Marichuy, un camino trunco al poder


Marichuy, un camino trunco al poder

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María de Jesús Patricio Martínez nació en la tierra donde abundan los conejos, Tuxpán, Jalisco. Ahí desarrolló sus estudios de primaria y secundaria; es entendida en medicina tradicional, conoce las hierbas y los preparados que curan de espanto, la bilis, la gripe y tantos otros problemas de salud de quienes habitan la zona.

Su vasto conocimiento en medicina tradicional le mereció su participación en la obra Hierberos, Remedios y Curanderos, Herencia de la Medicina Tradicional, publicada por la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco en 2006, así como el reconocimiento al Mérito Tuxpanense en 2015.

Luego del levantamiento indígena zapatista, se convirtió en representante de su comunidad en el Foro Nacional Indígena que tuvo lugar en San Cristóbal de las Casas en 1996.

Es difícil definir con simpleza los ejes que caracterizan la labor de esta mujer, pero para dar, en pocas palabras, una visión de ella, señalemos su interés en el combate al machismo y la lucha por la dignidad de las poblaciones indígenas.

Marichuy, como se le conoce, buscó ser candidata independiente a la Presidencia de México, con el respaldo del Concejo Nacional Indígena; para ello, requería que por lo menos 866,593 ciudadanos respaldarán su candidatura, lo que no sucedió.

Esto nos lleva a reflexionar respecto de cuales son las razones que no motivaron el apoyo ciudadano a su candidatura.

Marichuy no será candidata a la Presidencia de la República porque es indígena. Y representa lo que la mayoría de la población de este país no quiere, lo que no aspira a ser y desprecia. A los mexicanos les molesta que se les considere indígenas, incluso cuando poseen todas las características físicas de uno. Aún y cuando ser mexicano significa ser mestizo.

Sólo así se explica que las clases media alta y alta de la población mexicana cuando se expresan de Benito Juárez (el primer presidente indígena de México y de América Latina) digan cosas como “era indígena pero se superó”.

Entonces ser indígena es considerado un defecto, un obstáculo, algo que hay que superar, por eso lo puramente indígena no gusta, debe ser modificado, aligerado, civilizado, occidentalizado.

Marichuy no será candidata a la Presidencia de la República porque es Mujer. Y las mujeres, sin importar si son mayoría en México, no son consideradas aptas para gobernar, no importa que sean las educadoras naturales de la sociedad, no se les considera hábiles para entender el mundo; no importa que contra viento y marea saquen a flote a sus familias, no se les considera buenas administradoras.

Las mujeres no son presidentas por que este es un país machista y las propias mujeres no creen que haya condiciones para que una de ellas sea Presidente (de lo contrario ya lo serían), y Marichuy lucha contra el machismo; por ello no tuvo opción de ejercer la posición de poder más importante del país.

Marichuy no será candidata a la Presidencia de la República porque no habla inglés. No importa que hable náhuatl, simplemente no encaja en el modelo macroeconómico de competencias educativas que mandata que para ocupar un alto nivel directivo es indispensable hablar inglés.

Marichuy no será candidata a la Presidencia de la República, porque nadie quiere que lo sea, porque a casi nadie le importa que sea la única, de quien válidamente se puede afirmar que con su sola presencia en la silla presidencial cambiaría para siempre a México.

Así es, convertirse en la primer mujer indígena presidenta de este país hubiera implicado que existe una revalorización social de lo que significa ser mujer e indígena, y como consecuencia una visión diferente de lo que es ser mexicano y del futuro del país.

 

*Ares Nahim Mejía Alcántara es Doctor en Derecho por la UNAM y ha sido 3 veces representante de México ante la Conferencia Internacional de La Haya, Holanda.

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