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Réplicas económicas para negocios afectados no cesan



El apoyo económico que han recibido los pequeños y medianos negocios de la Ciudad de México ha sido irrisorio en comparación con el daño que sufrieron tras el terremoto del 19 de septiembre.

FOTOGRAFÍA: ANTONIO CRUZ y CARLO ECHEGOYEN

DEL NEGOCIO de Mario Arellano solo quedó el nombre: Salón Social Palace.

Su superficie fue atravesada por una falla que derivó en la demolición del inmueble.

Las letras con el nombre fueron colocadas en el tapiado de madera que rodea los 200 metros donde estuvieron el salón y la vivienda del músico de profesión, en la colonia Del Mar, en Tláhuac.

Mario Arellano señala que el valor de su propiedad rebasaba los 4 millones de pesos, pero el gobierno capitalino le entregó un cheque por 2,000 pesos como ayuda. El hombre lo relata frente a una manta gubernamental que anuncia una inversión de 3 millones de pesos para todos los daños de la colonia.

El sismo se llevó sus ahorros de décadas, dice el músico de 50 años de edad.

Antes de ser demolido en diciembre, el salón fue centro de acopio y albergue. Por ello, fue nominado para recibir una placa que lo distinguía como “negocio solidario”, a manos de Miguel Ángel Mancera, pero Mario Arellano la rechazó.

“Le dije que le cambiaba esa placa de metal por ayuda verdadera, que realmente me apoyara”.

Un año después del sismo, la calle donde está el predio de Mario Arellano sigue desnivelada casi medio metro.

En la colonia, donde 26 negocios resultaron dañados, algunos locales se mantienen cerrados y los comerciantes coinciden en que la caída en las ventas llega a 30 por ciento. Lo atribuyen a la mudanza de muchos vecinos y a la inseguridad acentuada por el daño en las calles, donde no puede circular las patrullas.

Arellano muestra el comprobante  que recibió por 2,000 pesos como parte del apoyo a negocios afectados por el sismo.

Mario Arellano asegura que no sabía de la falla que atraviesa la superficie de la propiedad que adquirió dos años atrás:

“Imagínate que llegas a comprar una casa con tu DRO, con tu arquitecto con tu asesor, imposible… Uno compra un predio pensando en tener un buen desenvolvimiento económico, para seguir manteniendo a la familia, tengo dos hijos universitarios”.

Por el momento, Mario Arellano vive con su familia en una casa que su hermano le prestó. Y responsabiliza a las autoridades por la falta de información.

“Las autoridades otorgan un permiso de construcción; regularizaron la tierra; escrituraron, yo tengo escrituras; otorgaron servicios, permisos de servicios mercantiles… Hay una gran responsabilidad de parte del gobierno, recaudó sin decirle a los propietarios que estaban en una zona que no era factible de habitar…”.

Además de los 2,000 pesos iniciales, Mario ha recibido en el año 17,000 pesos como apoyo para renta por parte del gobierno capitalino.

“Teníamos de manera normal 15 trabajadores, entre chef, lavaplatos, gente que trabajaba en la limpieza. Cuando se hacían los festejos, el número de trabajadores subía a 40 personas, entre músicos, meseros y otros servicios adicionales”.

No pudo tener acceso a los 2,300 pesos del seguro de desempleo: “me dijeron que yo no califico, porque estoy considerado como patrón”.

Lorena Mora frente al lugar donde estaba el edificio que cayó junto a su negocio, en la Zona Rosa.

LA GOTA QUE DERRAMÓ EL VASO

Los dueños del Café Zu, David Rojas y Lorena Mora, tienen muy claro cuál es su pérdida económica tras el sismo del 19 de septiembre: 2 millones 350 pesos –“es lo que debo, lo que pedí prestado”, dice, explicando que la deuda está repartida en cuatro distintos créditos personales, dos cada quien.

El negocio, ubicado en el número 39 de la calle de Génova, no está incluido en el censo de los 126 dañados –y que convierten a esta colonia en una de las más afectadas; sin embargo, tuvo que permanecer cerrado porque el edificio contiguo de 12 pisos fue demolido.

El matrimonio había pedido dos créditos para remodelar su negocio durante la rehabilitación de la calle, que duró nueves meses, pero solo abrieron por tres semanas antes del sismo.

“Fue la gota que derramó el vaso”, lamenta David.

