Para reconectar con la naturaleza: Un hotel construido entre árboles


Para reconectar con la naturaleza: Un hotel construido entre árboles

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Con su arquitectura, Eduardo Neira proyecta la importancia de ver el entorno como un mundo sagrado en donde pueden darse cientos de situaciones creativas.

En Azulik, su hotel en Tulum, a las 14:45 horas todos dejan de hacer lo que estén haciendo para abrazar, con los ojos cerrados, a quien se encuentre a su lado. Este es un ejercicio para recordar que todos somos iguales y todos necesitamos afecto, comprensión, paciencia y cariño. El abrazo, como un ejercicio de reconexión con uno mismo, con los demás y con el entorno.

Eduardo Neira, conocido como Roth, es el responsable de varios espacios arquitectónicos en Tulum, los cuales realiza —afirma— escuchando a la naturaleza y a las comunidades mayas que habitan en la zona. Una regla de su arquitectura, dice, es no cortar ninguna planta que tenga más de 1.5 centímetros de diámetro, así va construyendo alrededor de las ramas y árboles un santuario para que sus habitantes y huéspedes puedan encontrar paz.

Para Roth, al ser el agua la responsable de la vida en nuestro planeta, le da una importancia especial y la deja recorrer libremente el hotel, las galerías y su propia casa.

Por más de 20 años, platica, ha estado aprendiendo de las comunidades mayas de la zona de Tulum, sus tradiciones, su cultura, su lenguaje y su relación con los elementos de la naturaleza.

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En abril de 2018 inauguró su primera galería de arte, y el 1 de diciembre, la segunda. Por ahora se encuentran en construcción dos más, además de que va a iniciarse un proyecto con personas mayas para darles capacitación en técnicas de construcción de bajo costo.

“Vamos a instalar paneles solares para hacerlos independientes energéticamente, pues no hay electricidad en el campo, y también queremos hacer escuelas de arte para la gente maya, estamos entramando unos talleres de cerámica, de escultura, vaciado en acero, en bronce, en piedra y en madera. También queremos hacer un estudio de grabación”, cuenta Roth durante la feria de arte Zona Maco, en Ciudad de México, sobre los proyectos en los que actualmente se encuentra trabajando.

Ahora él y su equipo pasan los días, según explica, “creando un territorio de posibilidades en donde se pueda descubrir y desarrollar el talento que la gente maya ha heredado”.

Ilustra con una anécdota de superación personal qué ocurrió dentro de su hotel. “Hace menos de dos años tenía a un trabajador juntando algas en la playa y no lo hacía bien. Le dije: ‘Te voy a correr, la única esperanza que te queda es en la carpintería, haz unas pruebas para cortar maderas’. Hizo la prueba y le salió muy bien. A los tres meses ganó el premio a la creatividad que damos cada mes. Después lo ganó tres meses seguidos, a partir de entonces, al reconocimiento le pusimos Premio Cano a la Creatividad y él mismo, Cano, lo entrega. Al año empezó a armar un equipo y actualmente tiene a 100 personas; toda la parte de bejuco, de trabajo sofisticado en madera, lo hace Cano con su gente”, relata emocionado.

Roth ha descubierto que hay muchas personas mayas que por falta de oportunidades para estudiar o capacitarse tienen talentos escondidos que no conocen y no pueden explotar. Tal es el caso del diseñador de la línea de ropa que se vende en la tienda de su hotel y que se presentará en el Fashion Week México, en Nueva York y en Milán. “El diseñador era DJ y no había podido dedicarse a la moda. Ahora hace obras de arte”, explica.

Roth no es arquitecto de profesión, entonces la experiencia de sus obras es distinta a lo que usualmente se está acostumbrado. Aquí no hay planos ni planes, entonces “todos tienen que usar su creatividad para encontrar por dónde empezar, y como los trabajadores se dan cuenta de que yo tampoco sé cómo empezar se atreven a proponer y participar, entonces cada quien va aportando a la arquitectura del lugar”.

Actualmente trabaja en un proyecto de escuela que no es un modelo de escuela convencional en el que el maestro es la autoridad que aporta conocimiento a alumnos que no saben. La escuela que propone Roth, explica, es un concepto más cercano a la alquimia, en el que personas que tienen creatividad occidental y quienes tienen una sabiduría de las manos y la tradición, como los mayas, se fusionen para producir juntos y ambos aprenden de sus procesos.

“Vamos a tener una residencia en la escuela donde los artistas van a enseñar y los alumnos van a ser los ayudantes de los artistas. En ese proceso, la posibilidad de crecimiento es muy rápida porque estás trabajando con los talentos ocultos de la gente y no tratando de imponer un conocimiento antiguo o un concepto de las cosas”, explica sobre la nueva escuela en territorio maya.

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Nunca cortan plantas con más de 1.5 cm de diámetro

Dentro de su propia casa, Roth tiene más de 200 árboles vivos, pues “es la sabiduría de las plantas que se comunican entre sí, que son medicina, son una red que está viviendo durante cientos de años en ese lugar, de una selva endémica que tiene plantas de 50 o 60 años y que ahí nacieron, son una familia. Cuando no cortas las plantas ellas te ayudan y lo sabes porque dentro de la casa echan hojas, lo lógico es que las ramas estén todas afuera y adentro no tendría que haber ninguna porque no hay tanta luz, pero como agradecimiento hay hojas y hay ramas, porque vivimos en armonía”, habla Roth sobre su relación con las plantas.

Detrás de su filosofía de conservación del ambiente existe una superstición, pues Roth cree en los espíritus invisibles, en los guardianes de la tierra a los que hay que pedir permiso antes de iniciar cualquier proyecto sobre su hábitat.

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“Si llegas a un lugar, devastas todo, matas todas las plantas y dejas sin casa a los animales, todos los espíritus invisibles, que también están ahí, están enojados porque llegaste a hacer una matanza. Pero si llegas, pides permiso y ya con el permiso de los seres visibles e invisibles empiezas a construir en armonía con ellos y respetándolos, entras en un lugar de paz, en donde podemos ser felices compartiendo un mismo espacio”.

Lo cierto es que, en su sed de grandeza, el ser humano ha devastado ecosistemas completos. Pero las comunidades originarias están aún conectadas con su cultura y con la naturaleza, dice: “En 20 años que llevo construyendo con personas mayas nunca he escuchado a un maya gritándole a otro, o hablándole mal, todos se respetan, el único que grita por ahí soy yo y soy el único que altero el ambiente, ellos son muy respetuosos. Y eso es algo de lo mucho que podemos aprender de ellos, el problema lo generamos siempre en la cabeza, pero la solución está en el corazón. Hasta que no bajemos al territorio de las emociones no vamos a encontrar soluciones y vamos a seguir rompiéndolo todo”, comparte.

Antes de finalizar, Roth habla de la importancia de preservar Tulum, lugar que ha dado casa a todos sus proyectos y en el que él mismo vive. Para él es primordial que dejen de celebrarse fiestas gigantes en las playas, que los desagües no vayan a parar al océano, que se construya otro acceso a Tulum para controlar el tránsito y que se trabaje en la seguridad para que Tulum no deje de ser un santuario de paz y tranquilidad, tanto para quienes viven ahí como para quienes lo visitan.

 

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