Cómo vivir sin miedo en la era de Donald Trump


Cómo vivir sin miedo en la era de Donald Trump



Artistas, activistas y responsables de la política en Estados Unidos proponen cómo hacerlo.

Tiroteos masivos, #MeToo, separación de familias, cambio climático, juicio político. El mundo es oscuro y empeora día con día, o al menos eso es lo que parece, de acuerdo con la incesante descarga de alertas y publicaciones de Facebook que inundan nuestros teléfonos. Nosotros, por nuestra parte, nos enfurecemos, nos desesperamos, huimos. Es un círculo vicioso, aparentemente sin salida.

“Quienes trabajamos en los medios de comunicación, debido a nuestra propia necesidad de atención, de clics y de ganancias, no contamos las historias que sanan”, señala la escritora Irshad Manji, que es una de las personas con las que Newsweek habló sobre cómo superar el miedo y comenzar a resolver los problemas de nuestra nación. “Contamos las historias de los conflictos. Necesitamos escuchar ambas”.

“DEBEMOS UTILIZAR LA PALABRA PARA ELEVAR E INCLUIR”: STACEY ABRAMS

Creo en hacerme tres preguntas antes de seguir adelante: ¿Qué es lo que quiero? ¿Por qué lo quiero?, y ¿Cómo puedo obtenerlo? Mi objetivo principal es erradicar la pobreza; pienso que es inmoral y que es una mancha para nuestra sociedad. Así, cuando me desespero o me enfurezco, me tomo un tiempo para pensar cómo puedo lograr ese objetivo, y entonces me pongo a trabajar.

Como escritora y exfuncionaria electa, creo en el poder de la palabra. Debemos utilizar la palabra para elevar e incluir. Podemos utilizar nuestras palabras para contraatacar la opresión y el odio. Pero también debemos convertir nuestras palabras en acciones. Debemos cabildear con nuestros líderes, emitir nuestros votos e impulsar un cambio real en 2019.

Imagen: Benjamin Lowy/Getty Images

Las leyes discriminatorias envalentonan a aquellos que buscan hacernos temer, al tiempo que dan una razón concreta para temer a las comunidades a las que perjudican. Debemos alejarnos de las leyes antinmigrantes, así como de la llamada legislación a favor de la libertad religiosa que perjudica a nuestras comunidades LGBTQ. La inacción también discrimina. En Georgia, nuestra negativa a expandir Medicaid ha provocado un daño indebido a los georgianos, personas de color y mujeres.

Con demasiada frecuencia, nuestro miedo deriva de la idea de que nuestra diversidad es un arma o una debilidad. En cambio, debemos darnos cuenta de que nuestra diversidad es nuestra fortaleza, pues permite que Estados Unidos sea la nación rica y emprendedora que es.

Cuando hables con alguien que tenga miedo, trata de encontrar puntos en común sobre los que puedas basar la esperanza. Como líder demócrata de la Asamblea General de Georgia, trabajé con el Partido del Té en relación con las leyes ambientales, así que es posible encontrar puntos en común con cualquiera. 

*Stacey Abrams perdió en una contienda muy cerrada por la gubernatura de Georgia en 2018. Ella habría sido la primera mujer de raza negra elegida como gobernadora en cualquier parte de Estados Unidos.

“EN LOS VERDADEROS TIEMPOS DE CRISIS, TRATAMOS DE SER GRANDES Y AUDACES”: JOE KENNEDY III

Ojalá fuera fácil cambiar la naturaleza humana. El miedo motiva, pero la esperanza también lo hace. Una de las personas que aplica esa idea con regularidad es John Lewis, representante de Georgia, el miembro más optimista del Congreso. No hay ningún otro funcionario electo que haya sido abandonado con mayor frecuencia por la gente, por personas que debieron haberlo sabido y pensar en su beneficio. Ha sido arrestado más de 40 veces, golpeado y casi asesinado. Sin embargo, ha vivido, ha visto, ha luchado y ha sangrado por la capacidad de Estados Unidos de cambiar y convertirse en una unión más perfecta. Esa lucha y ese propósito son valiosos.

Lewis asistió a un servicio religioso en memoria de las víctimas del tiroteo en la iglesia Mother Emanuel en Charleston, Carolina del Sur, y escuchó a las personas que habían perdido a algún ser querido; se levantó y habló sobre el perdón. Dijo que nuestra nación ha aprendido a perdonar, y contó una historia sobre cómo, cuando tenía 21 años, fue golpeado por miembros del Ku Klux Klan en Carolina del Sur. Años después, un hombre entró con su hijo en su oficina del Congreso y pidió hablar con él. Dijo que era uno de los miembros del Klan que lo habían golpeado, y que había ido con su hijo para disculparse. Se abrazaron y lloraron.

