Fría soledad: una noche en el albergue | Newsweek México


Fría soledad: una noche en el albergue



Desde este viernes, Aguascalientes sufre los estragos de la primer tormenta invernal que ha provocado intensas nevadas y temperaturas muy bajas en estados del norte del país como Chihuahua, Durango, Nuevo León, Coahuila y Zacatecas.

Hasta el momento se ha reportado la caída de aguanieve en zonas elevadas de los municipios de Tepezalá, Cosío, Rincón de Romos y Asientos según el reporte de las coordinaciones municipales y estatal de Protección Civil.

Por este motivo el panorama en Aguascalientes fue distinto desde la mañana del viernes. Chamarras, guantes, gorros, bufandas, cafés en mano, fueron imágenes que se observaron durante prácticamente todo el día.

Por la noche, las calles del Centro Histórico lucieron desiertas. Los negocios, principalmente de venta de alcohol, que suelen lucir copados cada fin de semana optaron por cerrar temprano sus cortinas. Para las primeras horas del sábado, el primer cuadro citadino lució como un pueblo fantasma. No hubo quien admirara los adornos y parafernalia navideña colocados en esta temporada.

Desde que comenzaron a descender las temperaturas, elementos de Protección Civil y del resto de servicios de emergencias comenzaron a recibir reportes de personas en condiciones de calle que necesitaban ser trasladados a un albergue.

La llegada

Eran las 9:53 p.m. cuando llegamos al albergue de la Coordinación Municipal de Protección Civil de Aguascalientes, ubicado en la esquina de las calles Artillero Mier y Coba, para entonces ya había 10 personas que habían acudido por su propio pie o canalizados por los elementos que participaron haciendo recorridos por calles de la capital para detectar a personas en condiciones de calle y que su salud pudiera estar en riesgo.

Pasaban los minutos y con ello la temperatura seguía descendiendo. Para entonces el termómetro marcaba 1° centígrado, pero sensación térmica de -4° centígrados.

Al llegar al albergue, las autoridades de Protección Civil procedían a interrogar sus datos personales, leer el reglamento general para evitar conflictos al interior del refugio así como verificar las condiciones de salud de los usuarios.

Eran nueve hombres y una mujer. Todos ellos mayores de 50 años de edad. Cansados, frágiles, algunos de ellos sedientos, con poca ropa que pudiera abrigarles. Incluso, algunos de ellos sin calcetines.

No sólo eran personas originarias de Aguascalientes, también encontramos personas originarias de San Luis Potosí, Jalisco, Zacatecas y Sinaloa, que por alguna razón del destino o de su suerte vivieron una de las noches más frías de los últimos años en Aguascalientes.

El mayor frío, la soledad

Cerca de la medianoche ya eran 11 personas al interior del albergue, todas desconocidas entre sí pero conocidas en la misma situación: la necesidad y la pobreza.

La mayoría de ellos sin familia, sin seres queridos en Aguascalientes, sin nadie que vea por lo que les hace falta: si durmieron, si comieron, si se encuentran bien de salud.

O en el peor de los casos, hay quienes sí cuentan con ellos, pero que para su vida ya no existen, sólo está la soledad.

Arturo Amador Reyna, fue localizado al exterior del Hospital Tercer Milenio durmiendo a la intemperie. En sus mejores años declaró haber sido militar y ahora trabajar como personal de vigilancia y seguridad privada.

“El Tercer Milenio era mi casa desde hace tres años. Desde el año pasado que nevó no sentía tanto frío”, señaló.

Originario de Guasave, Sinaloa, trató de conseguir el “Sueño americano” para encontrar trabajo en Los Ángeles, California. No lo logró, fue deportado por las autoridades migratorias de los Estados Unidos hasta llegar a Aguascalientes desde hace tres años.

Aquí no tiene familia, ni hogar, pero en sus planes tampoco está regresar a su tierra natal o cruzar nuevamente la frontera.

Héctor Solís, llegó al albergue aproximadamente a las 9:30 de la noche. De semblante ido, de figura desalineada, con labios partidos y ensangrentados por el frío, Héctor narró que desde varios años lo dejó su esposa por su adicción al alcohol y desde entonces su vida se fue en picada.

