Feminismo, el movimiento que busca humanizar, no dividir


Feminismo, el movimiento que busca humanizar, no dividir



El feminismo no es una moda. La historia ha registrado las diferentes luchas de las mujeres en busca de sus derechos, a votar, a decidir sobre su cuerpo. Expertas en el tema nos ayudan a entenderlo: qué es, cuándo surge, qué busca como movimiento.

EL PASADO 12 DE AGOSTO las mujeres protestaron contra la violencia ejercida por parte de elementos de seguridad hacia una menor de edad en Ciudad de México. Ese día la diamantina rosa tuvo su primera aparición. Cinco días después, una nueva concentración tuvo lugar en la Glorieta de los Insurgentes y otros estados del país, donde esa misma diamantina fue el símbolo que acompañó a la consigna “No nos cuidan, nos violan”.

Así, nuevas generaciones de mujeres feministas hicieron que se escuchara su enojo y hartazgo contra unas autoridades y una sociedad que no las hace sentir seguras.

Sin embargo, esta lucha de las mujeres por sus derechos no comenzó el pasado agosto. Las mujeres llevan siglos trabajando por conseguir la igualdad.

No es la primera vez que el movimiento feminista toma las calles, lo que ha evolucionado son las causas, las representantes y los cambios que se buscan, dice a Newsweek México Isabel Fulda, coordinadora de investigación del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE).

Amneris Chaparro, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM, desempolva un poco más la historia y recalca que, al hablar de feminismo, “hablamos de tres siglos de pensamiento y acción”.

Hablar de feminismo es remontarse al siglo XVIII, cuenta Amneris, cuando un grupo de mujeres cuestiona la Ilustración: “Un proyecto excluyente que afirma que el hombre ha llegado a la mayoría de edad y que es la época de la razón, libertad, justicia e igualdad, al tiempo que excluye a la mitad de la población humana”.

También es pasar por el siglo XIX, cuando grupos organizados de mujeres tanto intelectuales como trabajadoras, conocidas como sufragistas, van a buscar reivindicaciones de tinte político porque la situación de las mujeres, de esta época, es muy precaria, explica la investigadora.

“No hay derecho al divorcio, al voto, a la educación, a la herencia, etcétera. A este punto de la historia se le conocerá como la primera ola del feminismo”. (En México no fue sino hasta el 3 de julio de 1955 cuando una mujer pudo emitir su voto.)

Desde esa época también comienza una lucha por cambiar el sistema económico de la mano de otro grupo feminista llamado marxista o socialista, “porque, aunque el sistema era opresor para hombres y mujeres, la opresión hacia las mujeres tiene un doble talante: es opresión como trabajadoras, pero también como mujeres”. (Actualmente se sigue luchando contra una brecha salarial por género.)

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En el siglo XX el feminismo busca un cambio cultural, modificar la manera en que se entiende el cuerpo de la mujer en el imaginario social. Amneris explica que, a pesar de que se han obtenido algunos derechos, las mujeres siguen siendo tratadas como ciudadanas de segunda.

La investigadora del CIEG expone que, a este feminismo de los años 70, se le llama el feminismo de la segunda ola y busca cambios culturales profundos, cuestiona el orden de género y cómo se entiende el cuerpo de las mujeres en el imaginario social. Voltea al interior de las casas y comienza a cuestionar no solo el aparato político, sino también lo que ocurre en el interior de las familias.

En el prólogo del libro 20 años por todas las mujeres, de GIRE, se retrata esta época. En México un grupo de mujeres se manifestó frente al Monumento a la Madre, el 9 de mayo de 1971, contra la mistificación de la maternidad y la invisibilidad de la carga del trabajo doméstico.

“…Fueron construyendo un legítimo derecho: autodeterminación reproductiva, potestad sobre el propio cuerpo, autonomía para gobernar el propio deseo. La meta era que cada mujer pudiera decidir si quería —o no— ser madre y que tuviera a su alcance la información y los medios para cuidar de su salud sexual y reproductiva”. (No fue hasta el 24 de abril de 2007 cuando la entonces Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó la reforma que despenalizó el aborto durante las primeras 12 semanas de gestación. El aborto por violación está permitido en todo el país.)