Imagen: Rick Friedman/Corbis via Getty Images

El hecho de levantarse para seguir peleando y decir siempre “Hola, hermano”, en la forma en que lo hace, muestra que somos humanos, que somos falibles y que cometemos errores. Tenemos la capacidad de resistir el miedo y de ser fuertes. Nosotros, como individuos, tenemos que tomar una decisión, y la historia de nuestro país muestra que, en los verdaderos tiempos de crisis, tratamos de ser grandes y audaces. Cuando nuestros Padres Fundadores escribieron que todos los hombres son iguales, se referían a los hombres ricos, blancos y protestantes. Hemos trabajado para expandir ese concepto. Para ayudar a las personas como los pobres inmigrantes que vienen aquí buscando una vida mejor, como lo hizo mi familia cuando llegamos aquí por primera vez.

Cuando enfrentes a alguien que habla desde el miedo, confróntalo. Levanta la voz. Hazle la pregunta fundamental, “¿Por qué te sientes así?” Escucha sus respuestas para exponer la falacia de sus argumentos, de manera que puedas abordar el miedo subyacente. Si las personas están dispuestas a tener una conversación honesta, por ejemplo, sobre la inmigración, quizás digan, “No podemos darnos el lujo de tenerla”, o “Van a desplazarnos”. Son afirmaciones que puedes abordar. Muestra la suficiente tenacidad para impedir que la discusión se apague.

Es difícil refutar realidades alternativas con hechos. Pero no es más difícil de lo que fue para los afroestadounidenses del movimiento por los derechos civiles o para las mujeres que lucharon para poder votar.

*El nieto de Robert F. Kennedy es abogado y ha sido representante del 4o. Distrito del Congreso de Massachusetts desde 2013.

AL PROGRESO LO ALIMENTA LA ESPERANZA Y NO EL CINISMO: BARACK OBAMA

Robert F. Kennedy sabía una o dos cosas sobre la esperanza. Hace medio siglo, había esperanza en el futuro, esperanza en la gente, esperanza en nuestra capacidad de hacer las cosas mejor, de ser mejores, eso lo motivó a desafiar a un presidente en funciones de su propio partido y desafiar la consciencia de la nación.

Y a través de las ciudades acereras, los abarrotados proyectos de vivienda social y las ventosas reservas de nativos americanos, Bobby revitalizó un espíritu estadounidense que estaba muy apaleado y todavía se tambaleaba por los asesinatos, disturbios y protestas, y el odio. Y él tenía ambición y claridad moral. Él argumentaba a favor de la unidad sobre la división, de la compasión sobre las sospechas mutuas, de la justicia sobre la intolerancia y desigualdad. Y de pie, en alguna plataforma improvisada, tal vez en la cajuela de un convertible o la góndola de un camión, a veces hablando en un micrófono diminuto mientras un asistente sostenía una bocina portátil, él se sentía auténtico, y se sentía veraz, no dirigido o preempaquetado como tantísimas personas en la vida pública.

Por ello es que, cuando ves las fotos y ves las películas de ese período notable, lo que resalta es el mar de manos que lo rodeaba al parecer doquiera que él fuera. Decenas de manos, cientos de manos, miles, de toda forma y color, las manos tersas de los niños y las manos arrugadas y cansadas de los viejos, y todas levantadas.

Él entendía que no era un optimismo ciego lo que vendía. La esperanza nunca es una ignorancia terca ante las penurias y crueldades que tantísimos sufren o ante los retos enormes que enfrentamos cada vez más y más en este mundo imperfecto… [Es] una creencia en la bondad, el ingenio humano y, tal vez más que nada, nuestra capacidad de conectarnos con los otros y ver a los otros en nosotros mismos, y que si damos lo mejor de nosotros, entonces tal vez podamos inspirar a otros a hacer lo mismo.

Han pasado 50 años desde que perdimos a Bobby, y tal parece que estamos batallando con algunos de los mismos problemas que él veía en 1968, cuando yo tenía 7 años; todavía estamos lidiando con la pobreza, la desigualdad, el racismo, la injusticia, la degradación medioambiental y un flujo constante de violencia sin sentido, a causa de todo eso, a veces puede ser tentador sucumbir al cinismo, la creencia de que la esperanza es una trampa engañabobos. Y peor aún, en una época en la que los medios de comunicación están divididos y nuestros líderes parecen estar contentos con inventar cualquier hecho que consideren conveniente, muchísimas personas han llegado a dudar incluso sobre la idea misma de tener puntos en común, insistiendo en que lo mejor que podemos hacer es retirarnos a nuestras esquinas respectivas, poner las carretas en círculo y hacerle la guerra a cualquiera que no sea como nosotros.

