Triste consuelo | Newsweek México


Triste consuelo



Las antiguas diferencias entre Corea y Japón son frustrantes para los planes de Obama en la región.

 

Corea del Sur y Japón son democracias dinámicas que presumen exitosas economías libres. Pero ambos países temen que sus vecinos predatorios quieran hacerles daño. Con esa amenaza en común, según creen los diseñadores estadounidenses de políticas, las relaciones de buena vecindad serían benéficas no solo para ellos, sino para la región y más allá.

 

Pero las animosidades muy arraigadas marcan las relaciones entre Seúl y Tokio más a menudo que un raro indicio de cordialidad. Tanto así que, incluso después de que el presidente Barack Obama usó todo el poderío diplomático de EE UU recientemente para servir de chaperón en una reunión entre el primer ministro japonés, Shinzo Abe, y la presidenta coreana, Park Geun-hye, las relaciones siguieron siendo frías.

 

Aun cuando Obama espera hacer más durante un viaje a Asia posteriormente este mes, todo señala a que los reclamos del pasado todavía pesan demasiado como para que estos dos aliados de EE UU se conviertan en amigos en el siglo XXI. “Con suerte, Japón no tratará de tomar más acciones que pudieran incitar reacciones fuertes de Corea del Sur”, me dijo Oh Joon, embajador de Seúl ante la ONU, pocos días después de que se diera una reunión entre Abe y Park en La Haya a finales de marzo.

 

“Estamos un poco hartos de lidiar con Corea del Sur. Podemos mostrar remordimiento y ser sinceros, pero nunca está claro lo que ellos quieren de nosotros cuando dicen que quieren que nosotros enfrentemos la historia”, dijo un funcionario de Tokio, quien pidió el anonimato para que pudiese hablar con libertad. Las malas relaciones entre ambos países, añadió él, son “todas por la historia, nada que ver con asuntos actuales”.

 

Como si ellos necesitaran un recordatorio de los peligros de la amenaza de guerra, se intercambiaron docenas de disparos de artillería a lo largo de la línea marítima que separa a las dos Coreas esta semana. Y previamente, mientras Park y Abe se sentaban con caras de palo en La Haya para una aparición pública en conjunto que remató su primera reunión desde que los dos se convirtieron en líderes, la Corea del Norte comunista lanzó dos misiles de mediano alcance. Después de viajar más de 600 kilómetros para aterrizar en el océano al este de Japón, los misiles no le dieron a un avión civil chino por un pelo, según un funcionario militar de Seúl, evitando una posible crisis grave en esta región cada vez más malhumorada.

 

En consultas a puerta cerrada del Consejo de Seguridad el mes pasado, Liu Jieyi, embajador de China ante la ONU, estuvo a punto de defender el lanzamiento —el cual era una violación a las resoluciones del consejo—del aliado ocasional de Pekín, según un diplomático que participó en la sesión. No obstante, Liu dijo que el anual ejercicio militar conjunto de invierno que EE UU y Corea del Sur lanzaron el 24 de febrero, programado para durar hasta el 18 de abril, fue “de poca ayuda” y “provocador”, y posiblemente motivó el acto de desafío de Pyongyang.

 

Otros observadores de Pyongyang señalan que el lanzamiento ocurrió en el aniversario del hundimiento de la corbeta Cheonan, un navío sudcoreano que fue alcanzado por un torpedo en 2010, matando a 46 marinos. Numerosas investigaciones vincularon a los militares norcoreanos con el evento, pero Pyongyang nunca ha admitido su responsabilidad.

 

Pero principalmente, “no es coincidencia que Pyongyang probase dos misiles de mediano alcance el día de la reunión entre Abe, Park y Obama”, dice Mike Chinoy, autor de Meltdown: The Inside Story of the North Korean Nuclear Crisis. Chinoy señala que el invierno pasado los ejercicios de EE UU y Corea del Sur se vieron marcados por interminables amenazas y declaraciones provocadoras por parte de Pyongyang. En contraste, este año el líder norcoreano, Kim Jong-un, continuó el proceso de reuniones familiares entre norte y sur y otros gestos diplomáticos con Corea del Sur durante el ejercicio.

 

“Corea del Norte estaba mandando claramente una señal en respuesta a lo que vio como EE UU, Japón y Corea del Sur aliándose en su contra: que el [régimen norcoreano] no se doblegaría ante la presión externa y sigue siendo una fuerza”, dice Chinoy.