Con esta demanda de cambios culturales surge la tercera ola del feminismo con una diferenciación entre las feministas autónomas e institucionales; estas últimas trabajarán para que el feminismo se vuelva parte de las preocupaciones de los gobiernos y las universidades.

Ahora vivimos un movimiento que es nuevo en muchos aspectos, Isabel Fulda señala que las movilizaciones actuales responden a preocupaciones muy contemporáneas.

Parte central del feminismo es reconocer su diversidad y no pretender que todas las feministas van a estar de acuerdo en todos los temas.
Foto: Elizabeth Ruiz/Cuartoscuro

DIFERENTES FEMINISMOS

Como a lo largo de la historia, actualmente también existen diferentes feminismos; Isabel explica que una parte central del feminismo es reconocer su diversidad y no pretender que todas las feministas van a estar de acuerdo en todos los temas y no todas representan el mismo tipo de vivencias. Para Isabel, reconocer las diferencias y no hablar de un solo feminismo es uno de los retos del feminismo contemporáneo.

Al centrarnos en que no podemos hablar de feminismo de manera generalizada entenderemos que la respuesta a la relación entre el movimiento y el Estado es diversa.

“Existen algunos feminismos que se expresan en oposición al Estado siempre en las calles. Hay otros más institucionalizados que sí buscan dialogar o cooperar con las autoridades en diferentes niveles o diferentes condiciones”, explica Isabel.

Sin embargo, afirma que las posiciones que hay respecto al Estado y cómo debe o no participar el movimiento con las autoridades es un punto que actualmente no está resuelto y es homogéneo.

¿UNA GUERRA CONTRA LOS HOMBRES?

El papel que tienen los hombres dentro del feminismo, o bien, la posibilidad de que sean aliados es otra de las discusiones que acapara la atención del movimiento. Las investigadoras coinciden en que, al haber diferentes feminismos, existen diferentes posturas.

Isabel asegura que este tema es una discusión muy actual, sin embargo, dice que tratar de plantear las diferentes luchas que tiene el feminismo como si fuera una guerra respecto a los hombres es engañoso.

“El feminismo es un movimiento que lucha por la igualdad y la justicia para las mujeres. De ninguna manera se establece como una guerra contra los hombres”. Pero destaca que sí es un movimiento que pasa por denunciar los tipos de opresiones que viven las mujeres y cuestiona los comportamientos que tienen los hombres.

“Se busca, entre otras cosas, visibilizar cuáles son las violencias que viven las mujeres y la manera de evitarlas, repararlas y buscar una sociedad donde quepamos las mujeres y tengamos seguridad y justicia”, afirma Isabel.

En lo que a las marchas se refiere, la investigadora de GIRE hace énfasis en que existe un descontento generalizado, especialmente cuando quienes organizan establecen contingentes separatistas o exclusivos de mujeres o que los medios de comunicación envíen reporteros hombres y no mujeres.

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“El corazón de la cuestión tiene que ver con que los hombres no deben protagonizar el movimiento; si quieren ser aliados existen espacios en los cuales pueden serlo, pero es importante que reconozcan que la lucha tiene que ser protagonizada por las mujeres que son las que viven la violencia de manera directa”.

En palabras de Amneris Chaparro, el feminismo es una postura ética que busca desde sus orígenes la igualdad, que busca humanizar a partes de la población que han sido deshumanizadas en fondo y forma.

“Las mujeres no han sido tratadas como seres humanos tanto en la letra como en la práctica. La negación de derechos solo por ser mujeres es una forma de deshumanización. La violencia contra los cuerpos de las mujeres también lo es”.

Por lo tanto, dice, el feminismo lo que busca es humanizar a una parte de la población, que no solo se limita a las mujeres, eso significa que “es un proyecto incluyente, un proyecto igualitario que busca la libertad, la igualdad entre las personas, que busca que el régimen de género que es tan opresivo se socave”.

Y señala que el hecho de que se acepten hombres como aliados o no, es una respuesta que va a depender de cada feminista y de los posicionamientos de los diferentes feminismos.