Imagen: PASCAL PERICH/CONTOUR/GETTY

La vida de Bobby Kennedy nos recuerda que debemos rechazar dicho cinismo. Él nos recuerda eso gracias a los hombres y mujeres que ayudó a inspirar, gracias a las olas que provocó, gracias a las acciones a menudo no reconocidas de los organizadores sindicalistas, los trabajadores por los derechos civiles, los activistas por la paz y los líderes estudiantiles, las cosas sí mejoraron de hecho.

En los años que han pasado desde la muerte de Bobby, decenas de millones han salido de la pobreza. Alrededor del mundo, la pobreza extrema disminuyó, y más niñas empezaron a tener acceso a una educación. Millones de estadounidenses tendrían la protección de seguros de salud que antes no estaban disponibles para ellos. Ese progreso es alimentado por la esperanza. No está alimentado por el miedo. No está alimentado por el cinismo. Y esto tal vez sea lo más importante: no depende de un líder carismático sino que, más bien, depende de las acciones continuas de los soñadores y realizadores de todos los estratos de la vida, quienes libran la batalla justa todos los días, incluso cuando no los toman en cuenta.

Hace seis años, al hijo de Lucy McBath le dispararon y lo mataron en el estacionamiento de una gasolinera porque los muchachos en el auto, al parecer, tenían la música demasiado fuerte, y ella convirtió ese dolor en esperanza y su esperanza en un escaño en el próximo Congreso, postulándose descaradamente en contra de los cabilderos de las armas de fuego en el gran estado de Georgia. Ella ganó.

Y luego tenemos a los estudiantes de Parkland. Todavía no pasa un año desde que un tiroteo masivo arrebató 17 vidas en su escuela, pero menos de un mes después, esos estudiantes ayudaron a aumentar la edad mínima para comprar un rifle en Florida. Ampliaron los períodos de espera antes de una compra. Un par de semanas después de eso, inspiraron a cientos de miles a marchar en la capital de la nación y por todo el país. Y, por supuesto, no han ganado todas las batallas pero, en línea, en los medios de comunicación, en las calles, en los campus universitarios, se han convertido en algunas de las voces más elocuentes y efectivas en contra de la violencia con armas de fuego. Y solo están empezando. ¿Quién sabe qué harán en cuanto puedan rentar de veras un auto?

Olas de esperanza. Ese es el legado, ese es el espíritu que Bobby Kennedy captó, de pie sobre un auto destartalado hace 50 años. Estos son los descendientes de los hombres, mujeres y niños que alzaron las manos al cielo, tratando de recibir un poco de esperanza.

*A Obama, 44o presidente de Estados Unidos, le concedieron el Premio Ola de Esperanza en Derechos Humanos Robert F. Kennedy el 12 de diciembre. Esto es un extracto de su discurso, compartido con Newsweek.

“NO IMPORTA LO QUE NOS ARROJEN… SABREMOS CÓMO ENFRENTARLO”: JUDITH JAMISON

Una de las cosas más hermosas del arte, y específicamente de la danza, es que une a personas de todos los ámbitos sociales, raciales y religiosos. Alvin Ailey dijo que “La danza vino a la gente y debe ser devuelta a la gente”. Ailey nos dio obras intemporales y llenas de energía que penetran en nuestro corazón, en nuestra alma, sin importar de dónde vengamos, el lenguaje que hablemos o el partido político al que apoyemos. En una época en la que existe tanta tensión alrededor de la raza, el género y la política, es importante tener lugares en los que las personas puedan sentirse unidas en una experiencia que podría no ser la propia. Las personas que no crecieron comprendiendo los himnos, rituales y bautismos afroestadounidenses, ni lo que significa crecer en el Sur de Estados Unidos pueden tener una perspectiva completamente distinta. Y para quienes vivieron esa historia, el círculo se cierra en ese momento.

Imagen: ANDREW ECCLES

En 1960, Ailey creó una pieza llamada “Revelations” (Revelaciones), que la compañía ha ejecutado permanentemente. Se basa en sus “memorias de sangre”, tras haber crecido en el Sur de Estados Unidos, donde imperaba la segregación racial. En esa época, la Iglesia era el sello distintivo de la civilización para las personas de raza negra. La coreografía de “Revelations” muestra nuestra humanidad, el hecho de que somos seres humanos, que experimentamos alegría y dolor. También es triunfante: no importa lo que nos arrojen; los afroestadounidenses sabremos cómo enfrentarlo. Somos perseverantes. Y esa es una historia con la que todo el mundo se puede identificar. 