 

El hacer frente a las repetidas amenazas con misiles de Corea del Norte a la vez que se contrarresta una agresión creciente de parte de China, la cual cada vez más presume su poderío militar a la región, hace que una distensión entre Seúl y Tokio sea imperativa para Washington. El presidente Obama ha añadido una etapa en Corea del Sur a su viaje de finales de abril a la región, el cual también incluye Japón.

 

Su tarea no será fácil. Abe reconquistó el puesto de primer ministro en diciembre de 2012 (fue primer ministro una vez antes, en 2006 y 2007). Park, quien asumió la presidencia dos meses después, ya se ha negado a reunirse con su nacionalista homólogo japonés.

 

La visita de Abe al santuario Yasukuni a finales del año pasado no ayudó a mejorar las cosas. A los coreanos todavía les escuece la brutal ocupación japonesa de su país de 1910 a 1945. Para ellos, el santuario, a la memoria de los muertos en la Segunda Guerra Mundial, glorifica a algunos de los más infames criminales de guerra japoneses, y es un recordatorio viviente de la historia oscura de Japón en el siglo pasado.

 

Para empeorar las cosas, el secretario en jefe del gabinete de Abe, Yoshihide Suga, dijo en febrero que Tokio podría reconsiderar su disculpa de 1993 por el abuso que hizo Japón de las “mujeres de consuelo” coreanas, muchachas secuestradas y obligadas a prostituirse durante la ocupación japonesa.

 

Ante tal historia, incluso algunos de los críticos estadounidenses más duros de Obama aceptan que conseguir que Abe y Park se sentaran juntos, aunque fuese para una sesión fotográfica, fue un golpe maestro diplomático. “Ellos debieron hacerlo hace mucho tiempo, pero ésta fue una buena labor de parte de la administración de Obama”, dice Michael Auslin, alto miembro del Instituto de Empresas Estadounidenses, quien a menudo se opone a las políticas de Obama en Asia Oriental.

 

Dado que Park desde hace mucho se ha negado a sentarse junto a Abe, dijo Auslin, la sesión tal vez también haya representado una especie de victoria para el primer ministro japonés. “La posibilidad de entablar un intercambio de opiniones con el Presidente Obama y el Primer Ministro Abe es muy significativa”, dijo Park después de la reunión. Pero reportes de prensa en Seúl hicieron notar que Park se veía incómoda y poco sonriente, incluso cuando Abe trató de agradarle con algunas palabras en coreano.

 

Abe ha desestimado toda especulación de que retirará la disculpa de Japón por las mujeres de consuelo. Pero algunos coreanos hacen notar que esa disculpa nunca aceptó una responsabilidad total por obligar a las mujeres a prostituirse.

 

En 1998, Japón estableció un fondo para compensar a los surcoreanos por crímenes relacionados con las mujeres de consuelo. Después de una reunión con el entonces primer ministro japonés, Keizo Obuchi, el presidente sudcoreano, Kim Dae-jung, aceptaron las “peticiones de ambos países para sobreponerse a su desafortunada historia y construir una relación orientada al futuro basada en la reconciliación tanto como en la buena vecindad y la cooperación amistosa”, según una declaración conjunta.

 

Pero “tres presidentes surcoreanos posteriores se han separado del acuerdo”, dice James Auer, director del Centro de Estudios y Cooperación de EE UU-Japón en el Instituto Vanderbilt para Estudios de Política Pública.

 

En Washington, la política confesa de Obama de “reequilibrar” la atención de EE UU hacia Asia también se ve frustrada por duros recortes presupuestales, muchos de ellos en el aspecto militar que se suponía sería una columna importante de la nueva política asiática.

 

Por lo tanto, Washington está instando a los países asiáticos a que aumenten sus presupuestos de defensa para que puedan depender de sus propios recursos para protegerse. Nada podría ayudar más a esta meta que una mejor inteligencia y la cooperación militar y económica entre Japón y Corea.

 

La incapacidad de los dos países de superar sus antiguas diferencias, dice Chinoy, “es tremendamente frustrante para la administración de Obama mientras esta tiene dificultades para lidiar con Corea del Norte, una China cada vez más agresiva, y otros problemas regionales”. 

 

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