El nuevo frente de Putin | Newsweek México


El nuevo frente de Putin



La guerra subsidiaria de Rusia en Ucrania ha dado muchos
problemas al Presidente Vladimir Putin, desde sanciones que han dañado la
economía rusa hasta preguntas incómodas de las madres de soldados muertos en un
conflicto que no están entablando oficialmente. Pero la maniobra más reciente
del Kremlin mientras busca una salida estratégica de Ucrania es tanto audaz
como desconcertante. Al redoblar una guerra secreta en Ucrania, el Kremlin ha
comenzado una segunda, en Siria.

En las últimas semanas, la inteligencia de EE UU ha
recopilado evidencia amplia de que Moscú está haciéndose cargo de una base
aérea militar siria al sur del puerto de Latakia, defendiéndola con infantes de
marina rusos y por lo menos siete tanques T-90, además de artillería. Según el
capitán Jeff Davis, portavoz del Pentágono: “Hemos visto movimiento de personas
y cosas que indicarían que ellos planean usar el [aeropuerto de Latakia] como
una base área operativa de avanzada”. Por lo menos dos aviones rusos de
transporte al día han llevado toneladas de equipo a Latakia desde el 8 de
septiembre, incluida una nueva torre de control de tráfico aéreo y unidades de
vivienda prefabricadas para 1,000 personas. Y a finales de agosto, el buque
grande Nikolai Filchenkov de desembarco clase Alligator pasó el estrecho del
Bósforo, en dirección a la pequeña base naval rusa de Tartus, cerca de Latakia,
con sus cubiertas atestadas de carga cubierta con lona que a los observadores
les parecieron vehículos militares.

Al mismo tiempo, la televisión estatal siria ha
transmitido imágenes de un avanzado y blindado transporte de personal de
construcción rusa, el BTR-82A, en acción contra fuerzas antigobiernistas al
norte de Latakia. El embajador de Siria ante Moscú, Riad Haddad, insiste en que
“hablar de presencia de tropas [rusas] en el territorio sirio es una mentira
difundida por Estados Unidos”. Pero han aparecido videos en medios sociales
mostrando hombres armados y uniformados gritándose órdenes unos a otros en
ruso, así como fotografías de infantes de marina rusos parados enfrente de
retratos de Putin y el presidente de Siria, Bashar Assad.

Rusia desde hace mucho ha apoyado al régimen de Assad
diplomáticamente, abasteciendo al asediado gobierno sirio de aviones,
helicópteros, armas y un sistema de misiles antiaéreos Pantsir-S1. Pero la
llegada de una cantidad sustancial de tropas al lugar representa un escalamiento
importante en el involucramiento de Rusia en el conflicto sirio.

La pregunta es: ¿por qué ahora? La batalla de Assad en
contra de sus oponentes ha estado prácticamente en un punto muerto desde un
sangriento, y exitoso, asalto primaveral para recuperar partes de Alepo.
Ataques aéreos estadounidenses y turcos contra Estado Islámico, también
conocido como ISIS, no han dado una señal de romper el poderío militar del
grupo, aun cuando varios comandantes claves de ISIS supuestamente han muerto en
ataques con drones e incursiones de
comandos. Así, el escenario más probable es que el despliegue de Putin en
Oriente Medio tenga menos que ver con las realidades militares en el terreno en
Siria y todo que ver con el juego diplomático más amplio de Rusia.

A finales de septiembre, Putin viajará a Nueva York por
primera vez en 10 años para hablar ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
Será su primera aparición allí desde que Rusia se anexó Crimea en febrero
pasado y la guerra al este de Ucrania que le siguió, la cual resultó en el
derribo del vuelo MH-17 de Malaysia Airlines y sanciones internacionales
draconianas contra Rusia. Todo indica que Putin usará el discurso para
presentarse como un pacificador en Siria, y de paso tratará de restaurar la
posición de Rusia como un pilar de la seguridad mundial. Según el portavoz
Dmitry Peskov, él también abordará el asunto de las sanciones, las cuales
(junto con la baja en los precios del petróleo) provocó que la economía rusa se
contrajera en más de 4 por ciento el año pasado. Putin necesita
desesperadamente que la UE y EE UU relajen las sanciones, y Sergei Lavrov,
ministro del exterior, insinuó en conversaciones con John Kerry, secretario de
estado de EE UU, en Doha en agosto que Rusia cambiará una cooperación en Siria
por la eliminación de las sanciones.

En cierta forma, una negociación importante basada en lo
que Lavrov llama un “amplio frente antiterrorista” para contrarrestar a ISIS
sería una idea factible. “A pesar de nuestros conflictos con Rusia en áreas
como Ucrania, ésta es un área de intereses potencialmente convergentes”, dijo
el Presidente Barack Obama a un público de soldados estadounidenses a
principios de septiembre. Tanto Washington como Moscú quieren aplastar a ISIS y
ponerle fin a la agonía de Siria. Y ambos quieren hallar una manera de ponerle
fin al conflicto en Ucrania oriental, lo cual significa para Rusia un acuerdo
mutuo para salvar las apariencias y que mantenga algo de autonomía regional
para las regiones rebeldes ucranianas que Moscú ha apoyado cuando éstas se
reúnan al resto de Ucrania.