*Jamison es bailarina, coreógrafa, exdirectora (de 1989 a 2011), y actualmente es directora artística emérita del Alvin Ailey American Dance Theater, que celebró su 60º aniversario en 2018.

“SUPERAR EL MIEDO ES ASUMIR UNA VISIÓN A LARGO PLAZO”: RUSSELL MOORE

El miedo que parece intoxicar actualmente nuestro ecosistema cultural parece estar menos relacionado con el peligro provocado por una amenaza externa que con el terror de ser “exiliados” de nuestra propia “tribu”. Esa es la razón por la que las personas se refugian en sus silos ideológicos. Nadie quiere ser acusado de hablar con “el enemigo”, independientemente de si lo hace en las redes sociales o en los más altos niveles de gobierno de todo el mundo.

Desde mi punto de vista, la valentía se basa en una sensación de confianza y de identidad personal que trasciende lo que vemos a nuestro alrededor en esta época tan tóxica. Ese sentido de identidad es lo que impulsó al Apóstol Pablo a superar el miedo a todo, desde la violencia de la muchedumbre hasta la ejecución por parte de las autoridades, mientras llevaba el Evangelio a todo el mundo conocido de la época. “¿Qué busco con esto, ganarme la aprobación humana o la de Dios?”, escribió. “Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10).

Imagen: Karen Race Photography

Vemos constantemente este ejemplo, ya sea en la Biblia o en la historia del mundo: para los hombres y mujeres con convicciones, la forma de superar el miedo es asumir una visión a largo plazo y no en el momento presente. Roger Williams [el teólogo puritano que fundó Rhode Island] tuvo que internarse él solo en el bosque para que las comunidades futuras pudieran vivir en libertad. Una sensación de soledad en el presente suele ser la clave de una floreciente comunidad en el futuro. 

*Moore es presidente de la Comisión de Ética y Libertad Religiosa, la rama de política pública de la Convención Bautista del Sur.

“SUSTITUYE EL ETIQUETAR CON ESCUCHAR”: IRSHAD MANJI

Historia verdadera: una joven artista de hip-hop oriunda de Biloxi, Misisipi, quiere que las estrellas y barras en la bandera de su estado sean sustituidas por un diseño inclusivo y unificador. Ella invita a un defensor de la bandera de guerra confederada a su hogar, donde discuten la perspectiva de él. Poco después, él cae en cuenta de que le importa más defender la dignidad de ella que preservar un símbolo. Entonces, él deja de ondear su propia bandera de guerra confederada. ¿Qué motivó esa transformación? El respeto. La activista respetaba al abanderado lo suficiente para entablar una conversación con él en vez de etiquetarlo.

La palabra respeto proviene del latín y significa darse la vuelta y ver de nuevo, de respectare. Si veo a las personas solo como las etiquetas que les he pegado, entonces no me estoy dando el tiempo para mirar de nuevo. Al ver de nuevo, me digo: “Tienes una historia que todavía no conozco. ¿Quieres compartirla?” Y al ser la primera en sentarme a escuchar, yo marco el tono, la cultura de la conversación. Eso me pone al volante en vez de en la posición de la víctima.

En los últimos dos años, cada vez más de nosotros nos hemos visto diciendo: “No me etiquetes”. No asumas que me conoces solo porque piensas que encajo en esta o aquella categoría. Seamos honestos: poner etiquetas es un juego, una manera de marcar puntos mediante poner a la gente en “su lugar”. Es manipulador, degradante y, finalmente, fastidioso.

Imagen: René Clement

En las redes sociales, la humillación parece cundir a la velocidad de la luz. Cada tribu cree que está siendo etiquetada, ¡pero el bando que se siente víctima hace exactamente lo mismo que el otro bando! Claramente, nada cambiará —no las culturas, no los sistemas, no las instituciones— hasta que las personas cambien. Y dado que las etiquetas no van a desaparecer, deberíamos tratarlas como puntos de salida en vez de puntos de llegada.

¿Puntos de salida para qué? Para hacernos preguntas unos a otros en nombre del respeto.

He aquí un ejercicio valiente que más de nosotros podríamos convertir en un hábito concreto: cuando estén en desacuerdo contigo, no te preguntes cómo podrías cambiar la mentalidad de la otra persona; pregúntate qué no estás viendo de la otra persona. A la mayoría de los jóvenes no se les enseña esta lección: que si quieres que te oigan, primero tienes que estar dispuesto a oír a la otra persona. Y apreciar eso es la clave para toda una vida de éxito. Las relaciones sinceras conducen a un progreso social que perdura.

