Fundaciones empresariales: un agente de cambio en México


Fundaciones empresariales: un agente de cambio en México



Salud, arte y medioambiente son algunos de los rubros en los que las fundaciones empresariales se suman para alcanzar el Objetivo 17 de las Metas de Desarrollo Sostenible planteados por la ONU, ese que busca “alentar y promover la constitución de alianzas eficaces en las esferas pública, público-privada y de la sociedad civil, aprovechando la experiencia y las estrategias de obtención de recursos de las asociaciones”.

Los frutos del trabajo de estas organizaciones se han convertido en un fuerte detonador de las denominadas empresas socialmente responsables (ESR). Ejemplo de ello son las alianzas que hizo Fundación Gigante con Operation Smile México y la Orden de Malta para combatir la desnutrición.

Las fundaciones empresariales están consideradas como el sector dos y medio, dado que ocupan un lugar entre el segundo sector, dedicado al ámbito el empresarial, y el tercero, correspondiente a entidades sin fines de lucro, de acuerdo con la investigación Fundaciones empresariales en México: un estudio exploratorio, editada por el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) y el Centro de Investigación y Estudios sobre Sociedad Civil, A. C.

EL Cemefi las define como “organizaciones privadas, sin fines de lucro, orientadas al beneficio público, establecidas por una empresa, constituidas como entidades legalmente independientes, pero con estrechos vínculos estratégicos, financieros y de gobierno con la empresa que la crea”. Esto significa que, si llegaran a tener un excedente en sus ingresos, deberán repartirlo entre los fundadores y tienen la obligación de aplicarlo a una causa social.

A diferencia de lo que sucede con otro tipo de fundaciones, como las independientes, comunitarias o familiares, las empresariales tienen una doble misión: “La social, relacionada con una causa, y la institucional, enfocada en el posicionamiento estratégico y de capital reputacional de la empresa”.

El estudio (2014) subraya la existencia de 131 fundaciones empresariales en el país, de las cuales 94 por ciento fueron creadas después de 1991 y la mayoría se ubican en Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León.

También destaca tres modelos. En el primero entran las donantes, ya sea que lo hagan directamente o se sirvan de canales para las donaciones empresariales; el segundo es el de las fundaciones en evolución o con una nueva definición de propósito; y la tercera se refiere a aquellas que buscan una oportunidad para integrarse al programa de responsabilidad social empresarial, que son las que están más en boga.

En México, las principales alianzas se realizan entre organizaciones de la sociedad civil y la academia mientras que los gobiernos, locales, estatales y federales ocupan un tercer lugar en incidencia.

Lejos de lo que se piensa, el capital con el que se financian no depende solamente de las donaciones que pueda hacer la empresa, de hecho, 50 por ciento de las fundaciones reciben capital del sector social. La estructura interna de estas organizaciones la conforma un grupo reducido de empleados y la mayor parte son voluntarios.

Legalmente hablando, 84 por ciento de las fundaciones están constituidas como asociaciones civiles y 7 por ciento, como instituciones de asistencia privada.

 

RAZONES PARA CREAR UNA FUNDACIÓN

Las fundaciones empresariales son independientes del gobierno porque operan con capital propio, buscan un beneficio social y entran en un marco jurídico. Esta triada les permite tener varios beneficios:

Exentar impuestos. Existen incentivos tributarios, pero por lo general no son suficientes para enfrentar la inversión que requieren estas organizaciones.

Canalizar la inversión social privada. Gracias a esta se generan obras filantrópicas específicas y planeadas de manera asertiva.

Vincularse con la comunidad de la zona de influencia de la empresa. De tal forma que pueda hacer un diagnóstico del lugar para crear programas acordes a sus necesidades. También pueden monitorear el impacto social que generan y, en caso de requerirlo, buscar estrategias que permitan resarcir el daño.

Ser el brazo social de la empresa. En sus orígenes con ello se buscaba beneficiar a la comunidad, pero hoy toma un sentido más profundo dentro del nicho de las empresas socialmente responsables que, a su vez, permiten una doble ganancia: el posicionamiento de la empresa y la contribución a la sociedad.