Pero el mayor escollo es la insistencia de Rusia en que
Assad continúe como jefe de un estado residual domiciliado en Latakia, el
corazón de la secta minoritaria alauita a la que pertenece el clan Assad. Todas
las grandes potencias en la región —más crucialmente Turquía y Arabia Saudí,
así como la mayoría de la oposición siria— insisten en que él no puede ser
parte de un acuerdo. “La mala noticia es que Rusia sigue creyendo que Assad,
quien es su socio tradicional, es alguien digno de un apoyo continuo”, dijo
Obama. “Vamos a conversar con Rusia para hacerles saber que no se puede seguir
redoblando una estrategia que está destinada a fracasar”.

El meollo del plan de Putin es colocar a Rusia en el
centro de cualquier acuerdo sirio, un intento de recrear el papel central de la
Unión Soviética en la región hace una generación. El despliegue de tropas rusas
se da después de un verano de diplomacia intensa pero discreta. En agosto,
Moscú recibió al teniente general Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds
de las Guardias Revolucionarias iraníes, quien ha sido fundamental para
organizar las caóticas fuerzas de seguridad del vecino Irak para combatir a
ISIS. Putin también se reunió con el Rey Abdulá de Jordania, el Presidente Abdel-Fattah
el-Sissi de Egipto y Mohammed bin Zayed al-Nahyan, príncipe heredero de Abu
Dabi. Por lo menos tres delegaciones de la oposición siria han visitado también
Moscú este año, según una fuente del Ministerio del Exterior ruso, y hay
contacto oficial diario con el gobierno de Assad. Assad también ha estado
ocupado, enviando a su jefe de inteligencia a Riad para hablar con los saudíes
y a su ministro del exterior a Omán para tratar de ganar apoyo para un acuerdo
que le permita mantenerse en el poder a Assad en por lo menos una parte pequeña
de su país.

¿La meta de todas estas conversaciones? Públicamente, el
Kremlin ha promocionado la idea de crear una amplia coalición internacional
para combatir a ISIS. No obstante, en privado, “los rusos se esfuerzan por
suscitar algún tipo de apoyo, cualquier tipo de apoyo, para que Assad se
mantenga [en el poder]”, dice un alto diplomático europeo que ha trabajado con
Siria por más de una década. “Pero no tiene posibilidades. Está muy claro cómo
terminará la guerra siria: habrá una especie de Alauistán residual alrededor de
Latakia gobernado por ex baathistas cercanos a Assad… pero ciertamente no por
Assad. Los kurdos tendrán un área de autogobierno en el norte, aunque los
turcos odiarán eso. Y el resto de la oposición sunní, esperemos que con ISIS
atacado y bombardeado hasta su destrucción, quedará para improvisar algún tipo
de gobierno en Damasco”.

Mientras tanto, Moscú también prepara un desenlace en
Ucrania oriental. Según documentos filtrados a The Times de Londres por el Servicio de Seguridad de Ucrania: “La
principal prioridad del Kremlin ahora es ‘regresar’ [las Repúblicas Populares
de Donetsk y Lugansk escindidas] a Ucrania bajo condiciones rusas… Esto
mantendría la integridad territorial de Ucrania y pasaría todos los problemas
financieros de restaurar la cuenca Donéts a Kiev mientras se asegura que el
gobierno de las [repúblicas rebeldes] permanezca bajo el control de los
servicios especiales rusos”.

En semanas recientes, los servicios de seguridad rusos llevaron
a cabo un mini golpe en la dirigencia rebelde de la República Popular de
Donetsk al remover algunos de los elementos más intratables. La principal
víctima fue el vice premier Andrei Purgin, un opositor implacable de reunirse a
Ucrania, quien fue arrestado junto con su esposa previamente este mes. Rusia
también ha empezado a construir una gigantesca base militar en el lado ruso de
la frontera con Ucrania, sugiriendo que no tiene intención de establecer bases
dentro de los territorios rebeldes. Y aun cuando una encuesta reciente del
independiente Centro Levada de Moscú mostró un apoyo avasallador a la anexión
de Crimea, menos de un cuarto de los rusos apoyaría una invasión total de
Ucrania para apoderarse de Donetsk y Lugansk.

Es claro que Putin tiene altas expectativas de su próximo
discurso ante la Asamblea General de la ONU. Él quiere poner al Kremlin en el
centro de una coalición regional no encabezada por EE UU para atacar a ISIS. Él
cuenta con que ese compromiso en Siria ayudará a romper con el aislamiento
internacional de Rusia después de la anexión de Crimea y le permitirá al
Kremlin desvinculare de Ucrania oriental con su orgullo intacto. En pocas
palabras, Putin quiere hacer de Rusia un miembro respetado de la comunidad
mundial una vez más.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek.

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