El futuro es más incierto que antes, política, tecnológica y económicamente. Pero gracias a la psicología humana, puedes predecir que motiva a tus oponentes a cooperar contigo. Paso uno: sustituye el etiquetar con escuchar.

*Manji ha sido galardonada con el premio “Chutzpah” de Oprah, es fundadora de la Academia de Valor Moral y autora del libro de próxima aparición Don’t Label Me: An Incredible Conversation for Divided Times (St. Martin’s Press, 26 de febrero).

LA GENTE PROPICIA EL CAMBIO: JOHN KERRY

Las cosas solo cambian cuando la gente las hace cambiar. La ciudadanía no es pasiva; es activa. Pasé dos años luchando para acabar la guerra de Vietnam. Me arrestaron en un acto de desobediencia civil con cientos de otros veteranos. La gente nos gritaba: “Apoyen a las tropas”, y nosotros respondíamos: “Nosotros somos las tropas”. ¿Sabes qué sucedió? Richard Nixon ganó 49 estados en 1972, y me enteré de que el presidente se esperó hasta que las noticias confirmaron que yo había perdido la contienda en Massachusetts antes de acostarse.

Me hice un optimista de la manera difícil. Me derribaron, pero luego me levanté. Ni siquiera dos años después Nixon tuvo que renunciar, y un nuevo Congreso de reformadores llegó a Washington para acabar la guerra y limpiar la corrupción. Pero no “solo sucedió”. Nunca es así. Tienes que meterte a la arena.

Hay muchos ejemplos de personas quienes se meten solos a la arena. ¿Recuerdas la regla de Michael Jordan de que él no se metía en política porque “los republicanos también compran tenis”? Bruce Springsteen ponía su nombre y reputación en la línea cuando hablaba por su cuenta sobre Estados Unidos y nuestras elecciones. Carole King vive la palabra ciudadana. Ella está en el Capitolio todos los años luchando para preservar el noreste de las montañas Rocallosas.

En 2002 pude conocer a una activista en Nueva Hampshire. Su hijo estaba en silla de ruedas, y ella se había convertido en una defensora feroz del financiamiento a la educación especial. Ella trabajó hasta el cansancio en mi campaña. Perdimos, pero ella no se rindió. Se trata de Maggie Hassan, y ahora es una senadora federal que lucha en nombre de millones de niños, de la misma manera que lo hizo por el suyo, discutiendo en juntas escolares. Eso es lo que haces. Luchas. Sigues presionando.

No creo que tengamos que estar cautivos de los demagogos, y si yo fuera un ciudadano en un estado y todo lo que oyese fueran los vituperios, las degradaciones y los titulares hiperventilados, podría entender por qué la gente se desentiende o peor.

Pero tienes que escuchar. Hace 32 años, los asientos designados me pusieron frente a frente con un tipo que tenía opiniones opuestas con respecto a una guerra en la que ambos servimos. No confiábamos el uno en el otro. En realidad, no nos conocíamos uno al otro. Pero después de una larga conversación durante un vuelo largo, decidimos trabajar hombro con hombro para hacer la paz con Vietnam y con nosotros mismos aquí en Estados Unidos. Nunca olvidaré estar de pie con John McCain, los dos solos, en la misma celda del Hanoi Hilton donde él vivió años de su vida con dolor, pero siempre con honor.

Una cosa que el servicio armado y el Senado nos enseñó a John y a mí: en algún momento, Estados Unidos tiene que unirse. Si Washington es una ciudad donde puedes salvar la división entre un manifestante y un prisionero de guerra, hallar un punto en común en todo lo demás no debería ser difícil en absoluto. Pero tienes que forzar el diálogo. Y tienes que escuchar.

*Kerry es un exsenador federal por Massachusetts; sirvió como secretario de estado con el presidente Barack Obama de 2013 a 2017, y es el autor de Every Day Is Extra (Simon & Schuster), el cual salió en septiembre.

“DEBEMOS ESTAR DE ACUERDO EN QUÉ CONSTITUYE LA LIBERTAD”: BEN SHAPIRO

Las divisiones que vemos en Estados Unidos —ese furioso odio partidista que hemos llegado a esperar en nuestra política— no surgieron de la nada. Empezaron durante la administración de Obama; la elección del presidente Donald Trump fue simplemente un síntoma de esas divisiones. No hay duda de que la retórica caliente de Trump y su naturaleza de troleo han exacerbado las divisiones preexistentes. Pero necesitamos entender que esas divisiones son mucho más profundas: él podría desaparecer mañana, y el tejido social seguiría rasgado.

