Llevar una escoba, ¿el remedio para la policía de St. Louis?


Llevar una escoba, ¿el remedio para la policía de St. Louis?

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¿Podrá John Hayden preparar al Departamento de Policía de St. Louis?

 

A principios de este año, después de que John Hayden tomó posesión como director del Departamento Metropolitano de Policía de St. Louis, el diario local le aconsejó “llevar consigo una escoba”, lo cual resultaba apropiado. El nuevo jefe hereda un departamento sumergido en escándalos de problemas raciales, brutalidad policiaca y corrupción. Mientras tanto, el índice de asesinatos es aterradoramente alto. El año pasado, 250 personas fueron asesinadas, la cifra más alta en 23 años, y la ciudad está en vías de convertirse en la capital del asesinato en Estados Unidos por cuarto año consecutivo.

Pero Hayden, un veterano muy apreciado en ese organismo, y que cuenta con 30 años de experiencia, además de ser su cuarto jefe policiaco de raza negra, tiene un plan para emprender medidas enérgicas contra el crimen, al tiempo que intenta aliviar las tensiones raciales. Entre otras cosas, su plan comprende la contratación de investigadores externos para indagar sobre los tiroteos policiacos con el objetivo de aplacar la ira pública por los errores internos cometidos. Estas acciones podrían parecer falsas si las hubiera propuesto otra persona, pero Hayden es conocido por su disposición a criticar a sus colegas por el uso excesivo de la fuerza y por la avalancha de tiroteos contra varones de raza negra desarmados. También presiona para que el departamento se reúna cara a cara con miembros de la comunidad, especialmente en las áreas más violentas, donde a veces trabaja en las esquinas, con su mesa plegable y su computadora portátil.

“En cierta forma, pienso que los organismos de aplicación de la ley de todo el país han contribuido a aumentar la tensión”, declaró Hayden a Newsweek. “Si nosotros [la policía] no somos amables, si no hablamos con la gente, si solo nos centramos en las estadísticas y nos enfocamos únicamente en los arrestos, se produce una falta de empatía que exacerba esa tensión”.

En los últimos años, el área de St. Louis ha sido el epicentro del problema. En 2014, un oficial de policía de raza blanca le disparó y mató a Michael Brown, un adolescente de raza negra desarmado en la cercana Ferguson. El jurado declinó presentar cargos contra el policía Darren Wilson, lo cual generó protestas y atrajo la atención nacional. Tres años después, un juez absolvió a Jason Stockley, otro policía de raza blanca del Departamento Metropolitano de Policía de St. Louis, por el tiroteo que le costó la vida a Anthony Lamar Smith, otro varón de raza negra. Los fiscales afirmaron que Stockley plantó un arma en el auto de Smith y trataron de probar que hubo un asesinato premeditado usando la grabación hecha por la cámara de la patrulla en la que el oficial dice que va a “matar a ese hijo de puta”. Su absolución provocó un nuevo escrutinio al departamento de policía de la ciudad, mientras miles de personas marcharon por las calles. La policía envió a la cárcel a cientos de ellas.

Hayden recuerda bien esos incidentes, y señala que serán una guía para su liderazgo. “Estoy comenzando con mis comandantes, y estamos analizando lo que salió bien y lo que no durante las protestas”, dice. El objetivo es permitir que las personas ejerzan su libertad de expresión sin demasiada intervención. Sin embargo, enfatiza que existen circunstancias extraordinarias, como cuando un manifestante le arrojó un ladrillo a un oficial y le rompió la mandíbula tras el veredicto de Stockley. “Había miles de personas en las calles aquella noche”, dijo. “No hay lugar para buenas prácticas, por decirlo así, cuando te superan en número”.