“No es solo la remodelación, es pagar a los empleados, la rentas; no sacábamos ni las rentas, pedimos crédito para aguantar el tiempo de gasto”, agrega Lorena.

La demolición del edificio contiguo tardó nueve meses. Se consumieron dos más para trámites y reabrieron su café a mediados de agosto.

Los empresarios lamentan no haber podido tener uno de los créditos anunciados por la Jefatura de Gobierno y la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) de Ciudad de México.

“Metimos papeles, avisamos, cambiamos de banco tres veces. Es gracioso, porque te decían ‘Ok, tienes un negocio, pero ahorita no estás generando, ¿cómo vas a pagar el crédito? Entonces no eres sujeto a crédito’. Se supone que eran créditos específicamente diseñados para los damnificados”, explica ella.

Los dueños del Café Zu relatan que, adicionalmente, deben la renta del año que mantuvieron cerrados tras el sismo, y el dueño ya les envió un requerimiento.

“Necesitamos apoyo del gobierno para que nos dejen trabajar”.

Los negocios de la llamada Zona Rosa aún no alcanzan el nivel de ventas que tenían.

Esta tecnología mexicana podría prevenir daños y muertes ante un sismo

Norma Medina, la administradora del Restaurante-Bar Boomers, en el número 39-A de la misma calle, explica que su negocio perdió poco más de 2 millones de pesos por el sismo, además de los casi 500,000 pesos adicionales en la renovación de permisos y otros trámites que perdieron vigencia.

Estos comerciantes no cantan victoria. La delegación Cuauhtémoc anunció antes del sismo la remodelación de la calle Hamburgo, que cruza a Génova, lo que anulará el flujo peatonal.

Felipe Casas afectado por el sismo. Su chinampa se partió en  San Gregorio, Xochimilco.

SACUDIDA EN LAS CHINAMPAS

Con la “sacudida”, como el agricultor Felipe Casas se refiere al sismo del 19S, el agua de los canales en San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, desbordó 300 metros cuadrados de una chinampa y el líquido inundó 50 centímetros sobre su cultivo de brócoli, jitomate, tomate, chiles, cale, hinojo, coliflor…

El hombre calcula a bote pronto: el daño a la siembra sumó 25,000 pesos, más el trabajo de reparación de la chinampa: 20 jornales, que sumarían 6,000 pesos.

Felipe pudo subsanar la pérdida y seguir cultivando gracias a la ayuda de amigos y vecinos.

Uno de los aprendizajes que le dejó la experiencia, dice, es no confiarse en las autoridades.

“Más que en el gobierno, confiamos en la sociedad civil. Es la que llegó con una botella de agua, una torta… su apoyo fue invaluable, me quedo con eso”, dice.

El sismo en San Gregorio Atlapulco, por tratarse de un pueblo productor de verduras y flores, donde destaca el comercio, derivó en doble pérdida: viviendas y negocios para las mismas personas.

Es también el caso del floricultor Fernando Páez, quien perdió su casa y la cosecha de hortensias que prepara cada seis meses y el negocio de banquetes que tenían. Con su familia, vivió en una camioneta y una casa en obra negra que les prestaron, hasta que se repuso. Una asociación civil les financió la construcción de su vivienda, pero no han podido reiniciar su negocio de alimentos.

En San Gregorio Atlapulco, famoso por ser un epicentro comercial entre los pueblos y barrios de Xochimilco es muy notorio el daño tras el sismo.

Los productores que venden verduras y hortalizas en carretillas en torno a la iglesia estiman que venden entre 40 y 30 por ciento menos respecto a 2017.

La calle principal, Chapultepec, estuvo cerrada por 10 meses y sigue sin ser pavimentada, por lo que es notorio el alto número de fachadas comerciales que fueron dejadas por negocios fallidos.

Otros prestadores de servicios, como Marisol Pérez, cuya estética donde laboraba se derrumbó, improvisan negocios con carpas en terrenos donde antes hubo viviendas.

Pero el impacto comercial destaca en el mercado de 152 locales que sigue inutilizable y sin ser demolido.

Ahí permanece el carnicero Crispín Patiño, 72 años, metido en un local con los muros cuarteados, en espera de ocupar un puesto provisional de 3.5 metros donde no cabría el refrigerador de segunda mano que compró ni su sierra ni su vitrina.

La mayoría de los locatarios improvisó puestos afuera del mercado, en espera de que les asignen uno provisional que les funcione.