Se ha hablado mucho recientemente sobre la necesidad de salirnos de nuestras burbujas sociales y tratar con los demás en persona, a un nivel humano. Pero las conexiones sociales solo pueden ser efectivas cuando se sustentan en un marco moral común. Robert Putnam, sociólogo de Harvard, señala que la diversidad en las comunidades no tiende a formar un tejido social a menos que haya valores comunes; él da los ejemplos de las iglesias y las fuerzas militares. Pero incluso nuestros valores más básicos ahora están divididos. ¿Libertad de expresión? Muchos en la izquierda intersectorial creen que con ella se vuelve a imponer una jerarquía injusta. ¿Un compromiso para limitar el gobierno? La mitad del país, por lo menos, quiere un gobierno mucho más grande. Incluso la creencia de que vivimos en un país libre en el que eres capaz de cambiar tu vida es una propuesta controvertida hoy día.

Imagen: Jessica Pons/ For The Washington Post via Getty Images

En 2013, el presidente Barack Obama declaró en el discurso inaugural de su segundo periodo que “ser leales a nuestros documentos fundamentales no nos exige que estemos de acuerdo en todo aspecto de la vida. No significa que todos definimos la libertad exactamente de la misma manera o que seguimos precisamente el mismo camino a la felicidad”. Tal vez esto sea cierto en lo marginal, pero debemos estar de acuerdo en qué constituye la libertad si esperamos estar unidos bajo su estandarte.

*Shapiro es un comentarista político, escritor, abogado y presentador del podcast The Ben Shapiro Show.

HAY QUE HABLAR CON LOS NIÑOS SOBRE AMOR, CONOCIMIENTO, VALOR E HISTORIA: JILL LEPORE

Tengo la impresión de que Estados Unidos entró en un período de desequilibrio político por las fechas del 11/9. Por supuesto, tuvo que ver con la violencia y el terror de ese momento, la agonía por la pérdida. Pero ese momento también coincidió con el surgimiento de muchísima tecnología alteradora. En esta nueva era, los políticos se movieron y avivaron el miedo en aras a hacerse con apoyo político para las guerras en Afganistán e Irak. Pero la gente se preocupó por la alteración tecnológica por cuenta propia, porque nos agarró a casi todos con la guardia baja.

Mientras tanto, durante estas mismas décadas, muchas fuentes de seguridad se disiparon. Piensa en el público general de Franklin Delano Roosevelt cuando él les decía a los estadounidenses: “A lo único que debemos temerle es al miedo mismo”; todos oyeron eso. Esto le dio una autoridad de la cual hoy quizás tengamos una opinión prejuiciada, pero ese fue un mensaje extraordinariamente efectivo en una época muy oscura. ¿Ahora dónde radica esa autoridad? Si piensas en los lugares donde la gente va a restablecerse, a recuperar el equilibrio después de un evento terrible, se han vuelto cada vez más escasos. La nostalgia no mide nada, pero no puedo evitar recordar los sermones dominicales que oí de niña, durante la Guerra Fría, escuchando al párroco decir algo sabio, una experiencia que no era diferente a la sensación que tenía al ver a Walter Cronkite en televisión, o leyendo ensayos o poesía de personas todavía más sabias, y más osadas.

Imagen: DARI MICHELE

Para bien o para mal, esas fuentes de autoridad, personas en un puesto para darnos seguridad, ya no existen para mucha gente, lo cual no sería un problema, excepto que no tengo claro cuáles fuentes nuevas han surgido en su lugar. La iglesia católica que me dio solaz en la niñez era la misma iglesia que destruyó las vidas de otros niños. Los políticos nacionales, constantemente en campaña, piensan que es conveniente seguir echándole acelerante a las llamas. Los críticos de las noticias por TV se quejaron de lo que los índices de audiencia le hicieron al periodismo. Pero un periodismo motivado por algoritmos resulta ser mucho peor que uno motivado por los índices. Mantener a la gente temerosa es un interés estrecho, miope, político y financiero de muchas personas.

¿El terrorismo es peor? Pienso que no. Los tiroteos masivos, incluidos los ataques a lugares de adoración, como el templo de Pittsburgh y la iglesia de Charleston, son devastadores, pero estos reinos de terror, por devastadores que sean, no son nuevos. Los linchamientos, los incendios de iglesias y templos, hemos pasado por esto antes. El valor de la gente que luchó contra estas formas de terrorismo es una de las grandes historias del siglo XX. Ves lo mismo en Pittsburgh, Charleston y Parkland: esta letanía de dolor, estos monumentos de fortaleza y resiliencia.

