tanto río arriba como río abajo por la modificación artificial de las cuencas hidrológicas así como impactos en el cambio climático por el aumento en la emisión de gases efecto invernadero causados por la descomposición de materia orgánica inundada por la obra, por mencionar algunos.

Menciona el PUCARL que la construcción de una hidroeléctrica impactaría el 90 por ciento de las actividades económicas de la población. A pesar de ello, eso no era lo peor, por lo menos en lo inmediato, sino que la hidroeléctrica significaba que el pueblo quedaría sumergido bajo las mismas aguas que lo vieron nacer.

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LAS GOLONDRINAS

El 20 de enero del 2014 pintaba para ser fatídico. Ese día se vencía el plazo para que la empresa Odebrecht, junto con el gobierno veracruzano entregara la investigación de factibilidad a las autoridades competentes y obtuvieran luz verde para la construcción.

Por si no bastara, la maquinaria contratada por la empresa ya había comenzado a trabajar sin contar con los permisos requeridos. Ante estos hechos, decenas de hombres y mujeres —algunos con las caras cubiertas, otros con machetes— acompañados por un mariachi que tocaba “Viva México” bloquearon la carretera Tuzamapan-Jalcomulco a la altura del predio Tamarindo, el mismo lugar donde se encontraba la maquinaria. Ya bloqueada la carretera y entonando “Las Golondrinas” la manifestación hizo que la maquinaria se detuviera. Simultáneamente a esto, otra parte de la resistencia bloqueaba la autopista federal Veracruz-Xalapa con la solicitud de poder entablar un diálogo con el gobierno que hasta esa fecha no había sucedido.

Alrededor de las 3 de la tarde, en el bloqueo Tuzamapan-Jalcomulco, se presentó un camión del ejército con decenas de soldados que se retiró poco tiempo después en medio de la consigna “no a las presas”. Fue ese día y en ese mismo lugar donde se estableció el campamento “Centinelas del río” que sigue vigilante hasta la fecha.

EL CAMPAMENTO

Son las 12 del día cuando llego al campamento. El sol intenso del mediodía se diluye bajo las copas de los árboles. Se acaban de cumplir cinco años de resistencia. De un lado de la carretera observo a cuatro personas haciendo guardia junto a la imagen de la virgen de Guadalupe y la bandera de México; del otro, encuentro a Alejandro Gallardo, integrante del comité organizador de PUCARL, quien junto con varias personas están chapeando -podando y limpiando el monte con machete- a un lado del campamento como parte del mantenimiento del espacio donde hay celdas solares, baño, cocina, horno, leña, fogón y un cuarto.

A mitad de la carretera se encuentra un señor campesino, de mediana edad, piel curtida y complexión fuerte; atento a extender un bote de plástico de boca ancha para cuando se aproxime algún automovilista y guste brindar unas monedas, esta es la principal forma de subsistencia del campamento.

Alejandro me platica que “cuando todo comenzó el enemigo no tenía ni nombre ni rostro. Mandaron a consultores para medir impactos ecológicos y a sociólogos para preguntar sobre la comunidad, a mí me preguntaron si estaríamos dispuestos a ser reubicados, les dije ¡jamás! ¿Quién me va a sacar de mi casa? no pueden y no deben. Y si se empeñan en hacer la presa va a haber conflicto. Esa misma persona que me visitó en mi casa —tu casa— me la topé en el Congreso del Estado cuando pedimos aclarar las cosas, era el representante de la empresa, le dije: quihúbole, amigo, te dije que esto iba a pasar”.

“Se meten con engaños, se meten con una veda que todavía protegía al río, no les importa porque tienen la complacencia de las autoridades […] Por eso nosotros dejamos de creer en las instituciones que se supone están para defendernos a nosotros, a la naturaleza, los animalitos. Entonces por eso es importante luchar”.

