"La habitación del pavo real", de James Whistler, vuelve a exhibirse


“La habitación del pavo real”, de James McNeill Whistler, vuelve a exhibirse al público



Después de más de un siglo podemos apreciar nuevamente una de las grandes obras maestras del arte mural decorativo como la visualizara su autor. Gracias al esfuerzo de restauración de la Galería de Arte Freer, del Instituto Smithsoniano, “La habitación del pavo real”, de James McNeill Whistler, ha recuperado su esplendor original.

La emblemática instalación —el único interior decorativo de Whistler que aún se conserva— cobró vida hace más de 140 años como el comedor londinense del magnate naviero británico Frederick Leyland. Primer mecenas importante del artista estadounidense, Leyland quería que su residencia de Kensington “fuera un palacio del arte que igualara su prominencia cultural”, menciona Lee Glazer, curadora del Instituto Lunder de Arte Estadounidense, en Colby College.

El arquitecto Thomas Jeckyll recibió el encargo inicial de diseñar el salón, pero al verse impedido por una enfermedad, Whistler —quien trabajaba en otras habitaciones de la residencia— se ofreció a concluir el proyecto. Sin embargo, tuvo que convencer a Leyland de que no entrara en la habitación, lo que le permitió modificar por completo aquel espacio.

Era posible obtener mucho dinero con clientes de clase media que necesitaran ayuda para decorar.

“[Whistler] solía escribir a Leyland, informando: “Estoy transformando tu comedor. ¡Será una sorpresa espléndida!”, comenta Glazer, en entrevista con Newsweek. “El problema es que nunca explicó a Leyland lo que estaba haciendo y tampoco le participó que invitaba a los miembros de la prensa para que vieran su trabajo”.

Leyland tenía una hermosa colección de porcelana china azul y blanco del periodo de Kangxi [dinastía Qing; siglo XVII]. Y a fin de exhibirla, Whistler cubrió cada centímetro de las paredes y el techo con tonalidades doradas y azul Prusia, creando complejos diseños que imitaban el plumaje de un pavo real. De hecho, pintó también los tapices de cuero del siglo VI que Jeckyll había seleccionado para la habitación, de modo que no chocaran con la creación artística de 1864. Y sobre la chimenea, el sitio más prominente de la habitación, Whistler colocó una obra de su autoría titulada “La princesa de la tierra de porcelana”.

Exposición de James McNeill Whistler, en Washington, en 2013.
Foto: Robert MacPherson/AFP

LA GRAN REVELACIÓN

El cliente regresó a Londres en 1877, y al ver el comedor transformado —y su residencia convertida en un espectáculo público—, Leyland no pudo disimular su disgusto. Y tampoco ayudó que Whistler le presentara una factura bastante abultada.

“Se enfrascaron en negociaciones y terminaron pactando la mitad de la cifra que Whistler pedía”, informa Glazer. “No obstante, la relación quedó irrevocablemente dañada”.

Leyland autorizó que Whistler terminara el proyecto, y el contrariado diseñador añadió un nuevo elemento central: dos pavos reales machos en actitud combativa, los cuales pretendían representar al artista y su mecenas (Whistler tituló la pieza “Arte y dinero: o la historia de la habitación”). Se cuenta que el estadounidense dijo al británico: “Te hice famoso. Mi obra seguirá viva cuando todos te hayan olvidado. Ahora que, tal vez, la posteridad te recuerde como el propietario de la habitación del pavo real”.

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Whistler nunca volvió a ver su creación y, pese a todo, Leyland debió observar algo que le gustó, porque “era uno de los hombres más acaudalados de Londres y podía rehacer el salón sin dificultad alguna. Pero no lo hizo”, señala Glazer.

El esteticismo surgió en Inglaterra en las décadas de 1860 y 1870. El movimiento proponía el concepto del “arte por el arte”, en vez de utilizar la expresión artística como una manifestación social o política. Y, en ese tenor, “La habitación del pavo real” persiste como el ejemplo más célebre del periodo.

“Whistler creía en una estética ‘totalizadora’, que proporcionara una experiencia de inmersión en el mundo de belleza que estaba creando”, agrega Glazer. “Sentía que el arte no debía quedar confinado en un marco, sino abarcar la propia habitación”.

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Aun así, su filosofía tenía también aspecto comercial, pues sabía que podía obtener mucho dinero con clientes de clase media que necesitaran ayuda para decorar.

Tras su desavenencia con Leyland, Whistler cayó en desgracia con los coleccionistas, por lo que enfrentó años de burlas y dificultades financieras. Mas esos mismos apuros lo impulsaron a reinventarse y adoptar la técnica de la acuarela: medio que seca en mucho menos tiempo que el óleo y permite producir —y vender— más rápido (no es casualidad que la galería Freer haya organizado la primera exhibición importante con acuarelas de Whistler desde la década de 1930).

“Whistler reconoció que la relación entre el arte y el dinero es un aspecto inherente al mundo moderno”, prosigue Glazer. “Y tenía la firme convicción de que el artista era el más capacitado para determinar el valor de su arte”.

Al morir Leyland, en 1892, su familia vendió “La habitación del pavo real” a Charles Lang Freer, quien la desmontó para enviarla a Estados Unidos y volver a montarla en su mansión de Detroit. A la muerte de Freer, el salón fue instalado permanentemente en la Galería de Arte Freer de Washington, D. C., inaugurada en 1923.

No obstante, esta es la primera vez, desde el siglo XIX, que el público puede apreciar el diseño original (las porcelanas Kangxi ya habían sido subastadas cuando Freer adquirió la habitación). Recién restaurada (y reabierta al público en mayo), la instalación titulada “The Peacock Room in Blue and White” [La habitación del pavo real en azul y blanco] “brinda al espectador una perspectiva más clara de la visión de Whistler como artista y decorador”, afirma Glazer.

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A fin de lograr una mayor aproximación a la original, el equipo de la curadora estudió fotografías del salón hechas en 1892, directamente en la residencia Leyland. Las paredes norte y oriente están adornadas con porcelanas de Kangxi similares a las que exhibiera Leyland, enmarcadas en las celosías de nogal dorado que diseñara Jeckyll. Y para complementar las paredes occidental y sur, la galería Freer encargó 95 piezas de cerámica contemporánea creadas con la antigua técnica china de la porcelana.

El público puede admirar el salón en el horario del museo, aunque las persianas solo se abren el tercer jueves de cada mes. La razón para esto es que, al abrir las persianas, desaparecen los pavos reales de Whistler —considerados el mayor atractivo de la habitación— mientras que, al cerrarlas, emergen infinidad de sutiles detalles en el diseño.

“Este efecto es mucho más dinámico y apegado a la experiencia que brindaba la habitación cuando era un espacio habitable, en vez de un icono museográfico”, explica Glazer. “En tiempos de Leyland, cerraban las persianas solo durante la noche, de modo que los pavos reales dorados eran parte del aspecto nocturno del salón”.

“The Peacock Room in Blue and White”, abierta al público en la Galería de Arte Freer del Instituto Smithsoniano, en Washington, D. C. “Whistler in Watercolor”, abierta hasta el 6 de octubre de 2019.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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