Entonces, ¿quién mantiene todo unido? En las escuelas públicas de todo el país, no pasan muchas semanas sin que haya otro correo electrónico del superintendente sobre una esvástica en el baño, una amenaza de bomba o un cierre de emergencia. Luego la comunidad se reúne, y es algo bonito. La gente dice: “No le vamos a tener miedo a esto. Hagamos la venta de pasteles que íbamos a tener mañana de todas formas”.

El rabino en la sinagoga, el director de la escuela, las madres en la venta de pasteles, no son personas elegidas. No están interesadas en votos, o clics, o “me gusta”. No les interesa tener a la gente con miedo. Entonces, si quieres hallar esperanza, piensa en el trabajo agotador que hacen los profesores todos los días, ayudando a los niños a hallarle sentido a este mundo tan brutal. Tienes 9 años, y ya sabes sobre el cambio climático. Tu primo en Texas ha sufrido un huracán. La amiga de tu mamá perdió una casa en los incendios forestales de California. Tienes simulacros de cierres de emergencia en la escuela una vez al mes, porque hay extraños a los que les gustaría matarte. ¿Qué le dices a ese niño? Le hablas a ese niño sobre el amor, el conocimiento, el valor y la historia.

*Lepore, profesora de historia estadounidense en la Universidad de Harvard, es autora del libro de 2018 These Truths: A History of The United States (W.W. Norton & Co.).

EN OPOSICIÓN AL MIEDO, LA ALEGRÍA Y LA HUMANIDAD TE TRANSFORMAN: NICK CAVE

Hice mi primer traje de sonido en respuesta a la golpiza brutal a un Rodney King desarmado por oficiales del Departamento de Policía de Los Ángeles en 1991. Recuerdo que tenía miedo. Pensé que mi identidad solo estaba protegida en la privacidad de mi hogar, que en el momento en que dejase ese espacio, sería solo otro perfil. Así que hice este traje con varas y restos, una especie de armadura que borraba mi sexo, raza y clase, que crujía cuando bailaba. Desde entonces, he hecho más de 500 trajes de sonido y los uso en mis actuaciones en vivo. Lo que veo es que las personas que los usan se convierten en una especie de chamanes. Tradicionalmente, los chamanes hallan la información que te permite crecer y sanar, y cuando vistes un traje, o ves a un bailarín en un traje, te transforman la alegría y una sensación de humanidad compartida, lo opuesto al miedo. ¡Es imposible no amar a tus vecinos cuando bailas con ellos!

Imagen: Mark Metcalfe/Getty Images

*Los trajes de sonido de Nick Cave —escultor estadounidense de telas, bailarín y artista de performance— han sido recopilados por museos alrededor del mundo.

HAY QUE REACCIONAR EN CONTRA DE LAS POLÍTICAS DEL MIEDO Y LA IRA: BRYAN STEVENSON

Todo el tiempo lidio con gente que ha sido aculturada para odiar, y cuando algo complica eso, no saben qué hacer. Si extiendes la mano, muchos de ellos te la tomarán porque odiar es agotador. Es miserable y desmoralizador, y te deprime. Algunas personas simplemente no están listas para sostener una conversación, pero nunca descarto la posibilidad de que esas personas, con suerte, vean algo que no han visto antes.

Los padres aprenden que cuando están en verdad enojados con sus hijos, ese no es el momento para reaccionar o disciplinarlos. Y lo mismo se aplica al miedo. Te hará hacer todo tipo de cosas irracionales. Entonces, si queremos ser racionales, si queremos ser considerados, estratégicos y compasivos, tendremos que reaccionar en contra de las políticas de miedo e ira. En cuanto tienes consciencia de ello, lo oyes. Entonces, cuando oyes un discurso político, y lo que el candidato dice es: “Tengan miedo y sientan ira”, entonces busca preguntarte a ti mismo: ¿por qué es esta la receta que me están dando?

Parte de entender la historia es que verás que fue el miedo lo que generó los abusos más vergonzosos y destructivos de nuestro pasado, como el genocidio de los nativos americanos, la esclavitud, los linchamientos y la segregación. Meter a los japoneses-estadounidenses en campos de concentración se basó en un miedo irracional y la ira. Pero lo que hicimos fue injusto, poco estadounidense e inconstitucional. Y fue racista: no tuvimos la misma respuesta con los germano-estadounidenses o italo-estadounidenses. Entender eso puede atemperar lo que deberíamos pensar en asuntos como la inmigración o la educación.