Foto: Citlali Aguilera

LA APUESTA MEXICANA

La primera presa hidroeléctrica construida en territorio mexicano fue en 1889 sobre el río Batopilas en Chihuahua, para que pudiera abastecer de energía eléctrica y agua a una minera.

Durante 48 años, empresarios extranjeros instalaron hidroeléctricas y comercializaron con el producto en territorio mexicano hasta que, en 1937 —un año antes de la expropiación petrolera— se creó la Comisión Federal de Electricidad (CFE), fue así que la generación de energía eléctrica pasó a manos del Estado mexicano.

Sin embargo, el gobierno de Luis Echeverría decidió optar por las centrales termoeléctricas las cuales utilizan combustibles fósiles debido a la factibilidad económica para las finanzas públicas del Estado en ese entonces.

Según el último Balance Nacional de Energía, el 79.7 por ciento de la energía producida en nuestro país se genera con las tecnologías de termoeléctrica, ciclo combinado, carboeléctrica, turbogás, combustión interna y lecho fluidizado, estos sistemas se consideran con altos y graves impactos planetarios, entre muchas cosas, por su emisión de gases de efecto invernadero que contribuye al cambio climático.

Entonces, ¿por qué si la generación de energía en México está basada en fósiles se construyen hidroeléctricas? Al respecto, Ignacio Daniel González Mora, subdirector del programa agua de WWF México y cocoordinador de la Red Mexicana de Cuencas comenta que “México es uno de los países que firmaron para que pudiera reducirse las emisiones de gases de efecto invernadero, el sector energético emplea muchos combustibles fósiles para transformarlos en energía eléctrica”.

Aunado a eso “tenemos una brecha de generación de energía eléctrica como país —entendiéndolo desde la lógica del desarrollo—, pero firmamos que ya no podemos estar generando energía eléctrica a costa de los combustibles fósiles, entonces ¿cómo generamos energía? […] La apuesta mexicana es a partir del agua”.

¿ENERGÍA LIMPIA O DULCE ENVENENADO?

“El potencial que tiene México para producir energía limpia a partir de una presa hidroeléctrica es grande debido a la orografía, la cantidad de agua, y el número de ríos y arroyos que tenemos” comenta el ingeniero hidráulico del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) Mtro. José Alfredo Hernández.

Las hidroeléctricas se consideran energía limpia debido a que, técnicamente, lo que permite el funcionamiento de los sistemas hidroeléctricos es la fuerza del agua en movimiento, la cual no se contamina ni se altera químicamente.

Mientras que para unos representa la posibilidad de crecimiento y desarrollo sustentable considerándola como la mejor opción para enfrentar el cambio climático, para otros una hidroeléctrica representa ecocidio, etnocidio y violación a los derechos humanos incluyendo el derecho a un medio ambiente sano.

El principio de funcionamiento de las hidroeléctricas es sencillo: la energía cinética del agua se convierte en eléctrica. Para lograrlo se aprovecha la caída del agua a partir de un desnivel que conduce el fluido hacia una instalación situada más abajo. En ella se hace pasar el agua a gran presión por una turbina, provocando un movimiento rotatorio que produce la electricidad. Realizado este proceso, el agua se devuelve al río y se normaliza su curso. La cantidad de la producción de energía eléctrica dependerá de los desniveles antes mencionados: a mayor altura del desnivel, mayor energía cinética y mayor producción de energía eléctrica. Es por ello que la altura de la presa hidroeléctrica es muy importante pues a mayor altura, mayor producción de watts.

Una presa que es construida para uso de generación de energía es por lo general grande ya que tiene una cortina superior a los 100 metros de altura. “Cuando se construye una presa de esas dimensiones algunos pueblos quedan inundados. Por eso a las poblaciones afectadas se les construyen sus viviendas en otro lugar. Por ley eso tiene que hacerse, está considerado como parte de los costos del proyecto hidroeléctrico” menciona el ingeniero hidráulico.

