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Científicos reducen la adicción al alcohol en ratones

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Unos científicos que usaron un compuesto químico para reducir la adicción al alcohol en una población de ratones tienen la esperanza de que, algún día, su investigación pueda servir para ayudar a las personas que tienen problemas de alcoholismo.

El equipo de investigadores utilizó un compuesto que bloquea lo que se conoce como receptores opioides kappa (k-opioides), los cuales forman parte de una estructura cerebral conocida como amígdala extendida.

Algunos científicos sugieren que el sistema de receptores k-opioides interviene en el impulso de utilizar drogas y alcohol en periodos de estrés, pese a que el consumo pueda ser destructivo.

Los receptores k-opioides están localizados en el cerebro, en la médula espinal y en los tejidos circundantes, incluida la amígdala extendida. En un comunicado,. J. R. Haun, coautor del estudio que aparecerá publicado en la edición de mayo de Journal of Neuropharmacology (revista de la editorial Elsevier), y estudiante posgrado del Departamento de Neurociencias de la Universidad Médica de Carolina del Sur, explicó que la amígdala extendida interviene en la conducta motivacional, responde al estrés y ha sido asociada con el consumo compulsivo de alcohol.

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Con objeto de explorar el nexo entre el alcoholismo y esas regiones cerebrales, el equipo puso alcohol en las jaulas de unos ratones para que los animales bebieran en exceso, de suerte que sus niveles sanguíneos de alcohol se elevaran al nivel equivalente de un humano que bebe de manera compulsiva.

A partir de los niveles de consumo definidos en la guía del Instituto Nacional sobre Abuso de Alcohol y Alcoholismo de Estados Unidos, Haun precisó que un ración de alcohol equivale a más o menos una lata de cerveza de 355 mililitros, una copa con 150 mililitros de vino o bien, 45 mililitros de cualquier licor destilado. Sin embargo, hizo énfasis en que el volumen también depende del porcentaje de alcohol puro que contenga la bebida.

Haun agregó que el término “consumo compulsivo” se define como ingerir cuatro raciones de alcohol, si se trata de una mujer o hasta cinco en el caso de los hombres, a condición de que el consumo ocurra dentro de un lapso de dos horas.

Como parte del trabajo en su laboratorio, los científicos observaron la cantidad de alcohol que ingerían los ratones antes y después de administrar una sustancia conocida como norbinaltorfimina, la cual tiene el efecto de bloquear los receptores k-opioides.

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A decir de Haun, el equipo determinó que esto “no eliminaba por completo el consumo de alcohol. Solo ocasionaba que se redujera a un nivel más moderado, el equivalente a una copa de vino durante la cena, en vez de una botella completa”.

Así mismo, los investigadores hallaron que, en promedio, las hembras bebieron más que los machos, aunque también mostraron una mayor tendencia a suprimir el consumo después de recibir norbinaltorfimina.

Haun añadió que no se ha esclarecido la causa por la cual el bloqueo de los receptores k-opioides produjo ese efecto en los roedores.

“Lo que sí sabemos es que los receptores opioides kappa tienen una función importante en el estado emocional negativo que orilla a los individuos con trastornos de abuso a consumir alcohol de manera compulsiva”, enfatizó Haun.

Por su parte, el Dr. Howard C. Becker, profesor del Departamento de Psiquiatría y Ciencias Conductuales, y director de la investigación, emitió la siguiente declaración: “Beber de manera compulsiva es uno de los patrones de consumo de alcohol más comunes”.

“Se trata de una conducta peligrosa, y una consecuencia del consumo compulsivo de alcohol es que incrementa el riesgo de desarrollar un trastorno de abuso”, concluyó Becker.

Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos: “Beber de manera compulsiva es el patrón de consumo de alcohol más común, costoso y mortífero en Estados Unidos”. Uno de cada seis adultos estadounidenses bebe compulsivamente alrededor de cuatro veces al mes, y en cada sesión consume el equivalente a unas siete raciones de alcohol.

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En cuanto a la posibilidad de que el estudio pueda conducir al desarrollo de un medicamento para humanos que ayude a erradicar esta conducta, Haun aclaró: “Me parece que la finalidad es identificar los objetivos a que estarán dirigidos los tratamientos potenciales, y determinar si las nuevas terapias tienen alguna utilidad para disminuir el deseo y la motivación de beber con exceso en individuos que han desarrollado un trastorno de abuso de alcohol o que están a punto de presentarlo”.

Si bien no participó en la investigación, Ian Hamilton, experto en salud mental especializado en el abuso de sustancias, y profesor asociado del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad de York, Reino Unido, dijo a Newsweek que el estudio confirma lo que algunas investigaciones anteriores han demostrado sobre las áreas cerebrales que se activan y responden al uso excesivo de alcohol, sobre todo en lo referente al consumo compulsivo.

Hamilton celebró que el equipo haya explorado las diferencias observables en ratones machos y hembras, “ya que este factor, aunque crucial, suele pasarse por alto o es subestimado en casi todas las investigaciones”.

“Esta información conlleva el potencial de detener por completo la conducta en mujeres que mantienen una relación peligrosa con el alcohol”, prosiguió Hamilton.

En lo tocante a las limitaciones del estudio, el especialista en salud mental dijo que las investigaciones sobre neurotransmisores y actividad cerebral se basan en experimentos con ratones. Y aun cuando los cerebros de los roedores son semejantes a los humanos, “no son idénticos, por lo que los hallazgos no pueden aplicarse directamente a las personas”.

A pesar de lo anterior, Hamilton considera que los hallazgos podrían contribuir al desarrollo de medicamentos para intervenir oportunamente cuando una persona empiece a beber, y evitar así que consuma alcohol de manera excesiva.

Hamilton agregó que el estudio es un paso importante para entender por qué algunas personas beben de manera excesiva y otras no.

“Encuestas recientes han revelado que algunos individuos beben en exceso para lidiar con el estrés que está ocasionando la pandemia de COVID-19, de modo que esta investigación aporta información útil sobre la manera como el cerebro responde al consumo compulsivo de alcohol y cómo podríamos ayudar a esas personas para que recuperen el control de su consumo alcohólico. Esta información podría salvar vidas, debido a que el consumo compulsivo puede conducir a la muerte o aumentar el riesgo de problemas de salud como daño hepático y cáncer”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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