 

DECÁLOGO DE LAS ESR

Las fundaciones empresariales enfocadas en el programa de ESR trabajan bajo las líneas del siguiente decálogo, elaborado por el Centro Mexicano para la Filantropía:

  1. Promueven e impulsan una cultura de competitividad responsable que busca las metas y el éxito del negocio, contribuyendo al mismo tiempo al bienestar de la sociedad.
  2. Hacen públicos sus valores, combaten interna y externamente prácticas de corrupción y se desempeñan con base en un código de ética.
  3. Viven esquemas de liderazgo participativo, solidaridad, servicio y de respeto a los derechos humanos y a la dignidad humana.
  4. Promueven condiciones laborales favorables para la calidad de vida, el desarrollo humano y profesional de toda su comunidad (empleados, familiares, accionistas y proveedores).
  5. Respetan el entorno ecológico en todos y cada uno de los procesos de operación y comercialización, además de contribuir a la preservación del medioambiente.
  6. Identifican las necesidades sociales del entorno en que operan y colaboran en su solución, impulsando el desarrollo y mejoramiento de la calidad de vida.
  7. Identifican y apoyan causas sociales como parte de su estrategia de acción empresarial.
  8. Invierten tiempo, talento y recursos en el desarrollo de las comunidades en las que operan.
  9. Participan, mediante alianzas intersectoriales con otras empresas, organizaciones de la sociedad civil, cámaras, agrupaciones o gobierno, en la discusión, propuestas y atención de temas sociales de interés público.
  10. Toman en cuenta e involucran a su personal, accionistas y proveedores en sus programas de inversión y desarrollo social.

 

SECTORES BENEFICIADOS EN MÉXICO

Las fundaciones empresariales prestan su ayuda mediante transferencia a sus beneficiarios tanto de recursos económicos como en especie, asesoría técnica o apoyo de los voluntarios de la empresa.

El Cemefi y el Centro de Investigación y Estudios sobre Sociedad Civil, A. C. han categorizado seis rubros que agrupan la labor de las fundaciones empresariales. El número uno es el de servicios humanos, en el cual se incluyen las labores con niños y jóvenes, desastres y apoyo a damnificados, nutrición, personas discapacitadas, mujeres, familias, población de escasos recursos, recreación y deportes, viviendas y albergues. Los otros cinco son: educación; unidad pública y social; salud; medioambiente y animales; y arte, cultura y humanidades.

Otra labor primordial que hacen estas organizaciones es darles seguimiento a sus beneficiarios. El 82.8 lo realizan de manera interna, y el 14.1, a través de terceros contratados por las fundaciones.

 

FILANTROPÍA EMPRESARIAL

Si hiciéramos una revisión breve de la filantropía en México, esta se ha utilizado para describir, de acuerdo con el documento Filantropía corporativa a la mexicana, “las actividades caritativas de la Iglesia católica, así como las donaciones de los ricos hacia los pobres, las cuales atienden algunos síntomas de la desigualdad, pero no suelen tener un componente en términos de justicia social”.

Con los años el término se ha ampliado al apoyo que dan las organizaciones no lucrativas para atender también las causas que pueden reducir la pobreza. El surgimiento del término filantropía corporativa busca profesionalizar dicha labor mediante “presupuestos predecibles, planeación y decisiones estratégicas sobre el destino de los recursos, con diseño de procedimientos para seleccionar y rechazar solicitudes y con procesos de seguimiento, evaluación y comunicación de los resultados”.

Gracias a estos lineamientos, las fundaciones empresariales han logrado posicionarse como un agente de cambio imprescindible, mediante el cual, al sensibilizar también a los empleados de sus propias organizaciones, los contagian de la necesidad de contribuir y retribuir a las comunidades en las que se ubican fomentando la integración y el retorno del capital, ya sea en aportaciones económicas, servicios o especie.  

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