Héctor Suárez: “El día que levantemos la voz, las cosas cambiarán” | Newsweek México


Héctor Suárez: “El día que levantemos la voz, las cosas cambiarán”



La crítica es un rasgo que lo define. En ella se sustentan los géneros de la sátira y la comedia, con los que ha dado vida a varios de sus personajes más emblemáticos. Héctor Suárez (setenta y seis años) está más activo y lúcido que nunca: en el teatro, en la literatura y en las redes sociales. Su característica mordacidad sigue vigente al definir y explicar la idiosincrasia mexicana.

Fue a los diez años que un tío, al que ayudaba en sus labores en una sastrería, lo llevó a ver teatro de carpa. Ahí se topó con quien luego se volvería su más grande influencia: Jesús Martínez, Palillo, quien al poco rato de comenzar su actuación fue sacado del lugar por policías. Héctor, impactado, preguntó a su tío el motivo, y este le contestaría algo que lo cambió para siempre: “Por decir la verdad”.

El ser contestatario es parte integral de su personalidad. ¿Qué lo lleva a ser así? El hartazgo. “Uno está harto del sistema mexicano, de la corrupción, de la impunidad, de la suciedad, de la cloaca gubernamental en la que vivimos, en donde todo el mundo vive de rodillas, callado, y no hay una cultura de reclamo en lo absoluto.

“Y es que la descomposición social que tanto se critica —continúa— se vive en todos los ámbitos: vas a un supermercado que tiene veinticinco cajas y trabajan sólo dos, obviamente hay una cola de sesenta metros, ¡y nadie dice nada! El día que levantemos la voz las cosas cambiarán. Así somos en todo, entretenidos en el fútbol y las señoras en las telenovelas, y todos estos señores felices de que todos sean unos imbéciles callados… Yo no.”

Cualquiera que lo conozca o haya visto alguna actuación de él sabe de su necesidad de cuestionar: “No puedo quedarme sin hablar, no quiero y no acepto nada de esto que pasa, no acepto que vengan a robarse las arcas del país una bola de bandidos, traidores a la patria. Dicen que no se puede generalizar, pero aquí sí generalizamos, aquí se rompe la regla, todos son una bola de bandidos, el partido que sea está lleno de ratas, y [son unos] mantenidos de la nación”.

No se calla ni se amedrenta ante nada ni nadie. El precio a pagar por su libertad ha sido caro. Fue vetado por Televisa, la empresa donde trabajó más de cuarenta años de su vida. Al final, su integridad y dignidad permanecen intactas. No tienen precio.

“Sigo ejerciendo mi libertad, ni los necesito ni me necesitan [alude a Televisa]. Te ofenden, te insultan, te explotan y nadie dice nada, todo el mundo calladito, agachadito, aguantan todo, qué cobardes… Yo no. Sí, estoy marginado y soy un hombre señalado y me cuesta trabajo doblemente todo, vivir, actuar, vivir de la actuación. Es un sistema ya establecido del que no quiero formar parte”, dice en entrevista con Newsweek en Español.

“No entiendo a este país que tanto amo”

En un par de meses saldrá a la venta su libro Las águilas vuelan solas, los ojetes en parvada,bajo el sello editorial de Penguin Random House. “Ahí hablo de todos estos ojetes que son los de Televisa, los de TV Azteca, los del gobierno; hago una disección del ojetismo de esta porquería de seres humanos; es una porquería porque se roban tu dinero y el de todos, con nuestro dinero pagan todo, y todos calladitos. La única vez que los oigo gritar es cuando pierde la Selección Mexicana, ahí sí salen a la calle a gritar, pero cuando sus derechos son pisoteados todos se quedan callados, no entiendo a este país que tanto amo.”

Con presencia en las redes sociales, ha encontrado en el canal de YouTube Héctor Suárez TVuna nueva plataforma para seguir mostrando su particular trabajo. Principalmente con Don Justo Verdad, quien ha ironizado con polémicos temas de la agenda nacional que van desde la “Casa blanca de EPN”, las candidaturas del payaso Lagrimita, Quicoy el futbolista Cuauhtémoc Blanco, hasta los políticos “chapulines”.

En teatro acaba de terminar la obra Estoy loco,en la que vuelve a la vida a personajes entrañables como el Mil Usos,el Flanagany el No Hay.En los próximos meses iniciará una gira por el interior de la república con esta puesta en escena. Llegará incluso a ciudades de Estados Unidos (Los Ángeles, Chicago, Nueva York, San Antonio, Texas) y de Canadá (Québec y Montreal). Recibió una invitación de los consulados de estos países para que los mexicanos que ahí radican disfruten de un buen espectáculo de sátira política.

Suárez es un hombre de fe. Sabe que cuando hay alguna contrariedad es porque algo tiene que aprender de ello. No le preocupa la seguridad financiera y prefiere hacer lo que le entusiasma. Ha aprendido mucho de la vida, como en los lapsos donde padeció alcoholismo y ello le trajo como consecuencia la ruptura de su primer matrimonio, así como alejarse momentáneamente de sus hijos. Sin embargo, cada día retoma el paso. Hace yoga y cree en una ley divina: quien la hace, la paga.

“Vivimos un retroceso dramático”

—Los personajes de su más reciente espectáculo siguen vigentes, nos siguen cuestionando ¿qué nos pasa?

