Oro de Oaxaca, un mezcal para todo bien y todo mal


Oro de Oaxaca, un mezcal para todo bien y todo mal

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El mezcal enfrentó duras batallas antes de enarbolar la fama y prestigio que hoy ostenta. Combatiente destacado en esa cruzada fue el Oro de Oaxaca, una empresa que hoy se erige como una de las más reconocidas del país.

 

Hace varias décadas, en sus orígenes, mucho antes de que fuera considerada una de las mezcaleras más importantes de México, Mezcal Oro de Oaxaca llegó a comerciar la insólita cantidad de 40,000 litros de bebida, a granel, por semana. Y fue justamente el gran volumen que se despachaba y el deseo de que el mezcal llegara a todas las mesas lo que llevó a don José López Mateo a embotellarlo, etiquetarlo y darlo a conocer a todo el mundo.

Hoy, a 30 años de su fundación formal, Mezcal Oro de Oaxaca cuenta con una plantilla laboral de 115 personas, la cual en ciertas épocas aumenta debido a que se generan trabajos eventuales. Además, en el estado de Oaxaca, esta empresa originaria de Santiago Matatlán, Tlacolula, es reconocida por su amplia labor social, la cual incluye apoyos a artistas de la plástica, la escultura, la pintura y la artesanía textil.

“Esta es una empresa familiar, pertenece a una familia de la región de Santiago Matatlán, que está a una hora de la capital de Oaxaca”, cuenta Isabel López García, directora comercial de Mezcal Oro de Oaxaca, en entrevista con Newsweek en Español. “Yo soy de la tercera generación. Es una empresa con arraigo, con tradición. Mi abuelo, José López Escobar, fue el segundo productor de mezcal más grande de la región y en el cultivo de maguey, frijol y maíz, y tuvo la primera tienda de conveniencia en Matatlán. Él tenía una gran visión, siempre apoyado e impulsado por mi abuela, Sixta Mateo, quien era la del carácter fuerte”.

Conocido como la capital mundial del mezcal, Santiago Matatlán se localiza en los valles centrales oaxaqueños, a 56 kilómetros de la capital estatal. Con una altitud de 1,740 metros sobre el nivel del mar, su tierra es propicia para cultivar maguey de distintas especies, especialmente el espadín.

“Mis abuelos tuvieron 12 hijos, uno de ellos mi papá, a quien a los 17 años corrieron porque era la oveja negra de la familia —narra García López—. Cuando mi abuelo le soltó las alas le dio también un palenque, que es donde se elabora el mezcal artesanal, y una camioneta de tres toneladas. Pero a los seis meses mi papá ya había perdido todo, de modo que cuando mi abuelo enfermó y murió, mi abuela lo mandó llamar, y mi papá se hizo cargo del negocio. Luego falleció mi abuela y él siguió vendiendo el mezcal a granel, muchísimo, hizo una revolución en Matatlán, llegó a vender 40,000 litros semanales en Veracruz, Puebla, Oaxaca”.

De esa manera, a mediados de la década de 1980 la familia López comenzó a trabajar en la estructura que finalmente desembocaría en la gran empresa mezcalera que es hoy. “Elaborar tanto mezcal para venderlo a granel implicaba un trabajo durísimo. Además, mi papá deseaba que el mezcal llegara a todas las mesas y fuera una bebida respetada, pues en aquella época lo bebían solo las clases bajas de las ciudades y en los pueblos y rancherías, en donde nacemos con el mezcal y es parte de nuestra vida y nuestra cultura, pero fuera de las comunidades rurales, nadie lo tomaba”.

Legalmente, la empresa encabezada por José López Mateo nació en 1988 con la particularidad de brindar un mezcal color oro, no el tradicional blanco. “El Oro de Oaxaca es un mezcal joven, con gusano. Tiene color amarillo porque en ese momento el mezcal blanco era muy agresivo, lo bebían las clases bajas y rurales, y mi papá quería que llegara a más gente, por eso confió en que el color dorado podría ayudarlo, el cual se logra en el proceso, ya en el envasado, con el mismo maguey natural”.

En el orden nacional, Oaxaca es el principal productor de mezcal, una industria en la que participa con el 65 por ciento de la producción. La calidad del mezcal oaxaqueño, además, es reconocida en el ámbito internacional por su proceso artesanal y su embotellamiento de origen. En febrero de 2005 entró en vigor la Norma Oficial Mexicana que garantiza que su cultivo, producción y comercialización se dé con los mejores estándares de calidad, además de contar con la denominación de origen que protege su producción en todo el orbe.

De acuerdo con información de la Secretaría de Economía, la producción anual de mezcal en todo el país asciende a 3.9 millones de litros, cuyo valor ronda los 11.2 millones de dólares. De esta producción, unos 700,000 litros son exportados a países como Estados Unidos, Japón, Taiwán, Italia, Holanda, España, Francia, Alemania y Canadá.

—Isabel, ¿podría decirse que tu padre es pionero de la industria mezcalera?

—Nosotros nos especializamos en posicionar el mezcal. Tardó 15 años para que se empezara a beber mezcal en la capital de Oaxaca, en el centro, en realidad tiene poco, pues era para los pueblos. Mi papá se especializó en un solo producto para posicionarlo, que el mezcal tuviera un nombre y más gente se interesara y volteara a verlo. Yo admiro mucho a mi papá, le tengo un gran respeto, es un gran visionario, en nuestro ramo ha sido un gran parteaguas para que el mezcal se haya abierto a tanta gente. El día de hoy ya hay más de 500 marcas, pero él fue pionero. Y actualmente está activo, es nuestro jefe.

—¿Cuál es la historia familiar detrás del esfuerzo por posicionar esta marca?

—A mí me tocó verlo, por eso este negocio es mi pasión. Vi cómo empezó mi papá, yo tenía ocho años. En ese entonces nos dejaba unos tambos de 200 litros en la casa y vivimos mucho tiempo de la gente que llegaba a comprarnos mezcal de a un cuartito, de medio litro, y cuando llegaban a comprarnos una garrafa de cinco litros comíamos carne. Yo me integré cuando tenía 23 años. Existían unos expendios de nuestro mezcal en el centro de Oaxaca, hoy tenemos 15 tiendas para degustar con más presencia, y yo me hice cargo de una tienda y ahí empecé. Mi papá siempre se esforzó mucho por sus hijos, a mí me mandaba a una buena escuela, pero ahí sufrí mucho porque me hacían bullying extremo, pues yo era de Matatlán, de familia mezcalera y mi papá llegaba por mí en una camioneta de tres toneladas.

—¿Qué distingue al Oro de Oaxaca del resto de los mezcales?

—Somos una empresa familiar, mexicana, que trabaja día a día para posicionar el mezcal. Tenemos la calidad desde el principio hasta el final, y la mejoramos todos los días. La base de un buen mezcal es el agua, y tratamos de traer agua de la sierra, que es la mejor. Y en el horno utilizamos madera, encino y pino, nada más. Algunas fábricas, por la producción masiva que están teniendo, le meten otros combustibles, y nosotros somos artesanales. Vamos despacio, estamos cubriendo las necesidades del mercado que tenemos, las ventas son pocas, pero no nada más para Mezcal Oro de Oaxaca, sino para todos. Frente a la llegada de empresas extranjeras nosotros vamos despacio, cuidando la materia prima, porque el agave tarda entre ocho y diez años en crecer, no podemos irnos al proceso industrial para abastecer un gran mercado porque perderíamos la esencia, los sabores ahumado, terroso. Entonces nosotros como empresa no maquilamos y no tenemos ningún socio, vamos despacio con nuestra producción.

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