Hayden también afirma que actuará severamente con los policías cuando estos cometan errores. Apoya la idea de contratar a un organismo externo para investigar los tiroteos en los que participe la policía, en lugar de realizar investigaciones internas. Es una acción que exigen los manifestantes y que los organismos de aplicación de la ley suelen criticar. Sin embargo, Hayden ha visto de primera mano algunos de los errores del departamento. Durante años, condujo investigaciones para asuntos internos, las cuales tuvieron como consecuencia el despido, la presentación de cargos y el encarcelamiento de varios de sus colegas. Esos casos se relacionaron con ataques a personas, falsificación de informes y latrocinio. Como dice Lyda Krewson, la alcaldesa de St. Louis, “Hayden apoya a los policías, pero también comprende que no siempre hacen bien las cosas”.

A pesar de su postura inflexible ante sus colegas, el jefe aún es apreciado por los oficiales a los que habrá de dirigir. Klinger, quien afirma haber hablado con varias personas dentro y fuera del departamento acerca de Hayden, lo considera “atento” y “con un pensamiento muy preciso”. Añade que “según entiendo, los policías de a pie [lo] aprecian”.

La sargento Heather Taylor, presidente del sindicato que representa a los oficiales de raza negra, dijo hace varios meses que apoyaba a Hayden debido a que era alguien que no “causaría revuelo entre las personas” ni quitaría importancia a los errores que han desalentado a los habitantes de la localidad. “El público sabe lo que es un error”, dice. “Arrestar a manifestantes o periodistas no es un error, es un delito”.

Los residentes y manifestantes también se muestran cautelosamente optimistas. Anna Crosslin, miembro del Comité de Asesoramiento Ciudadano, que participa en la selección del jefe de policía, señala que los habitantes de St. Louis han asumido una actitud de “’esperemos a ver’ con respecto a la capacidad para lograr un cambio exitoso a largo plazo”. El reverendo Darryl Gray, un pastor que organizó protestas después del veredicto de Stockley, está de acuerdo: “Independientemente de lo orgullosos que nos sintamos de tener a un jefe de policía afroestadounidense, nadie tiene vía libre”.

Hayden espera que su atención a la “vigilancia policiaca comunitaria”, es decir, ir de puerta en puerta y reunirse con los residentes de las áreas con altos índices de criminalidad para recuperar su confianza, podrá convencer a los habitantes de St. Louis de que habla en serio con respecto a reducir la criminalidad y escuchar sus preocupaciones. Es difícil valorar qué tan efectiva es esta estrategia, pero Hayden dice que confía que esto hará que la comunidad se oponga menos a la policía. “La gente no debería temernos”, dice. Cuando los oficiales se enfocan “únicamente en el trabajo, no sonríen, no hablan con la gente; eso genera una barrera que espero poder derribar”.

¿Pero esto hará que se sientan más seguros? Ciertamente, el nuevo jefe espera que sí. Se calcula que el índice de asesinatos de la ciudad es de 65.83 homicidios por cada 100,000 habitantes, más de 12 veces el promedio nacional de Estados Unidos. Hayden deberá lidiar con esa carnicería desde su primer día en el puesto. El 1 de enero, el departamento fue llamado a la escena de un doble asesinato que tenía “todos los signos de una actividad relacionada con las drogas”, dice. Las víctimas eran dos varones de raza negra, lo cual coincidía con las sombrías estadísticas del año anterior: 192 víctimas de raza negra de un total de 205 homicidios.

Para combatir estas desgarradoras cifras, Hayden ha impulsado los recursos en una pequeña área de la ciudad en la que se producen la mitad de sus crímenes. “Tratamos de salvar las vidas de sus hijos”, dice. “Si esos jóvenes llegan a la conclusión [de que] la única forma en la que pueden ganarse la vida es la actividad criminal, invitaré a organizaciones de servicios sociales que tengan empleos para ellos”.

Independientemente de lo que ocurra mientras Hayden ocupe el puesto, los habitantes de St. Louis no serán los únicos que presten atención. Como dice Beth Huebner, catedrática de criminología de la Universidad de Missouri en St. Louis, “toda la nación observa a St. Louis”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation whit Newsweek

 

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