—Lamentable y dolorosamente, si transmitieran el programa ¿Qué nos pasa?,que inicialmente se hizo hace treinta años, estaría igual de vigente porque no hemos cambiado absolutamente nada, vivimos un retroceso dramático y muy fuerte.

—Vienen las elecciones…

—Viene una farsa en la que sabemos quién va a ganar. Yo ya me harté de hacerles el juego, no pierdo ni un día de mi vida en estos cerdos, ¿para que se sigan burlando de mí? Si se siguen aguantando, allá ustedes, yo no. Agarré esa credencial (de elector) que no sirve de nada, y la rompí, nada más sirve para localizarte y cobrarte, que si me quieren localizar lo van a hacer.

—¿Es decir que no votará?

—No sé, con una credencial rota no creo que me dejen votar.

—¿El voto podría ser una forma de castigo?

—El castigo es para nosotros, por huevones, negligentes, ignorantes, y cada quien tendrá su decisión. Según las leyes universales, avientas una pelota y se te regresa; según la ley natural, si dices una mala palabra contra alguien se te va a regresar, y el hombre puede violar las leyes humanas cuanto quiera, pero de la ley divina no nos salvamos nadie. Tarde que temprano el que la hace la paga. Respeto la decisión de todos, no pretendo influenciar a nadie, sólo salgo al escenario a decir este soy yo y así pienso.

—¿Considera que ha existido algún tipo de despertar social con movimientos ciudadanos como el 132?

—No, aún no despierta México, y sí he sufrido las consecuencias de hablar de esta manera, a nadie le gusta que le digan la verdad, aquí se puede hablar de todo, menos de la verdad.

—¿Ha recibido amenazas?

—Amenazas de todo tipo y constantemente; por carta, por teléfono. [Pero] el que te va a hacer daño no te avisa.

—¿Qué ha hecho?

—Nada. A lo largo de mi vida alcohólica, a lo mejor. Todo lo que un alcohólico toca lo convierte en porquería y a lo mejor involuntariamente sí hice cosas dentro de esta enfermedad que se llama alcoholismo. Conscientemente no le haría daño a nadie, no robaría ni explotaría a mis trabajadores. Pregunta a cualquiera de los sesenta que trabajamos en la obra si con alguien he sido injusto. No, a todos les pago horas extras, les pago muy bien, son mi gente, son muy importantes. Y lo que mi propio sindicato de la ANDA (Asociación Nacional de Actores) no me da yo sí lo doy, hay todo tipo de desmadres sindicales en el país.

—Me refería a acudir ante la autoridad por las amenazas…

—Ah, sí, pero no han hecho nada.

—¿Tiene miedo?

—Tengo una niña de tres años y ocho meses, un niño de diecisiete, un hijo de cuarenta y seis [Héctor Suárez Gomís, quien llegó de su mano a la entrevista, previo a un ensayo de su obra] y otra de cuarenta y dos. Pienso mucho en mi familia cuando digo esto, pero no me puedo quedar callado, me sentiría un cobarde y una porquería de ser humano, digo lo que pienso y lo que me lastima y me duele de mi país.

—¿Hasta cuándo cree que se ejercerá una democracia efectiva en el país?

—Hasta que despertemos, cuando nos responsabilicemos de nuestras acciones y lo que sucede en el país, de los derechos y obligaciones que tenemos que cumplir, pero mientras sigamos viendo quién pierde, el América o el Guadalajara, o viendo quién es la princesa que ya se casó, no lo haremos.

—Vive poco y sueña mucho, dice en su obra. ¿Cuál fue su último sueño?

—Vivo en un sueño. Sueño con que este país se levante y despierte, que haya democracia, justicia y verdadera libertad absoluta. Mi otro sueño es que un día que estén todos reunidos en el Congreso de la Unión caiga una pinche bomba, ese día se salva México. Y mi último sueño es ir a Acapulco y que me saquen fotos para que se publiquen en TV Notas(ironiza).

—¿Cuál fue el último acontecimiento donde pensó: lo urgente no deja tiempo para lo necesario?

—Abra el periódico y cualquiera.

—¿Decir la verdad en México es una locura?

—Sí, definitivamente.

—¿Cuándo fue la última vez que supo que había más locos dispuestos a cambiar el país y el mundo?

—Cuando Zapata y nuestros héroes se rompieron la madre por un ideal y una verdadera revolución que después un partido enarboló por una lucha que nunca hicieron ellos. Murieron muchos para dar una libertad e independencia que no sirvió de nada porque los hijos traidores de este país, utilizando las palabras Revolución e Independencia, se sirvieron a manos llenas para llevar agua a su molino.

—¿Usted aspiraría a un cargo público?

—Yo no podría estar en la política, no sé mentir, es un cinismo lo que dicen estos cretinos.

—¿Está afiliado al Partido Encuentro Social o va a ser candidato de este luego?

—No. Entré porque creí en él. Tengo amigos ahí que son nobles, pero está lleno de ratas queriéndose meter y filtrar, es un partido que está en proceso de crecimiento, pero con el tiempo hay que sacarlas. A los ocho días de haber entrado a este partido cuestioné públicamente al presidente Hugo Erick Flores y le dije: “Si estoy aquí me van a aguantar”; y le dije también: “Dicen que tú eres un corrupto y un vendido”, y lo reté a demostrarme que no era cierto, y sí lo demostró.

—¿Algún día piensa retirarse?

—Ya debería haberme jubilado, pero no. Conmigo va a acabar la muerte, nada ni nadie más.

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