Furia volcánica | Newsweek México


Furia volcánica



¿Alguna vez te has puesto a reflexionar sobre el lado positivo de las erupciones volcánicas? No todo es muerte, destrucción y lava ardiente, pues los científicos tienen un plan para enfriar el planeta mediante la simulación de una erupción. Quizá funcione, pero podría tener consecuencias devastadoras, y no hay nada que impida que cualquier país o empresa pueda desarrollar esa tecnología.

Con la geoingeniería solar se simula una erupción volcánica rociando aerosoles en la atmósfera. Cuando se combinan con el oxígeno, se forman gotitas de ácido sulfúrico. Estas gotitas reflejan la luz solar lejos de la Tierra, enfriando así el planeta. En teoría, todo es positivo, pero las consecuencias se desconocen en gran medida, y unas cuantas podrían ser desastrosas. En un estudio publicado recientemente en Nature Communications, varios investigadores dirigidos por Anthony Jones, científico climático de la Universidad de Exeter, descubrieron que el uso de esta tecnología en el hemisferio norte podría reducir el número de ciclones tropicales en las costas de Estados Unidos y el Caribe. Pero existe una irritante consecuencia: habría más ciclones en el hemisferio sur y una sequía en toda la región del Sahel en África. Esto se debe a que todo el sistema climático está relacionado: al perturbar una región, invariablemente se afectaría otra. ¿Cómo reaccionaría una nación si otra hace que su clima sea mucho peor? ¿Esa acción constituiría un acto de guerra?

Sin embargo, existe una razón para usar la geoingeniería solar a escala mundial. Jones señala que podría usarse para “atenuar” los aumentos en la temperatura que los científicos pronostican. Podría utilizarse mientras el mundo encuentra estrategias más efectivas.

En el estudio se destaca un problema aún mayor con la geoingeniería solar: carece totalmente de regulación. “No hay nada que impida que un país decida simplemente hacerlo”, dice Jones. “Solo se requieren unos cien aviones que realicen tres vuelos diarios. Esto costaría entre 1,000 y 10,000 millones de dólares al año”. Añade que “resulta profundamente desconcertante que tengamos una tecnología que podría tener una influencia tan grande en el clima, y que simplemente no exista una reglamentación que impida que los países, e incluso las empresas, la utilicen”.

Jones advierte que hay muchos elementos del sistema climático que todavía no comprendemos, y que se requiere mucho más trabajo antes de que se considere que la geoingeniería solar es segura, o demasiado peligrosa para siquiera hablar de ella.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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