María del Rosario Loyola, 62 años, vendedora de jugos y licuados, se resiste a tomar el puesto provisional que le asignaron: “¿Qué voy a hacer sin agua? No me sirve…”.

Rocío Mejía, vendedora de ropa y representante de los locatarios, advierte que fuera del mercado tendrán que lidiar también con los robos, como ya ha ocurrido en ocho ocasiones en el año.

El mercado del pueblo es uno de los dos que deben ser demolidos en la capital por los daños del sismo, además del de Santa Cecilia, en Tláhuac, con 79 locales.

Hasta el 6 de septiembre, la Sedeco solo había construido 59 de los 152 puestos provisionales de lámina requeridos. El tiempo que permanecerán ahí es incierto.

Por la falta de programas ejecutivos de la Sedeco, la Comisión para la Reconstrucción redireccionó, a favor de la carretera Xochimilco-Tulyehualco, los 120 millones de pesos que eran para los mercados.

Ante la debacle de ventas, los locatarios del mercado se han ayudado con los 2,000 pesos del programa “Yo te apoyo y cuatro mensualidades de 2,300 correspondientes al seguro de desempleo, suspendido después de las elecciones.

Estilista sin local: Labora bajo una carpa de plástico en el patio de una casa en San Gregorio desde el 19S.

NEGOCIOS DE DAMINIFICADOS, A SEGUNDO PLANO

El productor musical Jorge González, dueño del foro El Imperial, vio desde la puerta de su negocio cómo el 19 de septiembre de 2017 se derrumbó el edificio de Álvaro Obregón 286 donde murieron 49 personas. Luego sobrevino la caída paulatina de la economía en la zona enclavada en el vértice de las colonias Roma y Condesa.

Meses después del sismo, tras dejar de ser albergue emergente y retomar su vocación musical, El Imperial también pagó el costo de la tragedia. El foro no logró recuperar su nivel de ingresos y cerró en julio pasado, en el marco de su décimo aniversario.

La casa porfiriana —que en la fase de emergencia sirvió de refugio de familiares de damnificados, brigadistas y cuerpos de seguridad— no está contemplada en el censo de 2 ,603 negocios individuales dañados por el sismo, de la Sedeco. Si bien no tiene fisura alguna, el inmueble resultó afectado por la falta de afluencia.

Crispín Patiño, 72 años, en un local de muros cuarteados aguarda un puesto provisional.

Muy poco le habrían servido a Jorge González los 2,000 pesos que otorgó el gobierno de la Ciudad de México a 1,500 dueños de negocios o comercios como parte del programa “Yo te apoyo”.

Tampoco podría haber accedido a uno de los créditos “blandos” anunciados por las autoridades ya que, sin daño material, el inmueble no cumplía el requisito de “Estar registrado en el Censo de negocios afectados por el sismo del 19 de septiembre de 2017”.

De hecho, solo 27 por ciento de los negocios registrados por las autoridades —754 de los 2,718— tuvo acceso a algún préstamo gubernamental.

De acuerdo con la Sedeco, hasta el 31 de julio, 754 empresarios afectados recibieron créditos que suman 72 millones 362,000 pesos. De estos, 709 empresarios fueron beneficiados con recursos públicos del Fondo de Desarrollo Social (Fondeso) y 45 empresarios con dinero de la banca comercial.

Fondeso creó dos esquemas crediticios con distintas tasas de interés. En el primero, 692 comerciantes se incorporaron al Programa para personas con actividades productivas para el autoempleo, con préstamos de 1,000 a 9,000 pesos, lo que representó 7,299 pesos en promedio a cada beneficiario, para sumar 5 millones 51,000 pesos.

En el segundo esquema, 17 empresarios recibieron desde 10,000 hasta 25,000 pesos; un promedio de 24,176 pesos en promedio a cada beneficiario, para acumular 411,000 pesos. Con recursos de la banca comercial, 45 empresarios recibieron entre 25,000 y 3 millones de pesos. En total, 66 millones 900,000 pesos.

Sin embargo, otros 2,000 comerciantes y empresarios, cuyos negocios resultaron dañados, han buscado sobrevivir por sus propios medios.

Para la Sedeco los negocios damnificados del sismo ya pasaron a segundo plano.

Esta dependencia estimó, a un mes del temblor, se habrían perdido 1,063 millones 527,438 pesos, por daños materiales y por la pausa de la actividad comercial. Pero como ya no dio seguimiento al tema, no existe una cifra oficial de las pérdidas económicas tras el sismo.