Sobre los beneficios y oportunidades que puede tener una hidroeléctrica el ingeniero hidráulico del IMTA declara que una presa puede ser construida para usos múltiples como llevar agua a una población aún en época de sequía, prevenir inundaciones, abastecer con canales de riego para cultivos agrícolas y para el desarrollo ecoturístico.

Por su parte, Ignacio, en su calidad de subdirector del programa agua de WWF México afirma “nuestra organización está a favor de las hidroeléctricas, a favor de aquellas donde no se hacen represas, no se rompe con el régimen hidrológico, no desplazan gente, no inundan territorio, ni alteran cauces. De entrada, no podemos decir ´no´ a las hidroeléctricas, lo importante es cómo se implementan y en dónde es estratégico y necesario para que se construyan con el mínimo impacto social y económico”.

Añade que “un territorio que tiene construida una central hidroeléctrica puede ser un factor que impulse la industria y si hay agua y energía podría ser un impulso que sólo beneficie a los inversores lo que dure la cuenca”.

Rosalinda Hidalgo, integrante del Movimiento Mexicano de Afectados por las Presas (MAPDER) y fundadora de La Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa Ambiental (LAVIDA) opina que “las hidroeléctricas no son energía limpia porque no se están considerando todos los costos sociales, ambientales y culturales que está creando esta supuesta energía limpia solo porque no es de fósiles”.

RÍO LOS PESCADOS: hasta mediados de 2018 había una veda que lo protegía, ahora no existe más esa protección.
Foto: Citlali Aguilera

QUÉ ES EL AGUA

“Veo verdes de diferentes tonalidades, verdes hermosos, veo la silueta del río serpenteando, dando vueltas en las montañas, imagínate unas olas, unos peces brincando, la nutria y la trucha nadando, hay tucanes adornando el cielo”. Estas son las palabras que Alejandro, defensor del río y guía de ecoturismo, les ha dicho a los visitantes que tienen discapacidad visual pero que “eso no les impide disfrutar el río”. Hace una pausa mientras que en sus ojos se aprecia una mezcla de coraje, tristeza e incomprensión y dice: “pero, ¿quiénes son los realmente ciegos?”.

Y a modo de responderse a sí mismo la pregunta, continúa: “el gobierno y la empresa ven al río como al recurso para generar mucho dinero. A nosotros nos ven como gente que nos oponemos al progreso, piensan que somos indios y gente ignorante […]creo que esta gente debiera de pensar que, si mata a un río, no sólo nos destruye a nosotros y tenemos que irnos para otro lado, es una repercusión en el planeta. El modelo económico actual es eso: agua para el fracking, agua para la mina, venderla a las ciudades, todo es dinero, dinero. Es su lógica”.

El Informe Global de la Corrupción que realizó Transparencia Internacional en 2017 detalla que las inversiones para proyectos de agua a nivel mundial son de las actividades más corruptibles del mundo ya que se practica el sobre costo, el otorgamiento de asignaciones de agua que no obedecen a aspectos técnicos ni medioambientales,  se autorizan estudios y ejecución de proyectos con base a intereses particulares, se perforan pozos sin permisos, hay abuso y mal uso de los recursos hídricos,  entre otros.

Actualmente se propone la construcción de minihidroeléctricas en respuesta a los grandes desplazamientos que conlleva un megaproyecto hidroeléctrico, Rosalinda detalla que “la tendencia es construir pequeñas centrales hidroeléctricas y minihidroeléctricas, muchas a lo largo de toda una cuenca. Y si vamos sumando los watts que cada una de ellas va a producir, el problema sería el mismo que una central hidroeléctrica grande”.

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Además, sostiene que “en el país la capacidad energética instalada sólo ocupa el 60%, y el otro 40% está siendo subutilizada. No se necesita más generación de energía a nivel nacional, el problema es cómo se concibe la energía. La producción energética es el alimento del sistema capitalista que está demandando más […] hay que preguntarse para qué y para quién se produce la energía”.

