Nicaragua: los periodistas independientes son presos políticos


Nicaragua: los periodistas independientes son presos políticos



Activistas, periodistas y ciudadanos de varias naciones no cejan en su esfuerzo de denunciar los excesos de los regímenes represores en los que predominan las violaciones a los derechos humanos, las desapariciones, las detenciones arbitrarias y la nula libertad de expresión.

 

EN 2008 comenzaron a percibir cómo el régimen iba mutando al abolir, prácticamente, la ley de participación ciudadana y desmontar el esfuerzo que la sociedad civil organizada y los ciudadanos habían logrado: construir políticas públicas a nivel local.

“Después vimos cómo el régimen de Ortega fue cooptando los espacios públicos, se adueñó de todo, de las alcaldías del país, son 153, y básicamente rompió el diálogo político con la sociedad civil”. Así lo afirma Edipcia Dubón, activista nicaragüense por la democracia y los derechos de la mujer.

No solo eso. El régimen de Daniel Ortega rompió relaciones con los organismos de cooperación internacional que empoderaban a los ciudadanos.

Luego de eso, vino “no solo el asfixie económico sino la aniquilación de la sociedad civil y la suspensión de la personalidad jurídica de 10 de las organizaciones más importantes del país vinculadas al tema de derechos humanos, a la defensa del medio ambiente y al empoderamiento tanto de mujeres como de jóvenes”.

Dubón sostiene: “Hoy, en Nicaragua, todo lo que tiene que ver con la palabra gobernabilidad, lo que tiene que ver con la palabra ciudadanía o formación de liderazgo juvenil es visto como fomentar un golpe de Estado”.

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Entrevistada en el marco del Oslo Freedom Forum México, la activista afirma que en la actualidad a la sociedad nicaragüense se le penaliza y criminaliza buscando así acallar las voces de las personas. Así, cualquier discurso que empodera a la gente es “desmantelado por completo”.

Ante los alarmantes niveles de violencia y de represión descritos, en 2018, en el informe: Graves violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas sociales en Nicaragua, de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, se estableció un que habría un diálogo nacional en el que la Iglesia católica fungiría como mediadora.

El próximo 16 de mayo, se iniciarán las mesas de dialogo con la participación de representantes del gobierno, entre ellos el propio presidente Ortega, empresas privadas, universidades, estudiantes, organizaciones de la sociedad civil, comunidades indígenas. Y también se hará presente la voz de los jóvenes y estudiantes que han solicitado el cese de los ataques que ocurren en Nicaragua. Y, además, quieren impulsar otro gobierno. Esto en los hechos supone que “Daniel Ortega se retire del poder”.

Al reanudarse las mesas de diálogo para resolver la crisis de derechos humanos y libertad de expresión en Nicaragua, la Comisión Interamericana de Derechos Humano (CIDH) hizo un llamado al Estado para desarrollar un plan de acción, encaminado a la pacificación efectiva y legítima entre el gobierno de Nicaragua y la Alianza Cívica.

LUCHA POR DERECHOS 

Ejercer el derecho de la libertad de expresión es una acción de riesgo extremo. Ahí está el caso del periodista y activista por los derechos civiles, el angoleño Rafael Marques de Morais, reconocido por sus trabajos de investigación sobre corrupción gubernamental en Angola.

Marques de Morais fue arrestado, acusado de difamación y sentenciado a seis meses de prisión por publicar en 1999 el articulo The lipstick of Dictatorship, en español El Labial de la Dictadura en el que se refirió al presidente José Eduardo dos Santos como un dictador, con esto, el gobierno angoleño le prohibió publicar “artículos difamatorios” durante cinco años.

En entrevista para Newsweek México, Marques de Morais habla de la importancia del ejercicio periodístico para señalar e investigar actos de corrupción. Y también del ejercicio de la libertad de expresión en tiempos de crisis humanitaria, manifestaciones sociales y países en dictadura como sucede actualmente en gran parte de Centroamérica.

“La libertad de expresión es importante por la apertura de la sociedad, por el desarrollo de la sociedad y por el desarrollo humano, es un derecho fundamental porque sin libertad de expresión no hay defensa por los derechos humanos”, indica.

El también periodista también se refirió a cuán importante es denunciar y hablar abiertamente de los actos de corrupción en un país porque, muchas de las violaciones de los derechos humanos tienen que ver con el control del poder y de los recursos que el mismo proporciona.

Para Marques de Morais “es muy importante combinar la lucha por la libertad de expresión con la lucha contra la corrupción”. Ello porque considera que, a más corrupción, hay menos libertad de prensa y donde las mafias del crimen organizado, se imponen los capos, como en Italia o México, “los periodistas son los primeros en pagar una alta factura”.

Al respecto, agrega: “Los periodistas tienen que tomar conciencia de los enemigos que tienen y buscar alianzas hasta que las condiciones de seguridad sean mejores”.

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VER Y NO CALLAR

Maziar Bahari –periodista, cineasta y activista iraní-canadiense– fue acusado por el gobierno de Irán de sedición y espionaje por la cobertura que realizó durante las elecciones de 2009. Ante esta experiencia de vida, Bahari se ha dedicado a la defensa de la libertad de expresión y los derechos humanos.

El periodista iraní recordó la experiencia de los 108 días en los que estuvo bajo encierro, además de las múltiples manifestaciones ocurridas en los años 80 por el gobierno islámico al señalar que, “lo que los autoritarios quieren hacer es que cerremos los ojos y no hagamos ruido”.

Para Bahari, junio de 2009 se convirtió en el inicio de una nueva era con el “Movimiento Verde”, la manifestación social que llevó a las calles el mensaje de respeto por la vida individual.

Por su parte, el gobierno recurrió a la tortura a periodistas y activistas donde él fue uno los que estuvo 108 días en encierro total. En ese tiempo, para el gobierno “los periodistas eran espías”.

A 10 años de haber sido víctima de tortura y constantes golpizas, el periodista señala que su deber, ahora, es ayudar a las personas y a periodistas de otros países.

“La verdad, aunque sea callada al principio, va a hacer ruido”, remata.

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