No obstante, los pequeños negocios afectados son los que, en su mayoría, mueven la economía capitalina: de las 471,811 unidades económicas registradas por el INEGI, 466,931 (el 99 por ciento) tienen menos de cien trabajadores y generan la mitad de los empleos en la CDMX. Mientras que 431,810 (un 91.5 por ciento) tienen hasta 10 empleados.

José Francisco Caballero García, titular de la Sedeco, reconoce la insuficiencia de las acciones de la dependencia, pero destaca la magnitud del evento y defiende que la capital de México continuó desarrollándose pese al sismo.

“Hay algunas zonas de la capital en donde el daño por el sismo sí afectó algunos inmuebles, pero en general la actividad económica en las zonas aledañas, donde los inmuebles fueron dañados, ya están muy recuperadas. La mayor parte del daño que tenemos es en vivienda. Ahorita la actividad económica continúa de manera normal en esas zonas de la ciudad”.

Lo cierto es que no a todos los empresarios y comerciantes afectados les ha llegado esa normalidad.

EL IMPERIAL pagó también el costo de la tragedia.

CORREDOR ROMA-CONDESA, NO TERMINA DE LEVANTARSE

Miguel Morales, director de Papa Guapa, explica que con la pérdida de su sucursal en Oaxaca 80, en la Roma, cayó el flujo económico de manera muy importante (por seguridad no quiso que se hiciera pública la cifra), y la empresa tuvo que cerrar un comisariato donde preparaban insumos para las cuatro sucursales. Además, quedaron desempleados 25 personas.

Morales proyecta reabrir la sucursal medio año más adelante, pero lamenta durante la emergencia no haber recibido ningún apoyo gubernamental, ya fuera fiscal o crediticio.

“Metí mis papeles y tardaron como cinco meses, si no es que medio año, en decirme que el crédito no fue aprobado, un tema absurdo, presentamos nuestras rentas, nuestra declaración de impuestos, y aun así nos lo negaron. No tuvimos ni un solo apoyo por parte de ningún organismo. Nada. Simplemente fueron el enlace entre nosotros y el banco. Yo pude haber llevado mis papeles al banco y hacer mi trámite”.

Enrique de la Rosa, dueño de un restaurante dañado frente al Parque México, coincide en que el gobierno capitalino quedó a deber en la atención de la emergencia.

LOCATARIOS SIN MERCADO, a  la espera de contar con su espacio laboral.

“El gobierno tiene que dejar de ver en cada situación un negocio. Tiene que saber que reactivar una zona económica como la Condesa tiene implicaciones a nivel ciudad y a nivel país. No estás solo ayudando en la Condesa estás ayudando a una ciudad completa”.

Ramón Orraca, presidente de la asociación restaurantera Barrio Unido, calcula que las ventas en su gremio en el corredor Roma-Condesa continúan 30 por ciento más bajas. Además del sismo, lo atribuye a más inseguridad y menos población.

“Tuvimos un éxodo de muchos vecinos. No solo habitantes, sino que muchos eran de oficinas”.

María Emilia Lamadrid, La Generala, de 71 años, dueña de una fonda que lleva su seudónimo sabe de esos éxodos. Su fonda, en Álvaro Obregón 272, a 120 metros de El Imperial, alimentaba a la mayoría de los oficinistas del predio caído en el 286. Enumera las oficinas que se han ido:

“Se fueron los corporativos de Palacio de Hierro. El de Salamanca y Oaxaca, el de Salamanca y Colima, otro en Valladolid, y uno sobre Colima frente al banco. También, los call center de Yucatán 23 y Yucatán 15”.

Lo dice un viernes, minutos antes de las 3 de la tarde, con solo un par de comensales en su negocio. Meses atrás, la mujer protestó con pancartas en la calle para que reabrieran la avenida Álvaro Obregón.

Con 80 por ciento menos ventas, la mujer relata que su negocio sobrevive porque es familiar. Se quedaron sin dos empleados. Su hijo Erick Olivares y su nuera Araceli Arellano cocinan, sirven, limpian, surten. La Generala y su esposo, quien dormita en su automóvil afuera del local, reparten los pedidos que les llegan a hacer.

“Aquí no se cayó ni un vaso, pero mire…”, lamenta.

El mercado de San Gregorio quedó deshabitado e inservible tras el siniestro.

 

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