Entonces, cuando oyes a alguien decir: “Esa gente, no son más que animales. Esas personas son violadores”, empiezas a pensar: ¡espera un poco! No hablamos así. Ese no es el camino a un gobierno responsable. Cuando haces eso, los políticos no pueden hablar de esa manera y esperar que los recompenses. Estamos en un momento en el que hay un ascenso de la política de miedo como un camino hacia el poder. También es un camino a la opresión, la injusticia y la desigualdad. Y estas son las cosas que deberían forzarnos a resistirnos a ellos. (Extracto de una entrevista con Mary Kaye Schilling.)

*Stevenson es el fundador de la organización sin fines de lucro Iniciativa por la Justicia Equitativa [EJI]. En abril, EJI inauguró el Monumento Nacional por la Paz y la Justicia en Montgomery, Alabama, el cual honra a los miles de hombres, mujeres y niños negros linchados en Estados Unidos.

“NO SER GOBERNADO POR TUS REFLEJOS REQUIERE DE TRABAJO Y CONCENTRACIÓN”: DON CHEADLE

El miedo es eso que nos ayuda a saltar de roca en roca y no ser comidos por la cosa atemorizante. El miedo está integrado en nosotros y nunca dejará de estarlo. Pero tenemos problemas para distinguir entre los tipos diferentes de miedo. Por ejemplo, el miedo a no ser aceptado. No pensamos eso; nuestro cuerpo lo siente a nivel del ADN, de la misma manera que “me van a comer”. Luchar o huir se disparan de inmediato, y se requiere de un pensamiento crítico para decir: “Espera un poco, no van a comerme en este momento. Me están retando con respecto a una perspectiva o idea que tengo. Alguien está criticando mi trabajo”.

La mentalidad de “tengo que defender mi posición, y no tengo que echarme para atrás”, esta es una idea alimentada por el miedo. Nuestro líder al momento, “Individuo 1”, está lleno de esto: “No me pueden hacer cambiar mi perspectiva; ¡eso me hace débil!” Él es un amo de apoyarse en el miedo, explotarlo, exacerbarlo. Y la mayoría de la gente no es diestra en entender cómo lidiar con eso y seguir adelante.

¿Esa conferencia de prensa del 11 de diciembre con Nancy Pelosi y Chuck Schumer [en la Oficina Oval]? Viste esa actitud todo el tiempo, pero también viste cómo no sucumbir a ella. El Individuo 1 le dijo a Schumer que “Nancy Pelosi tiene problemas para hablar justo ahora”. Pelosi respondió: “No tienes que hablar a mis espaldas. ¡Estoy sentada justo aquí! No describas mi fuerza como algo diferente”. Pensé que eso era muy importante, porque ella demostró cómo puedes enfrentar una actitud alimentada por el miedo.

Pero requiere práctica. A la mayoría de la gente no le gustan los conflictos; es luchar o huir, y reaccionas en una de dos maneras. Pocas personas pueden sentarse allí y lidiar con ello. Entonces, necesitamos invertir en diplomacia y manejo de crisis. Deberíamos tener una clase de empatía en la escuela, enseñarles a los niños cómo escuchar, cómo afrontarlo y no saltar a la mínima provocación por cualquier cosa.

Los actores hacemos esto todo el tiempo. Siempre pensamos: ¿cómo se siente alguien más? ¿Cómo me sentiría si estuviera en esa posición? Estamos obligados a hacer cosas introspectivas. La mayoría de la gente solo trata pasar de un día al siguiente, llegar al viernes, recibir su cheque y luego ir a ver algo para sacarse estas cosas de la mente. Hallar la paz para no ser gobernado siempre por tus reflejos requiere de trabajo y concentración.

No sé si tenga la respuesta para cómo la gente puede hacer eso mejor. Salirse de las redes sociales ayuda, ¡en especial si eres de mecha corta! No me salgo de Twitter estresado y queriendo ir a golpear a alguien en la cara, porque si alguien me dice pendejo, lo discutiremos. Es tai chi: si no atacas de vuelta, muy pronto se acaban [los ataques personales], y ahora hablas de lo que sea que haya iniciado el debate. Entonces, esa persona ha pasado de sus reflejos de vuelta a su cerebro. (Extracto de una entrevista con Anna Menta.)

*Cheadle y su colega actor George Clooney recibieron el Premio de la Cumbre de la Paz por los galardonados con el Premio Nobel de la Paz en 2007 por su labor para acabar con el genocidio en Darfur.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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