“Yo soy ayudante de un albañil pero lo que pasa es que el vicio me derribó, el alcohol me separó de mi esposa desde hace 10 años. Mis amigos de broma me dicen “Ay cabrón antes no te has muerto”.

Ahora vive en calles de la Col. Las Flores, o si bien le va, en casas de algunos conocidos.

“Anduve navegando, sufriendo como en la calle, porque yo nunca había andado”, señaló con la mirada perdida.

Onofre Vázquez, de 60 años de edad es originario de Oaxaca pero desde hace dos décadas que vive en Aguascalientes. Aquí es pepenador y diariamente busca de contenedor en contenedor algo de PET y material reciclaje que le permita obtener ingresos para “sobrevivir”. Su suerte varía, de los 20 a los 60 pesos al día, insuficientes para alimentarse, insuficientes para vivir o, mejor dicho, sobrevivir.

“Voy a una tortería donde hacen unos chiles rellenos muy buenos, me cuestan 17 pesos, pero en ocasiones los dueños me ayudan cuando les digo que no traigo y me dan de almorzar, aunque hay días que no voy y prefiero irme a las casas a pedir”, refirió.

Su techo es un puente peatonal que está cerca del billar “La Bolita”, pero hoy no soportó el frío y accedió a la invitación de los elementos de Protección Civil para refugiarse en el albergue.

“Vivo en un puente, antes me llevaban a dormir a un convento de monjas, no sé dónde queda. Hoy una camioneta me trajo, está mejor aquí que allá afuera”.

Carencias

La temperatura en el termómetro seguía disminuyendo. Para las 12:15 a.m. los cero grados centígrados comenzaban a calar, la sensación térmica de -7° centígrados, simplemente era insoportable.

Construido de lámina el albergue para entonces ya era insuficiente para guarecerse. El frío penetraba cada placa de lámina y las cobijas no bastaron para dar calor a las personas que para entonces sólo pretendían dormir un poco, y olvidarse del frío, de sus condiciones de pobreza, olvidarse de todo.

Hacía falta agua potable, las llaves de los lavabos quedaron inservibles. El pan se terminó, únicamente quedó la canela para mitigar el frío de aquéllos que tampoco podían mitigar el sueño.

Ayuda para el que lo necesita

No obstante las adversidades son una gran oportunidad para sacar lo mejor de las personas, y esta no fue la excepción.

Alrededor de las 11 de la noche, sin esperarlo, tocaron la puerta del albergue dos personas. Un hombre y una joven de no más de 35 años. Traían consigo una caja de cafés calientes para regalar a las personas que en ese momento se encontraban en el albergue.

“El día de hoy decidimos salir a ayudar un poco a la gente que está en situación de calle, vimos a una señora que cuando estaba lloviendo se cubría con plásticos y eso fue lo que nos movió y lo que estaba en nuestro alcance era preparar café y decidimos hacer una ruta, desde el centro comenzamos a buscar gente que lo necesitara. En esto llevamos aproximadamente una hora, es decir, no fue algo que hayamos planeado sino que nos nació”, señaló Ibrahim Rivas.

De forma desinteresada y sin esperar nada a cambio salieron a apoyar a los más necesitados en ese momento.

También apoyaron en canalizar a albergues a personas en vulnerabilidad que se iban encontrando en el camino.

“Ahí afuera del Hospital Hidalgo nos dijo una persona que si podíamos decirle dónde estaba un albergue, entonces decidimos dar parte a Protección Civil y después llegaron para canalizarlo”.

Pasó cerca de una hora, cuando llegaron al albergue tres jóvenes. Dos hombres y una mujer. No pasaban seguramente de los 30 años. Alegres, joviales, con gran vitalidad, de esos que en un viernes cualquiera podrían estar de “antro” o pasando un rato agradable con sus amigos.

Pero no fue así, en la medianoche habían llegado al albergue con dos bolsas de ropa y zapatos, usados pero en buenas condiciones, para repartir a los usuarios del albergue, quiénes no dudaron en aceptarlos y agradecerles: “Muchas gracias jóvenes, que Dios les bendiga”.

