Gustavo, el ‘Dorado', Rivera: el joven que sueña con llevar sus guantes a Japón


Gustavo, el ‘Dorado’, Rivera: el joven que sueña con llevar sus guantes a Japón

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El mexicano ya ganó la medalla para Guerrero de la Olimpiada Nacional y hoy sueña con llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

 

A diferencia de otros jóvenes de su edad (16 años), Gustavo Rivera Río tiene claro qué quiere hacer en su vida: seguir sus estudios y destacar como boxeador. El Dorado, mote que adquirió desde que era niño por el color de su pelo y el tono de su piel, ahora lo acompaña en el ring.

Gustavo Rivera comenzó a boxear entre los seis y siete años. Destacaba en varios deportes, pero se decidió por el boxeo porque ahí tenía el mayor potencial. “Siempre fue muy fuerte y muy coordinado. Los entrenadores que estaban a su alrededor le vieron facultades”, dice su papá, de quien Gustavo heredó el nombre.

Con el entrenamiento adecuado, Gustavo fue mejorando su golpe y movimientos en la lona hasta que sus habilidades lo llevaron al prestigioso y legendario gimnasio Lupita, en el barrio de Tacubaya. Por ahí han pasado grandes figuras del pugilismo como Ricardo el Finito López, Lupe Pintor y Carlos Zárate Serna.

Además, gracias a su recorrido por diversos centros de entrenamiento y de la mano de su entrenador, Enrique Zacapala, quien ha sabido guiarlo para alcanzar el éxito, el Dorado comienza a perfilarse como una importante figura del boxeo en el país.

Hoy en día compite en la categoría infantil mayor, la cual abarca de los 15 a los 16 años. El Dorado ganó este año la medalla de bronce para el estado de Guerrero en la reciente Olimpiada Nacional. Aunque este es el mejor recuerdo que tiene arriba de un cuadrilátero, considera que no ha sido su mejor pelea. “Estoy al nivel de ganar una medalla de oro, puedo dar mucho más”, dice antes de ponerse los guantes y comenzar a entrenar.

¿Cómo logra un joven de 16 años llevar su adolescencia de la mano de la práctica de un deporte de alto rendimiento? “No ha sido fácil”, responde Gustavo, después de una sesión de entrenamiento en el gimnasio Pérez, un modesto lugar en Cuajimalpa, en Ciudad de México, donde los golpes a los sacos y las manoplas se combinan con el reguetón que suena de fondo.

El Dorado no descuida sus estudios, pues son prioridad, la decisión de alternar la escuela con la práctica del boxeo ha implicado sacrificios. “Sí ha sido complicado. He dejado de ver a mis amigos, de ir a fiestas y salir. Incluso por mis entrenamientos he pasado mucho tiempo sin ver a mi hermano pequeño y a mi mamá”, dice.

Para él, este deporte es algo “muy bonito, que aleja de la violencia, de las drogas y el alcohol”, pero recomienda, a todos aquellos niños y jóvenes que quieran practicarlo, que lo tomen en serio, ya que no deja de ser peligroso y su práctica requiere precauciones y, sobre todo, mucha dedicación.

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“Pego muy duro y a la vez tengo velocidad, y eso es algo que no todos los boxeadores tienen”. Foto: Antonio Cruz.

ARRIBA DEL RING

Para un padre y una madre siempre será gratificante ver a los hijos hacer lo que más les gusta, pero cuando esto implica recibir golpes, mirarlos en acción se vuelve difícil. “Mi mamá casi no va a mis peleas, no le gusta ver que me peguen”, dice Gustavo. Su padre, aunque también las vive con “nerviosismo y preocupación”, está confiado en que la mentalidad y la preparación de su hijo han hecho diferencia en su desarrollo y desempeño.

De acuerdo con el portal de salud y deporte Livestrong, en 2010 y 2011 se hizo un seguimiento a distintos boxeadores para conocer los efectos a largo plazo provocados por haber recibido golpes en la cabeza y el rostro. ¿Qué encontraron? Desde 1900 se registraron, en promedio, diez muertes de boxeadores por año, la mayoría relacionadas con lesiones en la cabeza y el cuello sufridas en el ring. Otros efectos que el tiempo fue revelando son daño cerebral, deficiencias cogntivas y daños neurodegenerativos como párkinson o alzhéimer. Muhammad Ali (1942-2016), considerado el mejor peleador de todos los tiempos, es quizás el ejemplo más claro de las consecuencias que se pueden sufrir a largo plazo.

“Claro que me da miedo. Es muy normal que cualquier boxeador lo tenga antes de subir a una pelea, pero ese mismo miedo se transforma en adrenalina y eso ayuda a estar pendiente de los golpes”, comenta Gustavo. También está consciente de que este es un deporte de alto riesgo. Recuerda que su pelea más complicada fue al comienzo de su carrera, al enfrentarse a un rival clasificado, con más peleas y de mayor edad, y aunque salió victorioso, asegura que ha sido uno de los momentos más difíciles en el ring.

El nocaut técnico o T. K. O. (technical knockout, por sus siglas en inglés) es el tecnicismo utilizado por el réferi para declarar ganador a un peleador, pues su oponente no puede continuar con el combate, ya sea porque se encuentra en condiciones inferiores a las del otro peleador, incluso sin haber caído sobre la lona. Así ha ganado Gustavo la mayoría de sus encuentros.

El Dorado es autocrítico y objetivo sobre su desempeño en el cuadrilátero. Está consciente de que debe mejorar en la presión al rival, “soltarse” más y no esperar los golpes. Él es un peleador al que le gusta mucho el contragolpe, pero “en el boxeo amateur se requiere tirar más golpes”, comenta.

Sus virtudes: La rapidez y la pegada. “Pego muy duro y a la vez tengo velocidad, y eso es algo que no todos los boxeadores tienen. También me ayuda mucho que tengo los brazos muy largos, lo que es bueno para mantener a los oponentes a distancia”, dice con seguridad.

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Foto: Antonio Cruz.

¿QUÉ SIGUE?

Después de un periodo de entrenamiento (el segundo en su carrera) en el Jackrabbit Boxing Academy, un destacado gimnasio en California, Estados Unidos, el Dorado tendrá participación en el Festival Olímpico, evento organizado por la Federación Mexicana de Boxeo, del 25 de agosto al 1 de septiembre en Ciudad de México.

Gustavo piensa en grande y, como muchos deportistas, quiere representar a México en una justa olímpica. “Llegar a Tokio 2020 sería un sueño. Creo que por eso me inicié en el deporte, para poder representar a mi país en unos Juegos Olímpicos”, dice con entusiasmo.

Aunque ya está trabajando para lograrlo, su papá comenta que aún quedarían pendientes diversas cuestiones de reglamentación para poder lograr este objetivo.

La carrera como boxeador de Gustavo Rivera, el Dorado, apenas comienza. Pero tanto él como su padre tienen presente que, para poder continuar, hay una condición: obtener buenos resultados en la escuela. Después de todo, solo tiene 16 años y la escuela es primero.

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