De acuerdo con la Secretaría de Energía, el 54.7 por ciento de energía la genera CFE, seguida por los productores independientes (27.8 por ciento). Por otro lado, quienes consumen más energía eléctrica en el país son la empresa mediana (38.3 por ciento), seguida por el sector residencial (26.8 por ciento) y la gran industria ( 18.7 por ciento).

Beatriz del Valle Cárdenas, experta en energía y cambio climático, menciona que el compromiso de México ante el acuerdo de París es reducir el 22 por ciento las emisiones de gas de efecto invernadero a partir de las energías renovables entre los años 2020 y 2030.

Respecto a la generación de energía a partir de hidroeléctricas declara que no está de acuerdo con las de gran capacidad debido a los daños que ocasiona al ecosistema, añade que existe una barrera perceptual negativa de las grandes hidroeléctricas haciendo que la gente se oponga a las minihidroeléctricas, aunque estas últimas si pueden ser una opción social y ambientalmente favorable ya que, por sus características técnicas de construcción, no modifican el cauce del río sobre el cual se instalan, la única desventaja es la poca generación de energía.

Foto: Citlali Aguilera

EN PIE DE RESISTENCIA

El 19 de diciembre de 2018, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer que se firmará un acuerdo de coinversión con la empresa Hydro-Québec, propiedad del gobierno de Canadá para modernizar 60 hidroeléctricas del país; añadió que ya no es oportuno, ni es la intensión, crear nuevas hidroeléctricas, sino potenciar la producción de las que ya tenemos porque las que existen están subutilizadas.

Mientras tanto en Jalcomulco continúan en resistencia los Centinelas del río, ya que la construcción de la hidroeléctrica, aunque está parada, todavía no está cancelado definitivamente el proyecto de Odebrecht. Además, Alejandro Gallardo menciona que río arriba hay propuestas de pequeñas hidroeléctricas por parte de las empresas Constanza y Perseverancia Energética, pero éstas, sí contemplan transvases, es decir, llevarse un río y pasarlo a otro río para que tenga suficiente fuerza y logre mover las turbinas de la presa. A esto se suman los 10 decretos que el expresidente Enrique Peña Nieto emitió eliminando la veda.

Por esto último, el 18 de julio de 2018, habitantes y usuarios de la cuenca a la que pertenece el río de Jalcomulco, con asesoría del Centro Mexicano de Derecho Ambiental A.C. (CEMDA), presentaron una demanda de amparo en contra del Decreto que levantó las veda argumentando, a grandes rasgos, que esta es una medida que disminuye el estado de protección de la cuenca  y que CONAGUA y Semarnat no garantizaron los derechos de acceso a la información pública y a la participación ciudadana en asuntos públicos relacionados con los derechos al agua y a un medio ambiente sano. Además, no justificaron de forma suficiente el cumplimiento de los objetivos de las vedas, ni consideraron todos los aspectos sociales, ambientales y culturales. A la fecha sigue pendiente la resolución definitiva del asunto.

Pareciera que todo sigue igual o incluso, empeora, sin embargo, quienes sí cambiaron son los habitantes e integrantes de la resistencia. El pueblo continúa realizando asambleas ejidales y ciudadanas donde se mantienen informados, en comunicación y vigilancia constante. Como colectivo han tratado de incidir en las políticas públicas municipales porque “este movimiento social que está en contra de un mega proyecto, está pasando ya a una etapa de propuestas” remarca Alejandro.

“Desde que soy integrante del comité, me doy cuenta de un montón de cosas, comprendes lo que está pasando en otras regiones del país respecto a las hidroeléctricas, vamos a foros, talleres sobre agua y defensa del territorio y claro que cambias. Eres uno antes de entrar a la lucha y otro estando acá”.

Por su lado, Sandro declara “estamos haciendo gobernanza territorial […] Aquí hay una buena calidad de vida, no nos interesa irnos de nuestro pueblo, pero hay una miopía en nuestra sociedad, olvidémonos de los hidrocarburos, las próximas guerras serán por el agua”.

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