“La iniciativa surgió como hace una hora y media, no pertenecemos a alguna asociación ni nada por el estilo, este ya es mi tercer año de realizar este tipo de acciones en esta temporada de frío, de salir a apoyar a la gente que lo necesita”, señaló Eduardo.

En esta ocasión no acudió sólo, sino también fueron con él sus amigos Sandra Elizabeth y Aldo, quienes comparten la misma filosofía:

“Creo que todos hemos sentido la necesidad sea física o emocional pero sí hemos necesitado de algo, y ahorita ellos lo necesitan”.

Para las personas del albergue no fue el café ni la ropa, fue la acción. No era quitarles el frío corporal, era ya no sentir el frío en el alma, el frío de la soledad. Era sentirse escuchados, incluidos y atendidos.

Héroes

Había sido una jornada larga, desde las 7 de la mañana se habían atendido alrededor de 60 reportes entre accidentes viales, incendios, árboles caídos, cables con riesgo para la población y recorridos para detectar personas en condiciones de calle y canalizarlas a un albergue.

“Ya tenía rato que no tenía un turno con tantos reportes, ha estado pesado el día”, expresó Álvaro Martínez Núñez, Oficial Operativo de la Coordinación Municipal de Protección Civil desde hace 10 años, quien desde las 7 de la mañana se había mantenido estoico en su responsabilidad de brindar protección a la ciudadanía ante situaciones de riesgo.

“La atención se debe brindar por igual, sin discriminar a las personas”, comentó Rafael López Rodríguez, personal voluntario de la Coordinación Municipal de Protección Civil.

Rafael cursa el primer semestre de la carrera de Ingeniería Industrial, pero desde hace dos años es voluntario de la Coordinación Municipal de Protección Civil. Lo más importante para él no es la gratificación económica sino servir al prójimo, ayudar al que lo necesita.

“Es una bonita experiencia porque puedo platicar con la gente de aquí y ver sus historias y me parece bien y me gratifica a mí porque lo hago de todo corazón con el apoyo voluntario”, señaló.

Eran las 12:50 a.m., seguían llegando reportes de indigentes y personas que se encontraban durmiendo en la calle.

De inmediato se movilizó la unidad UE-42 hacia el fraccionamiento Lomas del Chapulín. El punto referido Av. Poliducto y Celidonia, ahí habría un indigente que podría necesitar el apoyo.

Fueron cerca de 20 minutos en el traslado. Calles sin pavimentar, fallas en el GPS de los teléfonos celulares y falta de nomenclatura en algunas calles dificultaron la llegada al punto señalado. Al llegar, la decepción para los rescatistas, no había nadie en el lugar, no había a quien brindarle la ayuda.

Inmediatamente después se recibió un reporte de que en la zona Centro se encontraban dos personas durmiendo en la calle. La movilización fue inmediata, no sin antes llegar a comprar algo de alimento: “No manches wey, no he comido nada desde la mañana”, exclamó Álvaro a Rafael. “Yo tampoco, desde las 12:00 p.m. no he comido”. Estaban en igualdad de condiciones.

En cinco minutos habían llegado al lugar señalado, El exterior del Mercado Terán, 5 de mayo y Valentín Gómez Farías. Se encontraban dos hombres de aproximadamente 50 años de edad, recostados en el piso, con un par de cobijas únicamente.

Tanto Álvaro como Rafael los invitaron a acudir al albergue, pero la respuesta fue contundente: “Mañana nosotros vamos, aquí estamos bien”. A pesar de ello, les tomaron una fotografía para incluirlos en el censo de personas en condiciones de calle que no accedieron a ser trasladados al albergue. Posteriormente les colocaron una cobija para que el frío fuera menor durante la madrugada, que en ese momento el termómetro marcaba una sensación térmica de -7° centígrados.

En total durante el viernes y las primeras horas del sábado se detectaron a 29 personas en condiciones de calle, de las que sólo 12 accedieron a ser trasladadas al albergue de la Coordinación Municipal de Protección Civil.

Después de ello, concluyeron los reportes, al fin había un momento de descanso para los rescatistas.

Así concluyó una noche larga, quizá la noche más fría en lo que va del año en Aguascalientes.

 

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