EL #METOO Y LAS REDES SOCIALES

A finales de marzo de este año surgió en redes sociales el movimiento #MeToo mexicano. Con diferentes hashtags cientos de mujeres relataron sus experiencias de acoso sexual realizado por periodistas, escritores, músicos, diseñadores. Este es un ejemplo claro de que las redes se han convertido en una herramienta básica para el movimiento feminista. Pero también tiene algunas contrapartes.

Amneris destaca que, en el caso del feminismo, las redes sociales han sido una herramienta muy importante para algunas personas que sienten que este ha sido un espacio “más seguro” para hacer sus denuncias y hablar de manera franca de sus posicionamientos feministas.

Para Isabel son un movilizador importante y un espacio de comunicación que ha permitido organizar de mejor manera las movilizaciones, aclara cuestiones de seguridad, se hacen debates, discusiones.

Sin embargo, ambas coinciden en que son un espacio donde se generan reacciones antifeministas, espacios que no están regulados y donde cualquier persona puede violentar o difamar. Y que en ocasiones son herramientas que se utilizan para poner en riesgo a algunas mujeres.

“El feminismo lucha por la justicia para las mujeres. De ninguna manera se establece como una guerra contra los hombres”.
Foto: Andrea Murcia/Cuartoscuro

FEMINISMO, UN MOVIMIENTO QUE NO ES BIEN RECIBIDO

Así como la lucha feminista no es nueva, los comentarios contra el movimiento tampoco. Después de las movilizaciones del 12 y 16 de agosto surgió en redes sociales y medios de comunicación una serie de ataques o argumentos negativos en torno a las formas de protesta y el discurso de las mujeres feministas.

La explicación de Amneris es simple: el feminismo nunca ha sido un movimiento bien recibido, siempre ha sido estigmatizado y hay estereotipos que casi siempre son negativos.

“Si hablamos de desvirtuar el feminismo estamos hablando más bien de desconocimiento de lo que significa. De una profunda ignorancia de muchos sectores de la población que opinan sin haber leído algún texto de feminismo. Sin pensar que es un proyecto de humanidad que busca reivindicaciones no solo para las mujeres, sino para todas las personas”.

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Destaca que es un discurso que nos remonta al siglo XVIII cuando las mujeres feministas eran ridiculizadas, encarceladas. “Viene, por otro lado, de un gran miedo de pensar que el mundo puede ser diferente. De ciertos sectores que no quieren perder privilegios que son arbitrarios, y como el feminismo los cuestiona es muy fácil atacar”, dice.

Mientras, Fulda asegura que en este nuevo momento del feminismo hay suficiente información de gente muy joven, hay maneras mucho más sencillas en las que se expresa el feminismo, más atractivo y digerible de lo que era antes.

“A estas alturas malinterpretar el feminismo también tiene que ver con una postura de tratar de desprestigiarlo y mostrar algo que no es”.

NOS ESTÁN MATANDO

Ambas investigadoras remarcan la importancia de entender al feminismo actual, un feminismo que surge de la violencia, el miedo, la inseguridad, del hartazgo. Lo que mueve a las feministas a movilizarse y a trabajar todos los días es que queremos garantizar nuestra seguridad, dice Fulda.

“Diferentes personas que se declaran o no feministas, hombres o mujeres que asisten o no a las marchas, todo el mundo estaríamos de acuerdo en que la situación de violencia en México es muy grave y urge resolverla. Situaciones como que las mujeres puedan sufrir violencia sexual por parte de las fuerzas del Estado, la policía, militares o sus mismos familiares son temas que deberían indignar a todos por igual”.

Para entender la lucha del feminismo contemporáneo, Amneris Chaparro recomienda cuestionar los privilegios que consideramos naturales, normales, ordinarios y pensar cómo sería nuestra vida si tuviéramos otro género.

Es una estrategia, dice, para comenzar a pensar por qué es importante el feminismo y por qué, a pesar de tres siglos de existencia, aún hay atavismos, reacciones antimujeres y antifeministas, y sigue existiendo la violencia específica contra las mujeres.

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